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Amagami SS+ 8: Un salvador leal

Deliciosas desventuras de verano

Si buscamos responsables de las desventuras de nuestros protagonistas, en varios momentos, la propia pareja debería compartir responsabilidades, porque si uno sugirió, el otro lo consintió, ambos divirtiéndose y disfrutando de esas decisiones. Siendo jóvenes, tendrán ese impulso natural de culpar al otro y esgrimir excusas, problemas que considerarán menores cuando una emergencia les permite gozar de uno de los mejores días de sus vidas: cada lío era resarcido por buenos recuerdos, porque los mejores siempre ocurren de forma imprevista. Haber sido abandonados resultó un golpe de buena suerte, pues experimentaron un viaje inolvidable, cuya llave de oro sería el rescate a manos de un héroe tan leal como imprevisto. Junichi no se habrá convertido todavía en un hombre, pero lo que consiguió durante esas vacaciones lo hará sentirse entre los hombres más afortunados del mundo.

Siempre puede contarse con algún conductor benevolente para ceder sus asientos, con mayor razón si hablamos de un camionero, cuyos viajes acostumbran ser solitarios y largos, por lo cual, la presencia de desconocidos con quienes platicar resulta más que bienvenida. Un transportista experimentado sabe cuándo sus invitados son personas inofensivas, para pasar por alto el protocolo de seguridad. Además, nuestra pareja fue encontrada en una estación de autobuses, de donde se deduce que serían “los abandonados” de la semana. Asimismo, los muchachos tuvieron la fortuna de que el conductor fuera un sujeto pulcro, educado e inteligente. Las aguas termales cumplen las obligatorias exigencias fanserviceras de la love comedy. La diferencia se encuentra en la pareja, ya oficializada que, sin embargo, actúan como si continuaran con una relación amical, del tipo más clásico (con atracción mutua, como es habitual), una relación relativamente puritana respecto de la adquisición y profundización de la intimidad, al punto que fijarse en la camisa mojada de la novia se juzgue como una perversión digna de castigar. Incluso al momento en que Kaoru pide que Junichi esté presente con ella en el baño, se exige una distancia prudente, arriesgándose a puntuar bastante bajo en el nivel de contacto, cuando los arcos anteriores tuvieron una aproximación más intensa, de piel a piel. En compensación a esta lejanía, será la primera ruta donde los enamorados se vieron completamente desnudos. La reacción agresiva de Kaoru tendría como justificación que la heroína suele ponerse a la defensiva –protegiendo su cuerpo, aun cuando sabe que Junichi es inofensivo- porque se alcanza un ambiente de mayor erotismo y ella no desea enfrentar esta etapa. A esto, se suma el dilema de discernir cuánta diferencia existía en su relación antes y después del noviazgo. En la mayoría de arcos, las frecuentes citas -como las que tuvo Junichi con Kaoru- habrían sido suficientes para distinguir el alcance de su relación, probablemente porque no cuentan con los mismos antecedentes. Esto implica más puntos a favor de Kaoru (como también para Rihoko), porque su grado de conexión llega a un estándar más alto. El detalle cómico fue el monito ladrón de sostenes siguiendo el tono humorístico que adopto el capítulo, puesto que se alternan hechos afortunados con otros desafortunados. La pareja tuvo la suerte de ser los únicos clientes en la posada, dándose el lujo de disponer de los baños solamente para ellos. En cambio sufrieron una calamidad por culpa del monito, como forma de retribución por esa buena fortuna. Cuando Kaoru afirma que perdió su sostén favorito indicaba que perdía la única pieza que tenía a la mano, ya que el resto de su ropa se había estropeado, detalle que Junichi recuerda en la estación de ómnibus, ganando su segunda bofetada en poco menos de un día. Esos sopapos tienen un valor cómico, pues son producto de la vergüenza, no de rabia como sucedería en un drama.

Frecuentemente, la mala estrella de uno significa la dicha de otro. En este caso, el monedero perdido de Junichi sería encontrado por otra persona, que disfrutará su día de suerte, eso si renuncia al gesto noble de entregar el objeto a una autoridad capaz de localizar a su dueño. Además, encontrar grandes cantidades de dinero causa cierta incomodidad. Lo que diferencia a su actual relación, según Kaoru, es cómo disfruta su noviazgo con Junichi: distinto a cuando eran amigos, más placentero. Puede que este ejemplo no aplique a todas las relaciones que surgen de esa misma raíz, pero encaja perfectamente en la condición de ambos. Tienen un vínculo bastante natural: discuten y pelean, pero sin necesidad de una reconciliación formal como ocurre comúnmente con otras parejas estables cuando los conflictos y desentendimientos son menores, trátese de romances o amistades. Si el arco de Rihoko hubiera finalizado en la primera temporada, sería probable que sufrieran un dilema semejante al de este arco, con una carga más nostálgica. Junichi no tuvo los mismos inconvenientes que Kaoru, tal vez porque, para nuestro protagonista, bastaba la simple oficialización. Una chica tiende a valorar más estos aspectos emocionales. Por prudencia, buscar culpables en estas situaciones no parece sensato, ya que durante una emergencia, pesa bastante la unión y buscar juntos alguna solución. Una disputa para establecer responsabilidades genera pésimos ánimos: prometer que nunca se repetirá ese error, sin importar quién fuera el culpable, es la mejor opción para garantizar un desenlace armónico y sin rencores. Puede parecernos injusto que, hasta la fecha, solo el arco de Tsubasa superó la cifra de un único beso. Incluso si sostenemos que la producción le otorga un tratamiento igualitario a cada arco (si abunda en un aspecto, escaseará en otros), un beso es el gesto afectivo más trascendente que la serie proporciona, confirmándose como un detalle relevante para los desenlaces. Tampoco se puede confiar en la imparcialidad de determinada producción, porque dependiendo de la popularidad de alguna de las chicas, el enfoque de su arco podría variar. Umehara vuelve a tener su momento de gloria, ganándose el apodo de BROmehara por el fandom. La gran lealtad que practica hacia su mejor amigo lo convierte en un verdadero héroe para la fanaticada, que se alegraría bastante si, merecidamente, consiguiera una pareja. Se puede pensar en ciertos emparejamientos, dependiendo de las escenas con quien interactúa, por ejemplo, con la maestra o con la amiga de Kaoru –pues ambos comparten el background-. Como último apunte, Junichi se siente más cómodo de tener a su novia sentada entre sus piernas, pero lo más curioso sería que ella hiciese su tarea. En la época de nuestros abuelos y padres sería más frecuente que una chica hiciera los deberes de su novio -o del chico que le interesaba- como forma de conquistarse o congraciarse, pero este tipo de escenas parece una buena alternativa a los bentos y la comida casera.

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