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Zero no Tsukaima

Zero no Tsukaima F 9: Nota cero

Suelo desconfiar de las adaptaciones perpetradas por J.C. Staff: su apego piadoso al original –que ciertos espectadores consideran una virtud- menoscaba su capacidad para distribuir la materia narrativa. Trasladar una light novel -un texto literario acompañado de ilustraciones de referencia- exige una relectura creativa: seleccionar características, escenas y datos relevantes, o proponer sustituciones funcionales, acorde con el formato de animación que exige condensar una fracción del relato en alrededor de veinte minutos, administrando con prudencia el tiempo disponible para cumplir con dos cometidos esenciales: brindarle unidad a cada capítulo y vincularlo con la secuencia general de la serie mediante la formación de arcos. Los episodios contienen etapas específicas del desarrollo, en consecuencia, les corresponde una temática, una idea principal. Sin embargo, debemos considerar otro problema al momento de plantear una adaptación: el dimorfismo entre la narrativa escrita y el airtime televisivo que distribuye sus slots mediante estándares de duración. Los capítulos de relleno o fillers responden a la necesidad imperiosa de cubrir espacios: facilitan la transición entre nudos y permiten explotar aristas desconocidas de los personajes. Aunque se acostumbra equipararlos, no confundamos relleno con desperdicio. El noveno episodio de Zero no Tsukaima F es un claro ejemplo de capítulo desperdiciado. Tratándose de una saga cómica que recurre deliberadamente al enredo romántico y las aventuras mágicas, las chances de generar entretenimiento son amplias. Por desgracia, este episodio solo provoca bostezos debido a su errático planteamiento, pues carece de tema fijo. El título (“La coronación de Tabitha”) es equívoco porque este evento pasa desapercibido y funciona únicamente como trasfondo para una sucesión de hechos intrascendentes. La escapada de Luktiana sería el acontecimiento medular, pero se presenta como hilo secundario. Se recapitula la información del capítulo anterior, ofreciendo explicaciones acerca del nuevo poder de Saito, aunque la exposición de nombres cabalísticos resulta sosa e intrascendente (excepto la noticia bomba, revelada “en secreto” durante los últimos minutos). Esta falla se extiende al apartado romántico: la ansiada confrontación de masters entre mademoiselle Vallière y miss Westwood jamás despega porque Tiffania es timorata y Louise muy indulgente, quizá por solidaridad entre mujeres, además, para nuestra tsundere oficial, la culpa por antonomasia es masculina, sin importar cuán pervertidas sean algunas especies de bichos. (más…)


Zero no Tsukaima F 7-8: Orejas puntiagudas

Siguiendo su acostumbrado modelo pendular, Zero no Tsukaima cierra otro período de comedia romántica ligera y descocada para oscilar de nuevo hacia el relato de aventuras, jugando su carta inverosímil –pero funcional- de “política adolescente”: los eventos bélicos o diplomáticos más candentes son resueltos por chiquillos de dieciséis años que definen mediante sus actos osados el curso de la Historia, aunque suene rimbombante. Los adultos ocupan roles secundarios o aparecen, muchas veces, como villanos o figuras ambiguas. Quienes están convocados a transformar al mundo mediante sus gestas heroicas son los jóvenes. Sin duda, la serie no pretende reflexionar sobre este tema porque lo utiliza como un tópico, casi a manera de automatismo, sin necesidad de criticarlo: así funciona la dinámica que sostiene la narración. Se cancela un ciclo romántico, de frivolidad y correteos eróticos para empalmar directo al drama del secuestro. La ratificación del amor entre Louise y Saito en los baños termales culminaba una etapa en su evolución como pareja, proceso que corre en simultáneo con sus hazañas guerreras: la aparición de nuevos desafíos épicos implica también que surgirán amenazas en el terreno amoroso, poniendo en entredicho la –todavía no consolidada- relación de los protagonistas. Ese peligro andante se llama Tiffania, la última haremette del grupo que reclamaba hacía rato su cuota de estrellato. Asuntos graves como la enemistad entre humanos y elfos, sus inconciliables diferencias religiosas, las repercusiones del Elemento Vacío, y la encarnación del cuarto usuario fueron dejados en suspenso mientras la exuberante Tiffa reprimía sus inquietudes sentimentales. Al convertirse en master se Saito, aplica una triple vuelta de tuerca, complicándole a Louise un escenario que creía resuelto y entrampando cualquier intento de solución inmediata, pues –según entendemos- un familiar está obligado a servir con devoción y lealtad a su respectivo mago, bajo una perspectiva feudal: son casi inseparables. (más…)


Zero no Tsukaima F 6: Los cuartos de final de la Copa D Su Majestad la Reina

Las series nutridas de fanservice requieren de cronotopos estandarizados (eventos o situaciones típicas) que permitan el despliegue fluido de diversas formas de exhibicionismo, chistes pícaros, insinuaciones eróticas (innuendo), doble sentido o celebración de la carne. El anime ha instituido su propio stock de “circunstancias calenturientas”, donde sean altas las probabilidades de suscitarse algún pantyshot o resulte verosímil el contexto de ciertos bouncing boobs. Se trata de patrones esquemáticos que suelen reutilizarse con regularidad, pues en ocasiones, sirven también como marcas cronológicas que indican el paso del tiempo de acuerdo al calendario cultural. Sin embargo, cuando el relato nos traslada a otro universo, donde rigen leyes distintas, algunas fórmulas deberán adaptarse o presentarse como novedades. Los fans de Zero no Tsukaima recordarán la estrategia sacrílega utilizada por Saito para introducir los bikinis para un capítulo playero que transcurre en un mundo mitad medieval, mitad dieciochesco, donde las ropas de baño parecen sacadas de una pesadilla victoriana. El episodio del onsen o aguas termales (convertido en argumento en series como Love Hina) comparte ese carácter vacacional, carnavalesco, relajado y proclive a la desnudez; no obstante, durante las excursiones a los baños -a diferencia de la playa- existe una tradición, un folklore, un conjunto de costumbres propias del acervo japonés, que legitiman y regulan estos espacios de potencial sensualidad, normativizando el erotismo. (más…)


Zero no Tsukaima F 5: El Imperio contraataca

La comedia romántica exige zozobra perpetua, no existen treguas ni tiempos de calma: la vida cotidiana es escenario de conflictos fugaces, de guerrillas relámpago, de enmarañadas escaramuzas, que casi nunca trascendían el nivel del malentendido, la desafortunada coincidencia o la mañosería ocasional. Sin embargo, en ocasiones, el relato de altibajos se precipita hacia un cráter más profundo o escala hasta picos de tensión extrema. Entonces, el daño se torna serio, el sufrimiento es desgarrador, la decepción es honda y abunda esa emotividad crepuscular tan habitual en las desventuras adolescentes. Cuando el sistema de personajes –como ocurre en Zero no Tsukaima– adopta la estructura del harem, con numerosas candidatas pugnando por un beso, un matrimonio o inclusive un embarazo (Siesta y Tabitha no ocultan su propósito de aprovechar la maternidad como estrategia de captura), son habituales las reyertas de corta duración, trifulcas que duran máximo una escena o conatos de invasión sin trascendencia, resueltos con castigos al malaventurado protagonista. Sin embargo, aunque esta rutina es divertida, para plantear un nudo de veras problemático, el polígono debe reducirse hasta convertirlo en triángulo amoroso. Dos contrincantes se despuntan en la competencia, mientras las demás oponentes se reubican formando alianzas o manteniendo una momentánea neutralidad. La love comedy es la plataforma genérica de innumerables guerras frías en nombre del hambriento erotismo, pero esta coyuntura repetitiva se quiebra cuando la mujer más hermosa y poderosa del reino interviene en el escenario bélico inclinando la balanza a favor del bando monárquico, desplazando a la nobleza de rango menor (sorry, Louise) y dando inicio a una auténtica conflagración internacional. El contraataque del despotismo ilustrado obligará un reposicionamiento táctico, lanzando ardorosos ultimátums o huyendo entre lágrimas como una cobarde. (más…)


Zero no Tsukaima F 4: Her Satanic Majesty Requests

Frutilicious

Los parámetros de verosimilitud que elige y propone cada serie suelen acoger algunos vacíos o inconsistencias típicos del género, pero también mostrarse coherentes de manera insospechada en otros aspectos. En anime y manga, abundan los relatos donde las responsabilidades heroicas recaen sobre un conjunto de adolescentes. La regla funciona con tamaña eficacia que olvidamos preguntarnos dónde rayos están los adultos. Nuestros héroes en Zero no Tsukaima son jóvenes aristócratas estudiantes de magia, cierto, pero suponemos que la célebre Academia de Tristain es una institución centenaria (para contar con semejante prestigio): ¿adónde se esfumaron sus antiguos graduados que –asumimos- tendrían mayor experiencia en combate? Si continuamos formulándole preguntas de similar lógica, la serie se desbarata, pues su grado de congruencia depende de cuán capaces seamos de obviar estas disconformidades menores. Como espectadores, estamos acostumbrados a suspender nuestra incredulidad y aceptar las circunstancias: a veces, ni siquiera nos percatamos. En consecuencia, nos asombraremos cuando se contradigan estos tópicos. Saito Hiraga, el salvador de Halkeginia, paseado en hombros, celebrado en obras de teatro baratas, idolatrado por las plebeyas, y para rematarla, instituido caballero y nombrado duque d’Ornielle por la mismísima reina, no podría deambular por calles solitarias como un sujeto anónimo, mientras nadie lo reconoce, ni tampoco encontraría obstáculos para casarse con Louise (principal motivo para concederle un feudo). Sin embargo, en muchas series de perfil épico, es materia corriente que los protagonistas retornen a su condición de don-nadies everyman después de salvar al mundo y no reciban un mínimo de gratitud o recompensa de parte del Estado (una pensión vitalicia, títulos nobiliarios o propiedades). Cuando Guiche menciona esa posibilidad, se cuela una pizca de realismo, aunque el propósito ulterior es introducir o complicar un enredo romántico. También resulta reveladora la queja de Maricorne: los muchachos son presentados como grandes héroes, pero no reciben condecoraciones. Les organizan una glamorosa fiesta con opíparos bocaditos (y sabrosos melones), pero vencer a un tirano psicópata no puede equipararse con un simple cumpleaños. Según Su Alteza, Tristain atraviesa una peliaguda crisis económica (cinco millones de parados, dicen las estadísticas): basta contemplar el aspecto nada apetecible del lonche franciscano que Henrietta honrando a sus invitados, potajes dignos de un comedor popular. No obstante, resulta llamativo que atendiendo al noblesse oblige, la soberana le otorgue a Saito un feudo, concediéndole parte de su territorio en señorío, porque, en lugar de meros “muchas gracias, perdón por obligarte a arriesgar tu vida”, la reina le confiere materialidad al agradecimiento. (más…)


Zero no Tsukaima F 3: Injusticia poética

Lo acepto: jamás volveré a intentar hacerlas de sibilino con Zero no Tsukaima, en especial porque la historia está escrita y publicada –oleada y sacramentada- desde hace años en formato light novel. Sin embargo, como prefiero mantenerme ignorante a los sucesos de la fuente original –para evitar atragantarme de spoilers-, el romántico suicidio de Joseph y Sheffield continúa sorprendiéndome por motivos variados, además de ocurrir apenas al tercer capítulo, sin siquiera darle mucha oportunidad al villano de sembrar el pánico a escala continental ni generar cuantiosas pérdidas materiales o teñir de muerte su demencia megalómana. Como antagonista, el barbudo decepcionó, o quizá mis expectativas respecto de su grado de maldad eran desproporcionadas; no obstante, aun cuando Joseph representase una amenaza de escala inferior, nuestros héroes resuelven con extrema facilidad y rapidez su combate definitivo contra el sujeto que, durante la tercera temporada, era descrito con tremendismo y truculencia dignos del final boss y encarnaba la esencia de la perversidad. Además, desde la perspectiva del espectador de anime (distinta al lector de novelas), cunde una sensación de desorden, de corte súbito y abrupto, que merma la unidad de la trama y afecta la congruencia del relato. Otras objeciones atañen al planteamiento y desarrollo de la materia narrativa, es decir, su disposición temporal. (más…)