Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Nisemonogatari 8: Psicosis

Smirk

El cierre de una historia no es más que el comienzo de otra. Cuando se cierra la tapa de un libro o una portada, no tarda mucho tiempo antes de que se abra otra. Una nueva caratula revela su contenido y el proceso de lectura vuelve a empezar. Una vez más nos encontramos con Tsukihi, la hermana de fuego lunar, apagada, tímida e histérica. Un verdadero electrón que oscila entre las emociones más extremas y cambiantes, hasta el punto que somos incapaces de saber de qué es capaz. Hasta el momento, la escena que mejor ejemplifica ese proceso fue, por supuesto, el momento en que entró al baño a saludar a su hermano, para luego volver con un cuchillo en la mano con la intensión de destripar el reflejo de un vampiro alojado en la sombra de su Aniki. Al parecer, cuando Araragi decía que su hermana menor “menor” era la más peligrosa e incontrovertible de todas no estaba mintiendo: ese pasador en forma de huevo frito que ambas hermanas llevan fácilmente derramaría su yema por parte de esta femme fatale que está dispuesta a apuñalar a su otra hermana, con tal de no permitir acercamientos indebidos a su adorado hermano mayor. La nueva heroína ya ha presentado sus fichas y no será menor su fuerza combativa…

Para quienes se fijaron con cuidado en los primeros minutos de la introducción de este nuevo arco, habrán notado los múltiples indicios que marcan el cambio de un régimen diurno a uno nocturno. La lámpara de Araragi describe las fases de la luna. Las primeras escenas del capítulo tienen imágenes acerca de círculos y la noche: el reloj invertido del negro y blanco, Koyomi escribiendo la palabra circule, el dirigible que brilla del mismo modo que los destellos del agua, los colchones redondos detrás de la banana semicircular, el lápiz que compone un círculo dentro de otro más oscuro. Hasta la transformación de Karen también resalta este proceso de mutación que sufre por intermediación de Tsukihi: si volvemos a las pinturas que estaban en la sala, podremos ver que Karen siempre usaba la misma ropa, en esta ocasión ella ha cambiado su atuendo, acercándose por todas partes a ser más como su hermana (incluso toma prestada su ropa, que le queda ajustada). Un poste usando una falda es un acontecimiento igualmente bizarro para alguien como Araragi acostumbrado a la hombría de su imouto. La belleza de Karen atraviesa las paredes y las costillas de su Nii-san, mientras pretende acercarse a su ídolo Kanbaru. Palabra por palabra, la nueva entrega de Shaft ha sido fiel a la light novel. Este arco, que es extremadamente corto, ha representado una de las escenas más famosas de todo Monogatari, y sin duda muchos, como yo, estuvimos esperando este momento de antemano. Este episodio repitió, en forma inversa, el primero de pies a cabeza. En lugar de Tsukihi, tenemos a una Karen mostrando sus atributos a diestra y siniestra. Este proceso de presentación se remonta a Bakemonogatari, donde al principio de cada arco se introducía a la anterior chica del harem de Araragi. El arco de Karen, seguía una tendencia similar: la participación de Tsukihi en toda la trama fue mucho más pronunciada que las apariciones de Karen (aunque de ahora en adelante solo tendremos a esta ave emplumada), y hasta la fecha me había reservado de hablar acerca de su personaje para concentrarme en analizarlo en esta reseña. Tsukihi, a diferencia de Karen, nace bajo el signo de la lluvia y el estío (Abril, mes conocido por los torrenciales aguaceros que se derraman en el norte de la franja equinoccial). Una diferencia que la aleja de su hermana, la hace más fría y por lo tanto más incontrolable. Ciertamente, ante ella, hay que temblar de miedo en las ocasiones en que se la encuentra. Es fría como el metal y más valiosa que el oro, maleable y dúctil. Si, cuando ella dice que es igual al platino, se refiere a su capacidad de ser un excelente catalizador que puede causar una terrible combustión, cáncer o daño a los órganos internos, entonces la segunda de las hermanas de Koyomi se lleva el premio en peligrosidad. Solamente sería superada por Nadeko en su modo divino, pero esa es otra historia para el futuro. Por ahora contentémonos con decir que el fénix inmortal es quizá el más misterioso y maravilloso ser con esa cualidad, símbolo del eterno retorno del mundo, de la auto-consumación que espera el renacimiento. El opening de Karen jugaba con el fuego, la miel y los rayos solares, el de Tsukihi simplemente fue adorable. Demasiado tierno, demasiado cute para no enternecer al corazón más cerrado. Aunque no contó con la extravagancia de colores que su predecesor, le gana en belleza visual, principalmente por hacer aparecer a su protagonista haciendo un hermoso baile y realizando poses encantadoras (la parte del acercamiento a su cara desde arriba es simplemente indescriptible, mientras sus grandes ojos destacan como rasgo principal). El individuo sufre una fragmentación en sus formas, mientras la imagen se vuelve más femenina (Karen resaltaba el atletismo y el fuego), sufriendo una transformación y una rotación cíclica, privilegiando el baile y la suavidad. Aquí, precisamente, no predominan los colores intensos, cálidos, sino los fríos y opacos, resaltando esa situación nocturna que envuelve a ese pájaro mítico de las noches saharianas. Como podemos apreciar, a diferencia del sol que resplandece en lo alto del cielo dispersando su luz de forma constante y uniforme, la luna muda su apariencia en cada una de sus fases. Ciclo de cambio y renovación. La luna crece y decrece en intensidad y apariencia. Ese proceso de recreación que culmina con las fases lunares de la luna nueva y llena, hace de la ropa y el peinado de Tsukihi un proceso en el devenir estético del gusto, de la moda, del exterior que sufre el paso del tiempo. No por nada se suma a esa simbología cosmológica la figura del ave inmortal por excelencia: el Fénix, que también experimenta la muerte y la resurrección, es además un símbolo de cambio al igual que el astro nocturno. La imagen sufre un destiempo y una re-sincronización, se parte, se distiende y adquiere otro valor, que la lleva a encubrirse. Diríamos que la luna que es Tsukihi hace eclipse con respecto al sol abrasador, mientras que la imouto mayor se ve opacada, en lo sensual y agresivo, por la luna creciente…

Crítica de la razón glosolálica:

Quizá dedicar un blog al estudio de las caricaturas y la animación japonesa sea una pérdida de tiempo colosal, una actividad banal que no merece ni siquiera ser analizada. Como los tics de los locos, los sueños o quizá los mitos en su tiempo fueron considerados un montón de patrañas generadas por mentes que desvariaban, así mismo todos sabemos que el fanservice y la carga sexual del anime viene acompañado de una dinámica capitalista que busca la venta de su propia mercancía. En eso no hay más que una superficie que no posee ninguna profundidad. Nunca me he movido sino a nivel superficial. Nisemonogatari no es, como algunos quisieran, una revelación ni de una gran verdad o sabiduría milenaria, es antes que nada un juego que nos recuerda lo que significa bailar con palabras e imágenes. En ese sentido es que sus protagonistas se comportan como los habitantes del país de las maravillas que tanto exasperaban a Alicia. Mientras que ella era la voz de la razón, el resto se dedicaba a mostrar el juego incoherente de las poesías verbales. Sin embargo, considerar algo indigno de análisis no es solucionar el problema que algo representa, sino eludirlo como insignificante y despreciable: no se explica, al fin y al cabo, porque la imagen se carga de sexualidad o porque tiende a la venta de mercancía, sólo es considerada mala o que le falta coherencia por ser pura representación de fanservice. Siempre he pensado que el título de este blog tiene una carga irónica, y es esa ironía la que lo hace especial: invierte la seriedad, en el momento en que la razón se duerme y comienza a desvariar, es que se produce ese contrasentido que causa la paradoja. Cuando un arqueólogo comienza su trabajo, sabe que lo más importante es la basura que una sociedad produce, no por eso la basura deja de ser basura, pero esa basura carga con una importancia: el poder comprender las formas de vida que tenía una sociedad determinada. Su importancia radica en que es el resultado de algo más grande y extraño. Tildar a Nisemono de espuma marina es no comprender las poderosas corrientes oceánicas que producen esa espuma. Si bien a nivel primario el producto es decepcionante e incluso poco interesante, el proceso que lo envuelve es una potencia que involucra relaciones mucho más profundas. Los piropos, los fetiches, los símbolos, son otros tantos problemas que la mirada concentrada en la contemplación de los cielos ignora por completo, pero ellos dicen mucho de lo que somos o creemos ser. No importa tanto el objeto como el punto de vista desde el que uno se ubica para construir su sentido. Y por eso cada una de mis reseñas son como anteojos que la gente decide usar o no.

Crítica de la razón informática:

Nuestra moda comunicativa nos impide muchas veces ver que, detrás de eso que llamamos comunicación, podemos caer fácilmente en una trampa. Permítanme volver sobre los comentarios hechos en la primera reseña de Nise acerca del papel del lenguaje, o más extensamente de los “signos”, para aclarar de un modo más coherente esa experiencia visual, que raya con lo infame, de la segunda mitad del episodio. Esta donde sé, para bien o para mal, la infame escena de este episodio es una experiencia única en el anime, incluso sin mostrar más piel que la necesaria, Nise ha conseguido transmitir más erotismo con solamente enjuagar la boca que en muchos hentai que encuentras en el internet… Toda teoría de la información se basa sobre una suposición acerca del proceso de la inter-subjetividad basado en tres elementos: un emisor, que produce un mensaje, un canal que conecta a los dos implicados, y un receptor que decodifica el mensaje. Entre el emisor y el receptor se instala un código prefigurado de significación (la “experiencia compartida” entre ambos extremos de la señal, este elemento es el más central). En el paso por el canal (o tubo) que lleva el mensaje, algo de información se perdería paralelamente a la energía usada para su transmisión, por eso, sería necesario una redundancia del mensaje, pues por entropía el mensaje iría perdiendo vigencia y convirtiéndose en un ruido indiferenciado. Sin embargo es un grave error creer que la información posee un significado. Este modelo, que a primera vista parece funcionar de modo coherente y describir de forma precisa el diálogo, presenta una eliminación, sino un vaciamiento, de las características complejas de la comunicación en general. No toma en cuenta los factores externos, existenciales incluso, que pre-existen al habla o, si se quiere, a la interacción. El objeto privilegiado de la teoría de la información no es el significado, sino las unidades de transmisión que son computables cuantitativamente (los bits). Estos no poseen significado per se, solamente la poseen cuando se instalan en un sistema de oposiciones: una cadena de unos y ceros tan grande como el universo. Ahora bien, hay dos problemas que se presentan: 1) la comunicación y la significación son dos procesos distintos. Uno se funda en el otro (la comunicación se funda en la significación, pues se supone que el código pre-existe al mensaje), pero no necesariamente son correlativos: puede haber circulación de información y sin embargo no haber significado (la estática de una radio, la agobiante publicidad, las olas en el mar, pueden enviar señales, no por eso se les dará un sentido). Esos elementos no poseen relevancia y si se es bombardeado por ondas electrónicas todo un día se descubre que esas señales se vuelven una nada caótica (quien haya visto televisión o pasado un día frente a un computador entiende lo que digo). 2) Por eso mismo, no podemos decir que todo proceso comunicativo se da a nivel consciente (los sueños, los gestos, los afectos, que tienden a despistar y a revelar algo más funcionan de este modo). Tampoco tiene que existir un código para su lectura, a veces simplemente se inventa a posteriori  para explicar el fenómeno que se está observando: no siempre un autor puede dar cuenta de su obra, pueden aparecer muchos elementos que él mismo ni entiende, o se puede configurar alrededor de las especulaciones y spoilers de los fans. Precisamente, sobre algo de lo cual no podemos dar cuenta, es que nos encontramos frente a lo que llamamos el inconsciente. Por lo tanto, la comunicación no es un a priori del lenguaje humano (de hecho, comparado con el “lenguaje” de las abejas, que es puramente referencial, el humano es muy inexacto), antes bien es un efecto de superficie de paradojas y sinsentidos. El lenguaje es opaco y translaticio: funciona por traducción, metaforización, metonimia pura. Esto es importante, pues revela un problema con respecto a la codificación indiscriminada del ambiente tanto de los objetos como de las palabras: el darle a todo un sentido y solo uno: tener la verdad. A cada objeto su definición, a cada palabra su sentido. Esta lógica opera bajo el signo de Edipo: aquel que resuelve el acertijo de la Esfinge y envía a la muerte los monstruos que atormentan la razón humana. Las teorías psicológicas o sociales intentan canalizar ese desorden propio de la psicosis (es decir, la pérdida de contacto con la realidad) para intentar organizarlo. En esa imagen, la energía no se vive como intensidad, al contrario, se ve como una infraestructura indiferenciada que desordena un sistema. Desde esta perspectiva, la vida social y la comunicación de los afectos son vistos a la manera de efectos nocivos. La energía, la pulsión, el instinto y los deseos deben ser reorientados con fines prácticos, en lugar de dispersar y agotar su potencia. Deben ser domesticados, del mismo modo en que un domador lidia con fieras salvajes en una jaula. Pero Monogatari se hizo famosa por llevar ese desorden a extremos asombrosos, hasta el punto en que uno llega cuestionar la cordura de los protagonistas. A diferencia de Another, donde se intenta llevar a cabo una familiarización de las pulsiones, una domesticación de lo inquietante (Umheimliche), Nisemonogatari recorre el camino contrario. La definición de lo siniestro (o inquietante) para el psicoanálisis tiene que ver con una represión de lo familiar que se torna extraño. En este sentido, lo simbólico se asocia de modo indeleble con la desfamiliarización de un objeto, en que la forma y el contenido adquieren una equivocidad total. El fetiche, el eufemismo y la perversión son resultados de esa represión que sustituye metonímicamente una forma con otra, por lo tanto para resolver el acertijo sólo es necesario buscar de nuevo en lo no-familiar lo que ya se conoce: se trate de una persona -como en Another- que está muerta, o de un impulso sexual invertido en Koyomi, quién disfruta con extraños fetiches como lamer los ojos o cepillar a su hermana, que al final revela el impulso incestuoso, poniendo el cepillo y la boca en lugar de los genitales. Cuando se logre la correspondencia codificada de la realidad, el misterio se pierde y muere lo siniestro. Uno podría pensar en lo sucedido con el personaje de Misaki Mei en Another, una pacificación completa de lo siniestro: en el último episodio su imagen de aterradora agente de la muerte cayó mucho (aún así “el otro” aguarda en las sombras su próxima víctima). Ahora bien, en Nisemonogatari la tensión con lo desconocido nunca pierde vigencia, y no sólo por los magníficos escenarios construidos por Shaft, sino por como los objetos más cotidianos y las actividades más comunes se convierten en algo excéntrico. Hitagi hizo de los artículos de una cartuchera armas blancas listas para perforar a cualquiera. Los libros de Kanbaru se vuelven gotas de agua. Koyomi transformo el cepillar los dientes – actividad que hemos hecho miles de veces en nuestras vidas – en una experiencia erótica como ninguna otra.  Esa es la causa del malestar que produce tanto el vanguardismo visual de Shaft, como la escritura de Nisio: nos ponen frente a situaciones inquietantes que descartan las pautas de socialidad establecida. Es ahí donde el inconsciente no cesa de repetir su propia represión, o no termina de ser codificado y domado, reducción de lo impropio a lo propio, al poder eliminar los fantasmas que atormentan la psique. Lo simbólico, el acto glorioso de reconocimiento que reúne lo que está dividido, es también lo diabólico, que continuamente transgrede y denuncia la verdad de este conocimiento. Tal vez eso hace de toda esa experiencia algo demasiado fuerte, demasiado extremo como para poder soportar de modo completo. Si el sentido es aquello que señala una dirección, entonces Nise es sin duda un completo sinsentido…

8 comentarios

  1. Aqui cuela perfectamente el Meme de “No leí un carajo” Jajaja, mentiras. Leí casí todo, pero casí sin ganas… Mucho texto loco!
    Ese cepillo tenía chele!

    3 marzo 2012 en 09:59

    • Es psicótico al fin y al cabo, puros desvarios de una serie enferma con un reseñador igualmente enfermo… Supongo que es imposible rescatar algo condenado de antemano…

      Saludos.

      3 marzo 2012 en 10:48

  2. No suelo felicitar en público a mis colaboradores porque quizá los lectores encuentren incómodo que el editor de un blog le eche flores a sus redactores, pero en ocasiones como estas, por justicia, debo hacer una excepción. Ha sido tu mejor reseña desde el ciclo de [C] y aunque quizá sea teóricamente dura, creo que el espectador promedio que continúa viendo Nisemonogatari lo hace porque tiene intereses medianamente cercanos a la semiótica y porque les interesa un bledo esa incomprensible obsesión por el “plot” (que -considero- es una mala herencia de la academia norteamericana).
    Probablemente porque soy egresado de literatura y hombre de letras, encuentro normal que un producto cultural (aunque sea mass media) pretenda presentarse como un objeto estético per se, sin otra finalidad que el mensaje mismo. Mejor dicho, metaliteratura, si acaso puede aplicarse ese término a un anime.
    Es cierto que Nisemonogatari no busca que lo tomemos en serio al pie de la letra. Es una gran broma, como puede ser una gran farsa. Pero también lo es un libro como el Finnegans Wake o el Tristram Shandy, quizá las más grandes bromas de la historia de la literatura, pero también objetos de las discusiones más profundas porque tienen la virtud de apretar el gatillo correcto. Bake-Nise/monogatari ha sido siempre una serie de diálogos y, desde esa perspectiva, los duelos conversacionales continúan satisfaciéndome. El aparato visual sigue siendo grandiosamente digno de Shaft: allí es donde ocurre el verdadero fan-service -en el sentido estricto de “servicio para los fans”, pero para los fans del pop-art y del bombardeo de imágenes que intentan discernir en cada mínimo detalle una mina de significados.

    3 marzo 2012 en 15:16

    • lnn

      “esa incomprensible obsesión por el “plot” (que -considero- es una mala herencia de la academia norteamericana).”

      sería interesante que pudieras desarrollar este concepto, aunque sea en un “informe especial” o similar si es que no queda adecuado hacerlo dentro de una reseña habitual.

      8 marzo 2012 en 16:33

      • Tendría que escribir un artículo de teoría literaria, pero puedo resumir el argumento principal en pocas palabras. El término “plot” ha venido usándose de manera incorrecta en los foros y blogs de anime de lengua inglesa desde hace varios años (la mayoría de estos blogs o sitios de noticias como ANN son escritas por letrados, gente con títulos universitarios). Hay dos errores fundamentales: 1. se emplea una definición reducida y simplista del concepto de “plot” y 2. se utiliza este criterio descriptivo como un parámetro de crítica. Un tercer cuestionamiento sería que muchos usan esa palabra para atacar o denigrar a determinadas series (en concreto, mediante el adjetivo “plotless”). Curiosamente, la mayoría de series calificadas como “carentes de plot” (K-ON!, Lucky Star, A Channel, Hidamari Sketch, etc.) derivan de un modelo compositivo denominado 4-koma cuya fórmula consiste justamente en estructuras de inicio-nudo-desenlace (aquello que los teóricos denominan “plot”): llegamos a la paradoja de que las series “plotless” son aquellas que están más cargadas de “plot”.

        9 marzo 2012 en 19:52

        • lnn

          Instructiva aclaración. Muchas gracias.

          9 marzo 2012 en 22:54

  3. Para los que no recuerdan, Araragi e Karen no serian los primeros a transmitir erotismo en un cepillado de dientes, antes lo hicieron Kagura e Yomi en Ga Rei Zero

    Mas bien siendo una escena transmitiendo mas ternura que erotismo, ambas cualidades pueden estar juntas pero supongo que en ambas ocasiones son cualidades que se presentan solas.

    9 marzo 2012 en 16:44

    • Es cierto que se dio una escena similar en Ga Rei Zero, pero no con los niveles de erotismo que hubo en Nise, que realmente llegaron hasta el cielo, y mucho menos en el sentido de un fetiche sexual. En Ga Rei Zero es más bien un acto de ternura e intimidad, en Nise es algo completamente descarado lo que estamos viendo, un comportamiento inquietante que la verdad incómoda a mucha gente, pues revela una pulsión sexual que invierte el sentido de los objetos y causa extrañamiento. Por lo tanto podríamos afirmar que esta escena conserva su originalidad incluso aunque allá sucedido en otro anime con un sentido completamente distinto…

      9 marzo 2012 en 17:34

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s