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Ore no Kanojo to Osananajimi ga Shuraba Sugiru 11-12 : La caída de Masuzu Natsukawa

Fue una derrota total

La mayor enemiga de Masuzu no provendría del harem de Eita, sino de alguien superior. Los ojos entrecerrados de Saeko fueron capaces de vislumbrar la farsa que montó la pareja de novios falsos. Pudo diferenciar inmediatamente a las chicas rebosantes de amor con la novia mentirosa que fríamente sujetaba al muchacho. Masuzu fue tomada desprevenida y no pudo derrotarla ni un solo momento. Había mentido tanto tiempo que se había creído sus propios engaños; por eso, cuando le revelaron la verdad, se sumió en un shock que terminó por devolverla a la realidad. Su relación no está basada en el amor y Eita permanecía con ella solamente porque lo extorsionaba con el infame libro que escribió.

El ambiente era turbio, pero Masuzu aún mantenía el control y esperaba que los hechos siguieran transcurriendo en calma. Cuando apareció la tía y pronunció la palabra fake, la paz armada se disolvió. Los rostros de Masuzu y las demás chicas cambiaron. La protagonista había perdido su mejor arma, el engaño, y las otras haremettes comenzaron a dudar. Además, Saeko convenció a las enamoradas de Eita a tomar la iniciativa. Les dio variados consejos e incluso las hizo competir. También las clasifico por categorías: por ejemplo, Ai es la que más ama a Eita, no oculta su tsunderismo, puesto que muestra ambas facetas en público y esta obviedad la delata. Chiwa es advertida de su mayor enemigo, la friendzone. Como se había mencionado anteriormente, Harusaki sufre del síndrome de la osananajimi, la amiga que va transformándose en parte de la familia, convirtiéndose en algo más parecido a una imouto. Por eso, tiene que combatir el bad end y luchar por el Eita. Sin embargo, la peor parte le toca a Masuzu. Su perfección le jugó en contra, pues, por definición, el amor es imperfecto, se cometen muchas idioteces en su nombre y ciega nuestra razón. Las pensadas y racionalizadas respuestas estándar que ofrece Masuzu no convencen a una aguda Saeko que había visto cómo las demás ponían su corazón al responder por E-kun. Hasta ahora, la protagonista había persuadido a Eita de seguirla para alejarse del amor que abundaba en su mundo, alrededor de ellos. ¿Qué hace, entonces, inmiscuyéndose en una guerra de sentimientos? Habrá pensado que ese lugar le pertenece y no desea perderlo. También cuenta su orgullo. Masuzu había pasado tanto tiempo actuando y convenciendo a los demás acerca de su identidad, que la mera insinuación de falsedad la incitó a demostrar que Saeko se equivocaba.

Saeko le advirtió dos caminos a Eita: que escogiera la ruta del harem y que lograra convivir tranquilamente con ellas o enfrentarse a una zona de guerra donde cada chica intentará quedarse con su cariño. Este es un escenario complejo imposible de evitar y Eita lo sabe. No puede ignorar los sentimientos de tantas muchachas lindas. Ai incluso le pidió que se casen. El viaje a la playa será decisivo, porque nuestro héroe deberá dejar las cosas en claro frente a su harén. Con esa intención, busca mantener la fachada con Masuzu, aunque le resulta complicado, porque las otras tres chicas se volvieron amigas. Incluso Ai y Chiwa que parecían enemistadas, se llaman por teléfono. Al enterarse, Eita se pregunta cómo Masuzu pudo quedarse fuera de este círculo. Aunque la fanática de Jojo no fuera una persona adepta a socializar por cuenta propia, pues detesta ese ambiente, tampoco resulta agradable ser aislado y relegado. Los novios falsos deciden continuar con su simulación, pero les juega en contra la presión. Cada vez, se vuelven más ineptos para representar el papel de pareja perfecta que intentan encarnar. Masuzu intenta con mayor énfasis mantener esa imagen fingida. Para el resto de personas, ella es la novia oficial: no está dispuesta a cederlo a nadie. No obstante, mientras más se empeñan en actuar como enamorados, más solitaria parece la chica de cabello plateado y mayor ofuscación causa a sus compañeras. Para colmo, el regalo que le entregaron durante la noche, la dejó completamente desarmada. Las chicas expresaron su amistad de forma abierta y sincera. Un gesto tan desinteresado y sorpresivo golpeó hondo a Masuzu: la obligó a tomar conciencia de su comportamiento. Las dudas e inseguridades desbordaron su resistencia. Además de romper en lágrimas, se rinde ante a esas grandes chicas: deja libre a Eita para permitirle decidir.

Luego de tanta intriga, se devela el misterio de Masuzu Natsukawa. Su excentricidad y falsedad tienen un origen justificado. Su padre, que había enviado a Mana a buscarla sería el responsable de provocar esa conducta en su hija. Las familias adineradas suelen preocuparse por preservar cierto status y, con frecuencia, hacen ostentación de sus posesiones. La familia Natsukawa se regodeaba exhibiendo a su gran oujo-sama, la intachable Masuzu, quien debía amoldarse a las expectativas de su padre actuando frente a las demás personas. Poco a poco, su engaño fue sustituyendo a su verdadero rostro hasta quedar impregnado en ella, incapaz de distinguir la realidad. Masuzu había perdido su identidad para satisfacer el capricho de su padre. En cambio, Mana gozó durante esos años de la libertad para vivir como le complacía gracias a su hermana, el trofeo andante de la familia. Aunque habían tenido un desencuentro, Mana no es completamente malvada: ama a su onee-san como cualquier hermana menor lo haría. Para ayudarla, se transformó en la catalizadora de Eita, que buscaba una respuesta a sus dudas. Quizás no podría separar a Masuzu de sus caretas y engaños, pero poco le importa: es difícil aburrirse con una chica tan entretenida que adora las bizarras aventuras de Jojo. Eita logra comprender sus necesidades: Masuzu busca un cómplice dispuesto a unírsele en sus mentiras, que engañasen juntos al mundo, sin preocuparse por cuántos problemas sobreviniesen porque, si algo les enseñó Jojo es tener uno o varios planes extra para salir indemne de cualquier complicación. De esta manera, lo falso puede tornarse real, porque el simple hecho de esforzarse representa un triunfo.

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