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Boku wa Tomodachi ga Sukunai

Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 12 (FINAL): Rika gana el segundo round

Las heroínas de portada cedieron el protagonismo y resignaron el triunfo ante el mejor personaje de la segunda temporada y quizá la chica revelación del invierno. Cuando reseñamos el primer capítulo de esta secuela, ensayamos un conjunto de pronósticos que merecen contrastarse y replantearse después del último episodio. La serie ha cubierto hasta el octavo volumen de las light novel originales. El estreno en librerías del tomo noveno fue aplazado hasta próximo aviso. La continuación ni siquiera ha llegado a imprentas; por tanto, deberemos aguardar algunos años si queremos ver adaptado al anime el desenlace definitivo. El final abierto deja irresueltos varios nudos, aunque zanja con éxito una etapa del desarrollo personal del protagonista. Tras confrontar a Rika, el falso yankee acepta su responsabilidad como héroe de comedia romántica, vence sus miedos de infancia y encuentra una nueva amiga. Sin embargo, el triángulo amoroso continúa en suspenso: Yozora decide emprender un viaje después de presenciar el pacto de amistad entre la científica loca y Taka-kun, lo comunica por mensaje de texto al resto de miembros del Club y provoca el asombro general. Aunque anticipábamos una “guerra de yeguas, rubia versus morena”, esta segunda parte exploró una dimensión más profunda y dramática del grupo en conjunto. No olvidó ahondar en su faceta de love comedy, pero desplazándola al segundo plano para privilegiar otros temas (la necesidad de superar el pasado, los obstáculos para asumir a plenitud un vínculo de amistad, el miedo a abandonar los “espacios cerrados”). Nos equivocábamos cuando presagiábamos que el relato colectivo (la evolución del grupo) se convertiría en “plataforma del triángulo amoroso”. El imprevisto surgimiento de Rika como personaje bisagra o motor narrativo impuso un giro radical a la orientación del relato, introduciendo otro tipo de encrucijada sentimental aparte de las acostumbradas escaramuzas amorosas: cuando la meganekko optó por soltarse la trenza y pintarse el cabello, no solo elevó el fanservice a niveles estratosféricos, también se animó a tomar la iniciativa, a reclamar su cuota de poder, a hablar con sinceridad y decir las verdades más incómodas. En nuestro balance inicial, demandábamos con urgencia una trama para Rika, un conflicto, una trasfondo, una marca de identidad que evitara su inminente descenso al nivel de personaje terciario. Vaya que respondieron a nuestras demandas. Al acabar la primera temporada, su presencia era prescindible, salvo para insertar algún comentario libidinoso de escasa recordación o declamar su adicción al boys-love. No generaba adhesión ni simpatía: no inspiraba nada. Después de doce episodios, el salto cualitativo fue colosal. Ahora podemos afirmar, sin temor a equivocarnos ni causar estupor entre los lectores, que Rika ganó en todo sentido: creció, se granjeó al público, dominó el escenario, atrajo los reflectores y sustituyó simbólicamente a Yozora en aquella gloriosa transición entre memorias y futuro. (más…)


Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 11: Leguleyadas e intimidaciones

¿Cómo juzgan y valoran las personas “normales” la existencia del estrafalario Club de Vecinos? Aoi Yusa, la enana peliaguda del Consejo Estudiantil, asume, de nuevo, el punto de vista del sujeto “externo” que observa el espacio cerrado desde afuera, adoptando el papel de villana aguafiestas que somete al elenco principal al asedio de graves acusaciones. No obstante, al adjudicarle el carácter de antagonista, ciertos parámetros éticos se trastocan: ¿son “héroes” los marginales que infringen las leyes?, ¿es rebeldía o mero engreimiento? Aunque la pequeña pelirroja pretende disolver el Club guiada por motivaciones personales (su revancha contra Sena), sus acciones furibundas obedecen a valores y principios (la disciplina, las normas, el bien común, el ideario del colegio) cuya defensa corresponde a las autoridades. Yusa se irrita al descubrir que seis alumnos usufructúan las instalaciones, recursos y patrocinio de la escuela para dedicarse a jugar, armar fiestas, platicar y perder el tiempo. Considera ambiguos y poco provechosos los propósitos del Club, acusa a sus integrantes de esgrimir una coartada engañosa para apoderarse del lugar y utilizar ese recinto con fines recreativos, una doble violación al reglamento escolar y una absoluta falta del respeto al objetivo de cualquier escuela decente. Por tanto, desde una perspectiva imparcial y ceñida al Derecho, Aoi Yusa actúa en cumplimiento de sus responsabilidades y acorde al marco legal, ejerciendo las funciones de fiscalización encomendadas al Consejo. Los integrantes del Club de Vecinos (en adelante, los Demandados) han quebrantado la normativa vigente cometiendo delito de falsedad ideológica. Esta infracción al código de conducta consiste en presentar información falsa o inválida en documentos públicos. Al inicio, la pequeña inquisidora había denunciado otras faltas menores que Yozora refuta apelando a vacíos legales y torciendo la interpretación del ideario católico del colegio. Una práctica censurable, pero legítima, que permite evadir las continuas acusaciones. Sin embargo, indagando los archivos de registro, Yusa descubre un error burocrático que invalida la inscripción del Club, fundamento suficiente para someter a juicio a Yozora Mikazuki, en calidad de Presidenta y representante jurídica, pues las pruebas esgrimidas demuestran que rellenó un formulario con información fraudulenta (al consignar como profesora monitora Maria Takayama, una falsa monja, una niña de diez años cuyo nombre no figura en la nómina de personal religioso autorizado por la escuela). El Derecho ampara esta imputación. No existirían, entonces, medios legales que impidiesen la disolución del Club… Ojo, dije “legales”. Cuando ocurren entrampamientos por culpa del excesivo formalismo, en lugar de atarantarnos con papeleos y apelaciones, es mejor resolver el problema “haciendo unas llamaditas”.

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Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 10: Las peores pesadillas de Yozora Mikazuki

Los guionistas decidieron abreviar la adaptación del material original, reduciendo una escena que sirve de puente entre el desenlace abierto del capítulo noveno y la introducción del décimo episodio. Esta elipsis (técnica literaria que consiste en obviar la narración de determinados hechos) permite ahorrar tiempo de exposición, pues los adaptadores deben traducir el relato escrito al formato televisivo dividiéndolo en fragmentos de veintitrés minutos que posean una estructura coherente. En ocasiones, al trasladar los párrafos a imágenes, se pierden detalles, se alteran diálogos e incluso se modifica la cronología de ciertos eventos. Estas omisiones y cambios son significativos, porque influyen en la interpretación, quizá no a nivel global (la historia completa), sino particular (el proceso del personaje). Esta ocasión, se “suprimió” una secuencia donde Kodaka, después de comprobar el plagio del guión, confronta Yozora delante del resto de integrantes del Club de Vecinos enseñándole un DVD de The Sun on the Top of the Hill. Ante las contundentes pruebas, la Gran Jefa intenta escapar, pero sus compañeras la detienen siguiendo las órdenes del enojado protagonista para, momentos después, someterla a juicio. Conociendo a Kodaka, sorprende su actitud, pues renuncia a asumir su acostumbrada posición de observador neutral y silencioso, una especie de árbitro que jamás sopla el silbato y prefiere juzgar los hechos en su mente, sin comprarse el pleito. Hubiésemos esperado que comentase el asunto con Yozora de manera disimulada, sin armar jaleo, evitándole la mala experiencia de confesar su pecado. Sin embargo, para nuestro asombro, el falso yankee descartó las vías diplomáticas. Optó por castigar a Sora sometiéndola al escarnio, revelando el fraude ante sus amigas y rivales, sometiéndola sin compasión a un merecido escarmiento. (más…)


Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 9: Prometida vs Amiga de infancia

Los lectores habituales del blog conocen, de sobra, la idea de espacio cerrado, un concepto que suelo emplear para describir los contextos espaciales o mentales donde se desenvuelven los personajes de ciertos géneros, por ejemplo, el yuri. Sin embargo, también los harem basan su estructura de personajes y fundan su atmósfera basándose en esta noción, que consiste en circunscribir la actividad del elenco protagónico (un muchacho afortunado, junto a numerosas chicas lindas) dentro de un espacio geográfico o simbólico apartado del resto de la sociedad, que enfatiza su diferencia y opera siguiendo sus propias reglas e instituyendo sus particulares rutinas. Es complicado penetrar en estos espacios cuando ya fueron constituidos por completo y sus normas están oleadas y sacramentadas, aunque esa consagración se realiza a fuerza de costumbre. Los personajes, mientras cumplen su papel dentro del harén, habitan una especie de burbuja. Este ambiente impenetrable es útil (aunque suene tonto) porque favorece al doble contacto entre adolescentes repletos de hormonas en ebullición, tanto de tipo físico (el ecchi, los desnudos, el exhibicionismo accidental, los rozamientos) como a nivel sentimental (proximidad emotiva, confidencias, enamoramientos). Ambas variantes constituyen el núcleo del género: el erotismo desbocado y travieso sumado (o contrastado) al romanticismo del primer amor. Además estas temáticas coinciden en una especie de aprendizaje práctico: la convivencia con sujetos del otro sexo, el descubrimiento del deseo, las difíciles negociaciones entre hombre y mujer. Esta fórmula recrea un fetiche anhelado por la mayoría de espectadores (de género masculino): la fantasía del “paraíso sexual”, un lugar sin restricciones, donde se fomenta y disfruta la sensualidad, donde se goza a diario del jugueteo carnal, desde la óptica del varón. El muchacho joven y fértil recibe los beneficios, complace los sueños del público, sus impulsos libidinosos (ver, tocar, someter). Estas situaciones “estimulantes” solo pueden ocurrir en espacios cerrados o semicerrados, pues en entornos normales, donde interviene más gente, el protagonista tendría que lidiar con harta competencia: el harem no tolera la existencia de dos varones con capacidad de seducción. La realidad de “allá afuera” es distinta porque miles de chicos y chicas anónimos transitan por las mismas calles, nadie tiene semejantes privilegios (¿salvo los jeques?). Para funcionar sin problemas, los harem necesitan replegarse en cuartos, salones e incluso casas: los chiquillos viven todos juntos y revueltos sin supervisión paterna o fundan clubes escolares para obtener un local y encerrarse. La ausencia de figuras adultas es otro aspecto notable: los mayores simbolizan la “ley”, por tanto, su intervención le restaría libertad a los muchachos. La premisa de Boku wa Tomodachi, mejor dicho, la excusa para crear el Club de Vecinos es paradójica: basándose en el objetivo de mejorar sus habilidades de socialización y “hacer amigos”, sus integrantes, en lugar de lanzarse al mundo real, optan por encapsularse. Sin embargo, la idea repentina de rodar una película ayuda a estrechar los vínculos entre los miembros: todos colaboran en el proyecto con entusiasmo, en especial, Rika. La noticia bomba del compromiso de Sena y Kodaka destruye esta falsa paz y sumerge a Yozora en la depresión. (más…)


Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 8: C’est si bon!

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Si disfrutas del cine-arte de Normandie, si alabas la brillantez intelectual y absoluta carencia de efectos especiales que caracteriza a las películas europeas, si consideras los títulos en francés una invitación a sumergirte en asfixiantes dudas existenciales, si celebras el atrevido e incomprensible vanguardismo de tus “filmes de autor” favoritos, entonces, Le conte d’amour doux satisface tus demandas de complejos simbolismos. Su cruda representación del fragor erótico, la famosa petite mort, desafía los límites de la moral provocando el escándalo del público burgués. Yozora lo recomienda: “c’est si bon!” Este episodio es notable porque marca un punto de quiebre: las hostilidades reales entre ambas protagonistas. No pequeñas escaramuzas libradas para satisfacer su egocentrismo, que culminan en situaciones jocosas, insultos tontos o slapstick. Nada de chistes, dramatismo puro, un choque furibundo, con serias consecuencias, aunque la violencia se ejerza en términos psicológicos y emotivos. Pese al escaso empleo del lenguaje durante la riña entre Yozora y Sena, esos silencios y muecas expresan mejor la gravedad del desafío. Niku “gana” el primer round (tremenda sorpresa): tomó desprevenida a su rival violando la regla del disimulo. Aunque las chicas se rehúsen a compartir sus sentimientos a modo de confidencia (su nivel de “amistad” es deficitario porque no alcanzan todavía un alto grado de confianza), son intuitivas y perciben la atmósfera emotiva que cunde dentro del salón. En efecto, todas captan el ambiente de extrema tensión: están enamoradas (por distintos motivos) de Kodaka, pero prefieren mantenerlo en reserva para evitar conflictos y porque, pese a agraviarse, humillarse o golpearse mutuamente, existe un marco de respeto hacia los sentimientos ajenos que constituye una “zona intangible”. ¿Quién quebró las leyes primero? ¿Yozora, intentando inmiscuir su “amistad de infancia” con Taka-kun y alterando un proyecto colectivo? ¿O Sena, al restarle trascendencia al “pasado”? Rika y Yukimura optaron por quedarse calladas, no entrometerse en asuntos de senpai. Sin embargo, ese mutismo es significativo porque las condena al friendzone y concentra la lucha por Kodaka en únicamente dos candidatas. Este esquema se evidenciaba desde la primera temporada, pero recién se confirma con acciones concretas. Se cumple la eterna ley geométrica del harem: sin importar el número de ángulos que tenga el polígono, al final, todo se reduce al triángulo. Regístrese, comuníquese y publíquese. (más…)


Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 7: Poniendo toda la Carne en el asador

El sistema de personajes de Boku wa Tomodachi se estructura superponiendo dos esquemas paralelos. El primero, dual o binario, formado por parejas de elementos opuestos y complementarios (una fórmula clásica de composición en Oriente y Occidente). La presencia de Kodaka (el único varón con papel estelar) transforma esta dualidad en un patrón tripartito: el triángulo (no siempre amoroso). Las dinámicas difieren cuando el número del integrantes crece de dos a tres: cada dueto sigue un proceso independiente a su correspondiente triángulo, aunque entre ambas estructuras exista cierta correspondencia y mutuas influencias. Kodaka no cumple el papel de intermediario, sino de catalizador: las chicas giran alrededor del amigo, el “novio”, el an-chan, el onii-chan, el aniki, la oveja perdida. Cada heroína propone una versión diferente (como cada personaje utiliza una forma distinta para designar a Kobato cuando cantan el “Happy birthday”). La mayoría de series harem emplea este modelo, pero Boku wa Tomodachi lo ejecuta con precisión, compaginando dos dimensiones: comedia y melodrama. Además, logra conferirle cierta dignidad y simpatía a figuras presentadas bajo un manto de ridiculez y antipatía. Pocos relatos se arriesgan a exhibir sin tapujos los vicios, las malcriadeces y estupideces de sus chicas de portada ni regodearse de su petulancia, su vulgaridad o su perversión. Sena y Yozora poseen la habilidad innata de caernos odiosas, pero, pese a reprobar su actitud, las adoramos. Otro aspecto típico del harem consiste en su variedad, su pluralidad: los harenes ofrecen una multitud de opciones que resumen los arquetipos femeninos o, según lo interpretemos, diversos estilos de fetiche, representaciones del objeto de deseo. El conjunto está conformado por elementos heterogéneos, para favorecer el contraste y generar conflictos por incompatibilidad de caracteres. Si las integrantes del harén fuesen demasiado similares, caracerían de individualidad: serían un rebaño. La escena del intercambio de mensajes sigue una fórmula habitual del género que, a falta de mejor nombre, denomino “el repaso”: se repite la misma situación con cada chica por separado para destacar sus características particulares y diferenciarla del resto. Sena envía una orden; Rika, una invitación con connotaciones sexuales; Yukimura, una carta formal al estilo del siglo XVII; y Yozora, un texto largo, inseguro y plagado de excusas. Mientras otras series similares prefieren resaltar los aspectos más enternecedores o brillantes de sus heroínas (compárese, por ejemplo, los “repasos” de Da Capo III), Boku wa Tomodachi insiste en realizar un inventario de defectos: la soberbia, la indecisión, la obscenidad, el exceso de formalidad, etc. (más…)