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Hataraku Maou-sama! 5: Aprieta los dientes

Los nombres Satán y Lucifer se usan con mucha frecuencia como sinónimos dentro de la religión católica. Históricamente, podemos hallar una divergencia debido a que Lucifer era mencionado en la mitología romana desde mucho tiempo antes. Sin embargo, una obra de ficción puede disponer de ciertas libertades creativas y considerarlos individuos separados que conviven en el mismo mundo. Este fue un capitulo con chispas de relato épico y otras de comedia irreverente, quizá inconveniente, puesto que puso a los protagonistas en una condición menos divina e imponente cuando discuten en el medio del caos sobre frivolidades (o tal vez no). Una vez acabada la batalla, estas vanidades vuelven a convertirse en prioridades como han sido todo el tiempo que Maou y Yuusha estuvieron habitando en este mundo. La tensión del combate desaparecerá y, poco después, los guerreros estarán hirviendo agua para el té a sus invitados, sin ninguna mancha de sangre que ensucie sus ropas. El escenario de batalla permanecerá intacto, como si no hubiera pasado nada.

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Pese a que, según las Escrituras, cuando lleguen los tiempos habrá la gran guerra entre el Cielo y el Infierno (no fue el 21 de diciembre de 2012, para desilusión de muchos), es curioso que, dentro de los setenta libros que componen Biblia, nunca se produzca un combate propiamente dicho entre un demonio y un ángel. Incluso, en el Libro de Job, Dios hace una especie de apuesta con el Diablo por la vida de un hombre: este y varios otros eventos permiten una interpretación menos maligna de Satán o cualquiera de sus nombres, no como un individuo maloso en extremo, sino apenas como un sujeto en discordia. Lucifer había sido expulsado del Cielo por sus ambiciones de igualarse a Dios. Se convierte, entonces, en un ángel caído. En Hataraku Maou-sama!, anhela volver al cielo. Existe la posibilidad, pues un sacerdote católico se ha unido a su causa. Podemos intuir que el Dios cristiano, según esta serie, no es todopoderoso, pues necesita guerreros intermediarios como el Yuusha y requiere que un clérigo establezca un acuerdo con Lucifer para su retorno al Cielo. Este regreso no parece imposible, pues tampoco hacen falta poderes ilimitados. Para cada momento de tensión, surge otro en tono de comedia y, aunque Lucifer aparenta ser invencible, si prestamos atención, podemos notar que estaba casi en similares condiciones que Maou: viste ropa casual, revela que encontró a Maou y Emi porque halló su billetera perdida luego de haber soportado una paliza que lo dejaría como un mocoso engreído que recibe un castigo de alguien mayor. Solo termina siendo ridiculizado luego de librar un combate tenso, aligerado, al mismo tiempo, por chispazos de comedia. Alsiel se enoja con su señor porque estuvo viendo películas y gastando sus escasos recursos económicos en divertirse. Como no tienen un televisor, las películas, aunque sean baratas, representan un lujo: este momento de humor es aprovechado por Lucifer para herir al vasallo. Aunque Emi se declare su enemiga, está obligada a trabajar con Maou a causa de circunstancias mas urgentes y muestra su desesperación al verlo herido: esta angustia puede deberse a un acto reflejo, la reacción natural al contemplar a una persona en riesgo o quizás manifiesta algún afecto que guarda por el Rey Demonio, pese negarlo con su discurso heroico.

La zozobra de los seres humanos sirve como fuente de magia: este dato siniestro es empleado, esta ocasión, para ejercer justicia, a modo de agradecimiento a la Tierra de parte de Maou. Sin embargo, cualquier futuro enemigo podría aprovechar este recurso, como se evidencia cuando Lucifer recupera sus poderes valiéndose apenas de Chiho. Una simple niña confundida por semejante escena bastó para recobrar sus fuerzas. No obstante, Lucifer cometió un error al revelar sus métodos, pues facilitó su derrota al permitir que Maou imitase sus acciones, aunque, durante todo el combate, debió sujetar un puente destruido, proeza que debió exigirle un nivel de concentración loable, pues tuvo que aguantar ese peso luego de recibir un rebote del ataque desviado por Emi. La Yuusha posee otra clase de poderes, que guardaba en secreto: esta revelación aumenta nuestra sospechas acerca de su actitud hacia Maou. Quizá realmente no quiera derrotarlo aunque tenga la capacidad para lograrlo. En este mismo combate, le avisa al Rey Demonio que “será el siguiente”: esta amenaza se interpreta como una simple advertencia motivada por la pasión del momento, pues al final, no derrota a Lucifer. No pretendemos subestimar su esfuerzo, pues antes había salvado a Chiho a costa de herirse las piernas, pero, durante la batalla contra el demonio rebelde, no tuvo otro mérito que dedicarse a perseguir a Lucifer. Los motivos del sacerdote Oba para aliarse con el ángel caído no se resumen a derrotar a Sadao, aunque este objetivo implique poner en riesgo a transeúntes inocentes o hasta a la propia Yuusha, que debería considerarse una aliada. Estas acciones dejan mal parada a la Iglesia: lleva a sospechar que la guerra contra Maou responde a propósitos oscuros que la Iglesia prefiere mantener en secreto, un comportamiento similar a la institución que existe en nuestro mundo.

Tras un día lleno de reencuentros y descubrimientos, Maou disponde del poder para regresar a su mundo. Sacrificar esa chance no implica una gran pérdida, pues el tiempo le deparará otras muchas oportunidades. Sería razonable suponer que todavía no desea emprender el viaje de retorno. Ha perdido bastante de su antigua crueldad, aunque continúe sosteniendo el argumento de hacer pagar a nuestro mundo por sus actos, tampoco le debe nada, de modo que termina convirtiéndose en un héroe para Chiho, la única humana que recordará este evento. No verá de manera distinta a Maou luego de conocer su pasado y su rutina seguirá teniendo el mismo ritmo de siempre. La chiquilla conserva su memoria, al contrario del resto de espectadores porque ella ha llegado a conocer mejor a Maou y olvidarlo significaría retroceder. Desde el malentendido hasta la derrota a Lucifer transcurrieron pocas horas y la vida cotidiana no sufrió ninguna interferencia. Emi se reencuentra con sus colegas, quienes confirman que la guerra no se trasladó y Sadao es prácticamente inofensivo. Sin duda, la heroína también prefiere su nueva vida, pues no regresa con sus compañeros de lucha. El Demon King entraña una amenaza mínima, lo suficiente para considerar que habrá una época de paz, pues el nuevo enemigo terminó deformándose hasta volverse una caricatura. Su puño justiciero ya no impulsa una cruzada: podríamos afirmar que Emilia no abriga ningún sentimiento romántico hacia Sadao, aunque todavía falta aclarar el estado de su relación con Chiho. Sin embargo, un mínimo de afecto o consideración al nuevo Maou sería suficiente para que la Yuusha renuncie a sus intenciones de eliminarlo.

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