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Sasami-san@Ganbaranai 8-9: Cuestión de Peso

Luego de la discordia y la guerra, viene la reconciliación. Piezas del pasado, desconocidas para algunos personajes, se revelan mostrando la faceta más humana de la causante del caos, quien accede a una forma de redención. No será del agrado de todos debido a la violencia que provocó hacia su familia en episodios recientes; sin embargo, los dioses, de acuerdo a tradiciones muy antiguas, suelen perdonar, así como padres e hijos exhiben un largo historial de discordia y aceptación. Al entrecruzar ambas vertientes, obtendremos un viaje de descubrimiento familiar. Todos merecen una segunda oportunidad, tal vez hasta una tercera y aceptar las decisiones tomadas en el pasado rechazando la posibilidad de cambiarlo. Kamiomi es adicto a su hermana, cuenta cada angustiosa hora que sufre sin realizar ninguna interacción con Sasami llegando al punto de manosear a alguna de sus estudiantes por confundirla con su imouto durante esta parodia de una crisis de abstinencia. Se nos alertó, desde el comienzo, de la decisión de Sasami de permanecer en su habitación hablando con sus peluches como si fueran su ejército. Sobraban razones para tomar esta decisión, pero podemos elegir algunas. La primera sería que, dados los sucesos provocados por el reciente arco, Sasami vuelve a su estado de desánimo para protegerse como ocurrió la primera vez que huyó del templo. Cualquiera fuese la razón, su encierro afectaba al mundo exterior y era deber de Kamiomi, Kagami y Tama actuar como sus guardianes y tomar una actitud al respecto. La ciudad donde sucedería la próxima batalla parece despoblada: es un recurso típico del estilo de Shaft. Se utiliza también, por ejemplo, en la franquicia -Monogatari. Esta técnica podría reflejar un nivel técnico modesto en obras que recién son adaptadas al formato de televisión y, en caso consiguieran una nueva temporada, ganaría el derecho a invertir en mayor despliegue visual. Por otro lado, este recurso tendría un significado más profundo: sugerir que los personajes principales son dueños de su propio mundo y será su misión, en esta serie, protegerlo.

Las batallas de Sasami-san@Ganbaranai demuestran una impresionante creatividad, por ejemplo, automóviles convirtiéndose en cañones, aunque esta imagen posee una semejanza con la última batalla de Walpurgis que libra Akemi Homura, en sentido que las armas surgen como si parte del vehículo. Sasami está perfectamente respaldada por sus poderes divinos y esta es una de las pocas veces en que los usa conscientemente (las transformaciones sucedían de manera inconsciente), más aún, es inusual que los emplee de forma tan ofensiva. Sus poderes divinos no deben ser demasiado destructivos, probablemente porque fueron heredados de una diosa creadora y, por ello, Sasami requiere de armas modernas para atacar a sus contrincantes. Crea un ejército a su alrededor elevándose como un enorme holograma e imponiéndose sobre toda la ciudad como una estatua. Su encierro se tornaba severo y la única capaz de darle pelea es Kagami: los poderes de Tama necesitan de mayor acercamiento y, contra este tipo de armas, serían inútiles. Además, Oniichan es apenas un humano quijotesco. La intención de Sasami era alejar a sus rescatistas: no requería de armas letales sino únicamente avergonzar a la principal, a Kagami, la única capacitada para volar mientras Tama y Kamiomi se desplomaban en caída libre. Usar cohetes con fórmulas especiales para consumir la ropa desnudando a la chica robot era la forma mas inofensiva y eficaz de alejarla por medio del pudor. Como presenciamos, solo funciona en ella ya que Tama se ofreció para ser “victima” porque es inocente, mientras que Kamiomi es un entrometido. Tsurugi realiza una entrada sorpresa y heroica, no esperaba su reaparición luego de avisar de su ausencia: Juju afirmaba que nadie podía regresar del infierno, pero esta prohibición resultó un obstáculo insignificante para la hermana mayor. Las reglas divinas que no debían romperse están siendo, una por una, destruidas quizá como señal de los nuevos tiempos, presagio que la propia protagonista aclara durante este arco.

Lo que Sasami trataba esconder fue que su repentino sobrepeso. Los personajes gorditos u obesos son escasos en el panorama general del anime: quizás apenas uno entre cincuenta, peor aún si hablamos de personajes femeninos, pues la base principal del moeness son los padrones de belleza, aún bastante conservadores. Una lástima que los autores no exploren el atractivo del moe mas rellenito. Sasami, particularmente, estaba mona porque su sobrepeso provocó que tuviera mejillas más grandes, acentuando su aspecto de niña llorona (las chicas son hermosas cuando hacen berrinches). Engordar es, todavía hoy, el temor más común entre las chicas y llegar a ese estado de forma de la noche a la mañana la llevó temer el desprecio de sus personas más cercanas. Sasami estaba equivocada: no son personas tan despreciables y, además, este situación alertaba acerca de un problema mayor que solo seria solucionado con una visita al pasado. Vemos a una Juju más diligente, badass y responsable con su deber. La acompaña la miko Mii-chan, cuya lealtad a este clan la lleva incluso a cuidar del decadente patriarca Ruza, quien se atravesaba un severo estado de desánimo. Solo tiene a la pequeña sacerdotisa de pelo verde para cubrir sus necesidades. Estos deberes la alejan de la diversión que tenía siendo compañera de Juju en sus mejores épocas, cuando se comportaba como una madre abnegada, pese a mostrarse inflexible. Manifestar sus afectos es considerado una debilidad, sin embargo, esta exigencia es mayor en la familia Tsukuyomi debido a que negar cualquier deseo personal es parte de su entrenamiento. Este escenario aparenta ser más acogedor gracias a las demostraciones de amor maternal de Juju. La posición de Kamiomi en esta familia es mucho más incierta: no cabe duda que Juju no era su madre, cuando lo denomina “un extraño”. No niega que sea hermano de Sasami, pero no por parte de madre. Tamamo no Mae es otra figura de la mitología japonesa, una mujer muy valorada por su belleza y sabiduría, cuya verdadera identidad era una kitsune, un zorro de seis colas. Aparece en la serie ocupando el cuerpo de un gólem y aclarando que pertenece a la sociedad de asesinos Arahabaki, un dios signo de tragedia y discordia. Su presencia genera confusión por un instante. Sasami observaba el pasado como si fuera una película, sin interactuar y, repentinamente, se encuentra en el cuerpo de su madre por causa de un intrincado plan de Tamamo. Cada autor tiene una interpretación particular acerca de cómo operan las paradojas del tiempo; por tanto, no cuestiono el plan de Tamamo, que, además, suena convincente. La familia Tsukuyomi nos causó una mala impresión por la tiranía que ejercen sobre sus propios miembros. Juzgándolo exclusivamente en sus efectos al resto de la humanidad, sus acciones son beneficiosas. Lo contrarios sucede con el clan Arahabaki, que ignora el nivel de poder, alto pero limitado, de Amaterasu. Romper el tabú de cambiar el pasado importa menos cuando varias reglas divinas están siendo quebradas, incluso por los “chicos buenos” como Tsurugi.

No fue necesario violar ningún tabú divino. El viaje en el tiempo servía para reconstruir la relación de madre e hija y ponerla en platos limpios. En parte, le sirve también a Tsurugi para cuestionar su decisión de haber abandonado su identidad de Amaterasu. La reconstrucción de la relación maternal se lleva a cabo presentando escenas de una Juju más humana, más imperfecta, aún cuando trata de mostrarse seria y inmutable. Seguramente, una escena de ella rompiendo el dibujo que su hija le hizo causa mucha rabia, pero termina convirtiéndose en un momento tragicomico al revelarnos que Juju lo enmendó para conservarlo. Su excusa se percibe como tsunderismo, similar en su apasionamiento para perseguir a Ruza. No esperaba que Sasami lograse convencer a su madre. Pese a carecer de la misma capacidad para utilizar sus poderes, debió obligarla a escuchar y ser más flexible. Sasami consigue usar ingeniosamente su estilo de vida desanimado como prueba de su confianza a los dioses. La modernidad los ha golpeado: su importancia disminuyó frente a la ciencia, un discurso que pretende igualar a los dioses. Todavía los humanos requieren apegarse a la idea de algo trascendente y cuando las situación se torna críticas, buscan creer que los dioses les ayudarán. Las mismas divinidades están invitadas a disfrutar de las comodidades humanas. Esto último se aplica a Tsurugi, quien reconsidera su decisión de abandonar sus funciones como Amaterasu. No haber delegado su responsabilidad hubiera cambiado toda la historia hasta el presente: se aplicaría la teoría del “efecto mariposa” que propugna que un cambio menor en el pasado transforma por completo el futuro y todo cuanto concierne: personas, recuerdos y lugares (como se expone en la serie Steins;Gate). Los individuos perderíamos mucho si sucediera una alteración de tales dimensiones. La decisión de Tsurugi no habrá sido perfecta; no obstante, nadie podría afirmar que si ella hubiese continuado desempeñando su labor, habríamos obtenido un resultado mejor. La lección es evitar esa clase de arrepentimientos. El plan de Tamamo falla en el instante que madre e hija no tienen por qué arrepentirse. El show nunca deja un detalle al azar: las heridas ocasionadas por Juju en el estómago de Sasami le permitieron a la matriarca introducir un seguro en caso de urgencias, lo que ocasionó la obesidad en su hija. Finalmente Sasami, da a luz a su propia madre, un simbolismo que requiere una profunda lectura partiendo del psicoanálisis.

Edogawa Jou, presidenta del consejo estudiantil y líder del clan de Arahabaki, se presenta como la nueva antagonista. Con un pelo de tres colores exuberante y llamativo, la acompaña una personificación moe de Tamamo no Mae. Probablemente, se trata de la misma entidad que peleó contra Juju pues se cumplen todos los rasgos a excepción de su actitud arrogante, pues, ante su líder, asume una postura prudente. Edogawa parecía acercarse a Sasami intentando engañarla con la excusa de ganar su amistad, pero Kamiomi no tarda en desenmascararla y lanzarle una advertencia, un gesto extraño en Paparin que incluso logra intimidarla. Sus verdaderas habilidades se mantienen ocultas. Anteriormente, mencioné el magnetismo de las protagonistas femeninas como Sasami, quien, de manera implícita, parece haber reunido un harem ante las numerosas afectivas que establece con otras mujer. Incluso con Edogawa, siendo una antagonista, el camino que conduce hacia una auténtica amistad parece el resultado más probable. Su atención estará concentrada en Sasami, de manera semejante a las chicas nuevas que se interesan por un héroe masculino para satisfacer sus deseos egoístas y sórdidos, pero acaban convirtiendo esos motivos en afecto al terminar su turno o ruta.

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