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Sasami-san@Ganbaranai 5: Dear my Friend

Para la mayoría de nosotros hacer amigos es tan natural que no pensamos mucho en los requisitos ni cuándo se forja la amistad. Acompañar a Sasami nos brinda un papel en blanco para analizar el surgimiento de una amistad, en especial cuando la protagonista carece de experiencia alguna en relacionarse con la gente y se dispone en obtenerla como parte de su reintegracción social (y, ante todo escolar). Desde sus épocas de sacerdotisa, su contacto con el resto de personas era limitado, mermando sus habilidades básicas para integrarse. Incluso como hikikomori, tuvo acceso a la información necesaria y pudo aprender al menos los pasos básicos para aplicarlos aunque fuera de forma torpe y casi como si leyera un manual. La elección de Kagami es fácil de explicar. La hermana robótica es quien conoce mejor su situación. Dejando de lado ese aspecto, ambas acuden a la misma clase en la escuela y tienen la misma edad. Tsurugi es la hermana Yagami con quien Sasami-san dialoga con mayor frecuencia, pero cumple el rol de maestra, una relación que normalmente implica sumisión de los alumnos al docente, aún cuando el profesor es una persona liberal y espontánea como ella. En cambio, una amistad en condiciones óptimas requiere igualdad y sensación de confianza. Sasami y Kagami se vuelven amigas en el momento que la chica robot acepta su petición. Una declaración oficial de amistad basta para considerar a una persona como amiga nuestra, al menos al comienzo. Por ejemplo, en Little Busters!, esta formalización es mucho más amplia, pues al instante que un nuevo integrante se une al equipo, todos los demás miembros se vuelven automáticamente sus amigos y viceversa. Muchas veces, no necesitamos de tales formalismos: es frecuente que cierto personaje se considere amigo de otro aunque este no lo sepa, una situación habitual en las series infantiles con finalidades educativas. Un ejemplo más juvenil, disponible esta temporada, podemos observarlo en Kotoura-san, donde el protagonista Manabe ya se consideraba amigo de la complicada protagonista por pasar tiempo juntos, aún contra la resistencia de Haruka y pese a ser ambos polos opuestos.

Para que una amistad se estableszca sólidamente requiere que ambas partes compartan tiempo dedicado a sastifacer sus necesidades emocionales de forma recíproca: almorzar, ir al baño juntas o acompañarse de regreso a casa, entre otros hábitos, parecen cosas banales, pero, en su contexto, indican el grado de proximidad que han adquirido dos personas. Conseguir que una chica dormilona como Kagami se levante para cumplirle el favor de hacerle compañía es suficiente logro para Sasami-san, pues ambas chicas son principiantes en el tema. Antes, solo tenían a sus respectivas familias como únicas relaciones humanas disponibles. Según Kagami, ella no necesita nutrirse porque es un robot; sin embargo, el capítulo anterior, la vimos tomando una botella de leche y usando la misma lógica, quizá tampoco necesite dormir, aunque sospecho que echarse sobre su almohada sería su “hobby” e ingiere alimentos solamente por mero gusto.

La visita a la cafetería nos depara un momento de comedia: una competencia de glotones donde los últimos sobrevivientes eran Tsurugi y Kamiomi. Nunca subestimemos a un onii-chan perseverante, que incluso pudo ofrecerle competencia y luchar a la par contra una diosa. Con su poder, Tsurugi podía conseguir toda la comida que deseara, pero prefiere jugársela por las leyes de la diversión. Acepta las reglas humanas para hacerse la vida más entretenida.

Las amistades establecen una dualidad: un amigo compensa las cualidades de otro. Por tanto, los amigos con gustos diferentes son tan comunes como los amigos con gustos similares. El caso de Sasami y Kagami imita el tipo de amistad común en las comedias, del amigo pegajoso y del amigo antisocial difícil de tratar. El primero parece más necesitado de afecto; no obstante, a la larga, el segundo resulta más beneficiado, ya que, bajo la superficie huraña, sufre de mayores carencias emocionales. Que una persona logre atravesar su gruesa cáscara y permanezca a su lado es suficiente mérito. Igualmente, se imita la relación del amigo humano y el robot, que sirve al segundo para ampliar su aprendizaje sobre la Humanidad. El caso de Kagami no es tan radical, ni tampoco le faltan demasiados rasgos humanos. Sobra recordar que ella es, en parte, humana, pues la crearon de un pedazo del cuerpo de Tsurugi. Sin embargo, todavía le falta mucho por progresar en aspectos emocionales, como Sasami reflexiona más tarde con su hermano Kamiomi. A medida que nuestra protagonista se torna más independiente, disminuye la cantidad de funciones que debe cumplir su onii-chan. Tal vez mantenga ciertos hábitos inmutables como que Kamiomi le sirva la comida en la boca o bañarse juntos, porque son expresiones de intimidad. Por otro lado, mientras el círculo social de Sasami aumente, pensará menos tiempo en su hermano, un riesgo para los privilegios del onii-chan, ahora restringido a la función de oyente.

Cuando la amistad entre personas del mismo sexo es tan central -aunque sea por un episodio- resultan inevitables los tonos homoeróticos, especialmente en la amistad entre mujeres, que tiende a alcanzar grados más altos de afecto mezclándose con situaciones similares a las románticas. Incluso diría que parece necesario para agregarle a esos momentos un matiz más enternecedor. Cuando la protagonista es una figura central, alrededor de la cual giran sus personas más cercanas, tiene un poder de fascinación que atrae a sujetos del mismo sexo sugiriendo una bisexualidad implícita o subtextual para demostrar la versatilidad del personaje en el terreno afectivo. Sucede también con héroes masculinos, aunque con menos frecuencia (algunos shounen, por ejemplo). Sasami sufre la indiferencia de su aparente única amiga. La parte mecánica de Kagami revela también su faceta más cortante e insensible, pisoteando los sentimientos de la antigua hikikomori y aparentando que sus avances le incomodaban. Presenciar esa escena es doloroso: la chica robot destroza con crueldad las ilusiones de Sasami cuando le recuerda que solo son “amigas del colegio” como una restricción impuesta por la propia protagonista, que cometió un descuido cuando hizo su petición (lo ignoró enseguida, confundida por la felicidad que sentía). Esta denominación de “amigos del colegio” es frecuente entre estudiantes, pues, en la mayoría de casos, los compañeros de clase viven en barrios distantes y, en consecuencia, la escuela se convierte en el único punto de encuentro. Con Sasami y Kagami, el contexto es distinto: aunque todavía no se muestra en escena la casa de la familia Yagami, su contacto con Sasami-san es inevitable, dadas las circunstancias. El conflicto se asemeja a una ruptura de pareja, empezando por cómo Kagami rechaza la invitación de ver una película juntas (“Best Friends”, otra alusión a las historias de amistades románticas). Enseguida, Sasami experimenta un shock cuando observa a la chica robótica reunirse con otro grupo de alumnas llamándolas “amigas”, como si presenciara una traición. La protagonista se sienta a llorar por su corazón partido y nadie más atraviesa sus pensamientos, ni siquiera su amado onii-chan. El consuelo llega, de sorpresa, a través de Tama, la hermana menor del trío, quien le otorga el sobrenombre de “Mamarin”. El poder de Amaterasu eleva a Sasami al rango de “Madre” de todos los dioses, razón suficiente para utilizar el apelativo “Mamá”. La mentalidad infantil de Tama le permite tomar las cosas más a la ligera. Sasami consigue tranquilizarse jugando con ella e incluso le pide consejo para hacer amigos, pues encuentra a Tama rodeada de chiquillos. Aunque solicitar las recomendaciones de una niña de nueve años parezca humillante, nunca debemos menospreciar la astucia de los pequeños, por más sencillo que luzca su razonamiento.

Tama nos describe el otro lado de la moneda. Kagami sí considera a Sasami su amiga. Una adolescente solo comenta con su familia acerca de otra persona cuando esta realmente le importa. Además, le añade detalles que nosotros, como espectadores, no llegamos a presenciar, dejándole claro a Mamarin que compartían un auténtico vínculo, quizás todavía inmaduro, pero en proceso de crecimiento. La plática con Tama cierra un círculo de interacción: antes, Tsurugi era la única hermana Yagami que sostenía un diálogo legítimo con Sasami, compartiendo reproches, como ocurrió en el segundo capítulo, pero también emociones y sentimientos. Este episodio agrega otro elemento inédito: Kagami es el segundo personaje en toda la serie de quien podemos escuchar sus pensamientos, todos referidos a Sasami-san. Esta amistad “parcial” la motivó a enfrentarse en solitario contra los dioses perjudiciales. Adquiere sentido su actitud de alejarse de Sasami como medida de protección, buscando cumplir sus deseos. Las maldades de los dioses de la Miríada se esconden bajo la apariencia de gags humorísticos. Hasta que Kagami aparece malherida debajo de un poste, no podía sospecharse la intervención del resto de deidades. Como mencionaba Tsurugi durante el capítulo anterior, Sasami siempre mantiene sus poderes al mínimo por temor a lastimar a otros, mientras los dioses continúan causando contratiempos. Todavía no utiliza sus habilidades divinas con fines ofensivos, como casi lo usa Sarcoma, pues evitar batallas debe ser un requisito para mantenerse en nivel mínimo, dejando las labores de combate en manos de las hermanas y, sin duda, la mejor entre ellas es Kagami, dado su arsenal infinito, con alusiones a Gundam de por medio.

La reconciliación ocurre entre abrazos, lágrimas, empujones y torpes quejas. Finalmente Kagami, no puede seguir rehusando el afecto persistente de Sasami. Los robots que desean ser humanos heredaron el síndrome de Pinocho. Sin embargo, no perciben aquello que Sasami le aclara a Kagami: su calidez la vuelve muy humana. En otros episodios la vimos sonriendo o manifestando cierta alegría, pero le faltaba percibir su humanidad. El crecimiento de Sasami es impresionante. Ha pasado de muchacha antipática a chica sensible, capaz de llorar abrazando a su amiga. No obstante, para alcanzar estos resultados, necesitó algunos meses antes de animarse a dar los primeros pasos. A modo de cierre, como comentario final, me pregunto si tendremos un ending con la versión completa de la canción o se lanzarán versiones distintas del karaoke con la participación de los diferentes personajes. Esta semana, demostrando haber sellado su amistad, Kagami y Sasami cantan juntas una estrofa del tema.

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