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Seitokai no Ichizon 11-12: It’s all about Mafuyu (Final)

Por qué no me pasan estas cosas a mí

Como se prevía por su comportamiento en capítulos anteriores y aunque Sugisaki no había plantado muchas flags en su ruta, Mafuyu está sinceramente enamorada de su senpai aún cuando sigue considerándolo un pervertido jugador de ero-games, o quizá gracias a esa actitud lujuriosa porque, siendo honestos, llevémonos una mano al pecho y recitando el “yo confieso”, ¿no sería Mafuyu la menos indicada para criticar las fantasías de Ken cuando ella alcanza niveles más atrevidos de libidinosidad cuando elucubra sus historias acerca del andrógino Nakameguro-san?, ergo, ¿quién mejor para comprender sus ebulliciones hormonales? En realidad, después del espectacular episodio 11 donde la rubia decidió no ponerle trabas a sus sentimientos, aguardaba un desenlace más conflictivo, al estilo de los minutos finales de ciertos capítulos en que Sugisaki apagaba los incendios: ahora nos planteaban el nudo más intrincado, decidirse a aceptar la declaración de Mafuyu o mantener el statu quo de “seductor” que nadie le aguanta, una situación inusualmente rica para confrontar a los personajes y ofrecernos una pizca de melodrama, pero no, los creadores estaban locos… un momento, ¿locura?, ¿estoy hablando de locura?… ¡ESTO ES SEITOKAI NO ICHIZON! La respuesta de Mafuyu a su propia confesión fue serena, valiente y madura, destacándose por encima de su hermana, Chizuru y la Presidenta que ocultan sus verdaderos afectos. Mafuyu hubiese deseado iniciar una relación con Sugisaki, pero entiende que, mientras continúen siendo parte de un equipo donde reina un ambiente de intimidad, ese anhelo pondría en riesgo la armonía del grupo: deberá contentarse con expresar su enamoramiento en honor a la honestidad, aunque aceptará cualquiera sea su proposición después de ganar el título mundial del peso pluma o algún campeonato de Go. Estos gestos tornan heroica a Mafuyu por su capacidad de sobreponerse a su propio miedo a los hombres y, además de romper esa barrera para ayudar a Ken el invierno pasado, continuó demostrando el mismo valor al aplicarle un correctivo a los imbéciles que intentaban desacreditar a Sugisaki. Pulgares abajo para la Presidenta por contestar de forma tan insulsa y poco tajante al acercamiento indecoroso de ese patán. Solamente unos idiotas genéricos y anónimos sin personalidad pretenderían ligarse a cuatro chicas usando la fabulosa estrategia de insultar a una tercera persona ausente y para colmo enferma. Si buscaban desprestigiar a Ken contando que solían golpearlo en manada mientras el aludido no oponía resistencia porque después de engañar a su osana-najimi con su media hermana y viceversa se sumió en una terrible depresión, es decir, si pensaban insinuar que Sugisaki era patético, lo único que consiguieron fue retratarse como manganzones abusivos y faltos de neuronas. Por suerte contábamos con ¿Minatsu?, ¿Chizuru?, NO, WTF: ¡Mafuyu! y recién entonces reaccionaron las demás. No quisiera imaginarme la tortura que aplicaron, pero conociendo a Chizuru me sorprende que no saltara apenas ese galifardo osó ponerle la mano encima a la Presidenta. No necesitábamos presenciar la pateadura porque bastaba con el épico carterazo de Mafuyu estampándoles el grito en defensa de Sugisaki-senpai con sus ojos de rabia salpicados de lágrimas. Rayos, ¿cómo consiguieron hacerla tan linda, tan otaku y tan corajuda? Quizá sería la única en percatarse de la sórdida genialidad de Ken para iluminar sus divagaciones, pues durante la ausencia de Sugisaki, las chicas fracasan olímpicamente cuando intentan enhebrar una conversación trivial por falta de chispa humorística (o por falta de pokkoncho). Al menos, consiguieron que aflorasen tres dimensiones inéditas de la personalidad de Mafuyu: la malévola blogger que engatusa a sus lectores, la tsundere y una versión yandere que prefirieron no revelar visualmente al público. Para tranquilidad de la Presidenta, cuando alguien dice pettanko se refieren al sello y además, viajar a Singapur para salvar a la humanidad tampoco merecía semejante conmoción.

Mafuyu para Presidenta el próximo año escolar

A hierro matas, a hierro mueres

La aparición del verdadero Nakameguro-san en el episodio final involucraba un último acento sobre la metatextualidad, de nuevo vinculada a Mafuyu, que después del registro dramático y solemne, reveló in extremis su faceta más cómica y pervertida. Hasta entonces, habíamos creído que Nakameguro era una invención brotada de sus desenfrenadas fantasías yaoi, una encarnación ficticia del “ideal” de personaje uke para las aficionadas al boys love, es decir, un producto de la asimilación de un discurso irreal e idealizante que resume todos los estereotipos del género: indefenso, femenino (algo andrógino), timorato y claramente sospechoso de tendencias homoeróticas (cuando menos, admira a Sugisaki, aunque en las alucinaciones pornográficas de Mafuyu siempre terminen desnudos bajo una tenue sábana. Desde su primer episodio, los personajes de Seitokai no Ichizon propusieron actuar de dos maneras distintas según la ocasión: como personas y como personajes, y alternaban entre ambas posiciones sin transición aparente, por tanto, habría que estar atento al cambio repentino y sutil para interpretarla como ruptura de la cuarta pared o quiebre de la inconsciencia ficcional, es decir, cuando los personajes manifiestan conocer su naturaleza de seres ficticios. Resultaba curioso que existiese un segundo nivel de ficcionalidad donde se encontraban los desvaríos de Sugisaki y las historias que ideaba Mafuyu, porque eran historias creadas por personajes, es decir, ficticios incluso para los mismos seres de ficción, y allí operaba Nakameguro sin mayor confusión. Sin embargo, cuando irrumpe en el apacible espacio cerrado del salón del Consejo Estudiantil, el espectador, además de sorprenderse, se enfrenta a una disyuntiva de tres posibles interpretaciones:

1. Se trata de una risueña coincidencia. El Nakameguro que interactúa con Sugisaki y las chicas y el Nakameguro de las ficciones de Mafuyu son entidades distintas (lectura realista).
2. En realidad, Mafuyu creó al personaje yaoi de Nakameguro en base al Nakameguro “real”, pero de manera inconsciente. Pudo habérselo cruzado en la calle y tiempo después, cuando decidió crear su propio doujin BL, su imagen retornó a su conciencia (lectura realista-metaficcional).
3. Nakameguro saltó del segundo nivel de ficción al primero (donde habitan nuestros protagonistas), por tanto, ambos son manifestaciones de la misma entidad (lectura 100% metaficcional).

Preparen el dardo somnífero

El relato juega aprovechando la ambigüedad sin descartar la validez de ninguna opción. Conociendo la vocación metadiscursiva de Seitokai no Ichizon, no resultaría extraño que, como sugerimos en #3, ocurriese un quiebre de las fronteras ficcionales; pero habiéndosele asignado un background, una personalidad autónoma al Nakameguro “real” (estudiante transferido, abusado por sus compañeros del anterior colegio, etc.), independiente del personaje creado por Mafuyu (una suerte de juguete sexual), la lectura #1 sería también plausible, pues Seitokai no Ichizon solo quebranta las leyes del paradigma realista cuando se vuelve metaficcional (cuando alude a otras series, películas, sitios de internet). Finalmente, la lectura #2 podría parecer rebuscada, pero se sugiere levemente la función de Mafuyu como probable narradora tanto dentro como fuera de sus libros cuando, al perseguir desde lejos a Sugisaki y Nakameguro al estilo stalker, la rubia engrosa la voz y relata los hechos y sus espectativas como fanática del yaoi. Además, durante esta secuencia comprobamos que Mafuyu, como Saki, “doesn’t wear any”.

CONFIRMADO

Nakameguro sirvió como excusa narrativa para introducir un componente humorístico (el comportamiento hyper de Mafuyu) y como dispositivo para encauzar el desenlace uniendo los fragmentos del pasado de Sugisaki que explican, o digamos, racionalizan su forma de entender el mundo, un pensamiento que al comienzo nos parecía errático porque ignorábamos sus antecedentes, que venían revelándose pero sin ilación, a manera de flashbacks. En respuesta al pesimismo y las cuitas de Nakameguro, Sugisaki recompone su historia explicándole que consiguió sobreponerse a sus debilidades gracias al apoyo de cuatro chicas a quienes deseaba hacer feliz. Entonces, se ensambla el mural de las cuatro estaciones representadas por las integrantes del Consejo Estudiantil. La Presidenta, la primavera (su cabello rosado aludiría a los cerezos en flor); Minatsu, el verano (su energía vital en analogía con el calor solar); Chizuru, el otoño (probablemente porque lo “otoñal” se vincula con la madurez) y Minatsu, el invierno (debido a su palidez, temerosidad y fragilidad). El año precedente, Sugisaki había aprendido gracias a ellas a superar su depresión, aunque la mezcolanza de ideas que infundieron en Ken acabó por convertirlo en una especie de pervertido caballeroso que aspira al final harem porque ansía complacer a todas (una desafortunada idea de Kurimu que cual bola de nieve desató la avalancha de lujuria). De nuevo, el ciclo se cierra con Mafuyu, que durante los últimos episodios había adquirido un protagonismo inusitado: su sacrificio invernal terminó por enseñarle a Sugisaki el verdadero significado de la fuerza, quizá porque, a diferencia del resto de chicas, el gesto de Mafuyu fue silencioso, no mediaron palabras, todo residía en la acción.

Maestro, muera en su ley

Seitokai no Ichizon fue un anómalo slice of life dedicado a burlarse sin demasiada acidez de los tópicos y estereotipos del animé y la cultura popular sobre la cual se asientan sus referentes (eroges, super-sentai, boys love, RPGs, el género harem), una burla festiva, no destructiva, cuyo principal sostén fueron las personalidades de sus cinco protagonistas en conjunción dinámica en torno a Sugisaki, aunque la Presidenta solía imponer el tema de conversación al inicio del episodio. Como relato no necesitamos exigirle nada porque se planteó desde un inicio como una serie carente de entramado dramático (que es diferente a decir carente de argumento) que solía coquetear con instantes de intensidad melodramática, pero de visita nomás. A pesar del riesgo que entrañaba apoyarse casi exclusivamente en el diálogo, Seitokai no Ichizon cumplió con divertir gracias a ese incesante bombardeo de chistes, y no dudaría en apuntar su nombre entre las mejores comedias de 2009.

Tú fuiste la única

3 comentarios

  1. Lo de Mafuyu tambien lo confirma en una imagen oficial.

    3 enero 2010 en 05:03

  2. shadow-the-hedgehog

    quiero mas no me conformo solo con 12 capítulos

    3 enero 2010 en 10:49

  3. Javier

    NECESITO más capítulos de esto. No pueden quedarse sólo en 12 episodios. 7 novelas dan para mucho, MUCHO.

    Necesito Seitokai no Ichizon, necesito a Mafuyu, Sugisaki y todas las demás chicas…Espero que no haya que esperar 3 años (Haruhi Suzumiya *cof cof*)

    28 enero 2010 en 19:13

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