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Mouretsu Pirates 6: Curso intensivo de bellaquería espacial

Como la mayoría de heroínas femeninas de anime, Marika Kato posee dos identidades de acuerdo al marco de acción donde se desenvuelve. La primera, de carácter íntimo, privado, hogareño: la imagen que proyecta ante sus compañeras de clase, sus amigas, su círculo de confianza e incluso la mayoría de integrantes de la tripulación del Bentenmaru. Ese ámbito informal le permite expresarse con espontaneidad y autenticidad, mostrándose impulsiva, ingenua y algo cabeza hueca, exclamando con exageración infantil cuando se sorprende o manifestando su cariño con empalagosos abrazos. Marika es una adolescente jovial, tan torpe como honesta: parte de su talento reside justamente en ese carácter desfachatado, dispuesto a enrolarse en aventuras, a correr riesgos y aceptar los desafíos más arduos. Sin embargo, no basta con fuerza de voluntad ni corazón puro ni entusiasmo desbordante para gobernar una nave espacial dedicada a loables labores de piratería galáctica. Se necesita una identidad alterna, pública, construida en base a documentos, discursos, protocolos, estereotipos e ideas preconcebidas. Esa segunda Marika, la capitana del Bentenmaru, viste un disfraz extravagante, un sombrero de corsario, maneja la espada, realiza una puesta en escena, ejecuta un papel siguiendo un formato standard, un guión que indica cómo debería comportarse un pirata ante sus “afortunadas víctimas”. Sin embargo, asumir la identidad de antiheroína romántica no significa anular su faceta de estudiante de preparatoria, de chica linda y despistada que sacia su curiosidad surcando el cosmos. Como Chiaki intuye con claridad, bajo ese manto de candidez, se esconde un gran talento, una habilidad innata para meterse en problemas y salir airosa, pero también una prodigiosa capacidad de análisis, un ingenio grandioso para hallar soluciones actuando bajo presión, un coraje intachable, más fuerte que cualquier duda. Estos rasgos facultan a Marika para asumir la difícil tarea de reemplazar a su padre mientras se esfuerza por mantener su promedio de notas y reserva unos días para disfrutar del verano en compañía de su mejor amiga. El dilema de las heroínas juveniles de anime consiste justamente en esta condición múltiple: adolescentes con deseos, ilusiones y aficiones; school girls, con deberes, asignaturas y clubes escolares; y guerreras, aventureras, con enormes poderes y responsabilidades ineludibles con el mundo, la justicia, la paz, una misión. Demasiada presión para muchachas de quince o dieciséis años: la transición es brusca, pero madurarán a medida que aprenda el oficio y pierda los miedos. Este episodio de Mouretsu Pirates describe el proceso de aprendizaje de una mesera de maid café camino a convertirse en una temible corsaria espacial, apenas suelte su flotador de ballena.

Chiaki-chan se asemeja bastante a Kuroneko, otro personaje interpretado por Kana Hanazawa, de carácter serio y reservado, vestuario y cabellos oscuros, y ciertas tendencias tsunderescas hacia otra chica más extrovertida, a quien afirma (falsamente) detestar. Ambas son renuentes a mostrar sus afectos e intentan reprimir sus sentimientos actuando como adultas. Chiaki es vulnerable ante un parfait de fresas y, aunque se empeñe en negarlo, le agrada pasar el tiempo en compañía de Marika porque -obviando las diferencias de temperamento- reconoce en ella una semejante, una congénere. Caras opuestas del mismo espejo, además de la edad, comparten un destino similar: son hijas de piratas y herederas de una larga tradición. Dentro del ambiente filibustero, serían el equivalente de las aristocráticas oujo-sama, pues, desde jóvenes, son preparadas y entrenadas para dirigir los negocios familiares. No viven en mansiones lujosas, pero habitan gigantescas naves espaciales, rodeadas no de solícitos mayordomos o maternales mucamas, sino de tripulantes, mecánicos, hackers. Las niñas ricas son engreídas y prepotentes, pero son educadas, desde la infancia, para asumir su función como líderes y actuar según los códigos de la alta sociedad: reciben clases de charm, etiqueta social, ceremonia del té, ikebana, música clásica o ballet, lenguas extranjeras, o acompañan a sus padres al trabajo para familiarizarse con el mundo empresarial. Quizá ocurrió igual con Chiaki, aunque los aprendizajes difieran: una pirata espacial no necesita tocar el piano o comportarse con finura, pero le conviene conocer de astronáutica, informática o actuar con rudeza en un entorno masculino, donde predomina cierto grado de violencia. Marika requiere un curso intensivo de piratería pues, aunque domina los principios de la guerra electrónica o maneja yates voladores con destreza, no está acostumbrada a responder a situaciones de extrema presión, de vida o muerte. Lleva esa aptitud en los genes (es hija de Gonzaemon, el antiguo capitán del Bentenmaru, y Blaster Ririka, otra famosa pirata), pero no basta con habilidades innatas mientras no enfrente la acción real. Su madre le demostró que enrolarse en semejante aventura implica sujetar y disparar peligrosas armas de cañones láser capaces de agujerearle el estómago a cualquier incauto. Sin embargo, el período de entrenamiento de Marika transcurre de forma pacífica y divertida, casi a ritmo de slice-of-life, salpicado de travesuras y ocurrencias. Una virtud de Mouretsu Pirates consiste en integrar ese componente humorístico al relato sin alterar las demás estructuras narrativas. Misa prepara unas láminas interactivas para hacer más divertida su clase: el recurso parece infantil y ridículo, pero gracias a ese esquematismo, nosotros, los espectadores, podemos reconstruir el contexto histórico de los piratas espaciales sin dificultad. Según la exposición de Misa, estos personajes alcanzaron su apogeo durante las guerras de independencia que enfrentaron a los planetas colonia contra su metrópoli, la Alianza Espacial. Para equilibrar sus fuerzas frente al oponente, los colonos decidieron recurrir a cartas de marca o patentes de corso, permisos oficiales para ejercer la piratería contra el enemigo. Cuando el Imperio galáctico impuso su orden en el universo, los piratas subsistieron aunque, para continuar realizando sus pillajes, deben contar con autorización oficial del Estado y realizar los engorrosos trámites para actualizar su inscripción en los registros como todo ciudadano que desee, por ejemplo, obtener la licencia de funcionamiento para su panadería de barrio: firmar y rellenar formularios, presentar fotos en tamaño carnet, recorrer ministerios, subir y bajar escaleras hasta obtener el sello de algún burócrata sin rostro. Estas situaciones desmitifican la imagen habitual del pirata, más solemne, trágica y oscura, al estilo de un autor clásico como Leiji Matsumoto.

Además, al legalizar la piratería, los gobiernos de la galaxia no solo le otorgaron permisos y facilidades. En realidad, cuando una actividad se convierte en legal, no solo adquiere libertad, sino también reglas, normas, prohibiciones. La legalidad es un conjunto de impedimentos que rigen la actividad humana en un entorno de convivencia armónica. Cuando los piratas se integran al marco legal, se someten a determinadas restricciones, dejan de actuar fuera de la ley como solían sus ancestros, los bucaneros que recorrían el océano, sin obedecer a nadie ni aceptar ninguna autoridad. Esta libertad sin límites inspiraba a los poetas del Romanticismo, que transformaron al pirata en símbolo de sus anhelos de plenitud, su hambre de absoluto. En Mouretsu Pirates, estos personajes con aire de leyenda tropical están domesticados, son rebeldes con autorización del Estado, unos marginales con permiso del gobierno. La legalidad impone límites a la violencia. Los piratas eran figuras valerosas y heroicas, pero también unos avezados delincuentes, homicidas y ladrones que disfrutaban cometiendo los actos de crueldad más inmundos. Según las leyes de Sea of Morningstar, estaría permitido el asalto a naves espaciales de otras naciones, el saqueo y el hurto de pertenencias valiosas de sus pasajeros e incluso utilizar la violencia contra quienes intenten rebelarse al atraco. Antes de proceder al robo, el capitán debe leer una declaración, una especie de protocolo presentándose ante sus futuras víctimas, mencionando el nombre de la nave, manifestando con exactitud sus intenciones (por ejemplo, arrebatarles sus bienes valiosos) y garantizando su seguridad siempre y cuando no opongan resistencia. El asalto no genera conmoción entre la gente, se conciben como espectáculos o puestas en escena. Además, los objetos o montos de dinero robados son repuestos por las empresas de seguros (contratadas por las compañías de transporte aeronáutico). Los millonarios no pierden, disfrutan del show, les entusiasma la idea del abordaje pirata y participan de forma solícita, pues toparse con piratas posee un encanto exótico. No importa quedarse sin alhajas ni billeteras, porque serán indemnizados: el asalto es una experiencia turística invaluable, un evento VIP, reservado para un público exquisito. Marika es recibida entre aplausos y rodeada de parafernalia, los ricos aguardan con expectativa su aparición, pues la bribona que encabeza el atraco es una highschool girl, bella y amable. Podemos deducir que la piratería autorizada mantiene activo un mercado y otorga cierto dinamismo a la economía: el oficio se encuentra en extinción, por tanto, las probabilidades de sufrir un asalto son mínimas, suficientes para ofrecerle a las empresas aseguradoras un margen de especulación. Cada poliza implica una apuesta con altas chances de ganancia, pues, mientras todas las aerolíneas espaciales pagan estos servicios mensualmente, solo un porcentaje reducido de vuelos son realmente asaltados. Marika sale airosa de su primera misión, aunque la aguardan aventuras más peligrosas y jornadas de trabajo extenuantes. Intentar compaginar la escuela, la piratería, el maid café y actividades recreativas, sin mencionar las “cosas de chicas” es un objetivo complicado: otras heroínas que compartieron la temporada de invierno 2011 en sendas series de ciencia ficción con encanto juvenil como Hibiki Tachibana o Madoka Kyouno superaron el reto con mucho ahínco, aunque no sean estudiantes de honor. Todas, sin embargo, alcanzaron el éxito televisivo: una secuela para Rinne no Lagrange, segunda temporada para Symphogear (a estrenarse pronto, en julio) y película para Mouretsu Pirates, en 2014.

P.D. Felicitaciones a Marika por su clasificación a segunda ronda en MsAT.

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