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Boku wa Tomodachi ga Sukunai NEXT 9: Prometida vs Amiga de infancia

Los lectores habituales del blog conocen, de sobra, la idea de espacio cerrado, un concepto que suelo emplear para describir los contextos espaciales o mentales donde se desenvuelven los personajes de ciertos géneros, por ejemplo, el yuri. Sin embargo, también los harem basan su estructura de personajes y fundan su atmósfera basándose en esta noción, que consiste en circunscribir la actividad del elenco protagónico (un muchacho afortunado, junto a numerosas chicas lindas) dentro de un espacio geográfico o simbólico apartado del resto de la sociedad, que enfatiza su diferencia y opera siguiendo sus propias reglas e instituyendo sus particulares rutinas. Es complicado penetrar en estos espacios cuando ya fueron constituidos por completo y sus normas están oleadas y sacramentadas, aunque esa consagración se realiza a fuerza de costumbre. Los personajes, mientras cumplen su papel dentro del harén, habitan una especie de burbuja. Este ambiente impenetrable es útil (aunque suene tonto) porque favorece al doble contacto entre adolescentes repletos de hormonas en ebullición, tanto de tipo físico (el ecchi, los desnudos, el exhibicionismo accidental, los rozamientos) como a nivel sentimental (proximidad emotiva, confidencias, enamoramientos). Ambas variantes constituyen el núcleo del género: el erotismo desbocado y travieso sumado (o contrastado) al romanticismo del primer amor. Además estas temáticas coinciden en una especie de aprendizaje práctico: la convivencia con sujetos del otro sexo, el descubrimiento del deseo, las difíciles negociaciones entre hombre y mujer. Esta fórmula recrea un fetiche anhelado por la mayoría de espectadores (de género masculino): la fantasía del “paraíso sexual”, un lugar sin restricciones, donde se fomenta y disfruta la sensualidad, donde se goza a diario del jugueteo carnal, desde la óptica del varón. El muchacho joven y fértil recibe los beneficios, complace los sueños del público, sus impulsos libidinosos (ver, tocar, someter). Estas situaciones “estimulantes” solo pueden ocurrir en espacios cerrados o semicerrados, pues en entornos normales, donde interviene más gente, el protagonista tendría que lidiar con harta competencia: el harem no tolera la existencia de dos varones con capacidad de seducción. La realidad de “allá afuera” es distinta porque miles de chicos y chicas anónimos transitan por las mismas calles, nadie tiene semejantes privilegios (¿salvo los jeques?). Para funcionar sin problemas, los harem necesitan replegarse en cuartos, salones e incluso casas: los chiquillos viven todos juntos y revueltos sin supervisión paterna o fundan clubes escolares para obtener un local y encerrarse. La ausencia de figuras adultas es otro aspecto notable: los mayores simbolizan la “ley”, por tanto, su intervención le restaría libertad a los muchachos. La premisa de Boku wa Tomodachi, mejor dicho, la excusa para crear el Club de Vecinos es paradójica: basándose en el objetivo de mejorar sus habilidades de socialización y “hacer amigos”, sus integrantes, en lugar de lanzarse al mundo real, optan por encapsularse. Sin embargo, la idea repentina de rodar una película ayuda a estrechar los vínculos entre los miembros: todos colaboran en el proyecto con entusiasmo, en especial, Rika. La noticia bomba del compromiso de Sena y Kodaka destruye esta falsa paz y sumerge a Yozora en la depresión.

¿Qué sucede cuando otro individuo observa “desde afuera” ese extraño espacio cerrado? ¿Qué opinan los propios personajes del entorno donde transcurre su vida sentimental? Los “habitantes” o “asiduos” a estas burbujas suelen asumir una actitud crítica ante las locuras o extravagancias que comete el grupo, pero no buscan alejarse de esa nave de locos, sino reincidir en sus hábitos y continuar frecuentando ese espacio. Aunque Kodaka, como narrador, es bastante mordaz e incluso los excesos de Yozora y Sena continúan causándole desazón o gestos de WTF!?, pero ha terminado por acostumbrarse y disfrutarlo. Sin embargo, cuando aparece una foránea, surgen ciertas discrepancias entre la mirada del personaje de “adentro” y la gente del “mundo exterior”. Yozora había planteado esa oposición desde el primer episodio, una dicotomía radical entre un “nosotros” (los supuestos antisociales, los diferentes) y un “ellos” (los normales o riajuu). Esta división -algo maniquea- no tiene como fundamento el nivel de popularidad, pues existen muchos marginales que gozan de aceptación popular; para determinar quién pertenece a cada bando se mide su capacidad de integración, en otras palabras, si logran adaptarse con “normalidad” al modo de pensamiento que demanda la sociedad. Sena es popular, pero una inadaptada. Sus compañeras de clase la detestan (y vaya que abundan los motivos): el caso de Aoi Yusa es significativo porque encarna los ideales típicos del riajuu. La enana busca competir, considera el éxito escolar una forma de sobresalir y realizarse. Envidia a Sena porque desea igualar su poder, sus triunfos, su talento. Le otorga valor al estudio porque, según enseña la sociedad, tu futuro depende del conocimiento. Así razona una “chica normal”, usando el sentido común, aunque sus suposiciones la traicionan. Para Aoi Yusa, la rubia representa una rival que vencer, pero también la meta a alcanzar: su lucha carece de motivos si acaso no existiera esta figura que encarna el deseo y, en simultáneo, impide su consecución. Para crearse una enemiga digna dentro de un marco heroico, la pelirroja ha debido “idealizar” o “magnificar” a Sena agrandando y distorsionando sus supuestas virtudes. Niku es descrita como la encarnación monstruosa de todas las bondades (belleza, sex appeal, inteligencia, riqueza), reunidas de forma injusta y desproporcionada. La experiencia le enseñó a Kodaka a distinguir entre la fama (un discurso social, impuesto desde la masa hacia el individuo) y la personalidad real (los actos espontáneos y libres del sujeto). Sena es exuberante, pero su apariencia glamorosa es producto del esmero maternal de Stella. Y aunque alcance las mejores notas del grado, prefiere jugarse una partida de eroge que repasar sus lecciones porque le basta con escuchar con atención la clase para grabársela y asimilar el contenido de inmediato. Ha sabido aprovechar esta curiosa habilidad, pero, por desgracia, esa ventaja aumenta su petulancia: no requiere de técnicas de estudio ni amanecidas, es hábil por naturaleza; pero tampoco necesita estudiar, pues la fortuna familiar ha asegurado de antemano su porvenir. No gana los diplomas como herramienta de ascenso social (razonamiento típico del alumno de clase media que busca convertirse en profesional para “surgir”), sino porque el triunfo alimenta su voluptuosa autoestima y, finalmente, porque es engreída y le pega la renegada gana. Aoi Yusa y muchos riajuu sobrevaloran la educación, mientras Niku la considera parte de un sencillo juego egocéntrico.

El episodio giró alrededor de Sena, concediéndole el mayor porcentaje de airtime y redondeando su faena con un triunfo accidental sobre su contrincante, aunque este double-hit combo le cause más disgustos que alegrías y podría considerarse una victoria pírrica. Desde el inicio, los directores de Boku wa Tomodachi parecen empeñados en distribuir de manera equitativa el enfoque de cada capítulo, relegando a Rika al papel de pivote narrativo y desplazando al resto de chicas al rincón de la mala suerte. Incluso Kate parece, ahora, más influyente que Yukimura: la monja revoltosa parece una versión clerical de Niku, invasiva y contundente, pretendiendo siempre perturbar al inocente onii-chan. Sin embargo, la novicia rebelde había perdido las esperanzas antes de ingresar a la refriega y eligió retirarse antes de meter más leña al fuego. Escogió la salida más segura: contemplar los acontecimientos desde la barda, sin entrometerse demasiado. Kate se diferencia del resto de personajes que permanece o bien “adentro” o “afuera”: es externa al elenco principal, pero está ligada a ellos como protectora de Maria y porque está enamorada del desaliñado protagonista. Su caso merecería mayor atención porque sus apariciones manifiestan la existencia de una frontera entre el Club de Vecinos y la comunidad estudiantil. Ella cumpliría la función de informante o bisagra entre ambos espacios. Mientras entre profesores, religiosas y alumnos el compromiso entre Sena y Kodaka es vox populi (una noticia difundida con chismoso entusiasmo por Pegasus), los integrantes del harén continuaban ejerciendo sus actividades cotidianas, leyendo o jugando videojuegos, saliendo al parque de diversiones, organizando una fiesta de cumpleaños, en fin, viviendo en una dimensión paralela.

El énfasis en Sena se refuerza apelando a su atractivo físico, aprovechando el potencial de fanservice implícito en un escote tan innecesario como trascendental para generar esa sensación de sensualidad que transmite la engreída hija del director. Además, esos centímetros adicionales de carne tenían otro propósito de cara al público que comparte la posición de Kodaka: presentar a Niku (sus voluptuosas curvas) como instrumento de tentación ante el riesgo inminente de desestabilizar el status quo (y destrozar su pequeño mundo). Una chica simpática, millonaria y sexy le revela que están comprometidos. Una oferta tan provocadora resulta irresistible y casi inobjetable: ¿cómo negarse ante tamaña oportunidad de ganarlo todo? Para colmo, el producto se promociona exhibiendo sus virtudes más demoledoras: rehusarse seria una lástima, un desperdicio, salvo que… el balance entre pérdidas y ganancias desemboque en saldo negativo. El matrimonio negociado de Kodaka y Sena transtorna un orden impuesto de forma tácita, pero considerado intangible entre las chicas del harén. Ese ordenamiento garantizaba un equilibrio de poder entre las grandes potencias (Sena y Yozora) y facilitaba un nivel limitado pero satisfactorio de maniobras para las pretendientes secundarias (Rika y Yukimura). En realidad, se vivía un estado de guerra fría conveniente para las haremettes, pero también beneficioso para Kodaka, pues le ayuda a sostener su parodia de neutralidad, caerle bien a todos y nunca pelearse con nadie. No confundamos esta situación de tensa calma con hipocresía porque no responde a intereses maquiavélicos, sino a preservar la armonía, a evitar los rencores, a continuar divirtiéndose en grupo, compartir el tiempo jugándose bromas. Esa experiencia “amical” (aunque ninguno se atreve a reconocerse como “amigos”) constituía el núcleo de sus aspiraciones: hacer “amistades”, sentirse menos solos. En otro episodio, el muchacho había antepuesto ese anhelo a otros deseos igual de válidos, como tener novia. No significa descartar uno para obtener lo otro, sino darles su debida importancia. Esta revelación no otorga tampoco ventaja alguna a Sena. La obligatoriedad del compromiso, impuesta contra la voluntad de ambos contrayentes, resta valor a sus sentimientos, pasándolos por encima (incluso si mediase un sincero enamoramiento). Además, la noticia arriba de súbito, saltándose las etapas del proceso de cortejo o, peor aún, frustrándolo. La fotografía de infancia, el escote, los sonrojos incidentales y la enorme variedad de gestos que despliega Niku mientras conversan en la capilla le añade puntos valiosos a su candidatura; incluso el secreto la favorecía, porque no pretende enemistarse con Yozora. La infidencia de Maria desata la hecatombe.

El anuncio de matrimonio provoca una segunda ruptura, quizá más grave: hasta el episodio anterior, todas las integrantes del harén cumplían una función diferenciada que -simbólicamente- marcaba su territorio. En otras palabras, su arquetipo definía las fronteras donde actuaba cada chica. Aunque suene ridículo, este concepto es ley. Ningún eroge o anime harem sería viable sin establecer roles de fácil distinción: permite ofrecer una paleta de posibilidades (véase las series “omnibus”, como Amagami SS), evitar la repetición y los “cruces” entre chicas. Si alguna cumple el papel de tsundere o yankee, nadie puede “osar” arrebatarle ese terreno porque su atractivo radica justamente en tener una “especialidad”. Sin embargo, todas las integrantes de un harén cumplen una idéntica condición: su potencialidad. Todas poseen el rango de “posible novia” (o waifu). La categoría “prometida” queda fuera de discusión: si alguien alcanza ese rango, el harén se desintegra, porque alguien habría ganado la partida y conquistado una posición superior. Es comprensible que Yozora le pregunte a Rika quién tiene la relación “más profunda” porque, además de apropiarse de Kodaka, Sena estaría robándole el puesto de osananajimi. Por desgracia, sus temores son certeros (aunque exagerados). Según la lógica del anime, la preeminencia entre amigas de infancia se define por dos valores: a) la “puesta de mano” (en otras palabras, ¿quién lo vio primero?) y b) la duración ininterrumpida (¿quién continuó siendo su amigo hasta la actualidad?), aunque este último suele imponerse sobre el anterior en casos de disputa (compárese Chihuahua vs. A-chan en OreShura). El criterio b) es inaplicable a ambas contendoras, pues ninguna mantuvo una amistad prolongada, sin intervalos largos ni “olvidos”. En consecuencia, debería aplicarse el principio a), a favor de Sena, quien además es “amiga de la familia”. Kodaka le otorga un valor sentimental más hondo a su relación con Sora (sus experiencias de niñez con la pequeña rubia no marcaron su crecimiento personal), pero su opinión no cuenta en la imaginación catastrofista de Yozora. Estas suposiciones absurdas provocan el enojo de Niku: ni siquiera su castigo ayuda a suavizar el impacto o recomponer el orden quebrantado. La Gran Jefa se hunde víctima del desánimo provocado por la pérdida de identidad y cierto resentimiento. Durante esta temporada, sus planes han derivado en sonoros fracasos y, para agravar su racha de pésima suerte, Kodaka descubre el plagio del guión de la película. Demasiadas cachetadas sucesivas: Sena ha desafiado su autoridad, rebatió su argumento de la “amistad de infancia”, la forzó a correr huyendo fuera del salón, le pegó con su propio matamoscas, los papeles se invierten y, mientras las senpai enemigas se desgastan en combate, Rika ejecuta sus tácticas subterráneas para emerger pronto a la superficie.

4 comentarios

  1. Tengo una duda, que podría influir en el desarrollo de las relaciones dentro de la serie:

    ¿Cuánto le queda de Boku wa Tomodachi?

    Según entiendo el anime ya concluyo y termina hasta donde llegan las novelas ligeras, pero: ¿Se planean más volumenes o la serie acaba con el 8?

    De concluir ahora la ganadora sería Sena por la cantidad de eventos y el hecho de que Yozora parte de la premisa erronea de querer volver a tener una relación con Kodaka, lo que la vuelve mucho más dependiente de él que el resto de las compañeras de haren; lo cuál no es un objetivo de este tipo de relaciones. Si usamos es caso de CLANNAD, que me parece el más característico, podemos ver que el objetivo de las series harem, y de las comedias románticas en general, es superar los traumas preexistentes en las chicas. Pero a falta de tiempo para el desarrollo de la superación del conflicto de Sora con el pasado y de crear eventos que contribuyan a establecer una relación de amantes con Taka, no quedaría otro remedio que reemplazar la amistad de infancia por la de los miembros del club, como creo que ocurre con el final de anime, según leí en la wikipedia.

    De lo contrario Yozora todavía tendría un chance, aunque reducido.
    Desde el principio me ha gustado Sena, en especial por qué es una mezcla extraña de arquetipos entre tsundere pero sin serlo del todo, con ojou-sama pero ser una descarada, otaku de los videojuegos y acosadora. Algo así como una Kirnio con Tomoe Mami. Además del hecho de que es la prime Oppai cuyo fanservice no es grotesco ni desproporcionado.

    Y creo que esa es la función primordial de series como Boku wa Tomodachi u Ore Imo: tratar de crear nuevos arquetipos.

    Hasta antes de Yozora las amigas de la infancia eran adorables y pseudo-maternales.

    1 abril 2013 en 01:01

  2. Quedaba claro desde el final de la primera temporada que Yozora tenía perdida la batalla si quería seguir aferrándose a la amistad de 10 años atrás con Kodaka para justificar su posición dominante.

    Ella misma cometió el error, en su “reencuentro definitivo” (Cuando Kodaka se da cuenta de que Yozora es Sora), de querer quitarle importancia al hecho de que ellos hubieran sido amigos durante niños para su amistad actual, pensando que la “debilucha” Sena no sería obstáculo en su camino. Pero ella misma dio a entender durante toda la segunda temporada que su relación con Taka en la infancia era relevante en la actualidad, y además, descubrió levemente ante el espectador (Y ante Hasegawa-kun) la inseguridad que escondía bajo esa capa de Badass capaz de dejar KO en la primera ronda a cualquiera sólo con su fuerza verbal, que además, Rika y Sena se encargaron de ir despedazando poco a poco.

    Finalmente, esa inseguridad la dejó totalmente fuera de juego en el final de la serie. Aunque suena extraño que Yozora acabara su guerra contra Sena de forma napoleónica (De victoria en victora hasta la derrota final). De hecho, hasta Rika acaba colándose entre la pelea y acaba adelantando a Yozora consiguiento la amistad de Kodaka, que Sora no logra reestablecer…

    1 abril 2013 en 17:21

    • ele-ene-ene

      Es muy interesante tu analogía de Yozora con el emperador Napoleón. A Napoleón lo apodaban “el Titán”, porque se enfrentó a las monarquías “por derecho divino” del mismo modo que los titanes de la mitología griega se enfrentaron a los dioses del Olimpo. Napoleón y los titanes fueron derrotados, tal vez para Yozora vs Sena (otra elegida de los dioses) la tercera sea la vencida y el desafiante obtenga en la ficción el triunfo que le negaron la historia y la mitología.

      2 abril 2013 en 11:09

  3. ele-ene-ene

    “La premisa de Boku wa Tomodachi, mejor dicho, la excusa para crear el Club de Vecinos es paradójica: basándose en el objetivo de mejorar sus habilidades de socialización y “hacer amigos”, sus integrantes, en lugar de lanzarse al mundo real, optan por encapsularse.”

    La paradoja se puede tratar de explicar entendiendo al Club de Vecinos como una incubadora. La idea de la incubadora es obtener dentro de un espacio protegido condiciones adecuadas para adquirir las competencias necesarias para sobrevivir afuera. En el Club de Vecinos esas habilidades se pretenden adquirir sustituyendo mediante “práctica” lo que para los otros es normal. Como creación de Yozora, el club intenta replicar en escala mayor la burbuja en donde la misma Yozora se ha aislado del mundo real. Sus certezas del pasado (principalmente ser la amiga de la infancia) son las barreras que separan a Yozora del mundo real, pero también funcionan como un aparato ortopédico en el que Yozora se apoya para avanzar arrastrado con ella su propia “incubadora”. La doble revelación de la previa existencia de Sena en la vida de Kodaka y su compromiso eliminan esos aparatos ortopédicos. Yozora se desploma y sus defensas se hacen trizas. Alguien muy famoso pudo decir en una circunstancia análoga: “Me cortaron las piernas”. Yozora tiene sus piernas, pero el hecho de caminar diez años con muletas se las han debilitado y son incapaces de sostenerla. No se puede vivir para siempre dentro de una incubadora, y la salida de la incubadora de Yozora ha sido tardía y traumática. Ya no hay más Yozora amiga de la infancia, pero en el capítulo hay varias muestras de lo que Yozora sería sin sus “muletas”. Un ejemplo es cuando se entrega con entusiasmo a la realización de la película, como si fueran habitual en ella las actividades del festival escolar. Es su mejor momento: es capaz de motivar, y hasta sabe escuchar, como una buena líder. Cuando Sena se lleva a Kodaka para hablar en privado, Yozora se molesta sólo en la medida que esta interrupción afecta el rodaje. No hay aquí referencia a la amiga de infancia, sólo a la directora del film. Otro ejemplo lo proporciona el personaje nuevo. Yusa Aoi es en algunos aspectos lo que Yozora sería sin su cápsula de aislamiento y sus consecuencias. Yusa repite palabra por palabra los argumentos de Yozora contra Sena pero con una actitud totalmente diferente. Mientras Yozora está estancada en su desprecio a Sena y los populares, Yusa está usando una herramienta denominada “benchmarking”, que consiste en medirse continuamente contra el competidor más duro, compararse con el líder que representa la excelencia, y tratar de superarlo. Y mientras Yozora usó su habilidad para manejarse en los vericuetos de la burocracia escolar para crear su club-cápsula donde aislarse, Yusa es de suponer que tenga habilidades semejantes para lograr integrarse en el Consejo Escolar, donde está en continua interacción con los otros estudiantes. Los resultados están a la vista: aunque Yusa no se muestre conforme, Kodaka, como “observador externo”, no tiene problema en reconocer sus logros.

    En apariencia Yozora parece regodearse en decepcionar o contradecir las expectativas positivas que genera. ¿Su negro y hermoso cabello largo le otorgaba un aura de distinción? Se lo cortó ¿Era capaz de lucir con gracia y estilo las audaces prendas que usan las modelos? Eso se terminó ¿Se mostraba siempre desafiante ante las adversidades? Se desmoronó como un castillo de naipes ¿Suscitó admiración por su creatividad al componer una obra maestra, aún teniendo que presentar el guión tres veces en tres días sucesivos? Resultó una plagiaria. De hecho, sería el segundo plagio de Yozora. Su manía de hacer que violen a Sena no es muy original: hay elementos sospechosamente similares en “Koizora”, donde a una chica problemática le cortan el cabello por hacer violar a su rival; el objetivo romántico de ambas es un “joven delincuente”.

    El pelo largo o corto, la ropa negra o los atuendos sexy, la actitud desafiante o la total apatía, la capacidad de liderazgo o la actividad plagiaria ¿qué significan?¿Son un importante rasgo distintivo, el sello de identidad de Yozora? ¿O son sólo accesorios que no representan la esencia del personaje? Si fueran accesorios, es de suponer que algunos de estos rasgos y características ya resulten un estorbo para el desarrollo pleno del personaje. Por ejemplo ¿de qué le sirve ahora tener el cabello corto, cuando ya no es la amiga de infancia? En algún punto entre “hace diez años” y el “ahora”, por circunstancias desconocidas, Yozora erró el rumbo y se rodeó de accesorios protésicos para protegerse del mundo exterior. Las circunstancias que ahora se presentan como aparentemente adversas pueden significar la oportunidad de enderezar la nave, eliminar lo accesorio y que surja libre la Yozora esencial.

    2 abril 2013 en 11:03

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