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Yahari Ore no Seishun Love Comedy wa Machigatteiru 7 – 8: Orgullo y prejuicio

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El ser humano es un animal social por naturaleza. En mayor y menor grado todos nos vemos en la necesidad de relacionarnos con nuestros pares para subsistir. Las relaciones sociales y sus efectos son un tema amplio para discutirse, ya que cada hombre es un universo que manifiesta su individualidad en su comportamiento frente a quienes lo rodean. Una de las manifestaciones más bizarras de la conducta humana es la retorcida tendencia que lamentablemente todos tenemos hacia el prejuicio. De una u otra forma, todos reaccionamos negativamente cuando nos topamos con lo que nos resulta desagradable, siendo esto normal. El problema surge cuando se ejerce este derecho al rechazo por diversión, con la única intención de lastimar, humillar y menospreciar al semejante. La discriminación tiene por objetivo destruir psicológicamente al individuo despojándolo de su valía. Para ello, se niega al sujeto su identidad social, calificándolo de repulsivo por el simple hecho de ser quien es. Aplicado en plural, se convierte en el arma inmaterial más cruel y perversa que pueda existir. Ante un ataque tan condenable, el afectado está en desventaja total; por lo general, solo le queda una desesperada arma de doble filo, el único recurso a su alcance, la última línea de defensa: el orgullo7-81

La discriminación se manifiesta de diversas formas en toda esfera social. Desde las infames limpiezas étnicas hasta el omnipresente bullying, el hombre ha llegado a extremos atroces en su xenofobia. Oregairu nos presenta un cuadro más triste y vergonzoso de la exclusión con la historia de Rumi Tsurumi. Demás está decir que Rumi es un fiel reflejo de Hachiman. Ambos han afrontado en la niñez el amargo sabor del rechazo; y, aunque la serie se ha esforzado en mostrarnos el lado humorístico del prejuicio, el caso de Rumi muestra que la segregación no tiene nada de gracioso. El prejuicio tiende a manifestarse cuando alguien se siente superior a otro en un grupo, tenga o no razones válidas para creerlo; aunque esta no sea la única forma en que ocurre. En otras ocasiones, hemos comentado que este comportamiento se evidencia también a la inversa, cuando se revela el desprecio que siente la gente inferior hacia aquellos que poseen mayores privilegios. Ay del que caiga en medio de un grupo que no es el suyo: será víctima del acoso sistemático por parte de aquellos que lo ven diferente, indigno de su compañía. El mundo del entretenimiento se ha regodeado en estas diferencias, mostrando el lado “positivo” de ser inferior, y la imaginaria posibilidad del humilde de llevar una vida “real” a comparación del pretencioso que vive en la vanidad. Esto también es discriminación.

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Al ser característica de todo hombre la tendencia hacia la xenofobia, no sorprende que hasta los niños sean capaces de desarrollarla. De entrada, parece exagerado decir que un simple infante puede despreciar a su semejante, cuando son los más pequeños los que, en su inocencia, hacen amigos en minutos y están inafectos a la irracionalidad del adulto. Es triste decirlo, pero lo presenciado en estos dos episodios no está muy lejos de la realidad. “Las crueles reglas del Reino de los niños” se nos muestran a diario en las noticias, con informes de jovencitos torturando despiadadamente a los que ven inferiores, con una sorprendente incapacidad de ver la infamia de sus actos. Esa horrenda diversión que derivan de humillar, insultar y hasta golpear al prójimo felizmente no es la regla, pero sí lo es la discriminación de la que son objeto los desfavorecidos. En toda clase hemos tenido al “pescado”, el “tontito” del que todos se burlan, al que nadie tiene miedo de llamarlo por su apodo, aquel con quien no cuentas para las actividades, ese del que siquiera una vez nos hemos burlado. La serie recalca que no siempre existe una razón para prejuzgar a alguien; a veces, simplemente es un juego. Hace poco, un buen amigo me contaba muy alegre cómo tenían por costumbre en el colegio hacerle bullying (como odio esa palabra) a literalmente cualquier persona simplemente porque “hoy le tocó”. Ha sido la única vez en la que he tenido ganas de partirle la cara a alguien que aprecio. En Oregairu, las compañeras de Tsurumi la dejan de lado solo porque esta vez también “le tocó”, tal como la misma Rumi hizo anteriormente con otros niños. A su corta edad, no es capaz de usar aun la empatía que Hikki ha desarrollado, pero sí sabe que no hay nada que pueda hacer al respecto (frase harto usada en el anime).

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En realidad, sí hay algo que la niña puede hacer al respecto. Al igual que Hikigaya, Rumi se refugia en el orgullo para no inspirar lástima frente a los adultos. Haciendo un breve repaso de lo antes mencionado, lo que hace que el rico desprecie al pobre, y que el moreno desprecie al blanco, es el orgullo. Dado que la exclusión social menoscaba la autoestima, el discriminado inicia una lucha mental contra los sentimientos negativos tratando de hallar algo a qué aferrarse, una pizca de pundonor que alimentar para conservar la cordura. Al decir orgullo, no estamos hablando de la pedantería y el engreimiento que llevan a la gente a creerse mejores que los demás, sino al concepto de amor propio que permite la valía personal, como cuando se declara “me han herido en mi orgullo”. Cuando esta percepción es atacada, es de esperarse que uno luche por sus derechos y elabore dentro de sí un muro de ideas que fortalezcan el yo, que confirmen que no estamos tan mal como los demás dicen que estamos. El orgullo, sin regulación de la correcta autoestima, hace que, para evitar seguir siendo vapuleado, el individuo se recubra de soberbia y devuelva mal por mal; adoptando un rostro frío y una actitud dura, renegando de la sociedad y convirtiéndose en un antisocial.

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Hikigaya expresa este tipo de pensamientos en los que se puede detectar una exacerbación de ese orgullo como mecanismo de defensa. Siendo testigo de la discriminación de la pequeña, Hikki razona en cuanto al consabido refrán de “si cambias tú, el mundo cambiará contigo”, poniendo al descubierto la falencia de este argumento que, en el caso de personas inocentes como Rumi, pone la carga sobre el afectado y no sobre el mundo que es la causa. Si aceptas la idea de que “tú puedes ser el cambio” estas aceptando que el problema eres tú, y te conformas a lo que los demás te imponen. Es un punto de vista basado en el orgullo, pero es verídico y comprobable. Cuando se está rodeado de maldad, no hay otra salida que combatir el fuego con fuego (aparentemente). Pueden intentarse muchos métodos, pero no tendrán efectividad mientras la persona no recupere su autoestima, aquella fuerza que le dice que está en lo correcto aun si el resto le dice que no. Y si el resto del mundo no está dispuesto a cambiar, la mejor salida es “convertirte en el dios de un muevo mundo”, aun si ese nuevo mundo solo existe en tu mente. Ante los ojos de Hayama, Yumiko y los demás, todavía se puede apelar a los buenos sentimientos de las jovencitas, pero Hachiman, que es más experimentado en este campo, es el único que puede, con empatía, comprender todo el trasfondo de la situación. Si haces que el rechazado sobresalga entre los demás, esta será una razón más para marginarlo. “Cuando la gente juzga a alguien, se convierte en una idea fija que perdura”. Rumi lo sabe, pero su tristeza refleja que aun no se resigna a quedar de lado para siempre. “El solitario es forzado a quedarse solitario”, pero pueda que, en el camino, encuentre a alguien de su condición, con quien sentirse identificado y a quién recurrir por consejo. La compañía de Hachiman conforta a Rumi, pero no la aparta de su dolor. Ese rostro de soledad y sufrimiento es insoportable. No se puede estar impávido ante la melancolía de una pequeña niña. Causa verdadera pena verla deprimida por no tener amistades, presionada por su mamá a capturar los recuerdos de su infancia con sus amigos, los que no existen. Dentro del espectador nace el deseo de intervenir a favor de la menor y aplicarle tremenda reprimenda a las burlonas.

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La idea de Hikki para ayudar a la niña es separar por completo a todo el grupo; así no habrá más miembros excluidos, de hecho, no habrá ni siquiera un grupo. El plan es simple: si haces que los demás saquen lo peor de sí mismos, quedará en evidencia que todas son repulsivas, no solo Rumi, y posiblemente, de allí, se obtenga algo a favor de ella. Con lo que Hachiman no contó fue con la inherente bondad de Tsurumi. Se tuvo que recurrir a un ardid nefasto, es cierto, pero el resultado solo puso en evidencia que la niña aun quiere a sus anteriores amigas. En el párrafo anterior, cuando dijimos que “el fuego se combate con fuego” pusimos la salvedad de que “aparentemente” esta es la única solución, pero no lo es. Rumi-chan demuestra que, contrario a la dogmática explicación de Hikki, es posible cambiar el mundo si uno cambia primero. Quizás los demás no mejoren, pero, por lo menos, la perspectiva que tenemos de ellos sí se transforma: con ello, también la autoestima se alimenta de buenos sentimientos. Pueda que Hikigaya y Tsurumi no sean tan parecidos después de todo; no siempre las circunstancias son las mismas aunque las consecuencias sí lo sean. Rumi todavía está a tiempo de tomar el toro por las astas y cambiar el concepto que las demás tienen de ella; pero, por lo visto, Hachiman nunca tuvo la oportunidad de tomar las riendas de su propia vida, condenándolo a un abismo de soledad. Que, al final, Rumi no le agradezca a Hachiman, ni siquiera le dedique una mirada de despedida, es una forma de decir “yo no soy como tú, aun no he perdido la esperanza”.

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Otras perlas

  • ¿Se han fijado en que cada vez que aparecen en pantalla los ositos de la TBS coincide con la aparición de Totsuka?
  • Confirmado: Hikigaya es hombre, después de todo. Ya empezaba a preocupar la fijación con Totsuka, pero sus ojos no mienten al no poder evitar darle un vistazo al escultural (y racionalmente dibujado) físico de Yui, cosa que es normal en un adolescente.
  • Por otro lado, si Hachiman es capaz de apreciar los atributos de Yuigahama, la belleza de Yukino es tal que descuadra a nuestro héroe. No una, ni dos, sino tres veces. Y no se trata de productos salidos de la libidinosa mente de un quinceañero morboso, sino que es atraído por esa serenidad y el aura apacible de la muchacha. Tanto Yui como Miura están más desarrolladas, pero hay algo en Yukinon que capta la atención del chico dejándolo embobado por segundos, algo que no tiene nada que ver con el encanto físico. Es probable que, mientras más la conoce, más atraído se sienta hacia ella. Los episodios finales nos lo revelarán.
  • ¿Y cómo hace Miura para soportar a Ebina?
  • No es necesario esperar hasta los siguientes capítulos para conocer el desenlace de las relaciones entre los protagonistas, pues la serie está basada en una light novel. Sin embargo, prefiero no spoilearme lo que sucederá, para conservar la emoción y ver todo desde la perspectiva del anime, que pudiera estar solo adaptando los sucesos del texto novelístico. En base a lo anterior, podemos especular sobre la relación entre Yukino y Hayama, o la participación de la familia Yukinoshita en el desenvolvimiento de la trama. Pero esto solo se aclarará cuando se revelen más detalles.

Una respuesta

  1. ¿Y cómo hace Miura para soportar a Ebina?
    Pues creo que la primera vez que conocimos a Yumiko ella paso la mala imagen de ser una engreída despreciativa por su cierto maltracto a Yui, sucede que apesar de esa impresión Yumiko tiene a Ebina como amiga lo cual dice mas sobre ella, a Ebina ser una fuyoshi es una persona rara que una ”reina” como Yumiko normalmente rechazaria, sin embargo, ella la conserva y hasta sabe tranquilizarla, esto dice que Yumiko realmente aprecia sus amigos y no tiene prejuicios con ellos, hasta Yui se mantiene como su amiga y parece que la abraza cuando la rubia discutio con Yukino. En general Yumiko seria una buena amiga solo algo mandona y hostil pero creo que son defectos basicos en una relación.

    5 junio 2013 en 05:44

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