Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Si Another fuera un slice-of-life…

…tendría temática estudiantil. El colegio Yomi North sería el entorno perfecto para fomentar la interacción del elenco en situaciones típicas, como formar clubes (¡una Sociedad de Ocultismo!), investigar los clásicos siete misterios (empezando por el edificio antiguo), almorzar en la azotea, soportar los gritos histéricos de la iinchou o enamorarse de la profesora. El reparto mantendría sus personalidades, pero aplicándolas a la comedia. Sakakibara-kun cumple el papel del típico lead masculino, caballeroso pero indeciso, un soltero codiciado porque proviene de la capital, usa pañuelo y trata a las mujeres con sensibilidad. Por desgracia, también es friki (le fascinan los enigmas, lo sobrenatural, el gore, no oculta su impulso maniático por poseer objetos tenebrosos) y acostumbra soñar despierto en clase haciendo muecas repugnantes. Misaki es la chica rara del salón, la adolescente con chuunibyou que utiliza a propósito una carpeta vieja y pintarrajeada para darse pinta de marginal. Suele hablar en clave y asegura que esconde su ojo derecho debajo del parche porque la Humanidad no toleraría la lóbrega magnificencia del Oscuro Heraldo de la Muerte. Le encanta introducir comentarios depresivos que contengan las palabras “desolación” o “tinieblas”, pero cuando sus “habilidades” de magia negra no funcionan para -digamos- sobrevivir al examen de cocina, le brotan unos gestos muy tiernos. Akazawa sería la delegada de aula, amargada y tsundere, que comienza oponiéndose con cólera a cualquier iniciativa divertida que propongan sus compañeros, acusándolos de violar las normas de decencia o tener conductas inmorales… pero termina participando con harto entusiasmo en -digamos- la casa embrujada del festival escolar (¡no existe otra actividad que combine mejor con este grupo!) o corriendo aterrada y sonrojada durante la prueba de valentía (que consiste en visitar el viejo templo maldito en noche de tormenta). Habría un trasfondo de love comedy con triángulo amoroso, aunque el protagonista jamás se entera que, tras bambalinas, es objeto de rivalidad entre la alumna modelo (demasiado perfecta) y la muchacha misteriosa. Su vida corre peligro si continúa probando los cariñosos bento que prepara Mei-chan consultando su “Recetaire Infernal” o sigue sometiéndose a la disciplina sadomasoquista de Izumi que castiga sus mañoserías golpeándolo con un tubo de cañería; sin embargo, después de tres angustiosas visitas al hospital, el susodicho ha ganado fama de inmortal.

Si Another fuese un slice-of-life, le sobraría reparto para cubrir el resto de arquetipos necesarios para poblar la fauna escolar. Tenemos a Teshigawara, el infaltable mejor amigo pervertido, algo idiota y habilidoso en deportes, pero un fracasado absoluto en cuestiones románticas y poseedor de una nutrida colección de porno. Yukari Sakuragi sería la tímida meganekko, tan cándida, tan bondadosa, tan crédula que provoca jugarle bromas pesadas y someterla a un cariñoso bullying psicológico. Un chiste frecuente consiste en burlarse de su “falta de presencia”. El mundo conspira para maltratarla: suele tropezarse en las escaleras y, cuando se deprime, se esconde debajo de un paraguas. Tomohiko Kazami sería el sabelotodo petulante que saca cuadro de honor todos los bimestres y nunca presta ni su borrador. Desprecia a Kouichi en secreto e intenta tenderle trampas para ridiculizarlo frente al harén, pero las triquiñuelas terminan revirtiéndosele como karma. Akazawa, la abeja reina del salón, es secundada por sus leales súbditos, los delegados del Comité de Moral Pública. En resumen: sus adulones. Takako Sugiura es la chica recta y malhumorada, más papista que el papa, cuyo pasatiempo preferido es defender la integridad de “Izumi-sama” contra los degenerados. Está encargada de leer los anuncios diarios usando la red de parlantes del colegio y aprovecha sus transmisiones para insultar a Sakakibara y Misaki, sus enemigos declarados. Mucho cuidado con Yumi Ogura, la típica “agua mansa” que enmascara sus tendencias yandere bajo una fachada de niña sumisa y gentil. Cuando emerge su verdadera identidad, se revela defensora a ultranza del brocon y gasta sus horas libres acosando a su hermano mayor, un otaku que prefiere jugar eroge a dejarse seducir por su adorable imouto. Completa el trío Junta Nakao, un antiguo banchou (líder pandillero) retirado de la delincuencia y propenso a vomitar en situaciones de extrema presión. Dirige el equipo de natación y sueña con comprarse un yate de lujo. Si Another fuera un slice-of-life, luego de clases, los estudiantes se reunirían a charlar en el Inoya Maid-Café, donde Yuuya Mochizuki trabaja de mesera trap, obligado por su maquiavélica onee-chan. Matsuko Arita adquiriría más protagonismo gracias a sus fantasiosas historias de supervivencia y, al contrario de Yukari, aunque tiene vocación de troll profesional y arma desorden en el aula, se libra del castigo y la fortuna suele bendecirla con inverosímiles rachas de buena suerte. (Sí, pese a cambiar de género, la serie continúa preservando un resquicio de crueldad e injusticia poética). La cuota imprescindible de tonalidades lésbicas la aportan Aki y Kyouko, una pareja al estilo del yuri tradicional: idealizada, dramática y solemne (hasta rozar lo empalagoso), que dialogan con gestos delicados y cursis, casi transportadas a otra dimensión, y además cuadran en el clásico esquema neko-tachi, aunque parcialmente subvertido pues, pese al esfuerzo de Kyouko por crear situaciones románticas inspiradas en sus lecturas de manga shoujo de los años setenta, Aki no capta las insinuaciones y responde con frases afectuosas pero nada excitantes.

Si Another fuese un slice-of-life, nadie moriría. No existiría la maldición (salvo en la imaginación de Sakakibara, que anda en busca de fenómenos paranormales). Por consiguiente, tampoco habría muerto ningún pariente cercano de los personajes. Kouichi se muda a Yomiyama junto a su madre, quien insiste en emparejarlo y alcahuetearlo con Mei-chan (porque le simpatizan las chicas con talento artístico y conoce el lado dulce de Misaki). En ocasiones, aparecería Kazuma -el onii-chan de Akazawa-, un playboy de diecisiete años, irreverente y chabacano que merodea la secundaria para seducir a chiquillas ingenuas y avergonzar a Izumi contando indiscreciones familiares. Numerosos carteles en calles y plazas propagandean la reelección del alcalde Misaki Yomiyama. Si Another fuera un slice-of-life, Sanae Mizuno sería la enfermera del colegio, un fetiche indispensable para activar las calenturientas fantasías de los estudiantes. Además, la joven lectora de novelas de terror incentiva a Kouichi a emprender sus alocadas investigaciones sobre temas paranormales. Tiende a reaccionar con ademanes tremendistas y overdramatic, relacionando las cosas más simples con escenarios de películas o cuentos de horror. Reiko sería la profesora de arte, moderna y sexy (coquetea descaradamente con sus estudiantes varones, excepto Yuuya, pues duda de su virilidad). Dicta sus clases con pereza, a veces ebria o introduciendo de improviso comentarios inmaduros. Oculta su edad real, alega haber cumplido recién sus “eternos diecisiete”, pero -según sus amigos de promoción- corre el peligro de quedarse solterona. Sus habilidades al volante son legendarias. Al staff de docentes no podría faltarle un maestro deprimente, pesimista y algo escalofriante. Kubodera-sensei enseña un curso hasta ahora desconocido pues sus lecciones son densos y desoladores discursos críticos acerca de los medios masivos modernos y cómo las civilizaciones postindustriales han degenerado social y culturalmente. Amenaza con suicidarse a diario, pero sus planes fracasan por motivos absurdos.

Si Another fuera un slice-of-life, a mitad de temporada (capítulo seis o siete), aparecería Misaki Fujioka para robarse los corazones del fandom y neutralizar el aura macabra de su hermana gemela. Su presencia trastocaría el panorama romántico, provocando conflictos entre los shippers. Aunque su propósito es ayudar a Mei-chan a expresar con soltura sus sentimientos y propiciar un acercamiento con Sakakibara, los últimos episodios sugieren que mintió al confesar que tenía novio, que quizá se inmiscuye demasiado en los asuntos privados de Kouichi y disfrazarse con el parche para engañar a sus amigos y familiares le proporciona un placer malicioso (y cierto remordimiento). Si Another fuese un slice-of-life no necesitaría reescribir su episodio de playa, solo borrar una secuencia al final y quizá insertar algunas escenas extra de travesuras en ropa de baño. Para el opening, pueden reutilizar el célebre baile “inexistente” de Mei-chan y Sakakibara en versión extendida. Un capítulo con temática musical permitiría capitalizar el éxito mediante la venta de CDs: instigadas por Misaki, las chicas más populares formarían una banda de heavy metal e interpretarían un cover de “Reflectia” (porque la alusión a true tears es marca de fábrica). Para el ending, nos olvidamos de baladas adormecedoras y lanzamos un j-pop eufórico y sandunguero con chibis y pegajosas coreografías que inspiren homenajes en Youtube.

Si Another fuera un slice-of-life, lo vería sin vacilaciones: P.A. Works nunca me ha decepcionado.

3 comentarios

  1. No he visto Another, asi que no puedo dar un comentario razonable sobre la serie (la descarté ya que no era mi género predilecto) (y por falta de tiempo), pero el ensayo sobre ese cambio virtual de género al slice of life está excelente.
    Más que nada, comento en esta ocasión ya que fue agradable leer tu artículo anterior sobre Girls und Panzer y el Fanservice. No se porqué, pero el artículo tenía deshabilitados los comentarios; así que quise esperar a tu siguiente post para comentar (quizás en contra de tu voluntad) al respecto. En primer lugar, ya conoces mi postura sobre el “fanservice”, esto es, el uso y abuso del morbo sexual en el anime. Pero tu explicación sobre la idea primigenia sobre este asunto amplió mi punto de vista, ya que como dijiste correctamente, el fanservice básicamente es (y se deduce de la mismísima palabra) un “servicio al fan”, un premio visual a los aficionados dándoles algo de lo que les gusta, no necesariamente morbosidad. Lamentablemente, como mencionas, en el subconsciente de muchos, peyorativamente el término casi está permanentemente ligado al pantyshot y cosas así. Corrígeme si exagero, pero en lo que personalmente he visto, ha ocurrido lo mismo con el término “anime”, el cual para muchos no aficionados se halla ligado íntimamente al exhibicionismo y sensualidad proveniente de Japón, al punto de que identificarse como “aficionado al anime” en un círculo ajeno al tema puede conllevar ciertos malentendidos. La pantalla animada se ha llenado con producciones que se regodean en la explotación descarnada de la figura femenina, siendo esto, a su vez, un “servicio al fan” ávido y malacostumbrado al consumo de sexo.
    Mi comentario suena extremo puritano, y espero no ofender a nadie con esto, pero para los que somos “chapados a la antigua” poco a poco nos ha ido resultando más difícil encontrar buenas alternativas de entretenimiento dentro de este todavía agradable mundillo del anime.

    28 enero 2013 en 09:27

    • En principio, permíteme, por medio de tu persona, disculparme con todos los lectores del blog que intentaron comentar el artículo de Girls und Panzer. Tú sabes porque fuiste, eres y serás colaborador de SMB, que este blog siempre procura fomentar la participación de sus lectores en un ambiente de respeto y armonía. La deshabilitación fue un error involuntario del cual recién me percato gracias a tu intervención. He solucionado el problema y espero que no vuelva a ocurrir en ninguna otra reseña. Además, me apena mucho no haberme dado cuenta antes, pues ese artículo buscaba justamente generar una respuesta en forma de comentarios. Reitero mis disculpas contigo y con todos los seguidores de Serious Moe Business.

      Existen distintos tipos de fanservice. Sin duda, el más difundido y abusado es el service sexual. No debemos perder de vista que estamos hablando de una industria cultural (o industria de contenidos) inserta en una lógica de mercados. A diferencia de las artes tradicionales, las formas modernas de entretenimiento no existen ajenas al mercado. Depende de los creadores adaptarse o, mejor dicho, jugar con las reglas. Hoy todo mundo habla de la sublimidad de una serie como Fate/Zero, pero parecen olvidarse que la novela de Gen Urobuchi es un producto derivado de un eroge porque sí, Fate stay/night es un juego con contenido erótico. Obviamente, el sexo podía obviarse y mantener a flote la historia con total coherencia (un relato magnífico, si acaso has visto la adaptación al anime), pero para ingresar al mercado, los creadores necesitaron valerse de las reglas que este imponía. Ahora, Type/Moon puede diseñar juegos sin escenas morbosas porque se ha ganado un nombre. Tiene campo para arriesgar y ganar. Los consumidores los buscan por sus historias, no por el sexo.

      No pienso adelantar demasiado acerca del tema porque -coincidentemente- pensaba hablar sobre estos temas en mi próxima reseña de Boku wa Tomodachi 2. Allí expongo que esta liberalidad respecto del sexo como temática también ha tenido un aspecto positivo e incluso una toma de posición política. Pero también tiene un lado negativo, pues cuando una industria se decide a entregar demasiado “service” al “fan” opta por encerrarse en su nicho de consumidores seguros en lugar de buscar ampliarse hacia un público más diverso. No niego que disfruto las series con una pizca de sensualidad y que la picardía me divierte, pero también soy consciente de que existe un sector de aficionados que valora otra clase de relatos y gran parte de la industria parece haberlos descuidado. Por otra parte, tampoco le exijo al anime aquello que no suelo pedirle a otros espacios comunicativos. Hay miles de cantantes mediocres y manufacturados que solo aportan la canción del verano frente a un puñado de grandes músicos inmortales. Cada año se producen miles de películas insulsas, series del montón, telenovelas estereotipadas que únicamente sirven para pasar el rato (y quizá cumplan bien su única función). En realidad, la proporción entre calidad y cantidad es idéntica en anime.

      Sobre la asociación entre anime y erotismo, me parece una percepción errónea. El anime late night es más propenso a poner es escena temáticas para adultos, incluido el sexo en su faceta más morbosa; pero no debemos olvidar que esa “temática madura” incluye otros asuntos polémicos como la religión, la política, la filosofía.

      28 enero 2013 en 11:58

  2. Juan Cortez

    Que buen articulo Seriousman, lamentablemente por falta de tiempo deje de comentar por estos lares, sin embargo seguia revisando ocasionalmente algunos de los articulos escritos por ti y por tus colaboradores, tambien a veces revisaba la pagina de facebook del blog, este ensayo/analisis muestra lo que inicialmente me llamo la atencion de este espacio, la profundidad de tus articulos, sigue vigente, jamas dejes de hacer reseñas y analisis acerca de animes y/o mangas.

    En cuanto a Another pues personalmente me parecio una obra maestra, es interesante como inicialmente nos hicieron creer que Mei era una aparicion sobrenatural, y hasta tal vez la villana de la historia, luego conforme los capitulos avanzaban nos dabamos cuenta que era una chica adorable, quiza algo lugubre, pero totalmente cautivante, y hasta el aura oscura que emanaba al principio de la historia es justificada, estaba procesando el trauma por haber perdido a su hermana gemela y mejor amiga, fue Sakakibara en que al interesarse por ella, la devolvio a la vida por asi decirlo, ese acercamiento fue primero tal vez por una mezcla de curiosidad y morbo (recordemos que el muchacho es fan de la literatura de horror), y luego por una atraccion autentica de adolescente .

    Akazawa me parecio tambien un personaje majestuoso, si bien inicialmente parece la tipica delegada hipercorrecta y tsundere, luego nos damos cuenta de la deconstruccion del arquetipo, la presion de ver a sus amigos morir, sumado a la necesidad de culpar a alguien de la desgracia, es decir Mei, mezclado con los celos que sentia por la cercania de esta ultima con el protagonista formo un poderoso coctel que hizo que la pobre muchacha explotara, no la justifico, pero senti una inmensa pena cuando murio, fracaso en su labor de proteger al salon, y fracaso en su intento de conquistar al chico del cual estaba enamorada, que como afrenta final protegio a su rival hasta el final, y no pudo recordar el momento cuando se conocieron.

    Yo al igual que tu veria totalmente encantado un slice of life basado en Another, que pena que a nadie se le ha ocurrido la idea, capaz a alguien en P.A. Works se le prenda el foquito, aunque lamentablemente no lo veo muy factible.

    PD: Muy buena la imagen de Yui como fondo de pantalla del blog.

    3 febrero 2013 en 20:36

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