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Peces fuera del agua -Cuando las hikikomori abandonan su guarida-

Esta temporada, dos atractivas y carismáticas hikikomori abandonaron sus oscuras madrigueras tecnológicas, atreviéndose a emprender el arduo camino hacia la reintegración social. Aunque Himawari Shinomiya y Sasami Tsukuyomi provienen de series dispares en temática y estilo, ambas comparten una serie de características (lindura, ironía, inteligencia, inseguridad) que constituyen un nuevo arquetipo del moe, dirigido a embellecer o idealizar la imagen del “shut-in” bajo un manto de optimismo. En realidad, el fenómeno “hikikomori” representa un problema grave y complejo para la sociedad japonesa. La mayoría de lectores conoce este término y sus implicancias gracias al anime, el manga, algunas novelas ligeras o comentarios de foros, blogs o redes sociales, y quizá compartan ese concepto errado y prejuicioso de considerar este aislamiento producto del fanatismo de ciertos jóvenes por la cultura 2D. Según la mayoría de sociólogos y psicólogos especializados que estudiaron el tema, las verdaderas causas se encuentran lejos de internet o del televisor, sino en diversos factores de índole económica o cultural. El exacerbado culto al “éxito” se torna inhumano y opresivo. El sistema (desde la escuela hasta el entorno laboral) fomenta la competitividad e impone una desproporcionada carga de estrés sobre el individuo. Incluso quienes han logrado culminar una carrera deben enfrentar la posibilidad del fracaso, pues tras largos años de estudio, su esfuerzo académico suele caer en saco roto. Muchos adolescentes, pero también adultos, no toleran la presión del entorno: los invaden la frustración, el rencor, la sensación de desprestigio. Se produce una merma del ego, una devaluación de la imagen personal (el “yo”). Esta ruptura se manifiesta en forma de desconfianza, apatía, timidez, desinterés por la higiene, agorafobia e incluso conductas obsesivas y compulsivas. Para el análisis frío, constituyen un desperdicio de fuerza productiva. Sin embargo, es justamente la sociedad que insiste en denigrarlos y etiquetarlos la auténtica responsable de su desgracia. Si existe un vínculo entre fenómeno “hikikomori” y cultura 2D debe rastrearse en sentido contrario, es decir, preguntándonos qué buscan (y encuentran) estos individuos frente a una pantalla (como espectadores pasivos o jugadores activos). La respuesta es obvia: evasión, las ficciones les permiten huir del mundo. No obstante, el anime añade un matiz particular. Muchas series, tanto comedias o relatos de acción, exaltan la figura del marginal, del perdedor, del loser, del hombre plagado de defectos, el chico mala suerte, con pésimas notas y escaso talento. Son “héroes” imperfectos que logran cobrarse su revancha contra el sistema, burlarse de sus jerarquías absolutas y derrumbar los mitos del determinismo. Además, el anime ha tratado con tolerancia y simpatía al hikikomori, al NEET, al otaku. No pretende juzgarlos ni condenarlos, sino comprenderlos. En ocasiones, los presenta bajo un aura de admiración o heroísmo, a contracorriente de la opinión general. Son dignificados mientras el resto de la sociedad japonesa los estigmatiza y observa de lejos, con repulsión. Además, las chicas hikikomori, tiernas e inteligentes como Sasami o Himawari, ofrecen una versión más amable del fenómeno, atenuando mediante el melodrama sus aspectos más trágicos y transformándolo en fetiche u objeto de deseo, un rasgo “adorable” y “kawaii”.

Sin embargo, aunque el anime se dirige al hikikomori con actitud más benevolente, lo hace por compasión, no exaltando ni festejando el encierro. Tampoco se justifica el aislamiento en el plano social, sino individual, aduciendo razones psicológicas (traumas, desilusiones). Se plantea, en cambio, una utopía: la reincorporación del sujeto al “mundo exterior”. Utilizo esta expresión en lugar de “sociedad” porque, como apuntaba, los relatos de anime prefieren enfocarse en cuestiones personales, sentimentales (por ejemplo, ganar amigos, disfrutar las actividades al aire libre, mejorar su aspecto) y obvia toda crítica al modelo económico o cultural que produce esta enfermedad. Sin embargo, se ensaya un cuestionamiento al “entorno” que parece revelar ciertos atisbos de protesta contra un sistema hostil, que fomenta el egoísmo o destruye las libertades. Himawari fue víctima del bullying, pero también experimenta, además del repudio colectivo, la traición de su mejor amiga. Su experiencia “en sociedad” es desoladora: la escuela es escenario de una guerra de supervivencia, donde se promueven, con total impunidad, los peores actos de deslealtad. El pensamiento jerárquico impone el miedo e impide que brote la solidaridad. Para colmo, tampoco existe la justicia: los malhechores no reciben castigo porque el sufrimiento es traspasado a un inocente, un “chivo expiatorio” a quien todos abusan y humillan. Como muchos hikikomori, Himawari asume, con lógica fatalista, que esta situación nunca cambiará, siempre será así. Razones no le faltarían si ampliara su pesimismo al resto de la sociedad: las reglas implícitas son demasiado poderosas y perviven gracias al silencio. Sasami también huye del “mandato”: aunque esta imposición se manifieste en forma de responsabilidades familiares, mediante la religión (otro conjunto de leyes), sus implicancias alcanzan una dimensión opresiva. La muchacha, heredera del poder divino de Amaterasu (la diosa fundadora del Estado japonés), es sometida al régimen represivo más cruel y asfixiante, destinado a anular su individualidad, drogándola para apagar su voluntad (porque, para todo sistema autoritario, el deseo es subversivo) y recluyéndola del “mundo real”, del avance tecnológico, los medios de comunicación, las fuentes de entretenimiento. Sasami vive alejada del mundanal ruido, pero también de las condiciones del hombre contemporáneo. Su entorno permanece en la edad mítica, el tiempo legendario, las épocas del Konjiki o Nihonshoki, cuando el universo estaba poblado por miríadas de dioses. Escaparse de casa, conocer internet y, aunque suene paradójico, convertirse en hikikomori, fueron etapas en su camino de liberación. Decidirse a abandonar el confinamiento depende, según del anime, de un acto mental de sustitución. El enfermo desconfía del contacto con otros seres humanos porque sus vivencias traumáticas del pasado le enseñaron la receta más fácil para defenderse por adelantado de sus potenciales enemigos: nunca enfrentarlos, sino esconderse y replegarse. La “terapia” de recuperación consiste en convencerlo con argumentos y pruebas de su errado razonamiento. Akane le demuestra a Himawari que además de traidores y pusilánimes, también existen personas honestas, solidarias, que cumplen su palabra y ofrecen sin hipocresías una auténtica amistad. Las hermanas Yagami, pese a comenzar actuando como trolls e invadiendo el espacio personal de Sasami-san, le muestran cierta empatía, una ventana abierta hacia la comprensión, que permite romper la barrera de desconfianza y tomar valor para disfrutar esa vida “tranquila” y “normal” que tanto anhela. Ese paso fundamental hacia la redención se concreta cuando Himawari asume su identidad heroica y acepta fusionarse con Akane para formar a Vivid Yellow. Transformarse en guerrera le ayuda a integrarse a un grupo de amigas, aunque la rutina de acudir al colegio en lugar de seguir las clases por cámara todavía le causa modorra. Sasami-san adquiere conciencia real del poder que detenta y debe administrar con sabiduría. Regresa a la escuela y, aunque le cuesta socializar, consigue su primera amiga, la áspera y dormilona Kagami, otro sujeto extravagante, una cyborg con chispas de poder divino y hábitos de adolescente caprichosa. Para finalizar, un último punto en común que hermana a ambas hikikomori de invierno: la salida del escondrijo revela una sensualidad oculta entre holgadas pijamas, habitaciones lúgubres y caóticas, montículos de cajas de pizza delivery y completo desdén por sujetar un peine. Himawari exhibió durante el episodio playero sus armas más contundentes y, aunque pierde en estatura, le gana al resto del elenco por varios centímetros en todas las demás medidas. Sasami es menos exuberante, pero retornar al colegio ha incrementado su encanto natural, sin necesidad de fashion emergencies ni revoluciones cosméticas. No obstante, pese al cambio radical que significa dejar atrás su antiguo estilo de vida, las chicas no perdieron su esencia. Siguen teniendo un tono algo ácido o cortante, típico de quienes todavía no aprenden a relacionarse, o cierta dosis de apatía (ganbaranai es traducido como “unmotivated” o “desmotivada”) producto del pesimismo que caracteriza al hikikomori.

P.D. Himawari (4) y Sasami (25) en el top 25 de personajes favoritos de invierno 2013.

¿Cuál es tu hikikomori preferida de esta temporada de invierno? ¿Recuerdas otros personajes de anime que padecen la misma fobia? ¿Crees que existe una relación intrínseca entre este fenómeno y la cultura 2D japonesa (videojuegos, anime, 2ch)?

3 comentarios

  1. Leo

    En belleza fisica mi favorita es Himawari, en segundo tendria a Sasami y en tercero a Frau de Robotic Notes, yo conoci sobre este problema social gracias ala serie NHK la cual me tomo algunos capitulos entenderla por la total ignorancia sobre el estilo de vida de estos personajes, al indagar un poco sobre los hikikomori uno ve que su relacion con el anime y los videojuegos va muy unida (como explicaste para escapar del mundo real), referencias hay muchas en el mundo del anime (Jun de Rozen Maiden, Alice, Kiri Komori, Takumi de Chaos Head, etc.) pero tambien lo hay por aca en occidente, hay un episodio de South Park donde el gordo se interna tanto en los juegos en linea q cambia totalmente, esto tambien hace referencia q este ya no es solo un problema en Japon.

    24 febrero 2013 en 00:34

  2. Rosalind

    Me sentí completamente identificada. Me gsutó bastante, ben trabajo.
    PD: Himawari, ¡por mucho!

    25 febrero 2013 en 00:07

  3. M

    himawari es un personaje que me sorprendio bastante, a pesar de que vividred operation tiene 7 capitulos recien, senti que ese personaje ella en particular, pudo haber sido un poquitin mejor trabajada en sacarla de su aislamiento (narrandolo quiza en 3 capitulos), por lo demas (a pesar de ser masho) me identifico bastante con ella. quiza no se cuantos capitulos tendra vividred OP, este personaje de que hablar.

    1 marzo 2013 en 01:45

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