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C³ Cube × Cursed × Curious 13 (EXTRA): The Amazing Spider Monster

Aunque este episodio especial de se emitió en abril de 2012, la victoria de Sovereignty en la jornada inaugural de Miss Anime Tournament 2013 nos brinda la ocasión perfecta para enmendar nuestra tardanza y reivindicar, ante el olvido, a esta divertida serie de acción cómica salpicada con instantes de perturbador dramatismo y chispas de generoso fanservice.

El cubo de Rubik es quizá el juguete más frustrante jamás inventado, un instrumento de tortura psicológica disfrazada de colores y fuente de desilución para millones de niños alrededor del globo. Fear también tuvo forma cúbica, aunque la fabricaron en metal durante la edad media para castigar herejes en nombre de la Inquisición. Konoha, una sanguinaria espada samurai que sirvió para segar incontables vidas, ahora emplea su afilada hoja en cocinar deliciosos estofados de carne. Kuroe, una ningyou capaz de proyectar su cabello como tentáculos, dirige un concurrido salón de belleza. Sovereignty, una muñeca de estilo occidental que enamoraba a sus propietarios para asesinarlos mientras los abrazaba, dedica su pasión a servir como mucama, mientras su torpeza lo permita. Todas se esfuerzan por abandonar su pasado teñido de sangre, crueldad y muerte, en alcanzar la redención integrándose a la Humanidad: sus habilidades asesinas fueron neutralizadas y encaminadas hacia labores domésticas. Los instrumentos malditos que antaño cargaron con terribles pecados, adquirieron forma y conciencia de bellas adolescentes, ingenuas, bondadosas y sensibles al dolor ajeno, dispuestas a divertirse en su primera excursión escolar. C³ es una historia de adaptación: los personajes no cambian de entorno, sino de naturaleza. Antes eran objetos, seres inanimados, productos creados por manos humanas para servir a determinados designios. Como indicábamos en otra reseña, la diferencia entre “objeto” y “sujeto” implica esta relación utilitaria: el usuario controla el utensilio, le destina una utilidad, una función, un sentido. Cuando compramos un cuchillo, podemos utilizarlo para matar o cortar vegetales, pero la mera existencia del objeto no define esa finalidad. Quien escoge cómo emplear este peligroso instrumento es un sujeto consciente, capaz de discernir sus peligros y beneficios, proclive a convertirse en criminal o chef. En otras palabras, mientras el objeto es “amoral” (o moralmente neutro), la existencia del sujeto consiste en una secuencia interminable de elecciones morales. El proceso de adaptación de Fear, Konoha y Sovereignty involucra este aprendizaje: comportarse como seres humanos no significa asistir al colegio, usar ropa, socializar con la gente, sino tomar decisiones, actuar con independencia, construirse una identidad, reparar sus errores, vencer sus miedos (¡aunque tema a las arañas!). Este contraste radical se traza mediante los recursos de moeficación: no basta con concederle al objeto una imagen antropomórfica y femenina, sino en otorgarles rasgos adorables y sensuales, proveerlas de gestos enternecedores, conferirles virtudes y defectos. Además, debe resaltarse su candidez, su lado silly: una mezcla de tonto, ridículo, inofensivo pero tierno. Fear ha participado en mortíferos combates y protagonizado escenas épicas, pero todavía le atraen las flores del campo, es víctima de bromas pesadas o rivaliza con otras muchachas por asuntos tan estúpidos como la talla del busto.

Otra tendencia que grafica este proceso es la reformulación de situaciones dramáticas (incluso trágicas) en situaciones cómicas o melodramáticas. Aunque la maldición fue suprimida, Shiraho continúa enamorada de Sovereignty, sigue cometiendo excesos y pretende protegerla desde las sombras, pero estos actos desesperados carecen de intensidad solemne, pues están insertos en otra clase de dinámica tan exagerada como ridícula: cuando Sove-chan se tropieza y corre el riesgo de enseñar un glorioso pantyshot, la joven actriz se adelanta, detiene el tiempo y cual centella, le acomoda la falda y evita el desastre. La serena ingenuidad de Sovereignty, una muchacha amigable y transparente, contrasta con el carácter de Shiraho, una joven elegante, pero antisocial, de comportamiento obsesivo y renuente a expresar sus sentimientos; sin embargo, ambos temperamentos opuestos confluyen con éxito formando una linda pareja yuri, fuente de carcajadas y suspiros de enternecimiento. Las circunstancias heroicas también siguen este patrón de “degradación” humorística. El enmascarado director confía a Haruaki una misión sospechosa: realizar una pesquisa de objetos malditos en las profundidades del bosque donde mora un monstruo legendario. No parece descabellado: Yachi-kun es experto en lidiar con fenómenos sobrenaturales dada su inmunidad contra las maldiciones. Los personajes responden con desidia al pedido, pero nunca cuestionan sus premisas. Están acostumbrados a enfrentar circunstancias macabras e inverosímiles y tampoco les sorprende la conducta impredecible del jefe sin rostro ni desconfían de su dudosa veracidad. No obstante, la broma era predecible: ¿por qué expondría el director al resto de estudiantes a semejante peligro?, ¿si sabía de antemano que una criatura perversa merodeaba la zona, qué ganaba convirtiendo a sus alumnos en potenciales víctimas?, ¿qué clase de seguridad brindaría ese colegio?, ¿su único plan de contingencia consistía en informar a Haruaki? El guión es absurdo, tan disparatado que solamente se justifica cuando se revela la verdad del trolleo. Según el director, esta puesta en escena fue ideada con objetivos precisos, todos benévolos, como propiciar la unión del grupo, crear memorias de juventud o ayudar a Fear a sobreponerse a sus fobias, pero cuando la farsa se desmorona, esas palabras conciliadoras suenan a pésimo chiste, en especial, después de angustiarse, asumir una actitud guerrera, invocar armas descomunales, evadir trampas (fabricadas con papel maché) y correr como loca dentro de una oscura cueva blandiendo un machete, en resumen, después de hacerse el hazmerreír creyéndose una paladina de la justicia. Al revisar este episodio después de un año, reparé en este aspecto: el capítulo consiste en un encadenamiento sucesivo de escenas vergonzosas. En Perú, tenemos la palabra perfecta para describir estos momentos: el roche. Esta palabra hace referencia al sentimiento de bochorno que sufre la persona que comete actos estúpidos frente al público, pero también a esta clase de sucesos embarazosos producto de la estupidez, el exceso de confianza, la mala suerte o las niñerías, todas frente a un amplio auditorio deseoso de chismear la anécdota a diestra y siniestra. Para redondear la idea retomando un concepto mencionado líneas arriba: los roches son resultados de portarse silly. El “humor tonto” del anime de comedia se resume en esta estructura: una cadena interminable de hechos estúpidos que ameritan un sonrojo encendido desde la barbilla hasta la frente: Fear no consigue armar una tienda de campaña ni siquiera leyendo las instrucciones, Sovereignty se precipita de cara sobre los generosos pechos de Kirika (con pantsu de regalo), Shiraho es descubierta in fraganti “recargando su suministro” de amor (eufemismo de oler las prendas ajenas), Zenon usa pijama en forma de osito, Fear intenta desinflar los senos de Konoha proyectándole ondas de energía negativa, pero luego grita de terror al confrontar a su peor enemiga: una araña amarilla.


Descubrimos, entonces, que tanto alboroto y suspenso, tanto ambiente lúgubre y tantos machetazos histéricos eran producto de un engaño y, para colmo, un embuste artesanal, fabricado de manera burda con recursos dignos del terror de bricolage de Scooby Doo, aunque caer en semejantes trampas resulta más humillante que elaborarlas. El recurso del dato escondido es habitual en todo tipo de narrativa, pero, cuando se aplica en comedia, suele destruir una ilusión de solemnidad y desbaratar lo maravilloso en favor de lo cotidiano, lo común y corriente, lo vulgar. Se busca un efecto paródico y burlesco, una transición brusca entre tragedia y humor. Así funcionan las bromas pesadas, las cámaras escondidas, las jodas para Tinelli. La víctima es sometida a un crescendo de situaciones desagradables que culminan en llanto o violencia, hasta el punto de comprometer sus emociones y pensamiento, mientras el resto de personajes (los perpetradores) y parte del público (los escépticos, los atentos) encuentran en su desgracia, su ignorancia, sus reacciones destempladas, motivos para desternillarse de risa. La tragedia, la épica, el drama, todos aquellos géneros solemnes de ficciones, son desmentidos y desbaratados: cuando se disuelve este manto de dolor o heroísmo, solo queda viva la carcajada, la única triunfadora. No obstante, cuando se planea una broma (incluso las pesadas), el siguiente paso que admite incluso el prankster o troll más acérrimo es concederle al burlado el derecho legítimo de vengarse o cobrarse la revancha, porque esta posibilidad de descargar la rabia, acompañada por unas convenientes disculpas, permite cerrar el episodio con una reconciliación, un gesto amable que descarte una intención ofensiva. Además, el “perjudicado” obtiene a cambio una enseñanza valiosa (¿ser menos incauto?) y, aunque suene cruel, mientras la broma no agravie, refuerza los vínculos de amistad, crea un entorno de complicidad y termina asimilándose como recuerdo o anécdota. Otro tópico frecuente en los relatos estudiantiles y evento imprescindible en toda excursión escolar es la temible prueba de valentía. Esta actividad se estructura también imitando los relatos de ficción, en particular, las historias de terror y aventura: el alumno es protagonista de una pequeña epopeya de quince minutos, un desafío que exige alcanzar un grado de dominio psicológico. Su situación es paradójica: cuando entramos a una casa del terror o participamos en retos similares, conocemos por adelantado su carácter ficticio. Los profesores han instalado trampas, maniquíes o ilusiones ópticas para infundir el susto: los niños lo saben y reconocen la diferencia entre artificio y realidad, pero esa conciencia no impide que surja el miedo. Sin imaginárselo, Fear superó su examen de coraje. No necesitaba demostrar su valor en combate, sino luchar contra sus temores ocultos, su faceta más ridícula, allí donde el pánico se entrelaza con la somera estupidez. Shin Oonuma debutó como director con ef -a tale of memories. y, desde sus épocas en Shaft, ha desarrollado un estilo personal inconfundible: una identidad visual barroca basada en juegos de luz, destellos, texturas, degradados. Con C³ refinó esa fórmula que también aplicó en Baka Test y Tasogare Otome x Amnesia: revisar estos aspectos estilísticos adquiere actualidad pues en julio se estrenarán sus próximos trabajos, WataMote y fate/kaleid liner Prism Illya, ambos títulos idóneos para desplegar su estética del detalle.

4 comentarios

  1. rolo2k

    ¡Qué bien Seriousman! había esperado tu reseña desde que ví este episodio hace aproximadamente un año y si bien estoy de acuerdo que la OVA le da un planteamiento bastante “ligth” (considerando los últimos capítulos de la serie) no dejó de ser entretenido. Bien por recordarnos la adorable torpeza de Sovereignty que justificaría su popularidad al ganar la jornada inaugural del MSAT… aunque personalmente mi favoritismo va hacia Kirika.

    Buen análisis (interesante el término “roche”), sigo a la espera de una segunda temporada.

    Con respecto a Fear… Hmmm… no sé… sigo pensando que es una copia (o más bien una calca) un poco malita de la linda y etérea Erio Touwa.
    Por cierto, ojalá un día nos puedas dar tu reseña de la OVA (¿final?) de Denpa onna.

    19 junio 2013 en 22:46

    • Espero publicar la reseña de Denpa Onna OVA para el 24 de junio (adivinen por qué).
      Sobre Fear, más parecería una mezcla entre Erio y cualquier tsundere de Kugimiya (algunos la consideran una Shana clone).

      19 junio 2013 en 23:02

      • rolo2k

        Tienes razón el lo de Fear, la verdad no había reparado en el parecido de ésta con las Shana clones…

        Con lo de Denpa onna estoy seguro que muchos estaremos esperando tu reseña de la OVA.

        28 junio 2013 en 21:38

        • Lo reconozco, no leí esta reseña porque no ví C3. Me perdí la explicación de “roche”, que es magistral. Ahora podré usar esa palabra en mis reseñas.
          También le tuve ganas a la OVA de Denpa Onna, fue extraordinaria, un final dignísimo. No cerró todos los cabos sueltos, pero dio lo necesario para mantener la magia de lo desconocido. En caso Erio gane su siguiente duelo, prometo hacerle yo (con la venia de Serious, claro) una reseña digna de tan buena serie.

          28 junio 2013 en 22:19

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