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Tari Tari. Un musical de aprendizaje

En literatura, se emplea el término Bildungsroman (“novela de crecimiento” o “aprendizaje”) para describir un tipo de relatos extensos que narran el proceso de maduración de un personaje adolescente en tránsito a la edad adulta. Esta clase de historias aborda las vicisitudes del joven protagonista durante sus años de formación escolar, cuando, en contacto con otros muchachos, descubre el funcionamiento del mundo, las desigualdades sociales, los vericuetos del placer, la necesidad de asumir una posición y definir sus valores. El héroe en ciernes experimenta diversas decepciones (amorosas, religiosas, éticas) y aprende a sobrellevar el dolor, la incomprensión, el fracaso adoptando una personalidad, agudizando su sensibilidad pero también endureciendo su carácter. En resumen, vence el miedo a tomar decisiones, se compromete a defender sus principios, halla una vocación y enfrenta al poder para afirmar su identidad. La obra cumbre del género, A portrait of the artist as a young man de James Joyce (1914), el joven e impetuoso poeta Stephen Dedalus responde a su amigo Cranly:

“Me has preguntado qué es lo que haría y qué es lo que no haría. Te voy a decir lo que haré y lo que no haré. No serviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese mi hogar, mi patria o mi religión. Y trataré de expresarme de algún modo en vida y arte, tan libremente como me sea posible, tan plenamente como me sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito usar: silencio, destierro y astucia.”

El adolescente, en especial aquellos que deciden explotar sus talentos artísticos como profesión, tarde o temprano deberán enfrentar la obligación de realizar un parricidio simbólico, un gesto de ruptura frente a la autoridad familiar, aunque esa figura se amplía a otras instancias de autoridad mediante la desobediencia o rebeldía. Sin embargo, esa declaración de independencia apenas inicia el proceso de búsqueda de una identidad que culmina cuando el individuo, luego de encontrarse a sí mismo, se reconcilia espiritual y moralmente con esa conflictiva sociedad. En Tari Tari, P.A. Works retoma esta temática, antes desarrollada en true tears y Hanasaku Iroha, añadiéndole un matiz musical. Cinco adolescentes a punto de graduarse de preparatoria, comparten un punto en común, además de sus aptitudes vocales: su determinación por perseguir un sueño, enfrentándose a diversos obstáculos: sus errores del pasado, sus remordimientos, la soledad, el desarraigo, la oposición de sus padres, desilusiones, accidentes… El estudio ha demostrado en anteriores entregas un talento para combinar el melodrama con tonos de slice-of-life o romance para retratar la evolución sentimental de chicos sensibles, plagados de dudas, pero inspirados por una enorme fuerza de voluntad. Tari Tari combina cinco historias de adversidad cotidiana: Sawa pretende convertirse en jinete, Konatsu desea demostrar su talento musical, Wien anhela convertirse en un “héroe” y Taichi mantiene su ilusión de competir en el campeonato nacional de bádminton, aunque nadie lo acompañe en su club. Mientras sus compañeros de clase se aferran con perseverancia a cumplir estas aspiraciones “imposibles” a costa de esfuerzo y lágrimas, Wakana, la alumna más talentosa del programa de música no logra superar sus dudas y temores. Lamenta no haberse despedido de manera adecuada antes que falleciera su madre por culpa de una absurda discusión. Esa sensación de arrepentimiento sin perdón le impide progresar, voltear la página y mirar hacia el futuro: la obliga a vivir en eterno presente, encerrada en su pesadumbre, a punto de destruirse. La música solía afianzar el vínculo entre madre e hija, constituía una especie de legado o herencia que Wakana se niega a admitir evitando que afloren tantos recuerdos dolorosos y frustrantes. Sumida en la melancolía, temerosa de enfrentar la culpa, la muchacha prefiere eludir esa angustia huyendo del arte, renunciando a sus habilidades innatas como compositora, huyendo de su vocación. La insistencia de Konatsu la empuja a reencontrarse con aquellas experiencias traumáticas y, pese a caer hondo cuando intenta deshacerse del viejo piano de su madre, sobrevive al desconsuelo y emprende un simbólico camino de redención.

Esta historia corre paralela al resto de tramas, ligadas al objetivo principal del grupo: poner en escena una obra musical ideada por Konatsu. Este proyecto también involucra una cuota de rebeldía creativa, por varios motivos. Existe un coro oficial en la escuela, pero Konatsu fue relegada de participar en actuaciones luego de cometer una terrible equivocación. Además, el nuevo club que funda termina sirviendo como fachada institucional para permitirle a Taichi inscribirse como representante del colegio en un torneo de bádminton. El grupo está conformado por diversos “solitarios”, es decir, chicos con perfiles tan singulares que no encuentran espacio para practicar sus pasatiempos o encauzar sus aficiones (Taichi, Sawa), por motivos culturales (Wien), porque los “mecanismos oficiales” les resultan insuficientes (Konatsu) o porque adoptan actitudes algo antisociales (Wakana). Para colmo, el promotor y dueño de la escuela ha decidido cerrarla, demolerla y vender el terreno. Los muchachos se oponen a esta clausura intempestiva y, pese a las prohibiciones, deciden montar una actuación clandestina en el campus. Su rebelión se extiende hasta alcanzar dimensiones colectivas: los vecinos se contagian del entusiasmo y alientan a Konatsu y compañía a quebrar las órdenes, a transgredir las leyes. El resto de clubes se resignaron a acatar ese mandato tan injusto y abusivo. Los protagonistas, en cambio, se mantuvieron tercos en su desobediencia. Una insurrección a pequeña escala, pero heroica y digna de imitar. Mientras ocurren estas pequeñas “declaraciones de independencia”, Wakana vive su revolución personal: Tari Tari emplea una técnica de composición, apoyada e inspirada en la música, una suerte de leitmotif. Esta fórmula consiste en repetir una tonada o fragmento musical asociándolo a determinado tema, personaje o lugar, de manera que genere una identificación inmediata incluso cuando el concepto aludido se encuentre ausente. Unas notas en particular se reiteran en diversas ocasiones, todas vinculadas a Wakana y su madre: están presentes en “Amigo amigo”, la canción con aires andinos de Condor Queens; pero también en “Kokoro no Senritsu”, una misteriosa pieza que Naoko Takakura, la subdirectora del colegio, se empeña en esconder; en “Radiant Melody”, la última canción que entonan los personajes al final de la obra musical con apoyo de orquesta; y como música de fondo en diversas escenas melancólicas. Más adelante, esa tonada aludirá a cierta canción que Mahiru Sakai dejó inconclusa debido a su súbita muerte y, según el padre de Wakana, estaba dedicada a su hija. Terminar de componerla se convierte, entonces, en desafío y terapia: la posibilidad de rendir cuentas al pasado, de saldar su deuda con mamá, de conquistar una meta. La muchacha había dejado pendientes varios asuntos: su crecimiento quedó trunco, incompleto, sin culminar, como aquella melodía suelta, emotiva, tan pegajosa, pero carente de marco, sin título, sin inicio ni final. El plano simbólico se proyecta sobre un objeto real: una canción inacabada que espera al autor que transforme ese germen en producto redondo y pulido: al crear esa obra, Wakana empieza a “formarse”, a adquirir una identidad, un discurso que conecte su pasado, su presente como estudiante, su idea del porvenir. La música sirve de fermento y acompaña ese desarrollo que surge de eventos fortuitos e inconexos. Por múltiples casualidades, cada roto encuentra su correspondiente descosido. Los integrantes del elenco, antes separados o unidos por simples vínculos amicales o escolares, descubren en los demás un apoyo, unos cómplices, unos colaboradores, una inspiración para moverse y actuar. La inquietud de Konatsu pone en marcha esa secuencia de hechos en apariencia insignificantes: el relato mantiene hasta el final su ritmo sosegado, hogareño, sencillo. Como las anteriores “series de crecimiento” de P.A. Works, la historia transcurre en un pueblo de provincia, una ciudad pequeña, un barrio donde la junta de propietarios del barrio comercial asume la función de representar a su comunidad, y donde la modernidad convive con formas tradicionales o artesanales de producción. Esa atmósfera apacible contagia al carácter de los personajes, pues, aunque abundan los conflictos intergeneracionales, entre jóvenes y viejos, entre alumnos y maestros, entre padres e hijos, esas desavenencias se interpretan como “asuntos de familia”, “cosas simples”, “gajes del oficio”, elementos imprescindibles del ciclo que renueva la vida, que conecta a Wakana con Mahiru en una línea de sucesión espiritual que se prolonga desde la eternidad hasta el infinito.

Felicitaciones a Wakana por unirse a Sawa y Konatsu entre las clasificadas al torneo principal de Miss Anime Tournament. Pensaba publicar este artículo para publicitar su candidatura, pero las circunstancias me impidieron culminar su redacción antes de que iniciara la votación. Meses atrás, durante el Saimoe japonés, proyecté la idea de escribir un artículo sobre las similitudes de Tari Tari y Hanasaku Iroha que describiera las tendencias narrativas del “melodrama de aprendizaje” de P.A. Works. en sus obras originales, y cómo funge de plataforma para un discurso medianamente conservador en términos sociales, económicos y culturales. Aunque esta corta reseña aborda un tema distinto, responde al mismo interés: comentar, como merece, una serie tan conmovedora y simpática.

7 comentarios

  1. Buena reseña. Disfruté mucho de Tari Tari al igual que Hanairo; de hecho, tuve planeado reseñarla para el blog, pero circunstancias adversas me impidieron cumplir este compromiso. Hace poco encontré la reseña inconclusa para el episodio 1, y me lamenté no haberla concluido en su momento. Era una oda a la maravillosa Konatsu y una breve tesis sobre porqué ella era el personaje principal, al menos para mí.
    Francamente, no me fijé en el asunto de las notas musicales que mencionas, pero sí se hace notorio el cambio de la trama hasta centrarse en Wakana. Tari Tari esta llena de situaciones extraordinarias en cicunstancias ordinarias, lo que la hace sumamente atractiva a los que disfrutamos el slice of life. Me causa curiosidad la similitud del pueblito con Takehara, hogar de Tamayura, aunque en la última JAMAS ocurriría un robo. La serie es redonda, como todas las producciones de PA Works. Me sorprende que nadie se haya animado hasta ahora a subtitular Koitabi – True Tours Nanto, que también esta de lujo.

    4 junio 2013 en 15:20

    • Hubo otras similitudes que no mencioné porque no compaginaban con el tema ni la intención del artículo. Por ejemplo, en HanaIro y Tari Tari hay tríos protagónicos femeninos (también en true tears, pero era una especie de polígono amoroso). Incluso muchos espectadores han notado una similitud entre Ohana-Konatsu (tamaño, color de cabello), Wakana-Minko (porque al inicio ambas eran renuentes) y Sawa-Nako (trenzas, medidas anatómicas, habilidades deportivas). No sería extraño que TT fuese el lado-B de HI. Además, hay un homenaje a true tears en cada serie (imágenes, opening). También podríamos mencionar que las mujeres adultas son determinantes (las madres, en especial). No llamaría la atención si ambas historias ocurrieran en un mismo universo ficcional y, por ejemplo, Konatsu fuese prima de Ohana: no sería inverosímil.

      Off the topic: Parece que Mei Tachibana podría reunir los votos suficientes hoy en MsAT para clasificar al torneo principal: ¿te animarías a escribir algo acerca de Suki-tte ii na yo?

      4 junio 2013 en 16:14

  2. 11:40pm (GMT-5 creo, o sea Perú): Perdona la ignorancia, pero si clasifican las 10 primeras, Mei entró con las justas. Yahoooooo!!
    Tu propuesta es tentadora. No quisiera comprometerme y luego no cumplir (mientras escucho “No More Lies” de Maiden…); pero sería genial hacerlo. Sukitte Ii Na Yo fue brutal, y sería un honor resarcirme con el blog haciéndole una reseña.
    Una similitud más entre Ohana y Konatsu: ambas usan audífonos over-ear existentes en la realidad. Los Panasonic de Matsumae son los mejores de su tipo para presupuestos bajos (yo tengo unos i g u a l i t o s; pero los Zumreed de Miyamoto ya son demasiado baratos, aunque lo que los levanta es el estilazo retro (todo esto en audiophile mode)

    4 junio 2013 en 23:47

    • No había notado el detalle de los audífonos, pero es cierto. Hay official art (imágenes promocionales) de P.A. Works donde hacen un crossover de ambas series:

      También se publicó una conversación entre Ohana y Wakana. Todo es material oficial, lanzado por el propio estudio:

      http://www.otakultura.com/rumor-hanairo-taritari-cross.html#.Ua7HTju9KSM

      Sobre Miss Anime, está en etapa de repechaje, así que clasifican las 16 primeras de cada grupo. Mei ingresó cómodamente. Ojalá te animes y nos ofrezcas tu comentario sobre la serie, así podrías animar a los lectores a verla (y quizás a votar por Mei).

      5 junio 2013 en 00:09

  3. Paco1303

    Que interesante reseña. Y más porque me animaré a leer la pequeña obra auto-bibliográfica de James Joyce.

    Retomando, creo que Tari-Tari fue un anime bastante entretenido y como mencionas anteriormente, tiene un cuidado especial los anime que saca P.A WORKS. Sin embargo (en mi opinión) creo que el anime esta un poco vacío, o mejor dicho, se va vaciando mientras avanzan los capítulos. Estoy consiente de que que cada personaje (como lo expusiste anteriormente) tiene sus problemas que se van desarrollando en cada episodio y así no se pierde el interés sobre el anime, pero creo que es la causa misma de que se vaya “haciendo a un lado” “extraviándose” la trama original, que en cierta manera es la depresión y desinterés sobre la música por parte de la ausencia-muerte de la madre de Wakana. Sí, el piano es un símbolo que desenfrena ciertas emociones de Wakana, aún así, necesita ayuda de la amiga de la infancia de su madre Naoko aunque duramente e intencionalmente y ya por último, con las canciones que se abarcan en toda la serie (como los Condor Queen´s-Que por cierto una función muy latina y algo hispana). Lo que quiero decir, es que la serie pudo acabar con menos de 10 episodios, tal vez como un OAV o unas OVA´S. Ya que también influyen mucho la personalidad y sinceramente la de Wakana hace que (en mi caso) desespere y dija: “!YA¡”

    En fin, de que lo recomendaría a mis amigas que gusten de entretenidos animes, lo sugeriría. Sin duda para escuchar un buen soundtrack pero creo que eso sería el mayor interés.

    P.S: Dejando a un lado el tema. No entiendo muy buen lo de MISS ANIME a lo referente acerca de las “Llaves” o “C-14 (las letras y los números) Perdón mi ignorancia, pero por favor, que alguien me explique

    3 julio 2013 en 15:13

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