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Sasami-san@Ganbaranai 11: Love Triangle

La convivencia con Edogawa la destaca como tsundere, un ejemplo único entre las chicas que comparten su condición de futanari y quizás la primera en su especie. Este tsunderismo la hace lucir menos amenazante dado que su parte vulnerable se torna más evidente. Además, su lado más sensible y femenino, como efecto secundario, provoca un cambio de roles, al menos temporalmente, convirtiéndose, de antagonista, en villana cómica. Su rivalidad declarada le permite acercarse a Sasami, quien, para su suerte, ignora cualquier amenaza que lanza Jou, quizá por inocencia, porque la mueve su intenso deseo de hacer amigos o porque Edogawa no transmite ninguna sensación de peligro. La ojou-sama declara que tiene preparados sus poderes para atacar desprevenida a Sasami y ocasiones le sobran. Sus posturas de ataque son interpretadas como un juego, producto de su síndrome de octavo grado, intentando llamar la atención de Sasami. No pretende exhibir sus habilidades ni poner en riesgo a su contrincante, sino actuar de manera excéntrica. Otro efecto del acercamiento entre chicas durante esta última etapa de la serie sería la abundancia de vibras yuri. Kagami experimenta el surgimiento de nuevos afectos que, hasta el momento, desconocía. Este sentimiento requería que brotase una conexión emocional asumida como única, profunda y especial. Un triángulo amoroso ha emergido. Los goggles son indispensables.

Me alegra que Kamiomi consiguiera llegar a la posada. Su determinación es una cualidad sobresaliente, contraria a su posición como potencial héroe romántico. Sus chances se volvieron inciertas cuando no supo trascender más allá de su función cómica. Aparte, Sasami ha priorizar sus nuevas relaciones por encima del onii-chan. Con Edogawa, se introduce otro tipo de tentación sensorial, semejante al encanto que proyectan l@s traps. Se insiste en exponer su piel gracias al obligatorio paseo por la playa. Sus medidas son exuberantes, pero el deleite visual queda perturbado por las constantes tomas sobre su cintura: son un membrete permanente que recuerda la aparición de sus “partes extra”. Al espectador más conservador, esta alusión le resultará incomoda; los más abiertos, no notarán ninguna diferencia real porque el miembro nunca se muestra; y, para los fanáticos del género futanari, estas sugestiones serán un auténtico deleite. Algunos podrían considerar que Edogawa iguala, como pretendiente para Sasami, a cualquier varón incluso en el aspecto reproductivo (es frecuente, incluso en la naturaleza, que los hermafroditas se reproduzcan). Sin embargo, esta hipótesis se basa en el prejuicio difundido que sostiene que hombres y mujeres solo podrían establecer una relación de forma heterosexual. La serie no apoya esta visión de la sexualidad: Sasami no opone resistencia para interactuar con Jou. Lavarle la espalda es una demostración de intimidad, un gesto que fortifica su relación, en especial si incluye caricias y abrazos. Esta escena despierta en Kagami una sensación nada confortable que solemos llamar “celos”. Cuando afloran estos sentimientos, provocan inseguridad en el individuo, lo consideran una debilidad, quedar en posición de inferioridad ante un tercero. Un error del pasado se agranda a pesar de haberse resuelto. Sasami, al comienzo de su amistad con Kagami, le pidió que fuesen amigas de práctica, un descuido que causa el primer conflicto en su amistad. Se siente desplazada porque continúa dudando, sigue creyendo que los demás podrían tratarla como un objeto sin voluntad, incapaz de igualar a una humana como Jou que, de repente, acaparó la atención de Sasami. Kagami tuvo una corazonada, previó que Edogawa podría robarle su lugar. Según el razonamiento estrictamente materialista, una muñeca no podría ser nunca una verdadera amiga porque sirve solo como juguete. Kagami no es robótica por completo: sangra y también llora. Sin sus partes mecánicas, ella no podría vivir y quizá esta dependencia sea la razón que le impide considerarse humana. Sus celos desmienten ese pensamiento, pues estos reacciones posesivas surgen cuando existe una fuerte conexión o soporte emocional entre personas. Aunque consideremos los celos de Kagami como amicales, esta objeción no impediría cierto tipo de especulaciones románticas, dado que la amistad nunca obstaculizó el surgimiento del amor pasión, como plantean, con frecuencia, las love comedy. La gracia del subtexto reside en imitar gestos románticas sobre una capa de amistad. Los estándares actuales del empleo del como recurso se basan en esta fórmula, mucho más evidente a lo largo del tiempo, al punto de confundirse y resultar impreciso (no saber si existe un vínculo lésbico de verdad). La forma más simple para comprobar la presencia del subtexto es comparar la interacción entre chicas con las relaciones convencionales entre mujeres y varones, preguntándonos si parecen similares en sentido romántico. Los celos de Kagami nos recuerdan a las reacciones de una jovencita enamorada, acentuadas de tal forma que terceras personas puedan percibir esa similitud.

Esta interpretación se aplica también a Jou por sus sonrojos a elogios y su tsunderismo. Por otro lado, resulta dudoso determinar si Sasami sabía que Edogawa tiene poderes divinos cuando pensaba que hacía esa clase de aspavientos porque era una chuunibyou. Jamás diría eso si supiera que dispone de poderes reales. Sus chats personales no se mezclan y ambas platican con sus respectivos contactos en espacios privados. El deseo de acercarse a Sasami se combina con sus objetivos de enemiga acérrima, olvidando que ella misma había sugerido antes que se conviertan en amigas, aunque las limitaciones de usar a Tama como una intermediaria debieron contribuir al mal entendido. Edogawa extrae conclusiones precipitadas. Primeramente, porque considera que Sasami pretendía convertirse en su sirviente. Como queda claro, este tipo de relación no establece un trato equitativo. Luego, al consultar a sus consejeros, supone con entera convicción que Sasami estaba enamorada de ella, provocando una fogosa reacción en todos los personajes, excepto Kagami, cuyos celos recrudecían hasta el extremo de interrumpir a Sasami cuando intentaba nombrar a Jou de manera más íntima. La chica desmotivada parece sorprendida o perdida, como si no pudiera captar el sentido de la propuesta de Edogawa. Kagami sí logra percibirlo y termina alejándose para aislarse. Como nunca antes había sentido esa clase de emociones, las encuentra incoherentes. Cuando algún amigo, familiar o pareja obtiene algún premio, lo normal es compartir su felicidad, excepto si aquel logro amenaza con sustituirnos y borrarnos de la vida de aquella persona. Este temor origina los celos de Kagami: piensa que está averiada y, ciertamente, descomponerse es una forma válida de describir la experiencia de los celos, como una ruptura de nuestro autoestima y nuestra confianza en nosotros mismos. Podemos hallar un lado positivo al problema: estas sensaciones solo aparecen cuando los sentimientos son poderosos. A Kagami le provoca abundantes lágrimas: llamar sus celos amicales seria ignorar tantas reacciones similares que no calificarían bajo ese título. La forma como Sasami la acoge también está repleta de fibras románticas, pues ocurre después que Edogawa considerara la posibilidad del enamoramiento, a lo cual se sumarían las escenas del capitulo anterior. Estábamos rodeados de estímulos para interpretar su abrazo con otras connotaciones, un abrazo recíproco, con lágrimas mutuas y un beso en la mejilla enfatizado por el encuadre. Aparte de una declaración de amor más amplia, la protagonista se alegra de haber lastimado a Kagami porque sus celos revelaban cuánto la quiere: es la escena más emotiva que estelarizó Sasami en toda la serie.

Edogawa no se quedaría muy atrás. Sin importar qué tenga entre las piernas, hace un magnífico dúo con nuestra heroína. Que nacieran en ella sentimientos románticos genera incluso menos dudas, debido a sus impulsivas suposiciones. Exige que Sasami la llame por teléfono como corresponde y termina molestándose porque la llamada prometida nunca llega, aunque ese ofrecimiento fuese una respuesta automática en una situación de urgencia. Estos no serían los únicos avances en materia de relaciones. Mii-chan y Ruza alcanzaron un punto extravagante de fetichismo sadomasoquista, pues el jefe de familia le pide a su sacerdotisa tratarlo como un perro. Sin la vigilancia rígida de Juju, su sexualidad pudo liberarse. Sorprende más la actitud de Mii-chan, pues contradice su apariencia de inofensiva miko. Su secreto acaba con la calma que gozaba su jefa en un hogar simple, alejada de las presiones del templo. Finalmente, tenemos a Tsurugi llamando “onii-chan” a Kamiomi bajo un escenario con fuegos artificiales. No suena como una simple mención casual porque no concuerda al tono emotivo que usa para pronunciar esa palabra. El árbol genealógico de la familia Tsukuyomi es complicado y posiblemente nunca aclaren todos sus detalles. Hasta entonces, continuará formando parte del resto de secretos de esta extraña familia.

Una respuesta

  1. /a/

    Amaterasu, Susanoo, Tsukuyomi, los 3 dioses, los 3 hermanos…. Kamiomi es de la familia Tsukuyomi, y Amaterasu le dice hermano.

    8 abril 2013 en 16:04

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