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Girls und Panzer OVA 2-3: Hetzers gonna hetz

Estos especiales de quince minutos (que, sumados, abarcan un episodio completo) nos revelan el ingrediente secreto detrás del sorprendente triunfo de Ooarai. Un ambiente de confraternidad y compañerismo cunde entre las integrantes del grupo y genera una sensación de unidad, pese a los peculiares rasgos que diferencian a cada escuadrón. Generar un entorno de socialización armonioso es un requisito fundamental para competir en equipo. Los mejores estrategas son diestros en el manejo psicológico, saben integrar, estimular y tender puentes de colaboración. Miho consolidó su liderazgo gracias a sus actitudes maternales: siempre dispuesta a sacrificarse por asegurar el bienestar de sus compañeras y garantizar que todas participen del tanoshii. Las chicas se conmueven porque su comandante establece un vínculo más familiar, más íntimo: en agradecimiento, todas se comprometen a esforzarse al máximo y sudar hasta la última gota por apoyar a Nishizumi-taichou. Este detalle tan simple resultó determinante. El resto de escuelas disfrutaba de enormes ventajas: un nivel más sofisticado de organización (cero improvisaciones), el aval de décadas de experiencia en combate, imponentes flotas de tanques pesados en perfecto estado de conservación, disciplina táctica, horas de entrenamiento… Además, estaban libres de crisis institucionales o debacles financieras y contaban con ingentes presupuestos. Sin embargo, estas virtudes se convirtieron en inconvenientes (o quizá Miho logró transformar los defectos en recursos). El punto débil, el talón de Aquiles de estos equipos tradicionales residía en su principal fortaleza: la rígida estructura vertical de inspiración militar, un esquema jerárquico ordenado por rangos cuya sucesión constituye una cadena de mandos. En esta clase de entornos, priman las relaciones de subordinación por encima de cualquier vínculo afectivo. Los batallones de Pravda y Kuomorimine están repletos de alumnas “anónimas” que actúan como meros peones, intercambiables y desechables, sin iniciativa. Miho logra convencer a sus novatas compañeras de que todas, sin excepción, son indispensables, pues cada muchacha, incluso las torpes, las tímidas, las demasiado ladies, pueden aportar su granito de arena al triunfo colectivo. En términos pragmáticos, es cierto, porque ante la escasez, hasta la mínima pérdida es costosa, pero, en sentido anímico, provoca que todas las chicas, incluidas las kouhai del equipo Conejo, además de considerarse únicas e imprescindibles, se sientan parte de una gran familia y asuman su responsabilidad. El grupo se cohesiona y alcanza un grado absoluto de compenetración. En Ooarai, no existen soldados, sino amigas. El mérito no recae exclusivamente en Nishizumi: la Presidenta también colaboró a incubar ese espíritu de equipo promoviendo actividades de confraternización, para distraerse, crear recuerdos juntas y compartir experiencias, además de lucir sus dotes culinarias, porque delante del grill, tenazas en mano, Anzu es sensacional.

-El Consejo Estudiantil contrató a Ami Chouno como instructora: nunca se mencionó que cumpliría el papel de “entrenadora” o “directora técnica”. Su única función consistiría en enseñar los rudimentos básicos del Panzerfahren a un grupo de principiantes que jamás había manejado un vehículo motorizado. Luego del match contra Santa Gloriana, la señora se borró del mapa (solo reaparece como espectadora o arbitrando la final). La estrategia la definen las alumnas, encabezadas por su comandante, quien elabora el plan de ataque y defensa, una práctica habitual en el resto de escuelas (Saunders parece más democrática: el tanque bandera se elige entre todas los miembros del club). Ignoramos si Ami Chouno continuaba ejerciendo su labor docente en Ooarai durante el Torneo Nacional, pero les ayudó a conseguir un local de camping, aunque, sin conocerlo, se trataba del East Fuji Maneuver Area… ¡el escenario donde se disputa la Gran Final!

-Los distintos equipos interactúan en situaciones divertidas, al estilo “cute girls doing cute things” típico del slice-of-life. Esta ocasión, el quinteto protagónico profundiza sus vínculos con las dulces kouhai del equipo Conejo. De repente, descubrimos que, además de admirar la sabiduría en materias amorosas de Saori, las pequeñas también tienden puentes con el resto de senpai. Mako encontró en Saki su cómplice ideal para tomar la siesta y ni siquiera necesita invitarla a unirse a su bando de perezosas porque se comprenden sin cruzar palabra. Además, nadan dormidas y perfectamente sincronizadas. Yuuki y Hana también comparten la misma longitud de onda. Ambas poseen un perfil similar, de chicas pacientes, con temperamento suave y bastante propensas a extraviarse en sus tiernas divagaciones y terminar flotando entre las nubes. Quizá Azusa guarde ciertas semejanzas con Miho porque, según declaraciones de la comandante, “actúa como una madre”, cuidando y regañando a sus compañeras (en especial, cuando se exceden imitando rutinas de Monty Python). Estas escenas de convivencia entre senpai y kouhai transmiten una onda enternecedora: las chicas del elenco principal se lucen como auténticas onee-chan.

-Pobre Yukari, sus lágrimas conmovieron a las kouhai para decidirse a armar las tiendas de campaña a la antigua usanza, pero su llanto no evitó que rechazaran su propuesta de menú a base de raciones militares. Miho la interrumpió cuando sus lecciones de guerra empezaban a tornarse peligrosas por motivos comerciales. Akiyama-san es una enciclopedia andante en asuntos de historia contemporánea, conflictos armados y tecnología bélica. Estas OVAs consolidan su función de expositora: explica el origen de los barcos escuela, su evolución desde el Renacimiento y los motivos económicos que favorecieron a su proliferación y afianzamiento como modelo educativo. Al concluir el período de guerra, un importante sector de la industria pesada (fabricantes de armas, equipamiento militar, portaaviones) entró en recesión, por obvios motivos. Para aplacar las consecuencias de semejante crisis, se implementó el programa de schoolships. Además de poner en funcionamiento ciudades enteras sobre cubierta de naves gigantescas, este sistema privilegiaba una forma de aprendizaje más autónomo y cosmopolita.

Panzervice para todos

-¡Momo sonrió!, aunque lo niegue. Me imagino que Kawashima tuvo la idea de preparar una barbacoa para cenar porque reaccionó con cólera cuando Saori objetó sus argumentos. Esa rabiosa timidez le suma puntos de lindura y vaya que escogió el traje de baño menos discreto. La chica del monóculo salió al rescate apagando el incendio que provocaron las traviesas chicas de primer grado, aunque su escote encendiera otra clase de fuegos. Los modelos de bañador concuerdan con la identidad del personaje: Koyama y Hana usan bikinis de color blanco de diseño casi idéntico, quizá remarcando una similitud de carácter (por desgracia, Yuuki se encuentra varios centímetros rezagada en medida de busto para prolongar esa secuencia); Saemonza cambió el top habitual por vendajes al estilo samurai; las chicas del club de voley optaron por diseños más deportivos.

-La ropa de calle del quinteto protagónico merece un comentario aparte: una tendencia reciente en anime consiste en romper el molde del vestuario único y equipar a sus personajes femeninos con guardarropas variados, acordes con la sensibilidad adolescente. El vestido amarillo pálido de Saori combina con su vincha y destaca su imagen de girly girl, aunque esos botones enormes y blondas le otorgan un aire demasiado cándido. Hana escogió un estilo más elegante y europeo con polo a rayas y boina blanca, tipo yatch club. Yukari le añadió un coqueto pañuelo rojo a su ropa militar. Las simpáticas trenzas de Mako, además del overol, encajan con su look infantil. Estos minucias visuales son indispensables para crear un universo ficcional verosímil y colorido. Girls und Panzer ha procurado cuidar el detalle en diversos aspectos (escenografía, mezcla de sonido, fluidez del movimiento) para brindar una grata experiencia sensorial… Y merece una ovación.

-Aunque doce episodios bastaron para ganarse el cariño del público y generar expectativa ante el estreno de cada nuevo episodio, el airtime dedicado a los personajes secundarios es bastante limitado: el staff de guionistas debió esforzarse para trazar en apenas unas cuantas pinceladas los rasgos más sobresalientes de cada grupo, privilegiando las dinámicas colectivas en desmedro de los atributos individuales, una estrategia típica de los relatos deportivos. Conocemos al “equipo Conejo”, las “History Nerds”, las “integrantes del club de voley”, las “mecánicas del club de automovilismo”, las “gamers”, pero nos cuesta recordar una anécdota memorable de, por ejemplo, Ayumi Yamagou, Akebi Sasaki, Satoko Nakajima, Pazomi o Piyotan fuera del ámbito grupal. La narración se estructura alrededor de diversos núcleos organizados en torno a hobbies u objetivos específicos, que confluyen para conquistar una meta común. Ojalá le dedicaran una OVA (al menos diez minutos) a cada equipo para observar cómo interactúan fuera del Sensha-do.

Schoolship War!

-La historia de Miporin y compañía transcurre en un universo ficcional autónomo que marca distancia del mundo que habitamos nosotros, los espectadores. Algunos aspectos de la vida cotidiana de Nishizumi-chan nos resultan fantasiosos o extravagantes, y aunque las chicas estén acostumbradas a considerarlos asuntos normales, incluso ellas ignoran cómo se organiza su entorno, esa ciudad académica a flote sobre el océano. Cuando un niño nos pregunta cómo funciona un televisor, nos demoramos en hallar una respuesta coherente y concreta, pues nos hemos habituado a simplemente encenderlo y mirarlo, sin interesarnos nunca por desentrañar su funcionamiento. No sabemos por qué el cielo es azul hasta que consultamos el Gran Libro de Preguntas y Respuestas de Carlitos; por tanto, no debería sorprendernos que Saori ignorase los motivos ocultos detrás del sistema pedagógico de escuelas sobre barcos. Es curioso o contradictorio, pero las cosas más ordinarias, comunes y corrientes son también los elementos más misteriosos de nuestra vida diaria. En anime, existen algunos episodios o secuencias destinadas a exponer y justificar esas características tan extrañas del mundo ficticio que pueblan los personajes o proporcionar información técnica acerca de sus referentes culturales. En ocasiones, esta exposición se torna demasiado especializada y aburrida. Girls und Panzer optó por posponer estas explicaciones y reservarlas para después de la temporada oficial (OVAs, recaps y segmentos didácticos de Yukari incluidos en los BD/DVD) para evitar interferencias que alteren el ritmo de la narración.

-Incluso para este episodio explicativo, se obviaron las engorrosas exposiciones, salvo durante los primeros minutos, cuando abunda el palabreo. Por suerte, este esquema cambia por otro modelo narrativo más dinámico: la expedición. Las chicas aprenden en movimiento, mientras pasean por el interior del barco y contemplan el trabajo de las alumnas inscritas en otros programas educativos. Este tipo de escuelas técnicas o vocacionales son habituales en el anime. En Hidamari Sketch y Tari Tari, los colegios a donde acuden las protagonistas ofrecen formación en artes y música como ramas troncales de enseñanza. Los programas alternativos de Ooarai se enfocan en áreas necesarias para garantizar la operatividad de la nave y asegurar la mantención económica de una comunidad de 30.000 habitantes. El campus portaaviones es una especie de utopía: lindas adolescentes en verdaderos trajes de marinera (nada de metafóricos sailor fuku) manejando una enorme embarcación con forma de bacín o monitoreando las reservas de energía; simpáticas agricultoras y pescadoras aprendiendo los principios de la ingeniería alimentaria en gigantescas piscigranjas o chacras subterráneas, bajo las calles; un baño de aguas termales en plena borda. Además, las alumnas gerencian y administran el establecimiento. Existe un director (Ami Chouno aplasta su auto), pero solamente se encargaría de realizar labores de coordinación pedagógica. Este tipo de organización comunal, encabezada por un gobierno estudiantil electo por vías democráticas, explica que, ante la noticia del inminente cierre, sean Anzu, Koyama y Momo quienes acudan a la oficina del ministerio a confrontar al anónimo burócrata. También resulta coherente que emprendan, en silencio, la campaña por salvar al colegio de la ruina e intenten, con proyectos desesperados, evitar la clausura, pues toda culpa recaería sobre sus hombros. Suena jalado de los pelos que algún Estado ponga en manos de adolescentes inmaduras el destino de un colegio, pero, en nuestro mundo real, las universidades tradicionales mantienen este modelo de “comunidad educativa” gobernada por consenso entre estudiantes, profesores y trabajadores, cuyos antecedentes se remontan al medioevo.

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