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Another 0: Una tragedia en yin-yang

Una atmósfera tenebrosa, saturada de presagios ambiguos, recubre Yomiyama. Los tímidos resplandores de primavera no derriten las nieves de invierno: se avecina el horrendo verano de muerte que enlutará al marchito pueblo provinciano perdido entre las montañas. Este episodio, a modo de precuela, nos invita a realizar un cambio de perspectiva narrativa y adoptar la mirada de Mei Misaki, comprender sus antecedentes y percibir el “fenómeno” que aflige al célebre salón 3-3 no solamente como evento terrorífico o secuencia de acontecimientos sangrientos, sino como recordatorio constante de frustraciones, de ilusiones quebrantadas, de sueños arruinados cuya pérdida es reiterada con inclemente insistencia, porque el dolor nunca se detiene. Los castigos continúan y acentúan la impotencia del sujeto. Para comprender ese correlato psicológico, necesitamos regresar al pasado inmediato, la época anterior al tiempo mítico, antes que iniciara la catástrofe, la edad del origen. Asumir otro punto de vista es significativo: la visualidad concentra un conjunto de conceptos (mirada, visión, ojos, espejos, duplicación) primordiales para interpretar Another. Se constata un conflicto entre apariencia (ilusión) y realidad. El anhelo de disfrutar la adolescencia con candidez y naturalidad es desbaratado porque se impone la presencia incontrovertible de la muerte. Los sueños son desmentidos, las ilusiones se abortan: la felicidad se revela falsa, una irrealidad, o peor: un engaño. La fatalidad nos atosiga recordándonos a diario la única verdad: somos seres frágiles, perecibles, insignificantes, nuestra vida es corta, en polvo nos convertiremos.

Asociamos esta concepción desilusionada, pesimista y apesadumbrada con Mei-chan porque su semblante lánguido transmite esa sensación de hastío existencial, pero adentrarnos en su universo íntimo permite cuestionar esta imagen unívoca del personaje. Ella también abrigaba esperanzas, pero quedaron truncas por culpa de la implacable maldición. La chica del parche está rodeada de oscuridad, de decadencia, de marginalidad, un clima de pesimismo que moldea su carácter melancólico y sombrío. Sin embargo, meses antes de los acontecimientos luctuosos del salón 3-3, había encontrado una cómplice, una literal alma gemela, una confidente. Esa relación fraternal le permitió liberarse de tanta penumbra y conjurar su soledad: la vemos sonreír, bromear, jugar, hacer chistes, comprar ropa bonita o conversar sobre novios. Another 0 relata un tránsito, una transformación, y explica cómo una chica sencilla, algo tímida, pero dispuesta a creer en la felicidad termina naufragando en la desesperanza y adquiere ese aire lánguido, tenebroso, esa aura de mensajera de la muerte o heraldo del pesimismo. Entre ambos extremos, media una catástrofe, un evento no solo desastroso y lamentable (que corresponde al significado actual de esta palabra), sino también capaz de trastornar el mundo, de cambiar la suerte de las personas involucradas, arrojándolas al abismo de la desesperación luego de disfrutar, de forma efímera, de falsas alegrías. Este capítulo extra narra adopta, entonces, la estructura típica de una tragedia, al estilo griego clásico, aunque agravada por la inocencia del personaje cuya única hybris contra lo divino radica en pretender recuperar, con perfil bajo, casi en secreto, aquello que su familia destruyó.

En muchos casos, la maldición de Yomiyama parecía manifestarse en situaciones irónicas, cuando la víctima buscaba liberarse de una fatalidad. Los esfuerzos humanos son fútiles, nadie logra sustraerse del dolor aunque luche por impedir las desgracias. El tormento que sufren los personajes se torna más amargo debido a la inapelable sensación de fracaso que envuelve sus actos: no importa cuánto se esmeren por encarar con valentía las adversidades porque, de antemano, están condenados a perder. Mei-chan y Misaki fueron separadas al nacer: la chica del parche vivió desde pequeña en una familia artificial, lejos de sus verdaderos padres, quienes conservaron consigo a su hermana. Aunque son gemelas, su crianza ocurrió en entornos diferentes. Las chicas perdieron la oportunidad de disfrutar ese ritmo cotidiano de permanente convivencia, de compartir afectos y reconciliarse después de un conflicto, esas experiencias emotivas que constituyen la vida común entre hermanos. Sin embargo, al enterarse de su verdadero origen, en lugar de alimentar rencores, intentaron recomponer su vínculo de amor fraternal. Se convierten en amigas: pasean por centros comerciales, conversan acerca de temas de chicas, de asuntos de adolescencia, se visitan, se bañan y duermen juntas, se cuentan confidencias, se confían secretos. Mei-chan le permite mirar su enigmático ojo verde, esa prótesis macabra que jamás enseñaba a nadie. Esa confianza invita a disfrutar a plenitud su juventud con ingenuidad y frivolidad, como cualquier muchacha de catorce años que pronto acabará la secundaria. La primera parte del episodio, salvo una alusión escalofriante al inicio, transcurre siguiendo un ritmo similar al slice-of-life: cute gothlolis doing cute things, con ciertos chispazos de comicidad que configuran un ambiente calmado, del tipo “healing”, que celebran la espontaneidad y frescura juvenil, cortesía de la vivaz Misaki Fujioka, una chica pícara, de lengua suelta y mente ágil, pero llena de anhelos y dispuesta a perseguir sus objetivos (quiere dedicarse a la música, trabaja part-time). Mei-chan esboza una sonrisa auténtica y sincera, diferente del gesto misterioso que ensombrece su rostro en escenas posteriores.

Este proceso alcanza su cúspide durante la secuencia del parque de diversiones, cuando ambas sellan su reconciliación con el pasado. Horas después, ocurre la calamidad. Para describirla, señalaremos dos rasgos distintivos de la tragedia. En principio, el cambio de fortuna, el vuelco radical, que Aristóteles denomina la peripecia: caer de la cima al fondo, precipitarse al fracaso luego de alcanzar la máxima gloria, perderlo todo tras saborear la plenitud. La fatalidad es inoportuna, sobreviene en el peor momento, cuando las muchachas ejecutan un íntimo ritual de catarsis y saldan sus deudas emocionales. Liberadas del peso ominoso de tantos remordimientos, se aprestaban a mirar adelante sin resquemores. Nunca Mei-chan pareció tan dichosa y radiante: mientras más alto vuele, más devastadora será la caída. Aunque se empeñe por impedirlo defendiendo a su hermana de situaciones “peligrosas”, la catástrofe encuentra siempre un resquicio para colarse y aplicar la estocada definitiva. El cáncer de Misaki torna inútiles las precauciones de su hermana, que, ante semejante diagnóstico, queda sumida en la impotencia. Esta circunstancia entronca con la segunda característica del relato trágico: la inevitabilidad del evento catastrófico. Estos acontecimientos siguen un orden secuencial: el primer paso consiste en una revelación parcial, un mensaje que genera incertidumbre y destruye el estado de calma que cundía entre los personajes. Ese mensajero infausto es, paradójicamente, el ojo de vidrio de Mei-chan, capaz de percibir el color de la muerte. Aunque se trata de vaticinios precisos e ineludibles, que acontecerán de forma definitiva, la protagonista se embarca en un agon, un combate contra lo inevitable, característico de la voluntad humana que opone resistencia hasta el final. El hecho nefasto obliga al sujeto a alterar su identidad: al final del episodio, regresamos al siguiente break point de la serie, el encuentro con Sakakibara-kun, quien pregunta su nombre a la lúgubre pero hermosa muchacha que sale del ascensor. Aunque Mei-chan responde diciendo la verdad; sin embargo, su entonación y semblante indican un cambio.

El tono funesto del episodio se impone sobre las escenas de humor y ternura porque los espectadores conocemos de antemano el desenlace: sabemos que Misaki morirá, que Mei-chan será forzada por sus compañeros de clase a cumplir el triste papel de “alumno inexistente”, que tanta belleza, tanta calma, tanta ilusión es incompatible con Yomiyama. Presenciamos la evolución de los personajes con aire melancólico porque sabemos cuán frágil y fugaz será su felicidad, al punto que incluso muchos chistes acarrean una carga de siniestra ironía que impide contemplar esas escenas de afecto entre hermanas sin sentir lástima por adelantado. Al final, el regalo de cumpleaños se convierte en ofrenda fúnebre. La tragedia clásica tenía una dimensión religiosa, una función ritual: cuando Mei-chan deposita la muñeca en la morgue, realiza un último ofertorio, un sacrificio de despedida, que marca el comienzo de otra etapa. La primera escena del capítulo introducía un concepto mítico relacionado con la literatura fantástica de corte terrorífico: el tópico del döppelganger, el doble, una figura idéntica a otra persona, que anuncia, con su presencia, algún infortunio. Esta experiencia de duplicación se asocia también con presagios de muerte o pérdida de identidad debido al fraccionamiento. Misaki y Mei-chan son personas diferentes, por tanto, esta noción solo encaja en sentido metafórico o como vaga alusión a otro recurso literario: la geminación, es decir, la coincidencia de dos elementos análogos y complementarios cuya dualidad forma una unidad.

Estas parejas de opuestos equivalen al yin-yang del simbolismo oriental: ambos principios son aspectos o manifestaciones parciales de una realidad constituida a partir de la síntesis entre polos extremos. Misaki y Mei-chan son presentadas como anverso y reverso de la moneda. Durante la escena de la boutique, ambas escogen conjuntos similares de vestido con pulóver en colores diferentes. Cuando prueban la ropa delante del espejo, Misaki pregunta, en broma: “¿Quién es la verdadera?” En otras ocasiones, los personajes juegan con el concepto de reflejo: cuando “pelean” sobre la cama para decidir quién es onee-chan, cuando se invitan sus helados, cuando se lavan antes de meterse a la tina. Estas alusiones, además de provocar enternecimiento, buscan resaltar una identificación: son diferentes, pero idénticas, y pueden comprenderse mejor que nadie. Ese grado de compenetración implica no solo lealtad, sino una confluencia emocional. La muerte de Misaki representa el desequilibrio, una ruptura cósmica de ese pequeño universo de hermanas, donde una aportaba la picardía, el atrevimiento, la risa, mientras que otra encarnaba la prudencia, la quietud, la mesura. Cuando falta un elemento, el sistema entra en caos: la Mei-chan que conocimos en Another es producto del desbalance: su lado más lóbrego se apodera en pleno de su personalidad porque no existe el punto de equilibrio que aportaba Misaki. En adelante, reinará la pesadumbre, los recelos, la desesperanza.

Mei Misaki triunfó en su llave de clasificación en Miss Anime Tournament y espera su rival en tercera ronda, que provendrá del match entre Madoka, Miki Hoshii y Yumeha Togashi, que, debido a una avería del servidor, fue anulado, suspendido y programado para el próximo 7 de agosto. Esperemos que la página se encuentre en funcionamiento dentro de unas horas y pueda disputarse a tiempo la próxima fecha del certamen.

2 comentarios

  1. Paco1303

    Excelente articulo.
    Aunque la verdad suena mucho más interesante este artículo que la misma ova. Todo lo que escribes es correcto sin embargo pienso que el sentimiento no están allegado a los demás o por lo menos no a todos, ese sentimiento de complexidad. En mi opinión, la ova tiene sus buenas y sus malas; las buenas como verás son las mismas que acabas de exponer, sin faltar ni sobrar, todo esta ahí en este grandioso artículo. En resumen, el pasado antes y de la misma desgracia/maldición. La mala, es que creo que se concentraron más en que el capítulo fuera una extra nada mas; con ocasiones es muy llamativo (placentero) y la trama en suspensos y sin dejar a un lado con aquellos diálogos algo existenciales que dan paso a sucesos irremediables. En pocas palabras, la ova fue para dar a la serie más aire, más información (aunque algo predecible) pero con el fin de vender. Bueno, eso es lo que pienso.
    Saludos

    31 julio 2013 en 01:01

  2. rolo2k

    Excelente reseña de esta Ova que sirve en parte para desmitificar la imagen “espectral” que caracterizó a Mei Misaki en buena parte de la historia, ya que explica la razón de su actitud lóbrega, desecantada, deprimente, casi fantasmal. Coincido también con la opinión de Paco1303 en que pudo profundizarse más (si bien personalmente no lo considero tan “de relleno”), pero al final la relación idílica de las gemelas y su cruel desenlace nos proyecta la misma sensación de engañoso espejismo que nos transmitió el episodio playero.

    Este episodio nuevamente me trae a la mente la esencia de las obras de Edgar Allan Poe, en especial las atmósferas lóbregas y oscuras y el aire de pesadumbre que rodea a suspersonajes, como el primer encuentro de Mei con Sakakibara, que da inicio a la serie.

    6 agosto 2013 en 21:24

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