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Girls und Panzer 11. Pre-reseña

Después de tres meses en stand-by, la serie sensación del otoño devela su penúltimo capítulo… y parece como si fuera ayer cuando el equipo Hormiguero (las gamers, capitaneadas por Nekota) fue derribado a escasos minutos de iniciarse la batalla final contra Kuromorimine. La historia se mantiene fresca, no necesitamos recapitular los episodios anteriores: la receta infalible (lindas adolescentes involucradas en épicas secuencias de combate salpicadas de humor estudiantil y conmovedoras demostraciones de amistad) funciona cual mecanismo de relojería proporcionando veinte minutos de entretenimiento pleno. La administración del tiempo, el manejo del formato de televisión, constituye la mejor virtud narrativa de Girls und Panzer, mérito del director, pero también del encargado del storyboard pues ningún encuadre sobra ni falta y cada escena aporta al relato un matiz, un detalle, una información que enriquece al conjunto. Si cada episodio superaba al anterior en términos de diversión y espectacularidad, este capítulo confirma esa tendencia: un crescendo de emociones, los personajes explotando al máximo su carisma, un ajedrez de estrategias, una chispa de ternura y heroísmo, y -para colmo- un cliffhanger literalmente colosal, quizá el desafío más descomunal que deban enfrentar las valientes alumnas de Ooarai. Aunque perdieron un tanque apenas arrancado el match, Miporin no sucumbe a los nervios y ejecuta un inesperado plan de fuga descargando humo para nublar la percepción del enemigo y ganar tiempo gracias a la confusión. Erika ha enfocado su rivalidad contra Miho con excesiva vehemencia y apasionamiento, mientras las hermanas Nishizumi prefieren plantear su duelo fraterno de manera racional, intentando anticiparse al movimiento del contrario. El juego psicológico es fundamental: mantener la calma no significa actuar con frialdad ni suprimir los sentimientos, sino mostrar la capacidad de encontrar soluciones rápidas en escenarios de alta tensión. Sin embargo, Miho soporta una carga mental más pesada: capitanea a un “equipo chico”, sin experiencia, con bajo presupuesto, en desventaja numérica; le preocupa la seguridad de sus compañeras, quiere evitar accidentes; el futuro del colegio depende de lograr el campeonato; y encima, aunque no lo acepte, busca legitimarse como individuo frente a su familia. No podemos acusarla de jugar con mezquindad, “a la defensiva”: utiliza esta táctica de guerrillas (atrincherarse, atacar un rato, salir huyendo, esperar al contrincante y repetir el ciclo) porque lanzarse al choque sería imprudente. Además, ese ritmo de “aguante” requiere cohesión y trabajo colectivo, mucho compromiso: Miporin ejerce un liderazgo sentimental, levanta la moral del grupo, es ejemplo de coraje. No manda: inspira.

No publicábamos una pre-reseña desde 2010. A diferencia de otros artículos, como falta consultar la versión en fansub, solo apuntaremos algunos elementos destacables y trazaremos un conjunto de suposiciones. En algunas escenas, el diálogo es fundamental y, por desgracia, mi conocimiento del japonés no pasa del ” arigato, kawaii, desu”, por tanto, el análisis a profundidad queda pendiente hasta que Commie o Hiryu se manifiesten (de preferencia, el primero en versión “untermenschen”). Como acostumbran muchas series de anime, las finales son escenario de reencuentro, se reúne el elenco all stars por completo a presenciar y comentar el gran acontecimiento. Las amigas de Santa Gloriana continúan sazonando el encuentro con elegantes acotaciones. Orange Pekoe se muestra más entusiasmada (sin perder la cordura británica): la vemos apretar los puños y sonrojarse. Katyusha rebosa dulzura, montada encima de Nonna, celebrando que remolquen al Porsche Tiger y gritando de alegría hasta casi caerse. Fiel al american way of life, Kay se abastece de cocacola y palomitas de maíz en tamaño supersize me para sentirse dentro del cine. Si Gran Bretaña trae sus vajillas de porcelana adelantándose al tea time, las capitalistas de Saunders ponen el popcorn. Alyssa interviene brindándole unos segundos de respiro a la desfalleciente carrera como seiyuu de Aya Hirano (una lástima: su interpretación de loca descarriada durante el capítulo 6 resultó fenomenal). La única excluida del grupo de rivales es Anchovie (la “duce” del colegio Anzio): quizá no digirió con deportividad esa derrota en cuartos de final pues, según el manga, es orgullosa y temperamental, una dictadora furibunda que guarda rencor a quienes la contrarían. Atención que Girls und Panzer podría destronar a -Saki- como serie “masiva” en Saimoe 2013. Apuesto cartón por las garupan.

Miho se consagró como lideresa, comandante y heroína de acción. Me arrepiento no haberle concedido el Premio Serious&moe a mejor action girl en enero, pero si este episodio se hubiese emitido en diciembre, no cabía dudas. Es capaz de arriesgar su integridad física por ayudar a sus compañeras: se amarra la soga y salta entre tanques para salvar al equipo Conejo. Un gesto que -sospecho- tendrá repercusiones positivas en el próximo episodio, pues, aparte del equipo Anglerfish, las chicas del voley y el novato club de automovílistica, también sobrevivieron las kouhai de primero. Las pequeñas ADORAN a Miho: sacrificarían al novio por Nishizumi taichou. En otros matches, cayeron derrotadas rápido, pero con honor: eran el equipo fresa, las niñas de “rosado”, pero juraría que cobrarán su revancha y jugarán un papel trascendental si Ooarai gana la copa.

La Presidenta es épica. Lo demostró contra Pravda, también exhibió sus habilidades culinarias en la OVA del campamento: ahora, infunde el pánico paseándose entre las filas enemigas cual pericote mecánico. Aplausos también para Koyama, la mejor conductora del equipo luego de Mako. Sus maniobras osadas y veloces sacan de quicio al rival y permiten a Anzu ejecutar sus centelleantes ataques. El equipo Leopon se lució arreglando el tanque en plena marcha y destruyendo un puente. En realidad, todas las unidades alcanzaron su mejor performance, incluso las clones de Sodoko. La pobre Gomoyo parecía sufrir mientras conducía (las tres son interpretadas por Shiori Izawa, ¡en triple papel!, aunque suena lógico). Del lado de Kuromorimine, las exasperaciones y ademanes coléricos de Erika, aunque al principio generaban cierto temor, fueron degenerando hasta transformarse en pataletas cuando su tanque se deshace al corretear al batallón de Ooarai. Por desgracia, sus anónimas subordinadas deben tolerar esas rabietas sin chistar. Esa desunión emotiva se diferencia del ambiente de camaradería y solidaridad que Miho logró crear entre chicas tan diversas.

Maho y Miho tienen en común, además del apellido y la última sílaba del nombre (que significa “cañón”), unos hábitos de comportamiento en combate. Quizá la hermana menor no renunció por completo al estilo ancestral que aprendió de Shiho, su estricta madre, pero pretende añadirle un componente más flexible y humano: Erika lo califica de “herejía” porque la mayoría de artes marciales modernas del Japón se conciben como herederas del legado moral de épocas inmemoriales. Sus orígenes son míticos y proponen una visión filosófica e incluso teológica. Por tanto, el “conocimiento” del arte, transmitido de maestros a discípulos, tiene un carácter sagrado. Miho es revolucionaria, porque se rebela en silencio ante esa Verdad absoluta. Es subversiva porque “se atreve” a transformar ese saber. Sin embargo, aunque suena contradictorio, respeta sus orígenes, pues no conoce otra manera de planificar un combate. Maho y Miho son estrategas racionales, utilizan el cerebro antes de dejarse arrastrar por sus pasiones, utilizan los mapas, manejan la información, idean artimañas, manejan una multitud de recursos aparte de la simple fuerza bruta. Las diferencia un único matiz, tan elemental que provoca un cisma en su familia: los sentimientos. Para Maho, la racionalidad implica frialdad, absoluto dominio de la mente. Para Miho, no existe razón sin corazón: eliminar las emociones es imposible, aunque un comandante debe esforzarse por controlarlas para el bienestar del equipo. Por ello, solemos encontrar a la imouto en actitud reflexiva, sopesando las posibilidades con dramatismo.

Las hijas de Shiho conducen ambos tanques bandera. ¿Podemos adivinar el desenlace?: duelo cara a cara entre hermanas. No obstante, pareciera que, durante este episodio, se esfumó el tema familiar, quizá porque tanto Miho como Maho son capaces de concentrarse en su labor de comandancia de manera eficiente. Ninguna comenta o piensa acerca de la otra. Tampoco se escuchan las opiniones de su madre: el prestigio familiar pende del hilo más delgado, una victoria de Ooarai significaría reivindicar a la chica desheredada y restarle autoridad a su heredera legítima. Si perdieran contra Pravda u otra escuela renombrada, la derrota sería menos catastrófica, pero, además de desconocida y pobretona, Ooarai representa al peor “demonio”, pues la dirige una “renegada”, una “apóstata” recién expulsada del clan. En otras palabras, una tránsfuga. Si Kuromorimine pierde, se mermaría la reputación de Shiho como cabeza del Nishizumi-ryu, la sometería al escarnio, la máxima vergüenza. Ooarai ganará porque es necesario: el objetivo es salvar la escuela, atraer nuevas alumnas y conseguir financiamiento. De cumplirse este presagio, Shiho jamás le perdonaría esa victoria a su hija menor, dejando abierta una trama (la difícil reconciliación, ganarse el respeto de su madre), tarea pendiente para una hipotética segunda temporada. ¿Por qué no? No conozco las cifras exactas, pero en ventas de BD/DVD, los primeros dos lanzamientos de Girls und Panzer ha obtenido podio en los ránkings (tercer y segundo puestos). Quizá Actas haya encontrado su mina de oro. El estudio que “casi arruina Transformers” (TvTropes dixit) podría limpiar su enlodado nombre.

Para finalizar: ¡Vaya Maus! Yukari no sabía si rendirle pleitesía o maldecirlo. Espero que Miho resuelva esta encrucijada apelando a su ingenio y recurriendo a estrategias creativas. Si Shizuno Takakamo logró derrotar a Awai Oohoshi y clasificar a Achiga en primer lugar a la final del torneo nacional de mahjong, cualquier escenario surrealista y desesperado es factible. Según las reglas del Panzerfahren, para imponerse, no necesitan abatir al “tanque más grande de la Historia”: basta con atinarle al vehículo bandera. Ooarai ha perfeccionado su táctica de replegarse, huir, esconderse y atacar solo cuando se tenga completa ventaja: de Miho dependerá crear ese escenario evitando la intervención del Maus.

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