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Blossom – Cuando el anime te hace llorar

Todo tipo de arte apela a los sentidos. Mientras mayor sea el impacto sensorial sobre el individuo receptor, mayor será el resultado en términos de comercialización o recordación. La forma de conseguirlo, al igual que los efectos, varía de un polo al opuesto. Una pintura controversial puede causar indignación por su temática, una buena canción puede alegrar y animar a un deprimido, y una conmovedora película puede generar llanto hasta en el más rudo. Al ser un tipo de arte, el anime también tiene variados ejemplos de producciones que van un poquito más allá de lo convencional y generan emoción en los aficionados; y una de las emociones más difíciles de generar es la mencionada en el último ejemplo: series que hagan al espectador derramar unas lágrimas desde lo más hondo. Una de estas recientes muestras es el cortometraje “Blossom”, realizado en colaboración entre el director Yutaka Yamamoto y la banda Sigur Ròs. ¿Qué tiene de peculiar este video musical? Que en apenas cinco munutos y cuarenta y cuatro segundos logra impactar con una breve historia de coraje, valor, constancia y milagros.

Todos los aficionados hemos sido afectados de alguna manera por nuestras series favoritas. Dentro de nuestro género favorito nos hemos reído a mandíbula batiente con alguna dojikko, nos hemos indignado con el villano de turno y nos hemos enamorado de la tsundere o la osananajimi protagonista. En varias ocasiones las emociones nos han pegado fuerte, convenciéndonos de haber visto la mejor animación de nuestra vida. Muchas de las historias son conmovedoras, y cada quien tiene su escena o capitulo lacrimógeno favorito, pero son pocas series las que tienen ese ingrediente secreto que llega a afectar a toda una nación de aficionados, tocando nuestra fibra sensible a grado absoluto y moviéndonos al llanto. El ejemplo más notable de esta capacidad de conmover es, sin duda alguna, Clannad. Los que la vimos sin haber leído un resumen previo nos llevamos una impactante sorpresa a la mitad de la segunda temporada. Es imposible quedar impávido al ver el fallecimiento de Nagisa después de dar a luz a su primogénita, y las suplicas de Tomoya por despertarla terminan por rematar la escena más desgarradora del anime por antonomasia. Todavía hay algunos que evitamos escuchar el “Dango Daikazoku” por temor a ser descubiertos con los ojos aguados. Otros dignos ejemplos serían  Hotaru no Haka y AnoHana.

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El caso que nos ocupa es uno menos publicitado y mas “corto” en sentido literal, ya que es una animación específicamente creada como video musical para el tema “Hoppipolla” de los islandeses Sigur Rós. Este tema data del 2005 y ya fue usado en anteriores ocasiones como publicidad y banda sonora, pero, esta vez, es especial su uso en una campaña generada por el colectivo Zapuni a favor de los damnificados del tsunami y terremoto japonés del 2011. El propósito de este grupo es crear conciencia a favor de la gente afectada por el desastre y, juntando buenos animadores con músicos de calidad y renombre, invita a todo el que se sienta identificado a no olvidar a los desfavorecidos y colaborar con ellos. La temática del cortometraje es sencilla pero efectiva. Se inicia con una breve recreación de la desolación y desesperanza que embargó a los sobrevivientes del horror a través de los ojos llorosos de una niña mientras es reconfortada por un valiente pero resignado anciano. Luego de meterse al público en la bolsa, el video musical presenta el surrealista punto de vista de una joven ángel que observa la diaria labor del ojisan por devolverle la vida a su tierra devastada. Llama mucho la atención la exacta representación del característico y notable estoicismo japonés en la figura del viejo protagonista, que no pierde la calma y la cordura a pesar de ser testigo del horror y haber sufrido él mismo la pérdida de, materialmente, todo. Es como, si a la par de la fantasía del relato angelical, se expusiera la necesaria pero agotadora labor de reconstrucción que cada ciudadano debe asumir muy a pesar de no ver los resultados de inmediato. Al carecer de diálogos audibles, la lectura del relato se puede hacer desde distintos puntos de vista, permitiendo al espectador formularse una idea propia sobre la presentación, sea desde la óptica soñadora o realista. Dentro de todo, se brinda también un mensaje de esperanza al pueblo nipón, ya que, más que esperar un milagro, se invita a no cejar en su esfuerzo por resurgir, de recuperar lo perdido, de seguir luchando a pesar de haber sido derrotado, al mejor estilo de los samuráis de antaño.

Producciones como Blossom hacen surgir la pregunta acerca de cuál sería exactamente la clave para conmover al público. No necesariamente tienen que ser personajes entrañables, dramas devastadores o trágicas muertes. Quizás la única fórmula es hacer partícipe al espectador de la realidad presentada, esto es, involucrarlo en la ficción al punto que sea parte de ella, y se confundan los sentidos que disciernen y separan la realidad de la ficción para que esta se vuelva una realidad en la mente logrando su identificación con la historia presentada. Los que nos quedamos atónitos al ver las imágenes de la magnitud del desastre en el 2011 pudimos reconocer en Blossom esa angustia de hallarse en medio de la devastación, y el sueño de ver un día todo de vuelta a la normalidad, y ,más aun, contemplar un paraíso donde antes hubo desolación es suficiente para hacernos derramar lagrimas de emoción.

Al tratarse de un proyecto en actividad, esperamos que Zapuni siga sorprendiendo a la afición con esta extraordinaria mezcla de buena animación y excelente orquestación, sin dejar de lado, claro está, una narración conmovedora. El segundo video nacido de este proyecto combina el arte de David Byrne con la alucinante animación de UrumaDelvi dando vida al divertido musical infantil “Psychedelic Afternoon“, el cual cumple una vez más con el objetivo de llenar de esperanza los corazones de las víctimas del terremoto. Hace un buen tiempo comentábamos con algunos visitantes asiduos de esta página sobre nuestra preferencia por el próximo a extinguirse “anime con valores” y, con esta obra, es agradable ver que este “género” aún no ha desaparecido.

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Otros breves ejemplos de anime lacrimógeno:

On Your Mark (Studio Ghibli, 1995): en una línea muy parecida a Blossom, este cortometraje en forma de MV incluye explosiones y balaceras, agentes del orden, corrupción, un mundo post-apocaliptico, un ángel en cautiverio y su escape hacia un nuevo mundo; y no es Evangelion.

Kanojo To Kanojo No Neko (Makoto Shinkai, 2002): el genio de la animación tuvo su brillante debut con este corto en blanco y negro que comprime 4 capítulos en 4 minutos y 40 segundos.

Something About Us (Daft Punk y Leiji Matsumoto, 2001): dos gigantes se unen para crear una de las películas más descabelladas y geniales del anime en todo sentido. El quinto single extraído del “Discovery” presenta la escena más romántica y trágica del largometraje. Buenísimo.

Kimi Wa Tomodachi: una de las voces masculinas más sensuales del Japón (en opinión de la féminas, claro está) acompañó este sencillo con una bella historia de amistad sin fronteras. Si, con este video, no lloras, seguro no eres de este planeta.

¿Qué series te hicieron llorar? ¿Cual es tu escena lacrimógena favorita?

5 comentarios

  1. Leo

    El primer anime q me iso llorara a moco tendido fue Hotaru no Haka (no estuve preparado para tan duras escenas), el siguiente fue Kimiga Nozumo Eien (me sacaron lagrimas el accidente de Haruka y cuando deja libre a Takayuki en el ultimo episodio), otra es la q me parece fue el primer gran exito de Kyoanime Air (el episodio donde Mizusu y Haruko se abrasan en la playa).
    Y Clannad aqui tengo varias escenas, hay q ser muy masoquista para verla dos veces ( la muerte de Nagisa y Ushio y la escena q mas me toko fue la de Tomoya y Ushio en el campo de girasoles).
    Buena reseña me iso recordar porq me gusta y me gustara el anime.

    29 marzo 2013 en 00:07

  2. Pues concuerdo contigo Serious, en lo que mencionaste sobre Clannad, Hotaru no Haka y AnoHana… cada una de ellas me ha tocado duro en la fibra más sensible, y si, lloré a mares con las tres… Por mencionar otras series que me han generado “goteras en los ojos” son:

    Kanon : la primera, la más corta… el arco que me mató fue, sin duda el de Sawatari Makoto… la escena final de dicho arco, en la colina y su “boda”… desgarradoras.

    Air: El abrazo final entre una madre y su hija, y sobre todo, la sensación de “he dado todo y he pasado todo lo que tenía que pasar… ahora, me despido” fue algo que me hizo llorar mucho. La historia de Mizusu es sobrecogedora, su busqueda por algo que le fue negado sin que ella pudiera siquiera saberlo, y la lucha que da por quienes ama, me llegaron muy profundo en el alma

    Tokyo Magnitude 8.0: Yo, cuando comenzé a verla, lo hice con la esperanza de encontrar caos, destrucción y una serie oscura, que mostrara la peor cara del ser humano en tiempos de crisis (y si, quería ver rape o algo igual de fuerte)… pero me ofreció algo totalmente distinto. Y me gustó. El final no lo esperé venir, aunque cuando faltaban 2 capítulos algo me indicaba que la cosa “no iba a terminar bien”. La ví de corrido, y al terminar, como a las 5 de la madrugada, tuve que esperar media hora para no ir a dormir con los ojos empapados en lágrimas. Una serie poco publicitada, pero en mi opinión emotiva, un poco lenta si, y sorprendente.

    Kimagure Orange Road: Mi serie favorita de toda la vida, un clásico de los años ’80. Es un triángulo amoroso, de los buenos. Mucha emoción, romance, y sobre todo drama en la primera película. Aquí es donde la historia trata de mostrar que, en una situación así, todos los lados del triángulo pierden y sufren, algunos más que otros. Imposible no amar a los personajes, lo que hace que los hechos ocurridos en la película sean doblemente tristes y dolorosos.

    31 marzo 2013 en 00:12

    • De acuerdo con tu opinión, Kyousuke. Yo también me sentí conmovido con las series de Key/Kyoto, a las cuales, sumaría Angel Beats, en especial, cuando se revela la posible conexión entre Kanade y Otonashi y cuando Yui-nyan se “gradúa” después del conmovedor discurso de Hinata.

      Solo permíteme corregir un aspecto de tu comentario: el autor de esta excelente reseña no soy yo, sino Benjammmin, quien acaba de reincorporarse al blog.

      31 marzo 2013 en 18:21

      • @serious

        Gracias por corregirme, no me percaté de la autoría de la reseña…Y si bien me emocioné mucho con el final de Angel Beats (con ambos momentos que tu mencionaste), por alguna razón, como serie completa no me dejó la misma sensación que Clannad, Air o Kanon.Me quedó “al debe” en ese sentido. Es buena, tiene una historia interesante, proyectable… pero en el conmoverme, siento que faltó un poco.

        @benjammmin

        Muy buena reseña estimado!!! y si, ya tengo mis buenos años en el mundillo… 17 para ser exactos, empezé el año 1996, con Sailor Moon, y de ahi…no he parado hasta ahora jejeje!!!. Secret Base es una canción (Como My Soul, Your Beats) que me emociona mucho el oírla, y sumada a la serie hacen un complemento hermoso. Es grato ver, de vez en cuando, series que te muevan esa fibra sensible, y que demuestren que el animé es mucho más que pechos (enormes y abundantes), faldas cortas de lolis pettanko tsunderes, puñetazos, luchas, sudor, testosterona y GAR… hay sentimientos, y de los buenos

        2 abril 2013 en 08:25

  3. @Leo:
    Gracias por tu comentario. Me había olvidado de Kimi Ga Nozomu Eien; qué genial serie! sobre todo esa forma de exponer los dos primeros episodios a manera de precuela, y hasta sin opening. Mira que hasta había olvidado que en ese tiempo le hice un amv con música de Audioslave.. pero ese es otro tema. Gracias por hacérmelo recordar
    @Kyosuke:
    Con solo ver el trailer de la pelicula de AnoHana y escuchar “Secret Base” ya estoy llorando. Esa canción es parte de mi vida, sin exagerar. Snif. También da gusto encontrarse con gente que sigue el anime desde buen tiempo.

    Como detalle interesante: Prestando atención a otros sitios, por lo general los que comentan haber llorado con algun anime son (somos) del género masculino.

    1 abril 2013 en 20:40

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