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Amagami SS+ 9-10: Oso hambriento

Entre todas las heroínas de Amagami SS, Sae Nakata fue quien obtuvo mayor desarrollo. Su arquetipo es el adecuado para relatar el crecimiento y la maduración de una chica: aunque al inicio es sumisa y cabizbaja, está dispuesta a sobrepasar sus limitaciones. El entrenamiento para vencer su timidez es un elemento recurrente para el universo Amagami. Fuera de su arco, el cargo de entrenadora recae en Miya, su mejor amiga, que alcanza cierto éxito en sus objetivos; sin embargo, solamente cuando le toca protagonizar su propia ruta, su historia de maduración concluye con los mejores resultados, respetando la función protagónica de Junichi, quien demuestra ser un ganador no únicamente logrando sus objetivos sino ayudando a su pareja a conseguir sus metas. Consecuentemente, el romance fue producto de su función como tutor, a diferencia de varios arcos anteriores donde asumía una intención conquistadora, o apenas de aclaración sentimental. La marca distintiva de este arco es la presencia de un narrador: a primera impresión, se trataría de un experimento de la producción, pero su función es más amplia ya que cubre grandemente el lugar de los monólogos -casi ausentes en su protagonistas- ofreciendo explicaciones a sus pensamientos, reacciones e intenciones, no siempre de forma omnisciente, permitiendo cierto nivel para la especulación y los chistes de cuarta pared.

Ha transcurrido un año desde los sucesos de la primera temporada: los cambios en el comportamiento de Sae-chan son notables, no solo por su ausencia de timidez, sino también porque toma la iniciativa en varias tareas sin apenarse. El entrenamiento brindado por Junichi resultaba poco ortodoxo y llegaba a ser algo ofensivo, por ejemplo, cuando calificaba a las cocineras de la cafetería como máquinas expendedoras, comentario que adquiere una nueva forma al deliberar cuál sería el sabor favorito de Sae. Junto con Ai, la chica de coleta forma el grupo de mejores amigas de Miya y kouhai de Junichi. Por ello, mantiene el hábito de llamarlo senpai, incluso fuera del ámbito estudiantil: no se extraña, entonces, que el público que los vea dude de su romance cuando actúan de manera tan formal. Sin embargo, a diferencia del arco de Ai, donde Miya tenía una menor participacion, la hermana menor interviene con mayor frecuencia en el arco de Sae. El romance con Ai era más reciproco y con un nivel de crecimiento sentimental similar, además, su presencia estaba más erotizada. Al principio, Junichi era incapaz de advertir los sentimientos de Sae, al punto que puede afirmarse -con cierta razón- que el desenlace anterior no resultaba tan convincente. Con un grado de erotización menor, suele destacarse más sus rasgos moe, debido a su apariencia infantil, sometiéndola a distintos cosplay o al coqueteo con Miya, quien suele tratarla como una muñeca. Ambas compartían contenido surrealista debido a las fantasías de Junichi, además de la ilustre participación del director americano con sus frases motivadoras: su participación trajo inspiración al protagonista para crear sus propias películas con intenciones ya sea fetichistas por medio de disfraces de gatos u osos, sea con propósitos más complejos y elaborados como filmar los eventos de su juventud y preservarlos para la posteridad.

Junichi descubre cuán poco conoce a Sae pese a estar siempre juntos: esto se debe a una falla de comunicación común entre los varones, donde aquello considerado como charla resulta solamente un diálogo unidireccional, no mutuo: el receptor no capta realmente el contenido de una conversación. Interfiere más cuando Junichi, pese a ser afectuoso y casto, presta atención a Sae como si fuera una pintura, agradable a la vista, con valor emocional, pero sin aportarle un aprendizaje de trasfondo. Amagami expone esta ignorancia de forma cómica a través de un asunto banal, dramatizando una simple compra de merienda y otorgándole un significado más angustioso, que lleva al muchacho a reflexionar: actuaba como su tutor, se concentraba con especial énfasis en resolver su timidez. Como consecuencia, su conocimiento sobre Sae se volvió estacionario a medida que la chica se volvía más abierta y comunicativa. Por fortuna, ella nunca se enojaría porque su novio ignore ciertos detalles personales, puesto que, irónicamente, al vencer su timidez, dejó como residuo su gentileza y dulzura con una incapacidad casi divina de molestarse. Del mismo modo, el protagonista continúa poseyendo el talento para encontrar una respuesta adecuada a los problemas que surjan. El arco tuvo la singularidad de abordar dos temas bastante independientes: el malentendido del matrimonio y la responsabilidad otorgada a Sae de organizar el festival del fundador. Ambos escenarios son complementarios pues influyen en Junichi, para quien apoyar a Sae constituye su mayor desafío.

El primer malentendido sería sencillo de solucionar si nuestro galán se detuviera a meditar por un momento. Su desesperación por un supuesto matrimonio de Sae-chan sería un punto negativo contra la confianza tendría en ella si acaso la familia Nakata fuera tan arcaica para obligarla a casarse y la dulce muchacha no revelara ese catastrófico desenlace. La reacción de Junichi es bastante predecible, típica del rol humorístico que corresponde al novio dedicado pero torpe: visualizar a Miya como el individuo que le arrebataría a Sae es fruto de la habitual hostilidad fraternal: Junichi reconoce en su hermana a una causante de enredos y líos, que incluye el tratamiento activo de Miya en su relación física con Sae, deseando manosearla constantemente, juegos que suelen interpretarse como gestos de cortejo. El supuesto casamiento resultó ser un enlace entre perros, una actividad frecuente entre los aristócratas, quienes otorgan a sus mascotas un tratamiento semejante a cualquier descendiente de su estirpe, un detalle que recuerda las condiciones sociales y familiares de Sae. Irónicamente, el malentendido provoca más explicaciones referentes a su relación sentimental. Junichi comprueba que su novia desea estar siempre con él, y aunque esta afirmación suena a cliché, es un estándar en la serie: como puede corroborarse repetidas veces, se concluye de forma perfecta. Además, esta confesión le confiere a Junichi un motivo más para apoyar a Sae, caso contrario, esta promesa no llegará a concretarse. El protagonista tiene la oportunidad de ponerse a prueba durante el desafío máximo que la adorable chica de coletas deberá enfrentar en su vida estudiantil: ser la organizadora del festival del fundador, una responsabilidad que supera incluso su candidatura presidencial, aunque esta transcurre en un universo alternativo. En aquella ocasión (el arco de Tsubasa), Miya –designada agente de campaña- tomaba las decisiones a nombre de Sae: sus apariciones públicas eran útiles para su tratamiento contra la timidez, pero no aprendió a actuar con independencia para lograr sus propios objetivos, pues el retraimiento produce también una dependencia tanto en sentido práctico como en términos emocionales. Amagami SS no plantea esa clase de picos melodramáticos, pero maneja estos temas de forma ligera. Aunque Junichi se proyecta a retomar sus funciones como tutor, ese deseo nunca se consolida porque ocuparía demasiado tiempo, aquello que empezaba a faltarle a la novata jefa del comité. La sensación de soledad comienza a afectar su relación. La idea de documentar su trabajo, aunque estrictamente no ayudaba en las tareas del festival, se convirtió en un gran factor de motivación, no solo para Sae-chan, sino también para lo demás alumnos envueltos, pues su dedicación sería conservada para el futuro. Para los jóvenes entusiastas, los festivales son la ocasión ideal para forjar recuerdos de sus años de adolescencia, pero ignoran que el propio proceso de organización constituye otra fuente de recuerdos, donde muchos, como Sae-chan, aprenden acerca de las satisfacciones que provee el trabajo arduo. La tradición de estos festivales incluye la elección anual de un encargado: Tsubasa figura entre las alumnas más competentes que tuvo a su cargo ese rol, sin embargo, esta ocasión, los estudiantes esperaban que su idol de moda le concediera su toque personal. La participación de Ayatsuji es meramente instructiva, aunque una mordaz sonrisa nos recuerda su ángulo más sombrío, aspecto ninguno, dentro del mundo de Sae, conoce.

Los imprevistos serán una constante ineludible en cualquier evento de grandes magnitudes. Gracias a la experiencia que ganó Sae durante su primer año de preparatoria, pudo hallar una solución al problema del apretado presupuesto creando personalmente el vestuario para la obra teatral para evitar más gastos, permitiendo que su equipo salga victorioso del mayor aprieto que debieron afrontar. No llegamos a ver una repetición del paseo en el festival, pues tiene más simbolismo el concurso de mejor pareja donde los protagonistas oficializaron su romance, aunque esta ocasión los papeles se invierten porque Sae-chan actúa como anfitriona. Un gesto simple de afecto como abrazar a Miya revela cuánto creció: tomar la iniciativa en los cariños y cambiar las habituales posiciones de chica manoseada a manoseadora. Además, son pequeños detalles a destacar la pequeña muestra de mecha del instituto que nunca vimos entero, aunque consiguió moverse por razones desconocidas, y que conociéramos a la única pareja que Umehara tendrá durante toda la serie. La sorpresa del arco sería el desenlace en perspectiva, ocho años en el futuro, que –hasta el momento- contiene la familia más numerosa para Junichi, con una vivaz hija mayor idéntica a la madre y un próximo vástago en camino. Sae luce como un ama de casa, lo cual indica que formarán un hogar tradicional, a diferencia del futuro con Tsubasa, pues en aquel escenario ambos tendrían empleos, mientras que el desenlace con Morishima-senpai indica que la pareja disfrutaría largamente de su matrimonio antes de tener hijos. De estas peculiaridades se puede interpretar que los epílogos serían la concreción definitiva de las tendencias de cada pareja.

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