Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Delitos pasionales de una chica stalker

La palabra “stalker” suele traducirse, de manera errónea, como “acosador”, palabra que induce a interpretaciones equivocadas porque 1. el verbo “stalk” significa “perseguir a alguien de manera sigilosa” o “seguir u observar persistentemente a una persona por motivos de obsesión o desequilibrio” (ambas acepciones podrían traducirse con otro vocablo más preciso, menos equívoco, como “acechar” o “merodear”) y 2. el término “acoso” posee connotaciones violentas, que aluden a acciones concretas y manifiestas que constituyen un tipo de delito (el acoso sexual, por ejemplo). El stalker mantiene su distancia, vigila desde lejos, a escondidas. El acosador, en cambio, se acerca, hostiga, amenaza e invade, sin permiso (contra su voluntad) el espacio íntimo de otra persona. Sin duda, el “merodeador” representa un peligro en potencia, pues, en cualquier momento, al mínimo estímulo, podría tornarse ofensivo y cometer atrocidades. En anime, mediante el proceso de moeficación, esta figura truculenta adquiere un rostro activo. Espiar detrás de puertas, esquinas o postes se convierte en manifestación de extrema ternura y signo de timidez mezclada con perseverancia. La locura, el transtorno psicótico, se sustituye por amor ingenuo y honesto. Las chicas “stalker” constituyen un arquetipo del moe: no causan repulsión aunque actúen de forma reprensible, porque su lindura y candidez equilibran la balanza, y porque las características más abominables del “merodeador” masculino se atenúan o reformulan apelando a sentimientos puros, dignos de una doncella inexperta. Además, aunque su afán posesivo la impulse a entrometerse en asuntos ajenos, engañar, ejecutar planes nada benévolos, desilusionar o lastimar a otras chicas, las “perseguidoras” son justificadas e incluso disculpadas y alabadas pues esas “maldades” se perpetran en nombre del amor. Observemos el caso de Risa Kamizaki, la heroína secreta en Amagami SS.

Su arco atraviesa el resto de historias alternativas y recoge información de cada ruta romántica, salvo una leve diferencia: Junichi fracasa en todas sus seis aventuras (no conquista a ninguna chica) porque Risa intervino justo a tiempo para evitarlo. Cuando percibía que alguna pretendiente se cruzaba en su camino, excusándose en defender a Tachibana-kun de otra decepción amorosa, citaba a la enemiga en cuestión detrás del gimnasio y les mostraba una foto falsa del protagonista alegando que Junichi tenía novia y recomendándoles alejarse del susodicho. La estrategia, exitosa al comienzo, resulta inconveniente cuando, habiendo eliminado a sus competidoras, el muchacho acepta su declaración, empiezan a salir y deban conservar su relación bajo siete llaves porque mucha gente allá afuera podría desenmascararla. Risa no actúa con pragmatismo ni maquiavelismo: se mete en líos porque reacciona motivada por sus ímpetus de adolescente enamorada. No mide las consecuencias, solo pretende poner el parche y esperar hasta la próxima emergencia. La espiral de mentiras se alarga cuando Junichi descubre que Kamizaki fue responsable directa de su cita fallida dos años atrás, ese lamentable evento navideño que hirió su autoestima provocándole una terrible depresión. El enredo se torna turbio: su novia actual es culpable del descalabro emocional que sufrió en secundaria: ¿acaso Risa le arruinó esa experiencia a propósito, con fines malévolos y posesivos?

Como indicábamos líneas arriba, las “stalker” en anime son extravagantes y alocadas, pero sus actitudes se presentan como justas y generosas. Kamizaki deseaba evitar la humillación pública que planearon aquella chica y sus amigos: intervino para proteger a Tachibana-kun de las burlas y desmontar esa emboscada, esa intentona de bullying. Los “merodeos” de Risa, su afán de resguardar al pervertido lector de revistas calientes, sus tretas ridículas, su minuciosa labor de espionaje son, según la serie, una demostración de infinito agradecimiento. En primaria, ambos acudían al mismo colegio: ella no toleraba la lactosa y cierto niño glotón pero caballeroso se tomaba el frasco que distribuían durante el almuerzo para salvarla de las reprimendas (los maestros les prohibían que desperdiciaran la comida). Este rasgo se reitera en otras exponentes del arquetipo “stalker”: las muchachas se enamoran por efecto de la gentileza. Su obsesión es señal de gratitud, un compromiso irrompible de suma lealtad. Una alumna en Sayonara Zetsubou Sensei evidenciaba un cuadro severo de dependencia emocional hacia su novio, que provoca su rechazo y separación definitiva. Esos sentimientos, por desgracia, migrarán hacia el Profesor Desesperado, nuevo objeto del afecto desproporcionado de la espeluznate pero adorable Matoi Tsunetsuki, quien alcanzó la perfección del acecho continuo. Desde acompañar al sensei al baño de caballeros hasta parodiar juntos la célebre pose de fusión: no importa el lugar (debajo del pupitre, dentro de un armario), la persecución no cesa ni concede un milímetro, aunque tampoco deviene en situaciones violentas. Además, aunque al inicio le sorprende o suele causarle repulsión, Nozomu, el profesor suicida, parece haberse acostumbrado al auténtico “acoso” al punto de ignorar esa presencia o considerarla, realmente, su segunda sombra. Otras “stalker” se prendan de aspectos tan específicos, tan fragmentarios, que construyen una imagen sesgada, idealizada del hombre que creen amar y pretenden imponer esa ficción obsesiva sobre la realidad que contradice sus caprichos. Ocurre con Mizore Shirayuki, la mujer de nieve de Rosario+Vampire, enamorada del humano Tsukune porque, al leer sus artículos del periódico escolar reconoció, en su autor, un alma gemela, otro solitario irremediable. Este afecto platónico surge de una mezcla de confusión, urgencia de cariño e imaginación desbocada. Este caso halla justificación en referentes mitológicos, leyendas del acervo popular, de carácter rural, pero transplantadas a la modernidad del entorno colegial y adolescente. Las yuki onna son figuras aterradoras pero seductoras, una representación del encuentro de eros y thánatos: placer erótico y muerte, creación y destrucción. Esta paradoja, incomprensible desde la lógica, pero patente al instinto, convierte al personaje mítico en una especie de bruja enemiga de la fertilidad humana, condenada a la soledad, insociable por naturaleza. Una yuki onna de quince años, matriculada en una preparatoria, rodeada de chiquillos youkai, también estaba destinada a fungir de outsider, de renegada. La amabilidad de Tsukune la ayuda a reintegrarse en la colectividad, a moderar sus conductas problemáticas y, aunque su naturaleza sigilosa y excéntrica no cambia, su lado perturbador es domesticado.

Esta colección de “stalkers” quedaría incompleta si faltara la “merodeadora” por excelencia, convertida en heroína romántica y redimida por sus generosos sacrificios: Ringo Oginome, de Mawaru Penguindrum. Su historia es compleja y enrevesada: obsesionada con Tabuki-sensei, la estudiante de Ohka Garden’s era capaz de cometer las imprudencias más desquiciadas y peligrosas, desde caminar sobre una cornisa de edificio para tomarle foto a un enjambre o reptar bajo el departamento del profesor para escuchar sus conversaciones usando aparatos de espionaje profesional. Sin embargo, este amor enfermizo no surge de sentimientos honestos, sino de obligaciones textuales, de obligaciones heredadas. Momoka, su hermana mayor y antigua novia del maestro, murió a temprana edad. Ringo pretende heredar el legado de su onee-san y suplantarla empleando su viejo diario como inspiración. El libre albedrío no existe: el Destino hilvana los acontecimientos. Pieza clave en la trama del penguindrum, la joven al acecho se convierte en objeto de seguimiento y, cuando admita su fracaso, no abandonará su espíritu de “cazadora”, solamente cambiará de presa. Estos ejemplos demuestran el poder de transmutación moral que opera alrededor del fenómeno de moeficación: en otras circunstancias, in real life, o cuando el involucrado es un varón adulto de treinta o cuarenta años, poco atractivo, un perfil de conducta similar nos causaría una enorme repulsa y condenación, además de considerarlo, con justa razón, candidato idóneo a pasar una larga temporada en prisión. Este carácter truculento, aborrecible, casi criminal, se atenúa mediante la belleza o carisma que emanan estas obsesivas-compulsivas con nobles sentimientos y fogosas ilusiones. Incluso cuando tarde o temprano, corren el riesgo de degenerar en yandere (o quizá esta siniestra posibilidad solo incremente su valor de fetiche).

P.D. Felicitaciones a Risa Kamizaki por su clasificación al torneo principal en Miss Anime Tournament.

Una respuesta

  1. Paco1303

    Que divertida reseña. Tienes toda la razón acerca de las acosadoras (en el anime) que siempre te divierten y de cierta manera te puedes enamorar de una de ellas; por su timidez y ternura, y a veces por sus propósitos maquiavelicos, que de todas forman, se acaban enamorando del protagonista. Aunque las que has mencionado en el articulo, las acosadoras son importantes, con papeles secundarios “importantes” o hasta principales, aún así hay que resaltar que hay de acosadoras, que a pesar de que no salen mucho en ciertos animes, sueltan ese lleno de un vacío que no conocías, animes como: Nyaruko-san, Kanokon, To love ru, Ichiban Ushiro no Daimond….. y más jajaja
    Bueno, esperemos que sigan apareciendo acosadoras y no exactamente en el género ecchi-comedia jajajaja
    Saludos

    3 julio 2013 en 16:18

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s