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Boku wa Tomodachi ga Sukunai 3: Pero sigo siendo el Rey…

Las imouto son figuras imprescindibles del repertorio moe. Aunque el vocablo japonés se traduzca al español como “hermana menor”, al integrarse al vocabulario del anime, el término adquiere otro significado que trasciende la mera relación de parentezco. Quizá parezca enredado, pero trataré de explicarlo de manera simple: debemos diferenciar entre “hermana menor” (concepto que implica un vínculo familiar) y el arquetipo “imouto” (un fetiche, una manifestación del objeto de deseo). No basta con tener hermanos mayores. En realidad, la “hermandad” también es un concepto bastante ambiguo en anime: para establecer una relación “imouto+onii-chan/onee-chan” no se necesita un nexo de sangre. Puede tratarse de hermanastros, hijos de otras relaciones o hermanos por adopción. Incluso existe una forma artificial de “hermandad”: un sujeto de mayor edad asume el papel simbólico de “hermano mayor” (con todos sus beneficios y responsabilidades) frente a otro individuo que decide “acogerse” bajo su protección. Los hábitos lingüísticos refuerzan esta ambigüedad, pues incluso la palabra “onii-san” puede emplearse sin alusión alguna al vínculo de “hermandad” (sea real o metafórico), por ejemplo, cuando una niña o adolescente se dirige a un hombre joven, una manera informal de mostrarle respeto. Yukimura utiliza la palabra “aniki” para referirse a Kodaka, imitando la jerga de la yakuza, quizá porque la mafia es también un contexto jerárquico que imita la estructura vertical de las relaciones familiares tradicionales. Kobato emplea el término “onii-chan” en su acepción original con entero y legítimo derecho (pues es la auténtica hermana menor del protagonista). Kate suele usarlo en tono paródico y provocador, consciente del intrínseco sentido fetichista. Sin embargo, cuando Maria lo pronuncia, su significado es impreciso, dudoso: ¿apela al sentido neutro (como simple apelativo para referirse a un chico mayor)?, ¿o intenta proponerle a Kodaka que la “adopte” como una especie de imouto postiza?

Para interpretar el fetiche imouto, no propongo basarnos en la precisión léxica, sino valorar su ambigüedad, pues esta indefinición favorece a la construcción del objeto de deseo. Se desliza una velada insinuación de incesto, que incrementa el valor transgresor, un ingrediente primordial de lo erótico. En muchas comedias románticas de anime, la relación entre hermanos adolescentes imita o parodia la rutina marital, incluyendo las escenas de celos. Este grado de intimidad tan profunda no implica romances prohibidos ni anhelos pecaminosos, sino un flujo de emociones más espontáneo y sincero, una complicidad. Por tanto, aunque el factor incestuoso   le añade un toque de picante, no explica las verdaderas causas del fenómeno, su encanto irresistible. Otro argumento erróneo consiste en atribuir la popularidad del arquetipo imouto al supuesto lolitismo (o pedofilia) del otaku decadente, consumidor compulsivo de series harem. En efecto, la escena de Maria corriendo desnuda por el pasillo o jugando en la ducha no ayudan a contrarrestar esta acusación, pero si generalizarámos a partir de casos individuales, incurriríamos en el absurdo de acusar a todos los fanáticos de Boku wa Tomodachi de potenciales pedobears. Dejemos esa clase de tesis a otros blogs expertos en practicar el rage y concentrémonos, en cambio, en analizar un aspecto trascendental que caracteriza a la enorme mayoría del público objetivo de Haganai: su género. La serie busca complacer los apetitos masculinos, asume el enfoque preferencial del varón y adopta una perspectiva patriarcal. La estructura de harén (un único hombre rodeado de mujeres bellas) posee un indudable matiz sexista. Aunque las chicas toman la iniciativa en diversos frentes (incluido el amoroso), su conducta caprichosa se amolda para ganarse la simpatía y monopolizar la mirada del héroe. Los eventos emotivos y calenturientos giran alrededor del placer masculino: las muchachas se subordinan a esa lógica donde el galán ocupa la posición central (¡y luchan por capturar su atención!). Como sabemos, las sociedades patriarcales se fundan sobre una concepción jerárquica del sexo. La típica imouto ideal refuerza esta sensación de poder. Aunque aparenten ser fuertes y orgullosas, en realidad, son chiquillas indefensas que inspiran al espectador las ganas de protegerlas y proveerles de cariño, de mimarlas y engreírlas como mascotas; en conclusión, deben ser sujetos subordinados. Si pueden valerse solas, carecen de encanto. Maria es linda porque necesita de alguien, un chico bondadoso que le mande a bañarse, le preste su pijama y le limpie los dientes. Kobato eleva sus puntos de lindura hasta la estratósfera cuando corre a refugiarse detrás de su An-chan.

La ternura sugiere mansedumbre y dependencia, características vinculadas al deseo de dominio: el hombre se satisface al detentar el control y Kodaka ha aprendido a mantener el pelotón a raya dejando a cada loca seguir su rollo mientras no se agredan en exceso. Entonces, le toca portarse “como hombre” (Yukimura dixit) y actuar con justicia salomónica. Parte de la épica sexual del varón consiste en imaginarse ejerciendo la función de “paladín” que rescata “damiselas”. Kobato, como muchas chuunibyou, se ampara en un discurso grandilocuente acerca de temas “oscuros” y “místicos” para fingir que actúa con madurez, atribuyéndose con pedantería cierta superioridad intelectual. Es imagen es frágil, su versión loli goth con heterocromia es apenas una fachada, un juego, un alter ego ilusorio o, mejor dicho, “delusivo” porque habita en sus delirios ficticios. Esas ilusiones le permiten maquillar su realidad, transformando a si onii-chan en sirviente, al jugo de uvas en sangre fresca, la cena en ofrendas. Kobato-chan nunca cocina ni realiza las tareas de casa, pero cuando su hermano ordena, la puesta en escena se suspende, el “personaje vampiro” se desmorona, le cambia el tono de voz y queda una chiquilla obediente, inepta para las tareas domésticas, acomplejada con su busto, demasiado brusca para socializar; en resumen, dependiente de Kodaka, quien se preocupa por protegerla, cocinarle y educarla en buenos modales. El rubio merece un premio al mejor onii-chan y quizá Maria, pese a su infinita ingenuidad, haya percibido de inmediato el talento innato del falso “yankee” del salón para lidiar con niñas malcriadas y ponerles límites sin mostrarse severo.

Mis respetos por Kodaka, un caballero a carta cabal. No elude los desafíos, sea quitarse la camisa o darle alojamiento a una novicia rebelde. La invasión de Maria desató una guerra de “hermanas” en casa de la familia Hasegawa. Las imouto son una especie territorial: detestan la presencia de cualquier advenediza que intente tomar por asalto su espacio privado y arrebatarles su supremacía hogareña. Un metro a la redonda de onii-chan también se considera su propiedad y nadie traspasa esos linderos sin antes pedirle permiso. Aunque Kobato se opone con terquedad al embate del enemigo, no logra impedir su infiltración. Su némesis, su archirival, su adversaria mortal ha conseguido colarse en su guarida. De nada le servirá quejarse porque Kodaka se conduce según las reglas del hermano mayor, es decir, el sentido común. La única estrategia válida para contener el embate de dulzura e idiotez de Maria es competir contra la secuaz de la Iglesia. Compiten en diversas disciplinas non sanctas que incluyen la carrera de glotones, un videojuego de peleas y la medida de busto. En empacharse, empatan, aunque Kobato había tomado la delantera aprovechando que la piedad religiosa de Maria le robaría valiosos segundos en oración. La monja equilibró la balanza incrementando su velocidad de masticación, pero, inmersas en el fragor del combate gourmet, ambas olvidaron el motivo de su lucha y acabaron anotándose un autogol pues dejaron a Kodaka hambriento (ni siquiera perdonaron los vegetales). La autoproclamada Reisys vi Felicity Sumeragi sacó ventaja de sus habilidades gamer para humillar a la diminuta religiosa, aunque la niña prodigio jamás se percató del maligno propósito de su adversaria y, pese a recibir una soberana pateadura, disfrutó sujetar el mando. Ambas “hermanas menores” representan posiciones antagónicas. Kobato aparenta comportarse con inteligencia y emplea un vocabulario rebuscado, se identifica con personajes macabros, le fascina lo siniestro, pero le cuesta comunicar con honestidad sus sentimientos cuando queda descolocada. En cambio, Maria es sincera y poco cuidadosa al hablar, es torpe, crédula y bastante estúpida (aunque, en cuestiones académicas, es considerada una genio), no mide sus groserías ni tampoco conoce la vergüenza; además, está vinculada a la religión, el camino de santidad, una institución opuesta a los vampiros, demonios, brujerías y demás temas lúgubres.

Esta recurso narrativo que consiste en formar núcleos binarios compuestos por dos personajes opuestos y complementarios es un tipo de geminación o esquema dual, una fórmula habitual en las comedias románticas. Las hostilidades son resultado obvio de la incompatibilidad de caracteres, por tanto, el modelo es dinámico y depende de cómo dialoguen, discutan, se insulten o se combatan mutuamente las chicas implicadas. Aparte del duelo de imouto, en Boku wa Tomodachi presenciamos una dura e incesante pelea de bitches entre Yozora y Sena, cuya enemistad configura el triángulo amoroso central. Sin embargo, tras este episodio, no dudaría en plantear una hipótesis más arriesgada: ¿la estructura de personajes de Haganai fue diseñada siguiendo un patrón dual de oposiciones? Kobato es antítesis de Maria y forman el dueto de hermanas menores, Yozora y Sena son figuras antagónicas y conforman un dúo de pretendientes románticas. Nos quedan, al centro, l@s estudiantes de primer grado: Rika y Yukimura. Aunque amb@s no contienden y casi nunca conversan, al contrastar sus perfiles, notamos una serie de contraposiciones simbólicas. Por ejemplo, Rika es pervertida, no oculta sus manías y manifiesta sin embarazo sus indecencias. Yukimura destaca por su timidez y serenidad: su aspiración es honorable aunque ridícula, busca comportarse con corrección y moralidad. Mientras la científica loca no llama la atención pues su apariencia es llana, la mucama ¿crossdress? destaca por su atuendo de maid. Amb@s poseen conocimientos sorprendentes, Rika en ciencias y Yukimura en historia japonesa.

El “juego del rey” pone en escena las tensiones fruto de un triángulo mantenido todavía a nivel subterráneo, sin declaración formal de guerra. Suena paradójico, pues Yozora y Sena vienen ofendiéndose, importunándose y agraviándose desde el primer episodio, pero motivadas por razones diferentes (la antipatía natural que despiertan mutuamente). Ninguna ha manifestado su notorio interés por Kodaka y, salvo acciones aisladas, la lucha de egos todavía no se transforma por completo en conflicto romántico. Rubia y morena combaten por demostrar quién es más abusiva y desconsiderada, valiéndose de trampas o proponiendo castigos humillantes que rebasan el margen de tolerancia. Un juego tan dictatorial les sienta de maravillas para desplegar su malignidad. Sin embargo, su propósito primordial no sería conquistar a Kodaka, sino cultivar su caprichosa amistad a base de afrentas: el tema sentimental va emergiendo con naturalidad a medida que avanza el juego pues su objetivo es someter a otros a realizar acciones vergonzosas y exhibirse brevemente al escarnio público. También es una ocasión propicia para coquetear o fomentar el contacto sensorial: las órdenes del “rey” son incuestionables, su víctima debe cumplir sus designios sin importar cuán indecentes o bochornosos sean sus mandatos y esa licencia tan amplia permite rondar por terrenos picantes. El juego se alimenta del morbo, la expectación, pero, en especial, del placer, del ego. Yozora ha intentado aproximarse a Kodaka empleando estrategias subrepticias, con métodos indirectos; mientras que Sena ha empleado los “contactos” (su padre) para forjar una relación más cercana. Sin embargo, el trabajo “disimulado” de Sora parece siempre condenado al fracaso clamoroso o, peor aun, a ponerle en bandeja las victorias a sus contrincantes. Quizá su error sea pecar de soberbia y atribuirse demasiada genialidad sin antes meditar los posibles puntos débiles de sus planes, aunque semejante crítica podría formularse contra Niku. Ante la disyuntiva del beso, Kodaka responde con sagacidad, poniendo paños fríos ante una emergencia; no obstante, ese tipo de acciones evasivas solo funcionarán mientras la batalla transcurra por cauces clandestinos. Cuando los bandos entren en confrontación directa, el Rey deberá tomar una decisión dolorosa, pues además de comprometer la unidad del grupo, también pondría en peligro la paradójica amistad de las antagonistas.

3 comentarios

  1. lnn

    “tras este episodio, no dudaría en plantear una hipótesis más arriesgada: ¿la estructura de personajes de Haganai fue diseñada siguiendo un patrón dual de oposiciones?”

    Creo que esto es un acierto, y es posible que el patrón dual de oposición Yozora-Sena se haya espejado en Yukimura-Rika y Kobato-María, a partir de la asignación de características propias de Yozora a Yukimura y Kobato, y la asignación de características propias de Sena a Rika y María. Rika manifiesta en su comportamiento una hipersexualidad que Sena exhibe en sus atributos físicos, mientras que la ambigüedad de Yukimura nos recuerda que Yozora de niña vestía y se comportaba como varón, y que cuando se cortó el cabello fue confundida con un hombre. María comparte con Sena el uso de la medida relativa del busto para mortificar a su rival, el excepcional rendimiento académico y el responder ante una figura de autoridad (Pegaso y Kate). Creo que la primera aparición de Kate en la serie (apenas un cameo) fue para castigar a María por correr desnuda al sol, consejo de Yozora para prevenir las consecuencias de la mordedura del “vampiro” Kobato. Del mismo modo que María, Sena también es castigada por caer en las maquinaciones de Yozora. Como dice la reseña, los “contactos” de Sena (su padre) le proporcionan un medio de acercarse a Kodaka por encima de su rival, del mismo modo los “contactos” de María (su hermana), le permiten imponer su presencia en la casa de Kodaka a despecho de la indignación de Kobato. Kobato tiene una personalidad ficticia, y Yozora tiene a Tomo chan, su amiga de aire.

    Yukimura y Rika compiten por la atención de Kodaka sin caer en el antagonismo de Yozora-Sena y Kobato-María, porque, a diferencia de Yukimura, Kobato y Yozora (la legítima hermana menor y la amiga de la infancia ) están defendiendo posiciones históricas junto a Kodaka contra las aspiraciones de las recién llegadas María y Sena.

    14 febrero 2013 en 22:39

  2. GatoLoco =@,,@=

    Loli vs loli ¿ quien ganara ?

    Lo del.juego del rey estubo.de 10 jaja

    lnn estubo.bien tu respuesta pero quita a yozora de la ecuacion y listo cualquier final sera GLORIOSO es q no aprende yozora incluso en un juego ve como termina de sola pero no aprende joder con las amigas de la infancia y como consigen afecto si ningun esfuerzo.

    16 febrero 2013 en 07:13

  3. La fasinación del loli, más allá de los fetiches, creo que atrae por encima de todo por la estica del estereotipo. Siempre me ha parecido el diseño de las lolis mucho más elegante y visualmente agradable que las oppai. Lo cual tambien podría explicar en parte la popularidad de las tsunderes (la única que no sea loli hasta donde recuerdo es Fumino).

    No hay mucho más que decir del analisis, además que estoy de acuerdo.

    Tengo la impresión de que los dos bloques que luchan por la preferencia de Kodaka (Yozora, Yukimura y Kobato contra Sena, Rika y María) se encuadran en dos modelos: las conservadores que les cuesta exteriorisar sus sentimientos y las radicales que pecan por ser demasiado expresivas. Una especie de pelea Tsundere vs Genky Girl, si es que caben las comparaciones.

    17 febrero 2013 en 14:40

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