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Sasami-san@Ganbaranai 7: Las hijas de Lot

Las últimas adaptaciones de novelas ligeras realizadas por SHAFT (Denpa Onna to Otoko, la saga -Monogatari y Sasami-san) poseen un notorio elemento incestuosa. Sasami-san profundiza en estas relaciones como ninguna otra obra anterior del estudio, desactivando su aspecto fetichista en cuanto el relato se volvía más complejo y dramático. El esquema de parentesco se diversifica: tener un único vínculo es imposible, una madre puede ser también, al mismo tiempo, una tía o una medio hermana. Un nivel de cercanía tan intenso debería aumentar el grado de afecto y apego de los progenitores hacia sus descendientes. Este escenario no se aplica a la familia Tsukuyomi, pues la carencia afectiva acarrea momentos aterradores, como demostró Juju. Su actitud del capítulo anterior bastó y sobro para proyectar una mala impresión al público y, para colmo, el presente episodio la retrata como una terrible villana, un gran contraste con el rostro bondadoso que mostraba ante su hija cuando era niña. Aunque algo distante, rebosaba ternura. Sin proponérselo, se convirtió en la heroína de Sasami, su modelo a seguir con alegría. La insensibilidad de Juju parte el corazón. Ha quedado descolgada de cualquier signo de humanidad. Sin embargo, la historia de los Tsukuyomi no es el único drama familiar de la serie. Otra familia, más improvisada en sus “lazos sanguíneos”, experimentó un proceso inverso, según la narración de Tama, tiempos ocultos, fuera de nuestro alcance, pero accesibles mediante su relato.

Dos capítulos antes, Kagami nos había revelado un poco acerca de su pasado definiéndose como muñeca sin voluntad. Tama, por medio de su narración, mucho más cándida pero no menos entristecida, brinda otros detalles interesantes. Es difícil imaginar que Tsurugi ha atravesado un periodo de desánimo cuando siempre se presenta de manera tan radiante, aunque más increíble resulta que conocer a Sasami en su época de hikikomori trajera prosperidad a la vida de estas hermanas. Faltan más elementos de elementos de juicio pero es sencillo suponer que, al descubrir que existe una niña con semejantes poderes divinos peleando por conseguir su libertad y felicidad. este hallazgo fuese motivador e incentivara a ayudarla y divertirse con ella. Estas mejoras en el entorno familiar se intensificaron cuando pudieron relacionarse con Sasami directamente. Incluso una adolescente mimada puede traer felicidad a las personas de su entorno. Pese a conocer sus poderes de diosa, la inocencia de Tama pertenece a una chica de primaria: coloca una bolsa de hielo en la cabeza de Kagami, repitiendo lo hecho en el videojuego Yamanato Oroshi SS, esperando obtener los mismos resultados. Su lógica es errónea, pero comprensible y plagado de buenas intenciones. Le queda aún una tarea pesada, la cual solo puede llevar a cabo mientras llora, como una niña que se pierde de sus padres dando vueltas y regresando al mismo lugar. Su viaje es excéntrico: cruza desiertos y monta trenes. En estas circunstancias, Tama es la única hermana en posibilidades de ayudar a Sasami. No podemos culparla por su incapacidad para pelear ni pienso que Kagami realmente la cargue de reproches cuando despertó, pues apenas fue una reacción impulsiva. El tiempo corre y debemos asumir que Tama emprendió su viaje el mismo día que Sasami fue llevada de regreso al templo: solo permanecen unas ruinas, el escenario asemeja a un calabozo. Desprendida de cualquier sentimiento, Juju apenas trata a su hija como una herramienta que debe funcionar forzosamente. De poco sirve la voluntad de Sasami. Su plan inicial era detener el ataque de su madre, un recurso improvisado, producto de la emergencia. Ignoraba que su madre podría llevarla de vuelta en un instante. Negarse a convertirse en miko era su única defensa, argumento frágil frente a una oponente desprovista de sentimientos y que llega al extremo de  insertarle drogas directamente por su estomago. Esta escena violenta ni siquiera se acerca a la crueldad de forzarla a tener un hijo con su propio padre, repitiendo de forma malévola la historia de Lot y sus hijas. Este tipo de incesto es infame pues, en la enorme mayoría de casos, está vinculado con agresiones sexuales, pedofilia y sectas religiosas extremistas. Es una frontera que incluso pocos hentai se atreven a cruzar, menos aún si involucra descendencia. La repugnancia que sentimos ante esta clase de actos es instintiva. No llega a considerarse como una simple perversión con motivos morbosos o cómicos, sino algo peor: un crimen, una agresión, intentar destruir  a su hija. Para tener control sobre ella, antes debe dejarla hueca.

No creo que Sasami pidiera acostarse con su hermano: sabia que su onii-chan la salvaría pasando por encima de cualquier orden. Juju debió tener limitaciones al regresar a este mundo: miente sobre haber matado a Kamiomi porque está inhabilitada de hacerlo. No haber asesinado a uno de los principales aliados de su rehén es un grave error estratégico. Debe haber tenido un impedimento muy poderoso. Algunos de nosotros creímos que Kamiomi era uno de sus hijos porque la llama “Madre” durante el karaoke del capítulo anterior. Podría deberse quizá a su posición matriarcal, pues Juju misma deja dudas acerca del parentezco que los relaciona al calificar a Kamiomi de “Aniki”, es decir, “hermano mayor”, aclarando que tendría más edad que ella; en consecuencia, no podría ser su madre. De todas formas, Juju podría tener otros motivos para emplear esa palabra. Cuando las ramas familiares están conformadas por tanta descendencia incestuosa, se permiten denominaciones más amplias. Por ejemplo, resulta posible que Juju sea madre y media hermana de su propia hija, si acaso ella procreara con su propio padre (agregando que también sería su tía). El único hombre destacado de la familia Tsukiyomi aparte del onii-chan es Ruza, el padre de los hermanos. Quizá debido a eso, Juju lo ofreció a Sasami con tanta frialdad, sin parecerle extraño ni sádico. Aun cuando Juju ejerce con fortaleza su papel de villana, es apenas una persona contra todo el elenco superviviente. Las hermanas Yagami pelean juntas, incluso cuando están separadas. La espada de Tsurugi es enviada por Kagami para que Kamiomi aprovechara esa ocasión de lucirse, pero el personaje mantiene su función de relieve cómico incluso en sus momentos más geniales, a manera de Don Quijote, cuyos actos épicos resultan legítimos pese a presentarlos en tono de mofa. Sasami no recibe a su hermano mayor con los clásicos tópicos del reencuentro, sino asestándole una patada. Su llanto se escucha como el berrinche de una niña pequeña que recibió un susto. La derrota de Juju no podía limitarse al aspecto físico, sino también en lo ideológico. Sasami reafirma su derecho a gozar su libertad, a ser, ante todo, humana. A tener necesidades que cualquier dios arcaico negaría. Este término es adecuado pues la visión de Juju sobre las responsabilidades de una sacerdotisa revela un inflexible conservadurismo. Todos los episodios anteriores a este arco dejaban en claro que los dioses podían cuidar de la gente mientras disfrutan su vida entre los humanos. Sasami tiene, además, otro motivo para rehusarse: el estilo de vida que imponen los Tsukuyomi mató a su madre. No colaborará con esta familia para continuar el ciclo y perder lo que le resta.

Al igual que Kamiomi, el heroísmo de Tama está infundida de comedia. No realiza una entrada triunfal, sino llorando por haberse perdido, dejando de lado el “Yurusanai” típico de las heroínas de Precure. Según suspropias palabras, ella es apenas una estudiante de primaria que ignora cómo utilizar sus poderes. De lo contrario, hubiera podido transportarse de un sitio a otro sin necesidad de realizar un trayecto tan extenso. La superioridad de Ame no Murakamo queda demostrada al destruir a Ame no Habakiri. El ataque de Tsurugi con la espada legendaria no funcionó porque quizá no llegó a empleara de forma eficaz como hiciera Tama, aunque, sin su principal arma, Juju continuaba siendo un riesgo. Su derrota vino acompañada de gestos infantiles. Los golpes de Tama parecen los ademanes de una niña molesta y solo tienen efecto porque es una diosa joven capaz de devorar a otros: esto explica por qué, en anteriores combates, pronunciaba palabras referentes a la comida. Con su caída inminente, Juju comete la ironía de remarcarse como madre cuando su hija ayuda a vencerla. Tomar esa decisión debió dolerle mucho, pero su madre no era la misma persona que conoció, sino una mujer extraviada en su locura. Tsurugi añade, como siempre, su aporte al combate y ni siquiera la detendría el caer al infierno. Las reglas que impedían a los muertos regresar al mundo de los vivos han sido rotas y nada puede empeorarlo. De regreso a casa, Sasami vuelve a su estado desmotivado a manera de descanso. Por un momento, parecía que nada había sucedido y la rutina de comedia con su hermano continuaría por un instante antes de la llamada de Tsurugi y el encuentro del peluche que Sasami ganó gracias a su madre, ahora manchado de sangre y como único recuerdo de las últimas horas felices que pasó con Juju. La relación entre madre e hija ha sido trastornada con crueldad y violencia. Entre los varios precios que entraña la libertad está la obligación de sobrellevar el dolor. La historia de Sasami es una representación drástica de cómo algunos padres intentan imponer sus expectativas sobre sus hijos sin importarles cuánto los lastiman con sus exigencias. Cuando los hijos se rebelan en nombre de sus propios intereses, se cobran la revancha, sin embargo, esa lucha puede derivar en un gran rencor o la nostalgia de tiempos felices aunque fueran imperfectos. Esta emoción embarga a nuestra protagonista al final de esta jornada.

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