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Nogizaka Haruka no Himitsu Purezza 12: Desnúdate, mujer

¿Pedíamos acción en Nogizaka Haruka?

Tus padres te pillan desnuda junto a tu novio, metidos ambos en un disfraz de oso polar, en posición horizontal imitando la pose del misionero, naturalmente te preguntan qué rayos hacías o estabas a punto de consumar, le respones “un secreto” y en lugar de arrastrarte por las patillas, ¿te aplauden? Comprendo que, excepto Gentou, las mujeres del palacio Nogizaka, incluidas las meido, sean abiertas de mente, comprensivas y liberales ante las nuevas costumbres, pero cuando menos Akiko debió resondrarlos por intentarlo sin preservativo. Además, si estaban seguros de hallar a Haruka y Yuuto a salvo en la cabaña detrás del hotel, ¿por qué diablos ingresan a la fuerza todas las mucamas rompiendo las ventanas como si tomaran por asalto el cuartel general de la familia Tennouji? Sin embargo, los tórtolos merecían un reconocimiento por intentar sobrepasar la barrera del ecchi al hentai y besarse recién en los últimos segundos del capítulo, cuando terminaba el ending y claro, un oportuno pétalo de cerezo se interpuso delante de la cámara haciéndonos lerolero porque jamás presenciaremos el cruce de labios. Estoy comenzando a sospechar que en Japón cuesta más, psicológicamente, besarse que tener sexo. Recuerdo que mientras maratoneábamos Kare Kano (allá por comienzos de siglo), después de una lacrimógena escena de confesiones sentimentales, cuando Arima abraza a Yukino provocando un torrente orgasmático de emociones, un amigo me comentó (anticlimáticamente): “¿Tanta alharaca por un abrazo?” Capítulos más adelante, al acostarse los protagonistas y perder la virginidad en una apacible secuencia que fluía sin mayor importancia, volvió a decirme, incómodo: “¿Hacen tanto barullo para abrazarse, pero cuando tiran parece que salieron a almorzar?” Nogizaka Haruka suele provocarme una reacción similar por ese aparente desbalance entre atrevimiento y recato, entre picardía erótica y mojigatería de vieja pacata. Una profesora y su amiga aficionadas al trago arrastran a alumnos de preparatoria menores de edad al karaoke y además de emborracharlos, terminan entreverados al estilo de fiesta romana, las batas abiertas y los senos al aire. Pero los mismos directores que fraguaron esta orgía de licor, inventaron las maneras más retorcidas y pertinentes para frustrar y/o ocultar un simple beso. La chica de cabello verde, una verdadera revelación o quizá la black horse de esta secuela por los elevados y borboteantes picos de cachondez que alcanzaba manoseando a sus amigas y conocidas, desnudándose ante un hombre sin mayor pudor, o molestando a Shiina para recordarle a diario cuán loser es comparada con Haruka; digo, esta ídolo femenina de la perversión, esta diosa fang del ecchi cuyo nombre no recuerdo, tuvo el privilegio de sobajear a las hermanas Nogizaka en dos capítulos distintos. Conoce mejor el cuerpo de Haruka que Yuuto y Mikka Mika siempre guardará un grato recuerdo de sus habilidades dactilares. Pero cuando Yuuto se dispone a realizar el gran salto de la pubertad a la adolescencia (porque andar de besitos y manitas a los 16 años… ¿están bromeando?, a esa edad los muchachos solo tienen en mente emular a Makoto), siempre irrumpe alguien, o se cruza una boa legendaria de siete colores o un pétalo. Mencionaba a Shiina líneas arriba y efectivamente, después de tantos episodios dando lástima con sus ilusas esperanzas y creyendo en la suerte (probablemente se accidentará de nuevo), hizo algo útil: el ridículo. Porque confesarle tu amor ferviente a un hombre casado de cuarenta y tantos años y acabar pillada por su esposa y Ayase-kun amerita sacar del cajón la práctica bolsa de papel y jamás sacártela. Suerte que Akiko no amenazó con despellejarla.

La ingenuidad de Haruka: el ingrediente que faltaba

No quiero imaginarme qué ocurrió después

Akiko es temible: dejar traumatizado en un rincón a su esposo hasta la mañana siguiente u ordenarle a su mucama de diez años que le pateé allá donde duele de veras y continuar con una sonrisa apacible de yamato nadeshiko serían motivos para desconfiar de cuánta malignidad heredó Haruka de su madre, porque esa rabia se transmite genéticamente. Quizá estas características las absorbió por completo Mika, pero si planean una tercera temporada, por favor, que Lumière du Clavier se espabile y cachetee a Shiina por entrometida, ¿no bastaron sus acercamientos carroñeros durante la primera temporada y ahora que pretenda deslizarse en la cama de su novio para estamparle un sopapo que arda tres días seguidos? Volviendo al episodio, Akiko en estado youkai desplegando sus garras y vapuleando a Gentou fue la cima humorística, además de los toqueteos de la chica de pelo verde y los infantiles ruegos de Haruka creyendo que Yuuto disfrazado de Douglas-kun era un verdadero oso polar. La ingenuidad supina de nuestra otaku ideal es seguramente el aspecto más azucarado y empalagoso de su personalidad, pero nunca llega a producirnos empacho sino mayor adicción. Haruka es demasiado tierna para reprocharle su candorosidad infantil, sobre todo cuando disfrutamos de sus consecuencias, como los incontables sonrojos y su desorientación generalizada cuando Yuuto le ordena quitarse la ropa, pero disculparse con un hipotético oso polar asegurándole que ella no comió su miel ni robó sus salmones superó sus anteriores hitos de inocencia pueril y admito que cuando manifiesta esos asomos de torpeza siempre consigue arrancarme una sonrisa placentera. Sello de aprobación por la dojikko escondida debajo de la apariencia de una perfecta dama de sociedad, sin embargo, no alcanzó su dulzura ni la expectativa por el postergado beso para perdonarle al capítulo algunos errores en su metodología de la comicidad, es decir, que algunas situaciones intentaron parecernos muy graciosas y resultaron irritantes. Por ejemplo, la reiteración de gags de episodios anteriores, comenzando por la reutilización del tema “baños termales”, otro cronotopo de extendida fama en el animé. Dudo que nadie entre los directores y guionistas aspirara a dotar de cierta artisticidad a una serie descocada y romanticona imprimiéndole una apariencia de estructura circular donde el último episodio es reflejo del primero. No obstante, una segunda visita al templo en febrero (asumimos que después del día de San Valentín) no resultaba tan convincente ni práctica. Para perder el anillo Moonlight de manera fortuita, hubiese preferido una escena de esquí, pero optaron por repetir en su totalidad el proceso de ruegos y lectura de la suerte en una secuencia aburrida e incómoda porque conocíamos casi de memoria qué sucedería. Hubiese sido una excelente oportunidad para variar la suerte de Shiinal, por ejemplo, porque el gag de la repetición consiste en sorprender insertando una variación. Solo consiguieron demostrarnos cuán desesperados estaban en Diomedea (ex-Studio Barcelona) por aminorar los costos de producción y ahorrarse unos yenes para la gratificación de Navidad. Sin embargo, Haruka en lencería en una imagen digna de usarse como calendario disculpa la mitad de su flojera. Ah, y finalmente el equipo de Lacrosse ganó a su archirrival. Pero, ¿a alguien le importa?

Balance final

Con frecuencia he reprochado los defectos de esta segunda temporada de Nogizaka Haruka, casi siempre en comparación con la regularidad y encanto de su primera entrega. El principal demérito sería desaprovechar el motivo medular del relato, es decir, la afición de Haruka por el mundo manganimé que concitaba la identificación y le otorgaba tintes particulares al melodrama. Esta ocasión prefirieron centrarse con mayor atención en los aspectos más sentimentaloides del romance entre los protagonistas y apenas hubo mucha mención a la cultura popular, salvo el episodio del doujinshi. El intento por ligar el tema de cada episodio con una palabra del vocabulario otaku naufragó prematuramente porque, al parecer, se agotó el léxico o ningún vocablo coincidía con el argumento. Demasiados episodios de relleno, algunos a ritmo de slice of life, redujeron el conflicto y la tensión dramática. Sin embargo, valió la pena tolerar estas graves falencias porque, a pesar de los continuos errores, Purezza no fue desastrosa ni soporífera, sino bastante entretenida. La pareja protagónica lució apagada, pero los secundarios adquirieron una luminosidad extraordinaria, en particular, aquellas figuras circunstanciales como Milan Himemiya o Touka Tennouji. Alice-chan y Ryouko (¡por fin recuerdo su nombre!) destacaron en el elenco medular. En conclusión, una nota aprobatoria, pero agónica (6/10) por su bajo desempeño como secuela.

2 comentarios

  1. juan

    hola geniales comentarios olle una pregunta si va a sair una tercera temporada, y si va a salir avisame por que tengo un buen de ganas de seguirla viendo 🙂
    correa_loco@hotmail.com

    28 mayo 2010 en 18:34

  2. no se esto lo lei 90 veces en tu pag al fin se me ocurrio comentar luego de meses y de aver leido un par de cosa smas dela pag me encanta como escribis lastima q es tanto i da sueño pero = me lo leo todo es un kgo de la risa y el vocabulario q usas es como un detalle final copadisima tu pag

    21 junio 2010 en 18:10

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