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Nazo no Kanojo X 5: Vamos a la playa (oh-oh-oh-ooooh)

Calenturas de verano

Tópico preferencial del fanservice, el episodio playero alimenta y reproduce las fantasías del sujeto masculino (espectador y personaje) que construye, empleando cual lienzo al cuerpo femenino, un discurso simbólico acerca del deseo. Visitar la playa se considera un evento especial: escapa al monótono ritmo cotidiano, predomina la diversión sobre la seriedad, se celebra el placer, la sensualidad, la corporalidad, la satisfacción del apetito. Exponer la piel con legitimidad, participar en juegos o confundirse bajo las olas incita, entre los jóvenes, al contacto, la desinhibición, el solaz erótico. El escenario es carnavalesco y atrae las ilusiones más torrentosas del adolescente promedio porque enciende las expectativas de saciar su curiosidad mediante la revelación del cuerpo al descubierto, propiciando el lucimiento exuberante de la protagonista. Ese talante provocativo y travieso es reinventado en Nazo no Kanojo X gracias al carácter anómalo de Urabe, que transforma las fogosidades veraniegas en experiencias pintorescas de transgresión, donde se reivindica ese aspecto “residual” del cuerpo que solemos despreciar (sudor, huellas de bronceado) convirtiéndolo en detonante para compartir sensaciones inéditas de deleite en pareja y expandiendo los sentidos a inesperadas formas de percepción.

Según la imaginación popular, las elevadas temperaturas del verano suelen vincularse con otro tipo de acaloramientos: morbo, excitación, pérdida del recato, furor sexual, impudicia. En concreto, se percibe un desplazamiento sensitivo hacia la corporalidad (minifaldas, ombligos destapados, hombros al aire, escotes más generosos): Tsubaki, con cierta inocencia, lleva esta fijación hasta límites insospechados. Sus compañeros de clase encarnan la mañosería “común y corriente” del adolescente inexperto que pretende “catalogar” lo femenino adjudicándole categorías antojadizas que reflejen sus anhelos. Ponerle “calificaciones” a las alumnas en sukumizu suena grosero o estúpido, pero resulta normal o aceptable siguiendo la lógica de grupo masculina. Tsubaki defrauda al espíritu colectivo, no logra graduarse como “hombre” (para conseguirlo, necesitaba realizar la criollada y actuar de voyeur), incluso un miserable palo de helado le machaca su falta de suerte. Además, queda en vergüenza en horas de educación física, un supuesto espacio de afirmación varonil. Aunque la serie redunda en presentarlo (y reivindicarlo) como perdedor, y desestabilizar -mediante su actitud subordinada y torpe- las cándidas aspiraciones del orgullo masculino, también suele premiar su simpleza de espíritu, en especial cuando esa ingenuidad lo instiga a apartarse del comportamiento “normal” y asumir conductas “anómalas” como detenerse a oler el aroma de Urabe. Ese giro extravagante se manifiesta enfatizando la sensibilidad de Tsubaki por detalles inusuales, mostrando su ineludible atracción por cosas cuya percepción solemos obviar o evitar. Podría afirmarse que Akira aprendió a captar la Realidad de forma “rara” y comunica su predisposición por capturar mediante su vista, olfato, gusto o tacto esos estímulos extraños, al punto que contagia su mirada al encuadre. Se concentra sobre la boca de Mikoto cuando sorbe el helado, ensimismándose con la saliva brillante resbalando por la paleta o enfocando su nuca donde destella una gota de sudor y, rato después, su amenazante ojo derecho de impenetrable pupila. Sin recurrir -todavía- a tópicos relamidos del erotismo veraniego, se crea una escena que combina la serenidad superficial con ingredientes de tensión sexual bastante sutiles. Una pareja bajo un árbol protegiéndose de la lluvia recuerda al tradicional símbolo del paraguas, una imagen romántica desmitificada y reintegrada al mundo cotidiano. La proximidad entre novios quiebra la distancia y diluye la timidez. Este sentimiento tiende una barrera y reprime la emotividad, pero también -vaya paradoja- intensifica la corriente del deseo, pues la supresión del impulso solo alimenta las ansias por complacerlo. Nazo no Kanojo X recupera como signo y canal comunicativo los fluidos corporales, cuya materialidad y visceralidad es empleada como catalizador para transmitir los procesos orgánicos, incluidos los estados de ánimo, recuerdos o pensamientos (también circunstancias biológicas). Sin embargo, no limita su filosofía al mero mecanicismo, sino que rodea lo somático de poesía y romanticismo, incluso si el consumo de fluidos como saliva o sudor causan repulsión o suelen calificarse como partes asquerosas o despreciables de nuestro organismo, como residuos. Cada vivencia en pareja con Urabe implica el descubrimiento de una perla bajo un cúmulo de lodo. Solamente quienes se atreven a ensuciarse, mirar más allá del prejuicio, escarbar bajo la superficie y buscar entre la suciedad, alcanzarán ese premio y experimentarán ese sabor insuperable. Se entrecruzan varias pulsiones irracionales: el asco, el anhelo de contacto físico, el ímpetu de transgresión. La saliva se asocia a conceptos negativos como “inmundicia” o “hediondez”: gracias a Mikoto, sirve de conducto sentimental para transportar una “evocación” en forma de éxtasis o visión. Esa capacidad de superar los resquemores y sobreponerse al escrúpulo también se exige al espectador: como Tsubaki, también el público es compelido a vencer sus reticencias y aceptar las múltiples dimensiones del cuerpo humano, cuestionando las categorías que aprendimos para juzgarlo.

La idea del tesoro escondido, reservado al alcance del observador más intrépido y desprejuiciado, puede extenderse a distintos niveles. Podría aplicarse a Mikoto, una chica catalogada de estrafalaria y antisocial, menospreciada, marginada o eludida por sus libidinosos compañeros de clases, quienes, pese a elaborar sus impúdicos rankings de voluptuosidad, jamás se imaginarían que Urabe, la excéntrica del salón, luciese unas curvas tan despampanantes. Idéntica reflexión se emplearía para describir la recepción en general de Nazo no Kanojo X: ante un público sensible a cuestiones “repugnantes” o “rarezas” que bordean el fetiche, un espectador con suficiente coraje analítico y menos remilgos podrá disfrutar, en cambio, de quizá la love comedy de anime más original y encantadora en muchos años. El episodio playero lo comprueba. Este evento es tradicional en series de picaresca adolescente con condimentos ecchi; sin embargo, pocos episodios de arena y bikinis merecen la etiqueta de memorables pues la mayoría se rigen por criterios esquemáticos y formulaicos, estructurándose mediante la reiteración obediente de tópicos o figuras recurrentes, por ejemplo, la costumbre de partir una sandía a mazazos, los encuentros con pulposas o viscosas criaturas acuáticas, untamientos de bronceador, etcétera. No obstante, es posible revitalizar las fórmulas, sea introduciéndole innovaciones, sea subvirtiéndolas. Para resaltar la alegría, Nazo no Kanojo X traza primero el rastro pequeñas derrotas, en específico, la insatisfacción de Tsubaki porque la temporada de vacaciones se agota sin señales de progreso o acercamiento romántico con Urabe, salvo la rutina usual, ahora sin uniforme escolar. Aunque mantienen el activo el aspecto más orgánico del vínculo citándose cada tarde para efectuar el ritual de la dosis diaria, esa forma automática y reducida de ejercer el noviazgo genera frustración en Akira, pues había cifrado sus esperanzas juveniles en pasarse el verano disfrutando al máximo su nueva condición de muchacho emparejado: durante el aprendizaje de vida en pareja, la imitación cumple un papel fundamental. Salir al cine, pasear por centros comerciales, citarse en parques de diversiones o ferias son acontecimientos típicos que constituyen un standard social, impuesto al sujeto como norma de conducta o aspiración ideal que moldea sus deseos. Las “opciones” de Urabe quiebran ese molde introduciendo a Tsubaki en formas más auténticas y novedosas de “crear recuerdos”. Sin embargo, entablar una relación implica negociar, adoptar actitudes valientes y tomar la iniciativa cuando es necesario: ateniéndose al ritmo de Mikoto, esas semanas habrían transcurrido de manera monótona (incluso si obtuviera, en compensación, sueños espectaculares o magníficas sensaciones gustativas). Lento de razonamiento, pero nada estúpido, Tsubaki comprende (tras varios silencios decepcionantes) que alcanzar sus objetivos supone comunicarlos, expresarlos, ponerlos a discusión. Sentándose a esperar, sus ilusiones y antojos jamás serían adivinados, porque, pese a estar conectados y comprender sus sentimientos, cargar exclusivamente en Urabe la responsabilidad de decidir cuándo ascender un nuevo escalón sería abusivo y descompensado. Además, Akira tampoco es un pelele carente de dinamismo: su curiosidad lo mueve a tomar determinaciones y actuar según una respetable escala de valores adscritos a la caballerosidad. Incluso, esa transparencia inocente para exponer sus afectos provoca en Mikoto reacciones explosivas, inusuales o inadecuadas en una jovencita, como vomitar saliva o sangrarle la nariz. Entre ambos, usando un método bastante recatado, han aprendido a excitarse contagiándose -mediante las babas- sendas bombas de estímulos eróticos. Urabe rehuye a la afectuosidad intempestiva, detesta los abrazos súbitos y prohíbe los contactos sin previo consentimiento, pero juega con elegancia y sutileza al coqueteo pícaro, sin evadir sus aspectos más lascivos, integrándose al disfrute de las insinuaciones. Al regreso, en tren, ofrece a Tsubaki mostrarle la huella de sus tijeras… el próximo verano, iniciando de vuelta el ciclo de espera, postergación y represión, que antes de apagar o eliminar el deseo, lo torna más intenso, más apasionante.

Muchas teorías circulan acerca de la verdadera naturaleza de Mikoto Urabe. Algunos especularon acerca de cierta ascendencia alienígena, origen de sus espléndidas habilidades, en particular, el vínculo salival. La estridente y barroca imaginería de Ueshiba, sus churriguerescas elecciones de símbolos o decoraciones convierten el aparato de imágenes de Nazo no Kanojo X en una tupida y caótica telaraña de signos engañosos. Según Mikoto, su baba es “común”: no contiene ningún ingrediente especial. Este episodio nos revela información adicional respecto de su situación familiar. Al privilegiar la perspectiva de Tsubaki, el carácter misterioso de Urabe se incrementa pues apenas accedemos por mínimos instantes a su complejo mundo interior y jamás ingresamos de lleno a vislumbrar su privacidad. Cualquier dato nos permite armar el rompecabezas de suposiciones alrededor de su enigmática identidad. Mikoto menciona que pasará un domingo “donde vive su padre”: esta frase suena neutra, pero el lector ingenioso habrá captado de inmediato sus posibles implicancias. En tiempos recientes, la tasa de divorcios ha aumentado. Debido a los regímenes de custodia y visitación, vemos con frecuencia a niños y adolescentes pasando los fines de semana “en casa del padre”. Una instancia de separación parental sigue considerándose traumática incluso si varias sociedades han abandonado el estigma contra los hijos de padres divorciados. La negativa de Urabe a propiciar el contacto cercano, su personalidad oscura, tajante y huraña, su actitud de desgana y aburrimiento en la escuela, su desinterés por cuidar su aspecto personal, su predisposición hacia lo extraordinario o fantástico podrían derivarse del proceso de ruptura familiar. La serie nunca aclara con contundencia estos temas porque mantener la esfera personal de Mikoto bajo sombras es conveniente para engendrar esa aura de rareza. Sin embargo, Ueshiba se cuida de evitar confusiones con otra clase de sujetos peculiares: freaks, otaku, punks, darks, etcétera. Su vistoso pero fashionable sentido de la moda delata un sorpresivo talento femenino para escoger su atuendo, sumando otra cualidad al listín de competencias de Urabe: en próximos capítulos, se confirmará esa capacidad de mostrarse brillante inclusive en asuntos convencionales. Su apariencia arisca causa confusión, pero el nivel de transgresión que propone Mikoto se distancia de la mera locura. Nazo no Kanojo X nos proporciona una heroína habilidosa y creativa, bendecida por una sensibilidad estética superior que le permite identificar la belleza allí donde otros son incapaces de discernirla. Esa facultad para hallar lo sublime entre lo abyecto, para leer el mundo e interpretarlo como un poema suele malinterpretarse y subestimarse, pero es fundamental para definir las aptitudes artísticas, pues supone un toque de genialidad. Incluso los detalles más estilizados de Urabe contienen algo de “extraño” como aquel pareo con reminiscencias religiosas mexicanas. La mysterious girlfriend logra resaltar su individualidad sin artificios, sino con autenticidad y pasmosa naturalidad. Le importa un bledo la normalidad si, antes que carnes, su paladar le exige recrearse con porciones extra de jengibre rojo (y toneladas de mayonesa, si pudiera). Incluso las casualidades la ayudan en su propósito de iluminar la vida con destellos fabulosos. Pocos episodios playeros nos dejan impresa en la memoria una impronta tan ilógica, descabellada pero llena de frescura y concupiscencia como esas tijeras delineadas sobre la dermis bronceada de Mikoto. Quizá resultan más provocativas e impresionantes porque mezclan lo inusual, lo surrealista, lo sexy. Los fetiches surgen cuando un objeto adquiere una función ajena a su empleo habitual, cuando es sublimado y transformado. Ninguna silueta de artículo de escritorio nos incita al deseo: el contexto, la situación, el lugar la convierten en símbolo erótico. En efecto, se utiliza, por enésima ocasión, la técnica de ocultamiento para avivar la curiosidad del espectador: el acto de desvelamiento (que remite a otra circunstancia lúbrica: el exhibicionismo) supone una invitación a mirar, a confrontar con nuestros propios ojos esa visión numinosa y perturbadora a sabiendas que corremos el riesgos de morir desmayados y desangrados (pero felices), porque el torrente de placer morboso que denota un nosebleed, compartido en pareja bajo la penumbra del ocaso, se transfigura en vivencia romántica, en declaración de amor, en promesa pendiente para el siguiente agosto.

9 comentarios

  1. I ♥ Mikoto Urabe

    Porque ya no subiste tus reseñas de los capítulos, eres el mejor analizando, bueno a mi punto de vista. Uno se da cuenta, de mas o menos como esta la estructura de la trama y cual es el papel de los personajes, pero explicarlo así..
    es bastante “refrescante”, como que revienta la burbuja y deja ver a detalle cada acontecimiento, grande o pequeño y su motivo. Viéndolo así, como los has dicho en tus descripciones, saben como ganarse al publico masculino.

    Yo personalmente me “enamore” del personaje de Mikoto (por mas extraño que parezca, pero es vdd), y viendo tu descripción, vi el porque, su personalidad aunque ficticia simplemente fue un golpe a una parte de mi que no conocía o no había visto, espero conocer a alguien así hahaha.

    Muchísimas Gracias y por favor sigue con tus descripciones, son bastantes interesantes y me saca de algunas dudas, por ejemplo en el manga en esta parte ultima de la filmación de la película, aunque aun no termina y tal vez no se pueda hacer aun, que es lo que le pasa a tsubaki, es una jugada de Urabe o realmente es que el ya no la ama, que es imposible pero quisiera darme cuenta de lo que esta atrás. De nuevo Gracias.. espero noticias.

    26 mayo 2012 en 19:16

  2. Christian Andres Cerpa Cerpa

    heheh no puedo comentar mucho aun , porque no he visto en anime y mucho menos el manga , de echo me vengo a enterar ahora de esto, estoy obteniendo los capitulos los vere y cuando llege a este cap dire mi opinion de todo el analisis que haz puesto. una cosa si quiero comentar es que estas series si no me equivoco van dirigidas a los sentimientos de ensueño que uno tiene cuando se enamora o encuentra su chica perfecta, y las cosas que muestran mas que Fans service creo que son cosas que a uno como hombre realmente le gustaria hacer, de echo yo hacia casi las mismas cosas que pasan en estas series con mi novia (se la llevaron los extraterrestres >.<) pero no era lo mismo ya que ella no enganchaba en la magia que tanto hombre como mujer en las series nos dan a los expectadores, por eso amo estas series , y son mis favoritas son muy emotivas.

    27 mayo 2012 en 15:56

  3. yoquienmas

    Gran a daptacion , si señor, no les mentiria si desde que anunciaron la serie, realmente pensaba que seria un fracaso en todos los aspecto, su dificil forma de llevarla a formato visual, el eje en que estaba centrado, como equilibrar a los personajes, el staff…en fin estos 8 cap han sido geniales, y no solo eso, esta entre los 20 mas vistos en japon, peleando con muy buenas series tambien, y se cuela en los puestos de 10 o 15 mejores de esta temporada en encuestas de foros en español,sorprendiendo a unos y asqueando a otros😄, en fin e disfrutado como un enano cada uno de sus capitulos,si todo sigue asi (lo que no dudo) y se venden bien la ova, tendremos una segunda temporada (fuck yea)..en fin me gusta como lo analizan y nos culturisamos mas😄, bueno gracias y hasta el otro capitulo

    29 mayo 2012 en 17:28

  4. rolo2k

    Una vez compenetrados en la historia y asumiéndola desde la perspectiva de Akira ,resulta casi imposible no quedar fascinado de la personalidad (y ahora también de su impresionante físico) de Mikoto Urabe; coincido en que este es uno de los episodios playeros más memorables de los últimos años (junto al de Another, aunque por razones distintas).
    No sé hasta donde llegará esta serie de anime (si lo tomamos como primera temporada… espero que hagan al menos dos pues según parece el manga da para mucho), pero realmente Nazo no Kanojo X es genial.
    Ya he visto el episodio 6, así que espero pronto tu reseña, gracias por tus análisis.

    1 junio 2012 en 06:06

  5. Mr. M

    Gracias por tus reseñas; son muy buenas e ilustrativas -o al menos las disfruto mucho.
    Pero quisiera “romper una lanza” por Tsubaki-kun.

    Lo primero que me llamó la atención de la serie fue la cantidad de metáforas de la que está llena. Los sueños de Tsubaki -de hecho la serie empieza con uno de ellos-, son muestras de ello.

    Tsubaki es un muchacho normal pero especial, si tal cosa puede caber en la expresión.
    Un chico que despierta atracción a un ser tan extraordinario como Urabe no puede ser un perdedor ni cualquier tipo. Es cierto: Tsubaki se ve eclipsado ante una magnífica espadachina de la tijera, estupendísima atleta, con gran talento artístico-musical y penetrante inteligencia…(¿quién de nosotros podría hacerle frente y estar preparado a semejante ser con todas esas cualidades a los 17 años?). Pero recordemos que, ante los ojos de Urabe, este chiquillo no le es indiferente: Hubo una vocecita que susurró a Urabe en cierto tono que desató su hilaridad en clase que él sería “la primera vez”; esto es más que significativo.
    Como se ve en el último capítulo del animé, estamos presenciando ya algunos signos de lo especial: Urabe confiesa que una acción determinada de Tsubaki le ha despertado ciertas sensaciones (¡y vaya qué sensaciones!).

    De los sueños de Tsubaki no sólo me llama la atención lo abigarrado sino la reverberación y sensación posterior, ese poso vívido que deja en el protagonista. Es cierto que el mundo onírico del muchacho es potenciado por las babas misteriosas de la chica, cual peyote sagrado y mágico que le transporta a una realidad aparte. Pero no dejan de ser sus sueños, su construcción subconsciente, obra y gracia de su cerebro. Por eso, Urabe acepta el rol que juega en ellos (¡qué le queda, además!), aunque se resista a amarrar una muñeca a su cabeza cuando…bueno, tú ya sabes qué.

    También a través de sus sueños, Tsubaki comprende que una de las primeras cosas antes del anhelado beso es entender los sentimientos del otro. De él nace decir esto y la completa sintonía con su novia es perfecta como un acorde. Lo cual se dice pronto y fácil, pero ya sabes que circula un voluminoso libro con sus páginas completamente en blanco que se titula “Lo que los hombres saben de las mujeres”.

    Él mismo en ocasiones puede actuar de manera inigualable: el romper con su pasado que fue importante para él con sus propias manos -esto es un acierto en el animé- y declarar que el presente -y futuro- están delante de sus ojos, ante Urabe, no lo dice cualquiera. Ya entiendo la explosión de la chica y su peculiar forma babeante de felicidad.

    Dice mucho de él cuando le comenta a Urabe que no le importa quedar marcado por una bofetada recibida, pero que no tolera verlo en la cara de su amada; no sé, quizás sea mucho cliché, pero ¿quién lo dice a los 17 años cuando te ocupa más una estrategia para quitarle la ropa a la susodicha que un rozón en la mejilla?
    Él también tiene algún gusto especial, y no solamente por Urabe: es aficionado a un tipo de cine que otros encuentran “carcajeable”a excepción de una fogosita directora que se ve muy activa en los últimos capítulos del manga.

    Por último, los sentimientos de Tsubaki. Por supuesto, él está enamorado y lleno de ternura por Urabe. El último capítulo del animé (del cual espero ansiosamente tu reseña) es magnífico:

    Soñar que tocas el cuerpo del que amas y particularmente estrechar una parte sensible, no sería especial salvo que es francamente excitante. Pero que quede latiendo vivamente en tu mano una sensación que afecta tu cerebro, es otro cantar. Y que esa sensación no disminuya con el transcurrir de las horas, bueno, ¡ay,ay,ay!
    Cuando Urabe, después de una serie de situaciones, accede a que experimente a través de sus babas su magnífica geografía e inmediatamente procede a preguntarle qué diferencia encuentra entre su sueño y esto, la respuesta de Tsubaki no podía ser más emocionante: lágrimas.
    Si lo comparamos con la experiencia de su amigote Ueno-kun y la maravillosa Oka-san queda remarcado el momento. Por lo que cuenta en el manga la pequeña Oka, en Ueno-kun esta experiencia no le hace llorar sino que sólo despierta en él celos muy encendidos y sin sentido.

    Por supuesto, no admiraríamos a Urabe Mikoto si Tsubaki-kun no fuese como lo crea el autor. Pero, me parece que es más especial de lo que aparenta. O quizás sea mi propia proyección que me hace simpatizar con él.

    En espera de tus próximos trabajos, te saludo cordialmente.

    2 junio 2012 en 08:52

  6. Cristian cerpa

    un comentario poco vago por aqui , los dibujos y tanto la historia estan bien Hechos😉 asi que salga una segunda temporada y que sea buenisima. saludos!!

    3 junio 2012 en 22:18

  7. ramenramen

    Sorprende en este capítulo cómo Urabe maneja su sensualidad ya biológicamente adulta como instrumento de poder sobre el, biológicamente niño aún, Tsubaki. Para ella, ese dominio absoluto de la situación podría ser una suerte de venganza personal sobre acontecimientos de su vida que no pudo evitar (posible separación de sus padres). Si os fijáis, ella elige en todo momento qué es lo que hay que hacer, elige con quién relacionarse, evita que otros tengan influencia sobre ella (o de lo contrario te hace pedazos con sus tijeras) y evita mostrar cualquier signo que pueda delatar turbación (lo primero es el rostro). Teniendo un personaje así, es una maravilla verlo caer, cuando otros consiguen sacar a flote una hipersensibilidad, de cotas bioquímicas, que trata de guardar celosamente. Yo diría que Urabe es la tsundere definitiva.

    6 junio 2012 en 05:41

  8. el mas grande

    esta bueno pero que se vallan por lo romántico no por lo perbertido

    6 junio 2012 en 12:28

  9. Diego

    Coincido con los compañeros en que por favor no dejes de comentar esta estupenda serie, que gracias a Dios me ha sacado de la cabeza otras que me dejaron nostálgico y con un mal sabor de boca. Esta serie es muy original, está llena de simbolismos, de poesía, me encanta. Esta chica Mikoto, concuerdo con que el origen de su personalidad en parte se deba a su situación familiar. Espero de verdad que publiques más de tus fabulosos artículos.

    16 junio 2012 en 21:57

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