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Shin Koihime Musou ~Otome Tairan~ 6: Cuestión de nombres

Así se forjan las amistades en la China Ancestral

What’s in a name? Al parecer, mucho, según las sensuales guerreras del período de los Tres Reinos. La amistad, el compañerismo, la proximidad con la muerte o compartir un cercano grado de idiotez. Hay nombres que requieren previo acuerdo para pronunciarse y otros, sencillamente impronunciables, pero aunque en teoría un nombre propio carece de significado fijo (al menos, eso solían enseñarnos en el colegio), el universo semántico de los sentimientos afirma lo contrario.

No será la primera ocasión que tropiece con temas lingüísticos en este blog, aunque la primera vez, cuando analicé el arco de Mayoi en Bakemonogatari, ese enfoque era obligatorio y convenía al tipo de serie (además de los continuos juegos de palabras en cada episodio). El caso de Koihime Musou es -nunca me cansaré de repetirlo- radicalmente distinto, pero esta condición de relato frívolo, ligero y estereotípico justifica observar cómo estos temas de extenuante debate intelectual afloran de contrabando en historias de abrumadora simpleza y planteadas como productos de entretención. Mejor dicho, cómo los problemas que plantean los estudiosos del discurso no son exclusividad de la alta cultura (high brow), sino que se encuentran diseminados entre las formas más básicas de razonamiento y consumo cotidianos. Con mayor razón si abordamos como materia de análisis este capítulo sexto, flojo en términos narrativos y, salvo las escenas de acción, bastante aburrido por su previsible esquematismo. Tampoco pretendo restarle méritos a Koihime Musou: los capítulos previos fueron divertidos, cumplen su función de proporcionar diversión insustancial, pero ahora fueron menos eficientes. En resumen, como este evento secundario en la biografía de un personaje de segundo rango como Gien agregaba escaso progreso a la trama principal, la sensación de filler, de relleno, es inevitable. Como sabemos, esta clase de episodios aportan al conjunto diversos elementos de desarrollo de personajes, detalles sobre su personalidad. Aunque Gien se ganó mis simpatías desde su primera aparición dos semanas atrás gracias a su carácter tomboyesco pero enternecedor, y su devoción milimétrica por Ryuubi, ahora Batai afirma que ” Gien sería una persona incapaz de hacer trampa en un combate” porque pudo presentirlo al percibir su ki. Este aprecio, a pesar de sus constantes riñas por quítame allá esas pajas, se traduce en gesto cuando ambas deciden llamarse por sus nombres verdaderos después de vencer juntas a una salvaje que clamaba venganza contra Gien.

En Koihime Musou, cada personaje tiene dos nombres públicos, pero solo las personas muy allegadas tienen derecho a utilizar el tercer nombre. Para nuestras reseñas procuramos emplear la forma mayoritaria. Por ejemplo, Kan’u Unchou es llamada Aisha solo entre sus compañeras más cercanas de la facción de Shoku. Por otro lado, Chouhi Ekitoku suele demostrar su mínima educación al revelar su nombre verdadero, Rinrin, a personas desconocidas debido a su costumbre infantil de usar la tercera persona para referirse a ella misma. Durante el segundo episodio de la primera temporada, Chouun Shiryuu (Sei) y Kan’u optan por confiarse sus nombres durante un combate desigual contra unos bandoleros porque podrían compartir el escenario de su muerte. Prácticamente todo el humor del primer episodio de la segunda temporada radica en la vergüenza que siente Bachou (Sui) porque no se atreve a decirle Rinrin a Chouhi. Al final, las seis integrantes del elenco protagónico acuerdan llamarse entre ellas por sus nombres verdaderos sellando un juramento de amistad. Este sistema de nomenclatura múltiple torna complicado ubicarse en el universo ficcional sin antes haber acompañado al grupo en sus primeras travesías, pero cuando te acostumbras y aprendes a identificar who’s who, se torna práctico para reconocer los matices en las relaciones interpersonales, de manera similar a como funcionan los sufijos honoríficos del japonés. Por ejemplo, un mismo personaje, Ryuubi Gentoku, puede llamada: Ane-ue (Kan’u), Touka-oneechan (Chouhi), Ryuubi-san (Koumei), Ryuubi-dono (Gien), etc. La palabra varía aunque, en términos simples, la persona a quien se refieren sea idéntica. Sin embargo, en la práctica, cada fórmula alude a usos sociales diferentes dentro del relato. Por convención, suelen enseñarnos desde primaria que los nombres propios no significan nada, mejor dicho, son significantes sin significado. En realidad habría que aclarar que el lenguaje no está en los diccionarios, sino en los actos de habla, entonces el contexto tiene un peso determinante al momento de moldear el significado: el nombre “Javier” refiere a una persona distinta dependiendo del grupo con quien hablemos, “Chouhi” tendrá un significado diferente en el contexto “Koihime Musou” que en “Ikkitousen” o “Romance de los Tres Reinos”. En segundo lugar, si bien existe una jerarquía del respeto (o la familiaridad) que podemos observar en nuestro ejemplo de Ryuubi, es cierto también que Kan’u, Koumei y Gien llenan de significado al significante “Ryuubi” de acuerdo a circunstancias subjetivas: cariño de hermanas, neutralidad amical y sumisión respetuosa. Abreviando: el referente es el mismo para todas (la chica ingenua y bondadosa de cabello rosado), las relaciones sociales difieren (Koumei carece de nexos de hermandad con Ryuubi, Gien actúa con la formalidad de la sirviente enamorada), y en consecuencia, cada quien parece apuntar hacia una dimensión o atributo diferente de la misma persona para explicar la relación que comparten.

Luego de marearnos con estos razonamientos, pasemos a aplicarlo a un campo asequible, el terreno de los sentimientos, donde estos cambios son expresivos, en particular, para una serie que juega a transformar la hermandad guerrera en vínculos melodramáticos, acorde con una visión “sensible” de lo femenino: cuando Gien y Batai pasan a llamarse Enya y Tanpopo, fluye entre ambas una complicidad que atempera o redefine de forma lúdica sus antiguos desencuentros y ahora, aunque discutan insultándose, en secreto, sonríen complacidas por su flamante amistad. La experiencia del combate en pareja sirvió para afianzar una amistad en potencia sofrenada por sus tendencias a la obtusa terquedad (ese dichoso rasgo tsundere). También implica respeto porque ambas acuerdan confiarse sus nombres realizando una especie de intercambio sentimental: entregarle una porción de nuestra identidad a otra persona, algo equivalente a nuestro secreto mejor guardado, pues, en efecto, para el universo Koihime Musou, el verdadero nombre está blindado por una suerte de tabú. Ocurre lo contrario cuando la joven salvaje se presenta y nadie puede pronunciar su enreversado nombre (Gotsutotsukotsu… creo, aunque suene a chiste típico del bárbaro con nombre gracioso). Para toda cultura, esta ridiculización conlleva una falta de consideración hacia el interlocutor, como si alguien ajeno a nosotros se arrogara el derecho de redefinir o negarnos nuestra identidad a su antojo. Al equivocarse constantemente, Batai y Gien mostraban su desprecio hacia quien no merecía un tratamiento digno de mejor recordación; sin embargo, al momento de insertar la moraleja, Gien, dirigiéndose con honor a su enemiga, además de pronunciar bien cada sílaba del exótico nombre, reconoce sus derechos a exigir una reparación, aunque en nombre del orgullo guerrero inste a Gotsutotsukotsu a admitir su inferioridad y regresar por la revancha cuando haya madurado. No hubiese realizado esta larga reflexión acerca de una situación tan cotidiana como responder a un nombre si Koihime Musou no hubiese tematizado este asunto de manera nada científica o nada humanística este asunto y agradezco que, pese a su comprobada superficialidad, unas luchadoras en minifalda, aparte del fanservice, puedan provocarme estas complejas digresiones. Las lolis estrategas también son bienvenidas.

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