Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 12 (FINAL): Rika gana el segundo round

Las heroínas de portada cedieron el protagonismo y resignaron el triunfo ante el mejor personaje de la segunda temporada y quizá la chica revelación del invierno. Cuando reseñamos el primer capítulo de esta secuela, ensayamos un conjunto de pronósticos que merecen contrastarse y replantearse después del último episodio. La serie ha cubierto hasta el octavo volumen de las light novel originales. El estreno en librerías del tomo noveno fue aplazado hasta próximo aviso. La continuación ni siquiera ha llegado a imprentas; por tanto, deberemos aguardar algunos años si queremos ver adaptado al anime el desenlace definitivo. El final abierto deja irresueltos varios nudos, aunque zanja con éxito una etapa del desarrollo personal del protagonista. Tras confrontar a Rika, el falso yankee acepta su responsabilidad como héroe de comedia romántica, vence sus miedos de infancia y encuentra una nueva amiga. Sin embargo, el triángulo amoroso continúa en suspenso: Yozora decide emprender un viaje después de presenciar el pacto de amistad entre la científica loca y Taka-kun, lo comunica por mensaje de texto al resto de miembros del Club y provoca el asombro general. Aunque anticipábamos una “guerra de yeguas, rubia versus morena”, esta segunda parte exploró una dimensión más profunda y dramática del grupo en conjunto. No olvidó ahondar en su faceta de love comedy, pero desplazándola al segundo plano para privilegiar otros temas (la necesidad de superar el pasado, los obstáculos para asumir a plenitud un vínculo de amistad, el miedo a abandonar los “espacios cerrados”). Nos equivocábamos cuando presagiábamos que el relato colectivo (la evolución del grupo) se convertiría en “plataforma del triángulo amoroso”. El imprevisto surgimiento de Rika como personaje bisagra o motor narrativo impuso un giro radical a la orientación del relato, introduciendo otro tipo de encrucijada sentimental aparte de las acostumbradas escaramuzas amorosas: cuando la meganekko optó por soltarse la trenza y pintarse el cabello, no solo elevó el fanservice a niveles estratosféricos, también se animó a tomar la iniciativa, a reclamar su cuota de poder, a hablar con sinceridad y decir las verdades más incómodas. En nuestro balance inicial, demandábamos con urgencia una trama para Rika, un conflicto, una trasfondo, una marca de identidad que evitara su inminente descenso al nivel de personaje terciario. Vaya que respondieron a nuestras demandas. Al acabar la primera temporada, su presencia era prescindible, salvo para insertar algún comentario libidinoso de escasa recordación o declamar su adicción al boys-love. No generaba adhesión ni simpatía: no inspiraba nada. Después de doce episodios, el salto cualitativo fue colosal. Ahora podemos afirmar, sin temor a equivocarnos ni causar estupor entre los lectores, que Rika ganó en todo sentido: creció, se granjeó al público, dominó el escenario, atrajo los reflectores y sustituyó simbólicamente a Yozora en aquella gloriosa transición entre memorias y futuro.

Los clubes extravagantes tienen un enemigo natural: el Consejo Estudiantil. Mientras unos representan lo anormal, lo irregular, lo “extraño”, los otros encarnan la autoridad, cuyo poder se apoya en leyes, reglamentos e incluso prejuicios. Podemos plantear esta oposición mediante una metáfora gráfica: los “estrafalarios” operan entre los márgenes, la delgada línea que separa lo lícito y lo correcto; el Seitokai, en cambio, se encarga de mantener en orden y poner en claro esos límites. El marginal tiene un pie afuera y otro adentro, su ambigüedad es perturbadora. El Club de Vecinos guarda muchas semejanzas con la famosa Brigada SSS: ambas son iniciativas de personajes de fuerte temperamento e innegable liderazgo, tan odiados como venerados, que consiguen apoderarse de un salón empleando astutas estratagemas. Además, aunque sus respectivas jefas defiendan con grandilocuencia los supuestos objetivos del club, presentándolos bajo un manto de solemnidad y dignidad, en realidad, sus palabras solo crean más incertidumbre. Su intención es pasar de contrabando sus caprichos (sacudirse el aburrimiento, recuperar al amigo perdido). Cuando un miembro del club transgresor se integra al Consejo Estudiantil, comete la máxima traición, se convierte en tránsfuga, en lacayo del opresor, un esbirro del gobierno. Es domesticado, “normalizado”, se incorpora a la sociedad como elemento útil, poniendo su fuerza de trabajo al servicio de su comunidad. Aunque las personas “comunes y corrientes” interpreten este cambio como síntoma de progreso (el delincuente sin remedio colaborando con obras benéficas), desde la acera contraria se percibe como aburguesamiento: se acusa al individuo de “venderse” al sistema, de abandonar sus ideales por un miserable plato de lentejas, por una maldita pizca de serenidad, aceptación y prestigio social. En ocasiones, el “desertor” es consciente de haber traicionado sus principios y, aunque disfruta los beneficios de “asimilarse” y convertirse en “hombre de bien”, también lo asaltan los remordimientos. ¿Ha perdido su identidad, su dignidad? ¿Ha reprimido sus auténticos deseos? ¿Valió la pena ponerse una máscara y dejarse amaestrar? ¿Sirvió de nada “limpiar” su nombre? “Encajar” en la sociedad implica “ajustarse” al mandato social, permitir que otros molden nuestra personalidad. En Santa Chronica, Kodaka Hasegawa era considerado el ícono máximo de la marginalidad: el yankee, una imagen pública construida a base de estereotipos, impuesta por sus compañeros de clase contra la voluntad del muchacho. La sociedad le asignó el papel de villano sin consultárselo. Debido a esa injusta etiqueta, fue discriminado y aislado. Ese torpe estudiante recién transferido nunca pidió ser marginado ni apartarse a propósito. Sin embargo, encuentra su lugar entre los “bichos raros” del colegio. Cuando se desmorona el paraíso artificial del Club de Vecinos, la oportunidad de “reintegrarse” al mundo exterior solo funciona como placebo, un remedio engañoso que provee al enfermo de sensaciones placenteras pero evita curar la enfermedad. En lugar de confrontar su realidad, prefiere abandonarse a la evasión: ayudar al Consejo Estudiantil le devuelve la calma, le ayuda a olvidar su fracaso y alejar los pensamientos dolorosos.

Hinata Hidaka, la simpática Presidenta de risa franca y contagioso optimismo, logra persuadirlo gracias a su carisma arrollador, aunque su belleza y espíritu campechano no fueron sus argumentos más contundentes. Kodaka está rodeado de chicas lindas con diferentes grados de entusiasmo, por tanto, una nueva adición al harén no transformaría sustancialmente el panorama. Al analizar las palabras y actitudes de Hinata, podemos hallar tres motivos que explicarían la “traición” del protagonista. 1) La Presidenta le ofrece la posibilidad de sentirse útil. El mandato social obliga al individuo a ser productivo, a justificar su existencia mediante el trabajo. Los vagos y perezosos son estigmatizados porque se niegan a colaborar con su comunidad. En cambio, la sociedad ensalza a quienes se esfuerzan por garantizar el “bienestar común”. 2) El Club de Vecinos se dedicaba a realizar actividades hedonistas (lectura, juegos, fiestas, paseos) y procuraba, mediante el ocio, satisfacer los placeres individuales. No repercutía de manera comunitaria. Cara opuesta de la moneda, el Consejo se ocupa de asuntos de interés público, como ordenar la biblioteca, limpiar los jardines, sacar la basura. Sus acciones benefician al resto de estudiantes, les hacen un favor, les brindan un servicio. El alumno recompensa ese trabajo expresando su agradecimiento. Para Kodaka, representa una chance de reivindicarse, de obtener reconocimiento, de ganarse el respeto y aprecio de sus compañeros. 3) La filosofía de Hinata es seductora, pues invita al sujeto a demostrar su verdadero carácter mediante sus actos. Cuando recalca que “ningún libro debe juzgarse por su portada”, le aplica un enfoque emprendedor: no basta con lamentar los prejuicios. Escudarse en la discriminación como excusa barata para renunciar a seguir peleando es una actitud cobarde, autocomplaciente, digna de perdedorws. Es inútil enfrentar a la sociedad desde afuera porque la lucha de verdad se libra allí dentro. En resumen: si tienes mala fama, demuéstrales lo contrario. En lugar de quedarte reclamando o sollozando porque los demás te catalogaron de forma equivocada, erige con esfuerzo tu propio nombre. Ahora comprendo las razones del odio desproporcionado de Yozora hacia Hinata: en un hipotético combate ideológico, la Reina Lear del Imperio Riajuu derrotaría sin atenuantes a nuestra huraña Bitch Queen. Por desgracia, este personaje tan encantador recién exhibió a plenitud su simpatía durante el último episodio: una lástima porque, si hubiese aparecido en escena antes, habría provocado más revuelo entre las chicas del harén. Su talante fresco, su energía positiva, su dominio de escena parecen presagiar la aparición de una dura contrincante, desenfadada y elocuente, una triunfadora nata que consigue cuanto se propone sin andar con timideces.

¿Cómo definimos al “protagonista de una serie harem“? ¿Qué connota o implica esa expresión? Para muchos expectadores, este título equivale a casi un insulto. Muchos lo emplean de manera despectiva y asocian a este papel una serie de defectos: indecisión, cobardía, estupidez, torpeza, falta de carácter. La mayoría de exponentes del género parecen refrendar esta opinión, aunque también hallamos notables excepciones. La estructura básica del harem, en efecto, gira alrededor del alargamiento del suspenso, es decir, de prolongar el período de indecisión; sin embargo, no existe tensión sin expectativa y, tarde o temprano, deberá tomarse una determinación que supone el desenlace definitivo de la historia (salvo que alguna haremette insista en continuar la lucha). Por tanto, aunque el tránsito del relato dependa de cuánto se extienda la duda, todo conduce al momento decisivo, cuando se eligen y descartan opciones. Aunque suene paradójico, en muchos casos, el objetivo narrativo de una serie harem es disolver el harén. Sin embargo, en anime, por influencia del eroge, es posible (y deseable) decantarse por la poligamia. Algunos fans ha convertido este tipo de finales en una aspiración loable: el héroe romántico consigue brindarle una cuota equitativa de felicidad a todas sus pretendientes y evitar el disgusto de rechazar tanto cariño. Los “harem plans” no solucionan el conflicto porque el individuo jamás aprende la lección más importante de cualquier comedia romántica: el amor hiere, pero, pese al dolor, la vida continúa. Nadie jamás podrá agradarle ni alegrar a todo el mundo. Algún día lastimaremos a alguien, lo haremos llorar, nos sentiremos odiados, y deberemos sobrellevar esa pena si queremos ser felices. Madurar significa responsabilizarnos por nuestras decisiones, asumir el costo de cometer errores y aceptar que incurriremos en cientos de equivocaciones. Kodaka se rehusa a responderle a Sena porque teme herir a alguna integrante del Club. Enfrenta un escenario de pérdida segura, de ganancia cero. Actúa con egoísmo y empeora la situación: al escaparse y negarse a comparecer ante sus compañeras, agranda la incertidumbre, les causa pesar y deja irresuelto el problema. Mientras no cierre esa asignatura pendiente, las enemigas íntimas se mantendrán a la espera, sufriendo de angustia. Kodaka es consciente del valor que Yozora le adjudica a sus recuerdos de infancia y respeta ese afecto. Durante el combate de reproches con Rika, emergen en forma de lenguaje las ideas que solían contenerse en silencio. El muchacho intuye o conoce los sentimientos de cada chica, incluso se permite refutar los argumentos de su acusadora recriminándole sus sacrificios. No parece despistado, sino disimulado en exceso: logra captar las vibras, pero prefiere quedarse mudo o hacerse el tonto para preservar la integridad emocional del Club, ese “milagro”. Cuando Kodaka menciona el concepto de “protagonista de comedia romántica harem“, no pretende plantear una opción factible. Utiliza esa noción con cierta ironía, la considera una pretensión imposible, una irrealidad. Suena cómodo y heroico, pero ambos adjetivos son incompatibles: portarse “como hombre”, con madurez, implica superar el trance de pasar por etapas incómodas. Ese pesimismo no justifica su huida ni atenúa su irresponsabilidad: aunque la realidad sea dura, debemos afrontar con entereza sus inclemencias. Por suerte, tras cumplir su penitencia, encuentra una amiga leal, dispuesta a apoyarlo y darle una mano.

Balance final

Esta segunda temporada superó las expectativas gracias a Rika. No recuerdo un personaje que experimentara un crecimiento tan inesperado y gratificante. La científica loca impuso un cambio de paradigma: la comedia romántica tradicional (de triángulos y decepciones amorosas) cedió la posta a otros temas igual de melodramáticos y conmovedores que refrescaron la oferta del género. La amistad le robó el protagonismo al enamoramiento como eje del relato. Mientras las senpai se enfrascaban en luchas intestinas, Rika operaba en una frecuencia distinta y ganaba espacios con paciencia y perseverancia. Adentrándose en los sentimientos del elusivo protagonista, pudo comprender mejor sus motivaciones, sus anhelos, sus temores más intensos, y tuvo el valor de increparle su carácter timorato. La gran perdedora (de momento) es Yozora, pues le arrebataron su puesto de “amiga”: el recuerdo de hace diez años ha sido “actualizado”, trasladado al presente, pero la imagen de Sora es sustituida por Rika. The END se transforma en NEXT mientras la chica dura se retira cabizbaja y llorando. Su repentino viaje reactiva los conflictos emocionales del grupo, pues la única alternativa para recomponer el Club es vencer la reticencia de su temerosa jefa.

Las comedias románticas no suelen provocar discusiones hondas ni desencadenar complejos análisis. El criterio para evaluarlo es comprobar su eficacia como medio de entretenimiento: si consigue atraparnos, asombrarnos, estremecernos, y esta secuela de Boku wa Tomodachi cumplió esos requisitos mejor que su primera adaptación, también entretenida pero menos rica en aspectos cruciales (desarrollo de personajes, intensidad del melodrama, tensión romántica). En cuatro meses de emisión vimos a Yukimura descubrir su naturaleza femenina, a Niku revelar sus obsesiones más contradictorias, a Yozora desplegar su ternura ante un paraíso de gatos, a Kobato defender con pucheros su posición de imouto, a las heroínas más deseadas del invierno vomitar en pantalla, a Maria entristecer por la ausencia de su entrañable enemiga, a Kate eructar y pedorrearse. Cada episodio deparaba un festival de situaciones humorísticas e incluso el duelo final entre Rika y Kodaka está rodeado al inicio de cierto halo de ridículo. La secuencia final cierra una etapa con toques enternecedores y nostálgicos, proyectados como analogía para comprender el presente. La dicotomía temporal entre pasado y futuro, entre historia y posibilidad queda resuelta gracias al gesto amistoso de Rika que ayuda al falso yankee a levantarse quebrando la oscuridad del ocaso. Entre situaciones descabelladas como montarse a una montaña rusa no apta para cardíacos y momentos dramáticos como la confesión de Sena, la serie dosificó con éxito la distribución de la materia narrativa por capítulos, inclusive cuando insertaba eventos superfluos para garantizar la cuota de fanservice, un ingrediente imprescindible que brinda al harem su característico sabor a picardía. Una historia que habla de amor y amistad mientras sus personajes se trasvisten, practican cosplay de sirvientas, proclaman encendidas alabanzas al homogame o recitan obscenos parlamentos de eroge, no necesita demasiada pimienta extra, pues sus personajes son espectáculos permanentes de deleite visual.

11 comentarios

  1. Aún recuerdo cuando en navidades tuve que elegir mis series para la temporada de invierno. Elegí Haganai II casi por obligación, ya que la primera temporada fue algo mediocre, no hubo ningún tipo de progreso (apenas al final de la serie, cuando Kodaka descubrió que Yozora era “aquél chico” que conoció diez años atrás). Los personajes quedaron muy encasillados y no había ninguna evolución en ninguno de ellos. De hecho, cuando vi el OVA que salió en otoño, quedé aún más desmotivado, pues me parecía que la serie iba a convertirse en una progresión de capítulos autoconclusivos donde un montón de personajes estereotípicos actúan de acuerdo a sus estereotipos en situaciones diversas, así que tuve que pensármelo más de una vez para verme su segunda temporada, donde esperaba más de lo mismo.

    Gracias a Dios (¡¿Madoka?!) la segunda temporada ha sabido hacer todo lo que no hizo la primera, desarrollando los personajes, creando conflictos uno tras otro (alguno que otro algo forzado, por ejemplo el compromiso matrimonial concertado entre Taka y Sena), y haciendo que los personajes, en mayor o menos medida, salgan de sus casillas y ganen profundidad. Yozora, la cual se había ganado mi repulsión en la primera temporada por ser tan desagradable e interesada (por Kodaka), mostró su cara más humana, demostró al mundo que ella también es débil, y no sólo eso, si no que es capaz de derrumbarse, borrando el teórico aura de “flawless badass” (si así me permites llamarlo) que desprendía en la primera temporada. Sena no evolucionó tanto, pues era uno de los personajes más profundos de la segunda temporada, pero nos mostró su faceta más oscura (los posters de Yozora en el techo de su habitación son capaces de acongojar al más indiferente) y también nos demostró que ella también puede ponerse seria y atacar a Sora por sus puntos débiles (¡Logró hacerla salir llorando del salón a gritos de “Aho!, baka!”!). Maria no podía evolucionar por ella misma (es demasiado pequeña como para crear de ella un personaje demasiado profundo), pero esa carencia fue bien suplida con la aparición de su hermana mayor, quien nos presentó a la auténtica Maria, la que hay fuera de las paredes del rijinbu. Kobato salió del caparazón de su cosplay y se presentó como sí misma, con sus “celos de imouto” y su ¿inesperada? timidez. Yukimura quizá fue el menos desarrollado de todos. Siguió dando la imagen de Chuuni del periodo Edo, y a pesar de que Rika revelara su auténtico sexo, siguió actuando de la misma forma (Aunque Yozora decidiera cambiarle la ropa).

    Rika merece un párrafo aparte porque demostró que su inteligencia iba más allá de su capacidad para hacer inventos dignos de una científica loca y demostró que era capaz no sólo de salir de su estereotipo de científica loca pervertida sino que fue un paso más alla y fue capaz de ponerse por delante de las demás protagonistas femeninas y de decirle a Kodaka que ya no podía seguir siendo el muñeco de paja que fue durante todo ese tiempo. Una persona sin interés ni afecto no se molestaría en decirle eso a Kodaka, así que se manifestó en calidad de amiga (como dijo ella, ya lo eran antes de que Kodaka lo propusieran) e intentó hacer ver al rubito que no podía seguir así.

    Realmente la temporada ha superado con creces mis expectativos y estoy contento por ello. Espero que finalmente cuando las novelas concluyan podamos ver una tercera temporada aún mejor que esta.

    16 abril 2013 en 05:05

  2. ele-ene-ene

    En el primer capítulo de la primera temporada de Boku wa tomodachi, Kodaka sorprende una conversación entre Yozora y una entidad a la que no puede ver. Kodaka se imagina entonces ser arrastrado al mundo secreto de Yozora, el inicio de una fantástica aventura. Batallando juntos contra cosas fuera de este mundo, a fuerza de superar dificultades finalmente se enamorarían en un convencional happy end. Aunque precisamente no fue eso lo que pasó, de todos modos se vió envuelto en una sucesión de notables incidentes. En el último capítulo de la segunda temporada, el círculo se cierra. Esta vez es Yozora la testigo de una conversación de Kodaka, y de resultas de esa conversación, la vida de Yozora aparentemente se verá no menos afectada. También, la criatura con la que el falso delincuente intercambia argumentos no es menos fantástica que Tomo chan. Rika siempre ha sido buena con la tecnología, pero ahora la maneja a un nivel indistinguible de la magia. Rika siempre ha sido atenta con lo que pasa a su alrededor (“la única a la que no se le puede ocultar nada”), pero ahora lo ha visto todo (las actividades de Kodaka con las del Consejo Escolar), lo ha averiguado todo (la historia del enamoramiento de Sena), y lo que no ha visto o podido averiguar, lo adivina (la “situación” entre Kodaka y la Presidenta). A lo largo de dos temporadas, el relato de Boku wa tomodachi avanzó de manera tal que ya no se sostiene que una niña de 10 años haya podido ser consagrada dentro de una orden religiosa católica, ni que la bella Yukimura pueda pasar por hombre sin que nadie se de cuenta, ni que el bueno de Kodaka, que nunca le ha hecho daño a nadie, siga siendo visto universalmente como un delincuente. La narración hace que Rika se mueva en la dirección opuesta que los demás personajes, sería interesante averiguar por qué se le ha dado una estatura tan desproporcionada.

    Se puede entender la escena de la terraza como una ordalía, una prueba de coraje y resistencia al sufrimiento físico por la cual se intenta demostrar algo (como en los llamados “juicios de Dios” medievales). Las ordalías también son parte de los ritos de iniciación, para probar la aptitud de un candidato para ingresar a ciertas sociedades o asociaciones. El tema del “juicio” ha sido desarrollado en serie en los últimos capítulos de Boku wa tomodachi (Yozora es condenada por plagio, el club en sí es condenado como ilegítimo), preparándonos (supongo) para lo que parece el juicio final de Kodaka por parte de Rika, fiscal, juez, jurado y verdugo. Los cargos básicamente se resumen en uno, ser “poco hombre”. Pero en la instrucción de la causa, Rika aprovecha para ajustar cuentas con sus rivales femeninas. Previsiblemente Yusa, quien intentó destruir al club, es la primera de la lista. Menos previsiblemente, la Presidenta también es implicada. Aunque la acusación parece dirigirse a la volubilidad de Kodaka, elípticamente se instala la idea que el rey Lear hace un uso espurio de su belleza y personalidad para seducir indiscriminadamente. Lo que sigue es francamente sorprendente: desarrollando la historia del enamoramiento de Sena, mientras reprende a Kodaka Rika le clava a la Niku un puñal por la espalda: “Qué clase de trampas usan estas chicas ricas”. El “tiro finale” está reservado para Yozora: “Si sus recuerdos son tan importantes, debió seguir chupando de las tetas de su madre toda su vida”. En una sola frase punto, game, set, partido y campeonato para Rika. Finaliza la ordalía, “ha sido una buena pelea”. Como hace diez años, Kodaka ha sido aceptado en una pequeña sociedad de amistad, esta vez con Rika. En aquélla ocasión con Sora, la ordalía fue una simple pelea a golpes de puño. Kodaka también ha superado el “juicio de Dios”, ha demostrado ser un “hombre”, puede volver al club donde Sena lo está esperando.

    A Yozora le queda ánimo para dar una última orden: me voy de viaje, no me busquen. Como el tema apenas fue desarrollado en el ending, no queda más remedio que analizarlo en clave simbólica. El puente, por ejemplo, que marca el inicio del “viaje”. A diferencia del laberinto de muros del jardín de Sta Chronaca, que en el final de la temporada anterior la llevó a un callejón sin salida, los puentes se hicieron para superar obstáculos. En el momento en que Yozora se detiene sobre el puente, un halcón (¿Taka?), deja caer una pluma sobre su hombro (¿una leve esperanza?), que inmediatamente se vuela en el viento. “Hawk” también era el nick de Kodaka, en el juego de “cazar monstruos” de la primera temporada, la “actividad” inaugural del Club de Vecinos.

    16 abril 2013 en 15:38

  3. karin

    soy chica y me gusta esta serie …en realidad no esperaba tanto análisis ….a diferencia de otras opiniones en otros blogs* que son de acuerdo a gustos personales…. los co0mentarios anteriores demuestran un analisis muy bueno; en principio al que me antecedio le puedo dar la razon de que kodaka al inicio profetizo que despues de muchos problemas se terminaria enamorando de yozora … no niego seguir la serie por esta temática pero siempre crei que esta serie tiene un enorme signifcado que va mas alla de conseguir amigos* y otros ….al ver sus opiniones puedo decir que estoy orgullosa de ser otaku por que no solo es ver un anime sino analizarlo a fondo y comprenderlo , y si yo tbm espero la tercera temporada.

    30 mayo 2013 en 18:04

  4. karin

    ah me olvidaba que el chico alguna vez dijo que quería conseguir amigos verdaderos para luego buscar a su novia entonces yo tbm no se pensar con lo que pasara después …… Es la primera con esta temática que me dejo WTF!

    30 mayo 2013 en 18:19

  5. Paco1303

    Es un buen análisis del parte del tema y de los primeros comentarios. Como dice el antecesor comentario: nunca pensé que se pudiera realizar un análisis muy extenso.
    Me gusto demasiado el personaje de Rika; como mencionan, desde los primeros capítulos de la segunda temporada empieza a tomar un papel muy importante, donde ya los últimos episodios, era esencial y algo conclusivo, el hecho de que Rika tenía que abrir la mentalidad (junto con sus ideas y preocupaciones) a Kodaka: Del hecho de escapar en casi todo.
    Creo que este anime es digno de tener una tercera temporada. Ya para concluir todo. Y respecto al tiempo, no importa, porque como un anime como estos (que no se olvidan tan fácil o son casi obligatorios de ver si te gusta el anime) la paciencia se puede prestar. Digo, si hay animes que han sacado su otra temporada casi diez años después (en este caso no espero eso) uno se puede dar el lujo.
    En fin, me encanto mucho esta temporada, definitivamente más que la primera

    30 junio 2013 en 16:13

  6. Gabriel E

    Estos análisis definitivamente dan el clavo. Me ha dolido un poco que Yozora tuviera un final como este, el hecho de no volver a ver nunca más a su amigo fue tan duro, que 10 años después su vida no tenía una pizca de alegría o motivación. Me sorprende todas las artimañas que utilizó para lograr entablar nuevamente una amistad con Taka y el empeño con el cual defendió el club. Una persona muy sensible y herida escondida detrás de una personalidad cruel y manipuladora. Me gustaría ver más de ella en esta tercera temporada, su verdadero yo, y lo digo porque desde el principio me sentí 100% identificado con ella. Por otro lado me gustaría ver un poco más de Stella y Pegasus san, son bastante cómicos.

    16 septiembre 2013 en 20:50

  7. Flecha Verde »→

    El personaje de Sena rompe con mucho de los estereotipos de chicas “lechonas” …. esa última confesión fue tan directa y contundente que me dejó boquiabierto; y no fue solo la confesión misma, sino también la convicción que tiene Sena al decirla… ella no solo es sincera con los demás, es sincera consigo misma y cuando se confiesa lo hace mientras juega, mientras es auténtica. Como se menciona en el post; es muy raro ver que sucedan este tipo de cosas en el género harem, de hecho, a pesar de la perogrullada de que tiene que haber si o si fanservice, los elementos eróticos de la serie quedan eclipsados ante los dramáticos y eso muy pocas veces sucede.
    Espero que continúen con las novelas ligeras y saquen luego una tercera temporada. =) saludos a quien escribió el artículo, llegué a esta página porque buscaba información acerca de la próxima tercera temporada pero fue un gusto ver un análisis tan completo y bien hecho, mis respetos.

    12 julio 2014 en 14:44

  8. Uzumaki

    Yo también llegue a dar con esta pagina buscando información de la tercera temporada, lo cierto es que me leí todos los comentarios y no podría estar mas de acuerdo con todos. Dicho esto alguien sabe si el final de la segunda temporada fue el final decisivo de la serie, o si habrá una tercera temporada, la verdad es que se puede dejar un final abierto, pero TAN abierto me deja un vacío existencial xD, no soporto pensar que este fuera el final del anime.

    20 julio 2014 en 12:52

    • paco1303

      El final, exclusivamente queda más perfecto para una tercera temporada. Sin embargo, la productora se enfocó en otros animes y por otro lado, el anime no tuvo (digamos) un buen esperado recibimiento. Pero por otro lado, no se ha perdido la esperanza de hacer la tercera temporada. Digo, porque el manga junto con las novelas cortas ya han acabado. Así que perfectamente (en mi opinión) una tercera temporada puede ser la definitiva.
      Para concluir, no me acuerdo cual seiyuu, tuvo problemas, así que por eso, se desaliento un poco la producción.
      Saludos y sigamos teniendo esperanzas.

      21 julio 2014 en 01:09

  9. sharingan

    Si llegan a adaptar una tercera temporada espero que NO sea fiel a la Novela Ligera, porque si bien el Volumen 9 de esta me gusto, hace algunos días ley un supuesto spoiler sobre el Volumen 10(no lo dire porque no esta confirmado) y si lo que ley es cierto seria un mierda sin sentido . Pero solo es un rumor ya que el Volumen 10 no se ha traducido por completo al español (por ahora solo se han traducido 2 capitulos).Por ahora no creo que se adapte una tercera temporada porque solo hay 2 volumenes para adaptar (el 9 y el 10 ) creo que cuando se llegue a los 12 volumenes se adaptara otra temporada , osea en 1 o 2 años mas

    25 julio 2014 en 15:16

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s