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Kirinistas y Kuronekoístas

Hace algunos días, les formulé esta pregunta a nuestros amigos en facebook: “¿Eres kirinista o kuronekoísta?” La mayoría de comentaristas se decantó de forma abrumadora por Ruri Gokou, aunque también se registraron apoyos para Manami e incluso un “ayaseísta”. Los resultados no sorprenden, pues, como sucede en diversos foros alrededor del mundo, Kuroneko continúa ganando el duelo por la popularidad. Sin embargo, al proponerles esta dicotomía, buscaba plantear otro tipo de polémica y sondear la opinión del espectador respecto del consumo de anime y otros productos culturales afines (manga, videojuegos, light novels). En lugar de emplear los nombres propios, elaboré la pregunta usando el sufijo “-ista”, que implica una toma de partido, la identificación con determinada ideología o discurso. ¿Qué posturas representan Kirino Kousaka y Kuroneko? Cada personaje encarna una posición antagónica acerca de la relación entre arte y entretenimiento, y defienden una visión sobre el disfrute, la belleza, la diversión. Tomando como metáfora la imagen de ambas “enemigas íntimas”, trazaré una descripción de los bandos en “conflicto” que dominan el debate en torno al presente y futuro del anime. Sin duda, limitar este panorama a solamente dos tendencias es bastante inexacto e injusto, pues entre ambos extremos existe una enorme variedad de orientaciones; pero por razones prácticas, reduciremos la confrontación a las opciones más radicales y representativas.

Años atrás, se difundió una teoría, popularizada en los foros de discusión de internet en Japón, que dividía al colectivo de aficionados al anime en dos grupos o “tipos” según sus percepciones, preferencias y hábitos de consumo. Los type-A tendrían un perfil más artístico o filosófico, preservan la nostalgia de los clásicos (añoran los años noventa, pero también les encanta retrotraerse hasta los setenta), reniegan del fanservice erótico, leen manga, valoran los argumentos complejos o las historias de aliento épico protagonizadas por héroes admirables. Les fascinan las series oscuras, complejas, con resoluciones trágicas o dramáticas, cierta dosis de violencia y angustia existencial. Sus géneros favoritos incluyen el mecha, el cyberpunk y las series de acción solemne. Los type-B, en cambio, buscan entretenimiento, no miran hacia la tradición sino hacia la moda del momento (suele acusárseles de tener “mala memoria”), adoran el moe y disfrutan el ecchi, consumen light novels y eroge, aprecian el carisma de los personajes, no desprecian las historias cotidianas. Les atraen los relatos sencillos pero divertidos con atmósferas cálidas y conmovedoras, aunque exigen calidad en la ejecución técnica (animación, diseño, ambientación, actrices de voz). Sus géneros habituales son la comedia romántica, el slice-of-life, el harem y algunos melodramas. Mientras los type-A se apartan del mercado y desprecian lo comercial, los type-B son consumidores entusiastas no solo de anime, sino también de mercadería derivada (figurines, música, revistas, dakimakura, etc.) e interactúan con la industria participando en eventos, conciertos, “peregrinaciones”.

Kirino y Kuroneko comparten un conjunto de referentes, sitios de encuentro y coordenadas de consumo (Akihabara, el Comiket, los cafés temáticos, el videojuego Siscalypse), aunque sus enfoques difieran.

Los kirinistas conciben la cultura 2D como fuente de diversión: la finalidad del anime es entretener mediante la espectacularidad. Los creadores deben brindar al público una experiencia de placer sensorial que atrape su atención y genere sensaciones amenas o cálidas. Para evaluar una serie, el criterio fundamental es la composición visual: el despliegue de habilidades técnicas, la fluidez o naturalidad del movimiento, la meticulosidad del detalle. Las secuencias de transformación, por ejemplo, son ocasiones perfectas para lucir ese virtuosismo. Del lado contrario, los kuronekoístas reivindican el carácter artístico del anime. Su función es poner en discusión temas éticos, políticos o filosóficos que enriquezcan el ejercicio intelectual. Prefieren el “sello de autor”, las iniciativas vanguardistas, las propuestas visuales arriesgadas y transgresoras. La forma se supedita al fondo, es decir, el estilo se subordina a la historia. La visualidad no debe servir para distraer, sino como apoyo del relato. Se aplaude el afán de ruptura, la independencia y, cuando lo requiere el guión, la crudeza.

Los kirinistas privilegian la composición de personajes por encima del argumento, pues los consideran los auténticos motores del relato. Para comprender esta propuesta, debemos diferenciar entre la “trama” (secuencia de hechos) y las “acciones”. Según los kirinistas, para construir un relato son suficientes los actos que realicen los protagonistas. En resumen, el argumento acompaña al personaje. Mejor dicho, el argumento es aquello que hacen los personajes. La narración no necesita sostenerse en una “historia” compleja, tampoco son obligatorios el suspense y las peripecias. El kirinismo defiende, en cambio, la posibilidad de disfrutar las “cosas simples de la vida”, la sencillez de situaciones cotidianas como asistir a clases, formar un club o enamorarse. También propone una forma de heroísmo femenino, ingenuo y optimista, que responde a la esperanza de empaparnos de sentimientos positivos (amistad, compañerismo, solidaridad). Los kirinistas tienen una sensibilidad “carnavalesca”: celebran el placer carnal, la sensualidad, la desmesura, lo grotesco, la parodia. No desdeñan del erotismo, lo combinan con dosis equivalentes de ternura. Los kuronekoístas enarbolan los ideales clásicos de composición. La columna vertebral del relato es su estructura argumental, la evolución de los acontecimientos, el plot. La tensión debe aumentar a medida que avanzan los capítulos hasta alcanzar un punto de quiebre, un pico máximo. Para suscitar esa sensación de crescendo dramático, se emplean recursos destinados a alimentar la intriga: revelaciones, cliffhangers o twists (giros imprevistos). Dado que el valor artístico del relato reside en su argumento, se procurará dotarlo de peso y consistencia. Los kuronekoístas prefieren los temas solemnes y las atmósferas oscuras. Las historias deben retratar la angustia existencial, la imperfección humana, los vicios y debilidades del hombre, su lucha perdida contra la muerte, su paradójica dignidad, su agon. El personaje es parte del argumento porque la Humanidad está inserta en la Historia, el individuo no es protagonista del devenir, sino una pieza prescindible, a merced del Destino. Las acciones gloriosas del héroe solo apuran su camino hacia la derrota. Solo se permite un tipo de humor: la cruel ironía bajo un manto de pesimismo y escepticismo.

Los kirinistas propugnan una estética light, acorde con la nueva lógica del mercado que sustituye las antiguas “Bellas Artes” por las modernas “industrias de contenido”. Desde esta perspectiva, los kuronekoístas cumplirían el papel de conservadores culturales cuestionando la naturaleza pasajera de las modas, despreciando los aspectos comerciales y abogando por la independencia del autor. Su paradigma estético es el concepto de “Belleza”: lo bello es sublime y único, una manifestación de la sensibilidad individual. Las industrias no producen “belleza”, sino artículos de consumo masivo. La sociedad contemporánea ha adoptado otro parámetro para describir la experiencia estética que provee la maquinaria del entretenimiento: la “lindura” (lo kawaii). La belleza es simétrica y elegante, pero la lindura puede permitirse coquetear con la deformidad (los chibi), la anormalidad (las chicas con parches), los excesos y defectos (oppai y pettanko). Las escuelas de vanguardia reivindicaron la transgresión, la fealdad, el caos, pero siempre bajo un tono de refinamiento conceptual. La belleza es intelectual incluso cuando habla del cuerpo (el dolor), la lindura es corpórea y sentimental (la ternura). Lo bello aspira a la trascendencia, lo lindo se enmarca en otro terreno: la inmediatez.

Pese a sus insalvables discrepancias, kirinistas y kuronekoístas coinciden en una conducta frecuente: la evasión. Ambos usan la ficciones para satisfacer sus fantasías y alimentar sus anhelos utópicos. El espectador busca rebelarse ante la realidad porque la considera aburrida, vulgar o imperfecta. Los kirinistas proponen idealizar las vivencias cotidianas, transformar esos eventos comunes y corrientes en sucesos maravillosos gracias a las travesuras y ocurrencias de sus personajes. Los kuronekoístas plantean un universo enrarecido, lúgubre, deprimente, donde el héroe librará su gran batalla interior, siempre en situación de conflicto emocional. Los primeros buscan chicas lindas, vistosos superpoderes, romances colegiales o pasiones tsunderescas. Los segundos reclaman el paraíso chuunibyou: tinieblas, misterio, desconsuelo, tormentos, antihéroes de pocas palabras y actitud melancólica. Los kirinistas deliran con gestos infantiles, el -nyan al final de cada frase, el moe-moe kyun~! Los kuronekoístas alucinan con poseer su death note y prorrumpen con discursos grandilocuentes acerca de la noche. No obstante, esta imagen caricaturesca revela, en ambos sectores, un hambre insaciable de fascinación, ansias de soñar y maravillarse, de aliviar su disconformidad. Entre la perversidad adolescente y las ínfulas de madurez, entre la simpleza y el elitismo, entre las dojikko y el guerrero apesadumbrado, entre la novia tsundere y el vampiro seductor, se extiende un repertorio de figuras tan variopinto y fecundo que logra cubrir esas demandas, a despecho de la monótona, gris realidad.

3 comentarios

  1. Leo

    Si lo planteas de esa forma algunos fans del anime no encajaríamos en ninguna de las dos , yo creci con grandes héroes como Seiya y Goku al llevar mi aficion mas a fondo me parecieron sublimes Evangelion, Cowboy Bebop, Escaflowne y Utena.
    Al pasar el tiempo y luego de algunos años muy flojos del anime (por los años 2000 no recuerdo una serie sobresaliente) y viendo la gran oferta de series donde el prota no tenia la obligacion de salvar al mundo comense aver harem y slice of live, gracias a ello mi gusto cambio ya no veo Naruto o One Pice sino alas chicas lindas q me entretienen con sus dias llenos de dulsura y nos hacen reir con sus ocurrencias, pero aveces tambien siento q me deje llevar por la corriente, por ejemplo la belleza de animación e historia (y tambien banda sonora) de Macross y Macross Plus es por mucho muy superior a cualquier serie actual de mechas.
    Por eso si me lo planteas asi no jalo para ninguno de los lados.

    5 febrero 2013 en 23:18

  2. virgilius

    Irónicamente creo que muchos de los seguidores de Kuroneko son type-B. Pienso que son producto de la sociedad capitalista, dando placeres baratos, inmediatos y fáciles de comprender a los consumidores; y no me malentiendan, también puedo disfrutar de algunas de esas series, pero pienso que lo ideal seria tener criterio y no ver algo solo por el moe y/o el erotismo.

    Esto por supuesto desde mi reducido punto de vista, no espero que otros fanáticos lo entiendan ya que cada quien busca diferentes cosas al mirar un anime, algunos algo para salir del tedio, otros una fuente de deleite visual y otros tantos una historia compleja y penetrante.

    6 febrero 2013 en 13:08

  3. Al la hora de consumir anime podría llegar a ser del Type-B, más bien creo que los dos generos se complementan, en vez de ser antagónico. El mejor ejemplo que se me ocurre es Fate/Zero: una serie triste y melancolica pero que te atrapa al principio por su poderío gráfico y el carisma de sus personajes. Tambien podría entrar en ese grupo Clannad o hasta One Piece.

    Si me lo preguntas el mundo Type-B es mucho más optimista, en el sentido que busca cambiar el cómo se percibe la realidad, de una gris a multicolor, que el Type-A que es la creación de una realidad falsa para compensar una que es decepcionante.

    En cuanto a la belleza o lindura, a mi me parece que hay una confusión al respecto. La belleza moderna se ha distorsionado por el innecesario deseo de innovar. En mi opinión la belleza en primer lugar debe ser estéticamente agradable a la vista, para que así sea más fácil acceder al ideal o concepto que conlleva. Si analizas series como Boku wa Tomodachi o Usagi Drop, te das cuenta que lo moe o kawaii que se presenta ayuda a dessolemnizar temas serios, como la paternidad o el rechazo social, y así lo hace accesible y disfrutable al público.

    8 febrero 2013 en 11:33

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