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Sasami-san@Ganbaranai 2: Monstruo Guardián

Es ingenuo pensar que la existencia de un NEET no podría ser igual o más divertida que la vida de una persona promedio. La rutina del hikikomori se limita a sastisfacer sus propios apetitos sin dedicar tiempo a realizar actividades económicas ni sociales. Si resulta lo suficientemente hábil, su dedicación al mundo de Internet puede retribuirle en términos financieros; no obstante, la recompensa más común que obtenga serán los números de visitantes a su página web o el nivel que se alcanza en algún juego online. Sasami, en pocas líneas, nos ofrece algunas respuestas a las preguntas más intrigantes sembradas en el primer episodio. La protagonista se convierte -de perseguidora siscon- en investigadora paranormal, contándonos sobre las incontables divinidades que gobiernan el mundo, todas sumisas a la voluntad de una diosa mayor. En las historias mitológicas, los dioses de gran porte frecuentemente están subordinados a uno, considerado el mayor de todos por ser el padre creador o simplemente el que tiene más poder: desde los mitos griegos hasta Lovecraft, tienen como aspecto común el intento de los humanos de controlarlos para obtener una bendición o milagro y aspirar a convertirse ellos mismos en su propio Dios. Según el informe de Sasami, ella heredó en un momento el poder más elevado entre todas las divinidades de este mundo. Esta característica la asemeja a Haruhi Suzumiya, pero, mientras la líder de la Brigada S.O.S mantiene su posición divina, Sasami la ha perdido, porque se ha transferido a la persona más cercana a ella con consecuencias imprevistas, aún cuando estos eventos se generan debido a deseos inocentes, mundanos y ordinarios que causan efectos mucho más peligrosos que los provocados por la chica de cinta anaranjada. Kamiomi pese a su posición de privilegio, no parece tener muchas ventajas en su vida normal. A pesar de que lo vigilan, ninguna de las personas que conoce trata de agradarle: es sometido al bullying cómico pero nadie se disculpa con él y, aunque su hermana tenga sentimientos recíprocos, estos se manifiestan con fuerza en rabietas de celos que limitan cualquier avance por el lado romántico. Quizás sea mucha audacia afirmarlo pero creo que Kamiomi es más confiable que su hermana en cuanto a detentar los poderes de Amaratesu. Muestra una gran tolerancia al maltrato, no guarda rencor y profesa un amor incondicional. Este buen corazón no provocaría acontecimientos más graves, sino extraños y exquisitos, corregibles y sin demasiadas repercusiones. Las tres hermanas Yagami son identificadas como agentes que cumplen la tarea de revertir estas transformación: han de tener inmensos poderes divinos para lidiar con mucha facilidad frente a estos cambios como si fuera un juego o una aventura sin temer ni preocuparse, heroínas que mantienen el orden del mundo aún cuando son chicas simples y excéntricas en su vida cotidiana. La mayor es pervertida, la del medio es perezosa y la menor contradice mucho su físico con su edad.  El informe de Sasami se tomaría como una locura sin las evidencias del anterior y del presente episodio, que demuestran la coherencia de las informaciones que proporciona. No obstante, el siguiente episodio exigirá una interpretación distinta. Por ahora, no nos adelantemos y abordemos la reseña del segundo capítulo.

Kamiomi y Tsurugi son profesores distintos en todos sus aspectos: es muy raro encontrar una profesora pelirroja que permite a sus alumnas jugar eroge y un profesor que esconde su rostro permanentemente. Inclusive, podemos acusarlos de poca profesionalidad al jugar en clase el sokoban con Tsurugi -que revela ser una mala perdedora- en vez de dictar sus lecciones. En parte, los alumnos prefieren que sus profesores se distraigan con otros asuntos porque tendrán menos tarea. Otro ejemplo de poco profesionalismo es su indiferencia ante la ausencia de los alumnos. Recién ahora perciben ese fenómeno, cuando ya sucedía desde hace buen tiempo. La gracia del show radica incluso en sus pequeños detalles como que Kagami sea la única alumna que dormía en clase, pero es la única en cuestionar a sus profesores como si los escucharan en sus sueños. Es un pequeño lujo que se dan los profesores para cumplir con sus obligaciones: la ausencia de los alumnos es un problema que deben arreglar por su obvia relación con las divinidades. Un juego online como el “Yamanato Orochi SNS” podría causar la ausencia de, como máximo, un par de alumnos en condiciones normales. Si faltan más será por circunstancias especiales, en especial si el juego revela un crecimiento repentino de popularidad: la única explicación sería que este aumento se debió a una transformación causada por las divinidades de Miryad cumpliendo el deseo de Amaratesu. Se confirma que son sucesos frecuentes y antiguos, al punto que pueden mencionarse en clase sin ninguna preocupación en esconderlo. Sasami, Kamiomi y las hermanas son quienes mejor conocen estos eventos, no obstante, no cooperan directamente. Sasami se limita a escribir sus informes dejando solo a las hermanas la misión de recuperar el orden. Es común en un NEET y un hikkimori volverse territorialista con sus pertenencias y, principalmente, su habitación. Nuestras casas pueden ser una extensión de nuestra personalidad por la forma como la cuidamos, ordenamos, etc. Aplicándose esta idea al plano social, si una persona muy sociable tendrá su casa siempre abierta a sus invitados, una antisocial como Sasami se cerrará ante ellos. La protagonista permite que las hermanas Yagami realicen sus investigaciones como gesto de gentileza forzada, ya que Kagami y Tama ya se habían instalado antes que Sasami diera su consentimiento. Su territorialismo va en aumento a medida que las hermanas se acomodan en su domicilio. Poco importa que “Yamanato Orochi SNS” sea el culpable de las ausencias escolares, es un juego al cual Sasami dedicó mucho esfuerzo y pretende protegerlo. Sin embargo, sus intentos de interrumpir a las hermanas le originan más problemas: destruye su conexión a Internet y provoca un corte de luz repentino afectando únicamente a su computadora. Una rápida mirada le hubiese permitido notar que las chicas usaban notebooks con baterías independientes y provocar un corte eléctrico sería inútil, pero Sasami actuó sin pensar. Sus rabietas fueron mas intensas con la intromisión de las Yagami, ya sea ensuciando sus computadoras o tocando sus pertenencias nuevas que ni ella misma había disfrutado. Además de ser muy pulcra y ordenada, detesta que ensucien sus teclados, sus figuras están instaladas en amplios estantes y marca con una cinta hasta donde leyó su manga. Le irrita que Tsurugi y Kagami cambien tan deliberadamente de lugar sus objetos, y hace visible ese enojo en todas sus muecas raras, típicas de las comedias de Shaft.

Sasami solo actúa con más rabia cuando expresa sus celos hacia su hermano, por ejemplo, el momento en que Tsurugi acosa a Kamiomi dentro del juego. No es un contacto real y, pese a haber dejado que las hermanas abusaran de él hasta el extremo de elegirle un personaje pobre, cuando el ambiente se sexualiza, aun cuando fuera virtualmente, Sasami reacciona con bravura dejándose en evidencia (su avatar me recordó a Corrector Yui). Tsurugi será algo indisciplinada como maestra, pero tiene suficiente autoridad para reprochar a una adolescente que no asiste a clases. Se confirma la influencia de una divinidad en el juego: los personajes se transportan al escenario del RPG para presenciar a un enorme monstruo absorbiendo espíritus. Sus acciones causan un caos en un mundo virtual que repercute en la vida real provocando que sus jugadores se obsesionen con este mundo. Se ha fortalecido hasta alcanzar el nivel de Amaratesu sin ambicionar otra cosa que cumplir el deseo de su diosa creadora desde la época en que supuestamente Sasami poseía tal poder. Por cómo reaccionó, esta no sería la forma como Sasami deseaba que Yamanato Orochi fuera salvada de su cierre. Se despide emotivamente de la divinidad, le agradece y pide que se disuelva. Aprecia su trabajo, su intención de ayudarla a ser feliz, a divertirle, que fuese leal a un anhelo tan infantil y egoísta. Esta despedida es un un acto de maduración. Sasami sabe que el juego encerraba su existencia online: perjudicar a los usuarios era una consecuencia injustificable, por lo tanto, debía aceptar esa responsabilidad y ponerle fin a sus pretensiones. Luego se despierta para hacer un último click y volver a dormirse, marcando definitivamente su final, pues el juego ya no forma parte de su vida. El episodio nos proporcionó respuestas a las preguntas más obvias (cómo y quién produce los sucesos), pero solo son la antesala de próximos enigmas. Las obras televisivas de Shaft han ganado mala fama debido a su modesta calidad gráfica, popularizada por la primera serie de la franquicia Monogatari; no obstante, merece llevarse el crédito por las escenas de batalla y destrucción en Sasami-san@Ganbaranai, majestuosas por su rareza e impacto. Desgraciadamente, Kamiomi no tuvo ninguna oportunidad para lucirse.

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