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Sasami-san@Ganbaranai 3: Batalla en el templo

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Nuestra interpretación de los hábitos de Sasami, sus antecedentes, sus enemigos y sus aliados sufre un giro de 180 grados, cuando, finalmente, se produce un rompimiento temprano del estilo de vida cerrado al cual ella misma denomina “desanimado”, puesto que deja sus responsabilidades en mano de otra persona, la más cercana a ella y quien le profesa el amor más profundo que ella conoce. Aunque el afecto es recíproco, Sasami no tiende a demostrarlo: fantasea en hacerlo al modificar una historia tradicional introduciendo a los personajes de su propia historia personal, y alterando su desenlace. Insertarse en una historia ajena es una costumbre habitual en los niños, e incluso estimula su imaginación. Para una joven como Sasami, que se aísla del mundo acompañada por una única persona con quien establecer un contacto cercano, estas fantasías ayudan a expresar sus sentimientos: es allí donde reside su poder. No pone objeciones a que su hermano la bañe; sin embargo, sus pensamientos pertenecen al campo más íntimo y el texto es su manifestación. Verlo aún sin intención provoca la típica reacción de las chicas en los momentos fanserviceros, aunque, en el caso de Sasami, es más complejo porque sus motivos son diferentes. Dadas las imágenes del opening, esperábamos que la historia de Sasami tuviera un aspecto ritual y religioso. No obstante, las reglas de extremo aislamiento, represión y proliferación de relaciones tabú en la familia Tsukuyomi resultan inesperadas. El incesto es un tema frecuente en el anime con distintas variaciones e intensidades, pero hay un límite que casi nunca han traspasado, aún cuando se consuma la relación sexual, y se trata de la descendencia producto de estas relaciones. Este paso implica una serie de consecuencias difíciles de ignorar o mantenerse en secreto y las responsabilidades que ocasiona son más fuertes. Deja de tratarse de un tema fetiche y estimulante, convirtiéndose en un asunto escabroso.

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La reproducción entre miembros de la propia familia existe desde tiempos inmemoriales. Varios faraones se casaban con su propias hermanas para mantener una descendencia divina. La propia Biblia menciona que, luego de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra, las hijas de Lot emborracharon a su padre para darle hijos. En el contexto de la época, el tema se juzgaba con otros criterios. Confiamos en los relatos de Sasami por sus informes escritos en un  flujo natural de pensamientos: parte de narrar su historia consiste en expresar sin temor sus emociones, incluso contra ella misma. Para la familia Tsukoyomi, era vital mantener el poder de Amaterasu por medio de un árbol genealógico puro, sin mezclas ni mestizajes con otros linajes, monopolizando este poder con motivos benéficos para la humanidad a costa del bienestar de unos pocos, no solo por los problemas de salud que genera, sino porque el alejamiento niega de placeres a las personas involucradas, comenzando por quitarle el derecho a decidir su propia vida. En términos pragmáticos, este sacrificio es valido. Desde una posición humanista, esto es inaceptable, ya que cada persona tiene derechos universales, la libertad de tomar sus propias decisiones aún cuando los niegue por alcanzar un objetivo que beneficiaría a la Humanidad. Siempre puede haber una alternativa. Tanta represión en algún momento fallaría incluso si deciden apartarse de la civilización: esta tiene una influencia difícil de esconder. Sasami era drogada para anular sus emociones, evidente en las imágenes donde se la muestra comiendo con los ojos sin vida. Sin embargo, esta costumbre no puede funcionar eternamente, puesto que Sasami tiene una fuerte personalidad. El Internet es capaz de mostrarle la totalidad del mundo y la diversidad que contiene en apenas unos clicks. Comparado a la rutina agotadora y dolorosa que le habían impuesto, conocer la red era un poderoso motivo para rebelarse.  Siguiendo estrictamente sus relatos, nos enteramos que tanto ella como su hermano son frutos del incesto. Para los hombres de la familia Tsukoyomi, la vida se restringe a trabajar como siervos sin voluntad y utensilios para la procreación. Son descartables como los zánganos. Kamiomi esconde su rostro por costumbre tradicional ninja, perdiendo su rasgo físico más distintivo y su identidad como persona. No podemos verlo reír, sonreír, entristecerse o llorar aún cuando su voz es capaz de expresar esas emociones. De la misma forma que su hermana, su personalidad no fue totalmente aprisionada. Irónicamente, el amor obsesivo que el templo cultivaba fue un arma que se volvió contra ellos. A Kamiomi le importa la felicidad de su hermana por encima de todo. Este amor lo incita a rebelarse: está dispuesto a morir en cualquier momento en nombre de la persona que debía proteger y fue entrenado para ello. No teme a las consecuencias y decide acompañar a su hermana para seguir sirviéndola en libertad, pues, como recompensa, obtuvo cierta libertad para elegir ese trabajo y vive  una rutina más alegre, con el permiso de Sasami y a pesar de su vigilancia constante.

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La conexión con su hermano es tan estrecha que basta que Sasami golpee el piso con su pie para que Kamiomi la atienda. Es conciente de su ingratitud y, pese a que su hermano se comporta como un héroe, nunca le agradece por toda su dedicación. Un nivel de conexión tan intenso que el tercer brazo que le nació del pecho y contaba con personalidad propia tomó la iniciativa de mostrarle a Kamiomi las inseguiridades de Sasami provocando que el hermano realizara un último sacrificio en favor de la muchacha, cambiando su libertad por la tranquilidad de su hermana. Era incierto cuánto tiempo Sasami continuaría viviendo esta clase de existencia caprichosa, manifestando sus preocupaciones en sus textos. La hikkikomori reacciona con mucho más ímpetu, suficiente para sacarla definitivamente de su casa sin lograr avanzar más debido a su fragilidad. Ella sola no podría lograr nada: necesitaba el apoyo que pudiera brindarle esa rara profesora pelirroja. La escena con Tsurugi es enternecedora en su aspecto mas cándido, por cómo auxilia y conforta a una niña que confesaba sus penas y egoísmos al intentar tener una vida independiente pero sostenida por su hermano. Tsurugi deja en claro su posición como aliada permitiéndole que recurra a ella en auxilio. Es un avance cuantitativo, pues hasta entonces, el número de personas confiables se limitaba a una sola, su hermano. La propia Tsurugi aportó revelaciones que provocaron giros sorpresivos. La profesora fue la Amaratesu original que transfirió su poder a un humano. Las dos chicas a quienes denomina hermanas eran partes de ella que se personificaron. Deja claro la divergencia de edades: la edad de Tama (9 años de edad según la novela) no se refiere a su crecimiento natural, sino su tiempo de existencia. Calificar a Tama y a Kagami como meramente partes de la diosa le restaría mucho de su carácter independiente y autónoma en cuanto al aspecto emotivo. Llamándolas hermanas, las considera parte de su familia, como personas distintas a ella y unidas por lazos de sangre. Como todos nosostros hasta este episodio, Tama pensaba que Kamiomi poseía el poder de Amaterasu, quien también es percibida como una diosa creadora o creadora de la luz. Al apodarlo Paparin se refiere al brillo de las luces. Su poder indica que, de alguna forma, se alimenta del poder del enemigo, ya que  exclama “Itadakimasu”. El premio de mejor action girl queda sin duda para Kagami, quien se hace cargo de casi todas las armas que poseía el templo. Era una locura que un centro religioso aparentemente tan tradicional pudiera desplegar armamento pesado que funciona gracias a la magia de los talismanes. Los Tsukoyomi no son indefensos.

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La solución para recuperar a Oniichan era simple y se puso en ejecución de inmediato: si necesitaban terminar con la amenaza del templo, simplemente debían cortar el mal de raíz liquidándolo directamente. Finalmente, resultó innecesario tanto combate para traer de vuelta a Kamiomi, produciéndose el ultimo giro del episodio. El maestro nunca tuvo el poder de Amaratesu, los dioses de la Miríada le concedían sus deseos de una forma indirecta a pedido de su hermana menor. Los datos de Sasami eran correctos pero su interpretación era errónea y por breve tiempo fuimos engañados, incluso la diosa original. Es una buena noticia pues, a fin de cuentas, la protagonista puede volver a salir al sol y aprender a cuidar de su propia vida. Al acabar el episodio, tenemos la sensación de que un gran futuro le espera. Kamiomi, a pesar de todos los relatos de su hermana sobre su lealtad y su nobleza, continúa siendo, dentro del show, un personaje cómico. Su único intento de actuar con heroísmo se desploma y termina convirtiéndose en un chiste. Es bastante raro que un personaje en su posición sea tan importante e igualmente tan ridiculizado. La sinopsis inicial de la serie nos hablaba sobre una hikkikomori y situaciones de comedia romántica. Estos tres episodios nos ofrecieron una mezcla de mitología y batallas alucinantes, además de un rompimiento temprano del argumento del NEET: este estilo de vida se presenta como un rechazo a madurar y dará paso al crecimiento de su protagonista, que acepta volverse más independiente.

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