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Premios Serious&moe 2012. Los premios musicales

Antes de soltar al sagrado rinoceronte blanco y continuar celebrando el festival de premios, detengamos la lluvia de confeti y serpentinas para rememorar algunas escenas o situaciones memorables de 2012 ligadas a la música. En invierno, Senki Zesshou Symphogear transformó el electro-pop en herramienta de combate: el poder de generar resonancias armónicas era utilizado por heroínas con vocación de idols para enfrentarse al ruido, el enemigo auditivo de la Humanidad. Algunas cacofonías matan: las bullangueras adolescentes de Highschool Girls are Funky parodiaron a K-ON! y, aunque sus chillidos jamás les permitieron conseguir el éxito (¿estaban tocando con implementos de limpieza?), ¡llegaron a Londres! Nazo no Kanojo X conquistó al espectador más nostálgico con tonadas noventeras, pero también sedujo al oído con piezas instrumentales provenientes de algún sueño surrealista de juguetería. Sakamichi no Apollon y Tari Tari vincularon la vocación artística con una etapa crucial del aprendizaje sentimental del adolescente, un instante de toma de conciencia, un “coming of age”. Ambos relatos de crecimiento nos legaron bandas sonoras hermosas, aunque P.A. Works tiene el mérito de inventar el “espanioru” con una canción incomprensible para cualquier hispanohablante. La princesa Millhiore Biscotti siguió deleitándonos con sus vivaces canciones. Las protagonistas de Kill me Baby! ensayaban una absurda coreografía de pasos ridículos, que muchos imitaron en Youtube. Incluso una shogun del período Sengoku se animó a dejar sus posesiones y transformarse en idol. Las chicas del Club del Entretenimiento regresaron al karaoke a interpretar a trancas y barrancas algunos hits de lesbianismo yandere. Un shoujo conmovedor revivió, para su opening, una balada clásica del harem. El cuarteto Sphere protagonizó Natsuiro Kiseki, con resultados desiguales, pero recibió menos críticas negativas que AKB0048, la serie de ciencia ficción de la afamada “idols unit”. Rodaron los tanques encabezados por Katyusha, al ritmo de encantadoras marchas militares y versiones del folklore internacional: una mezcla de referentes históricos al servicio del moe. Bajo los auspicios de Supercell, Miku Hatsune, la famosa vocaloid y estrella virtual del canto, debutó en anime cantando el opening de su vieja amiga Black Rock Shooter.

Los premios musicales

Mejor banda sonora (OST)

Girls und Panzer OST

Ganadora: Girls und Panzer Original Soundtrack. Compuesto por Shirou Hamaguchi y otros (incluye versiones de piezas tradicionales).

Aunque otras series de orientación musical como Sakamichi no Apollon o Tari Tari apoyaron la exposición del relato en maravillosas partituras o emotivas canciones, la música original compuesta por Hamaguchi para acompañar las aventuras de Miho Nishizumi y su pintoresco batallón de doncellas logró crear una atmósfera sonora autónoma y fácil de reconocer, capaz de reproducir, mediante las tonadas, un universo de sensaciones y referentes, de proyectar las emociones a través de resonancias, de transmitir la esencia de un mundo ficticio capturándola en forma de leit motifs. No basta componer hermosos artilugios sinfónicos: la música debe impregnar nuestra memoria, asociarse a escenas, personajes, situaciones de la serie, generar una plena experiencia de goce que merezca atesorarse en el recuerdo. Cuando escucho “Tank Anthem” o “Senshadou March! Panzer vor!” no escucho meras piezas instrumentales: me pongo en contacto con vivencias de consumo, con Yukari emocionándose porque luchará contra los tanques británicos, con las chiquillas de primer grado llorando mientras ven Kelly’s Heros, con el espectacular final del primer capítulo, cuando la cámara se aleja de Nishizumi y descubrimos que el Colegio Ooarai flota sobre la cubierta de un gigantesco portaaviones. Estas escenas hubieran carecido de impacto o dramatismo si faltaba ese glorioso acompañamiento con aires de marcha militar, un tipo de música más acorde para desfiles de tropas en eventos cívicos, pero reelaborada acoplándose al espíritu festivo y ligero del moe. Sin embargo, el equipo de producción también tuvo el acierto cultural de incluir en momentos clave tonadas “clásicas” del repertorio militar como el norteamericano Battle Hymn of the Republic o el British Grenadiers. Estos homenajes al estilo kawaii alcanzan un pico de grandiosidad inigualable cuando Suemire Uesaka y Hisako Kanemoto entonan a dúo una versión de la clásica canción de guerra rusa “Kattyusha” que luego resonará en coro junto al resto de integrantes del equipo de Pravda que demuestran al unísono su maquinaria de engranajes perfectos, bellas pero amenazantes. El contraste entre las alicaídas alumnas de Ooarai encerradas en una iglesia devastada y las victoriosas fuerzas soviéticas celebrando por adelantado en la nieve ocurre bajo el manto melancólico de la canción cosaca “Polyusho-polye”, de Lev Knipper, mi track favorito del disco. A modo de anécdota, confesaré que, cuando estudiaba en secundaria aprendí a odiar las marchas patrióticas que solían machacarnos los instructores -supuestamente- para moldear nuestra disciplina. Sigo detestándolas: tampoco tolero las paradas militares. Pero el soundtrack de Girls und Panzer logró envolverme en su deliciosa épica, prueba suficiente para demostrarme su habilidad de conmover y generar identificación.

Mejor video de opening

Ganador: Rinne no Lagrange. “TRY UNITE”. Dirigido por Tomishasa Suzuki y Takushige Norita.
2do puesto: Hyouka (OP2). “Mikansei Stride”. Dirigido por Yasuhiro Takemoto y Futoshi Nishiya.
3er lugar: Lupin III – Mine Fujiko to Iu Onna. “New Wuthering Heights”. Dirigido por Masahiro Aizawa y Sayo Yamamoto.

FLY AWAY. En anime, la secuencia de opening sirve de carta de presentación: debe resume, en apenas noventa segundos, tres aspectos fundamentales. El primero, el núcleo básico del elenco, los personajes esenciales. El video debe introducirlos y adelantarnos su función en el relato, sus posibles relaciones y quizá algunos datos sobre su personalidad. Además, debe trazar de forma fragmentaria, metafórica o desordenada los elementos más importantes que describen la trama. Finalmente, mediante la elección de fórmulas estéticas atractivas, ese minuto y medio debe captar la esencia, el espíritu de la serie, el ritmo que desea imprimirle el director, el ambiente predominante, sea sobrio o ridículo. Un opening no encapsula el contenido, sino que, aplicando la técnica del videoclip musical, recoge retazos inconexos para construir una sucesión de imágenes yuxtapuestas y presentarnos un conjunto de connotaciones asociadas a la historia. Estos tres videos cumplen, con enfoques diferentes, estos requisitos fundamentales y constituyen hallazgos en cuanto a calidad de animación , voluntad de innovar o capacidad para conjugar los ingredientes visuales. La reciente encarnación de Lupin III quiebra el esquema abandonando el típico binomio entre canción pop y video-resumen. Aparte de renunciar al color, emplea únicamente una pieza instrumental acompañada con frases provocadoras y enigmáticas de la protagonista Fujiko Mine, que acapara cual collage de sensualidad desbordada, muy europea, la totalidad de minutos en una mezcla vanguardista que busca la controversia y pretende llamar la atención sobre la forma, un gesto bastante esteticista (con alusiones literarias) que incluso se recalca en el monólogo (“Robar es un vicio elegante”). KyoAni nunca decepciona al plantear sus clips: quizá sus éxitos comerciales hayan elevado la valla y estimulado a otros estudios a ponerle atención tanto a openings y endings como instancias claves en la producción. Quizá demore en aceptarse la importancia de Hyouka en la evolución del estudio, sin embargo, este video refleja un crecimiento técnico, una ampliación del lenguaje cinematográfico y una finura para captar los detalles por encima de sus competidores (incluso P.A. Works). “Mikansei Stride” propone una narrativa veloz y trunca: el sueño de Oreki, que recorre los diferentes escenarios, se cruza con varios personajes y solamente consigue salvarse simbólicamente del “encierro” (la soledad, la indiferencia) en manos de Chitanda. Finalmente, Rinne no Lagrange consiguió con “TRY UNITE” combinar una canción electrónica y catchy con imágenes de extrema belleza también enhebradas en una especie de narración incompleta que inicia con melancolía y culmina con optimismo heroico cuando el trío de guerreras se reúne para volar juntas luego de escuchar el magnífico Maru! de Madoka que sirve de punto de inflexión, el éxtasis del in crescendo musical. Si Hyouka desaprovecha un gran video asociándola a una canción poco memorable, la primera temporada del Jersey Club le exprime el jugo al máximo a “TRY UNITE” sirviéndose de su estructura sonora, por ejemplo, para crear la sensación de expectativa cuando la enérgica protagonista inicia su transformación en piloto o el breve toque de violines mientras aparece Lan en actitud lastimera. Si sumamos la afortunada elección de una inusual paleta de colores que introduce al universo simbólico de la serie, tenemos como resultado una clase maestra de cómo diseñar un buen opening.

Mejor canción de opening

Ganador: “Feel so Moon”, por Unicorn, para Uchuu Kyoudai (OP1).
2do lugar: “back into my world” por Sweety, para Sengoku Collection (OP2).
3er puesto: “Rakuen PROJECT” por Ray, para To LOVEru Darkness.

FEEL SO GOOD. Una canción de opening está ligada de manera consustancial a la historia de ficción que ayuda a presentar y promocionar; no obstante, también puede disfrutarse por separado en su versión completa. Aparte de las once canciones nominadas al rubro, muchas excelentes piezas musicales quedaron fuera del conjunto de candidatas (pienso en YuruYuri, Kokoro Connect, Nazo no Kanojo X o Danshi Koukousei no Nichijou) y, ante semejante variedad de estilos, establecer un veredicto en función de calidad es complicado, casi imposible. Dejo ese trabajo a musicólogos o auténticos conocedores del fenómeno jpop, jrock y demás jmusic. Mi decisión, tanto al momento de fijar el cuadro de nominaciones como al definir un ganador, responde a preferencias y tendencias personales confrontadas con determinados criterios de excelencia, una mezcla de intuición y percepción. Sin embargo, no pretendo emitir una opinión de experto, sino de aficionado. Merecen menciones honrosas canciones como “friendship”, en versión inédita de Ritsuko Okazaki; la épica “Mugen no Ai” de Momoiro Clover Z; o “Wake up” de ClariS (el dueto moe por excelencia): si pudiera entregar seis premios, no dudaría en integrarlos al podio. Rakuen Project transformó la imagen de To LOVEru alejándola del frívolo humor libidinoso y carnavalesco de temporadas anteriores para reorientarlo hacia la acción sin perder su marca registrada de sensualidad. Parece sacada del repertorio de la franquicia Toaru: un arranque electrónico, que presagia misterio y combates, evoluciona con naturalidad hacia una balada rock que alcanza una especie de orgasmo vocal en la palabra “paradise”. La letra refuerza las asociaciones de conceptos que propone la serie: amor apasionado, impulso sexual incontrolable, incitación a la poligamia, el universo sensorial de Momo Deviluke. “back into my world” refleja el ritmo acelerado y paródico de Sengoku Collection, invitando a tomarnos menos en serio la Historia y disfrutar sin prejuicios del festival de chicas lindas que reescriben las biografías de grandes hombres. Una canción-espejo: su estructura musical refleja la fórmula narrativa de la serie. Con altibajos melodramáticos, entre la velocidad del humor absurdo y la tensión de ciertos episodios dramáticos o lacrimógenos. El piano que revienta durante los coros, baja de intensidad y recupera su fuerza hacia el final le otorga un aire de espectáculo vivo, que palpita. En términos de fuerza melódica, está repleta de energía y comunica esa impetuosidad con enorme poder emotivo. La letra manifiesta ese dinamismo, esa voluntad de emprender con coraje un imposible. Banda sonora del sueño de viajar al espacio, “Feel so Moon” nos traslada a galaxias auditivas más lejanas, con reminiscencias del rock noventero (en especial, Oasis y Blur) que apelan, probablemente, al público más maduro de Uchuu Kyoudai. La canción sirve de homenaje al anhelo infantil de alcanzar la Luna, ese destino imposible. Tiene tanto un aire nostálgico como un impulso épico como mucho del rock de finales del siglo pasado y, como ninguna otra canción de opening, logra captar en letra y música la atmósfera conceptual de la serie. La densidad poética de sus imágenes es cautivadora, cais onírica: “La Luna es una pequeña isla flotando en la Vía Láctea” y puede “tocarse una guitarra bajo la sombra de los árboles lunares”. El satélite, esa meta añorada, puede representar cualquier valla imposible, incluso el amor. Al final, aunque la pieza funcione de telón de fondo al relato de los hermanos Nanba, separada del videoclip del opening (que también recoge el sentido aspiracional de viajar al espacio), la canción se proyecta hacia un cúmulo de connotaciones y significados más amplios, que dependen de la sensibilidad del espectador.

Mejor canción de ending

Ganador: “INSIDE IDENTITY”, por Black Raison d’être, para Chuunibyou demo Koi ga Shitai!
2do puesto: “Koi no Wana”, por Ruka Suirenji/Haruka Yamazaki, para Hayate no Gotoku – Can’t take my eyes off you.
3er puesto: “Futuristic Player”, por Miyuki Hashimoto, para -Saki- Achiga-hen episode of side-A.

CHUUNIN-MOE-KYUN! El ending solía considerarse la última rueda del coche hasta 2006, cuando KyoAni se atrevió a convertir ese rincón de las ánimas de baja sintonía en un potencial espacio de lucro. Existe un antes y después de “Hare hare yukai”: el predominio comercial del moe se consolidó esa noche y, tres años después, cuando parecía desinflarse, los genios de Kyouto volvieron a inventar la pólvora con “Don’t say lazy”. A diferencia del opening, el cierre solía genera menos empatía entre público y producto porque carecía de importancia en términos de márketing (no “vende” el relato). Además, los espectadores distraen su foco de atención después de veinte minutos y, salvo cuando esperan la secuencia de avances, prefieren saltarse u obviar esos últimos minutos de descanso musical cuya única función sería crear una sensación redundante de nostalgia o expectativa. Predominaba la balada de despedida, los ritmos suaves y melancólicos. El upbeat era exclusividad del opening. Durante los últimos años, estos hábitos de composición fueron abandonándose o relativizándose. La paleta de opciones se multiplicó, como demuestran los diez singles nominados, desde el pop convencional de “Darling to Madonna” de You Kikkawa, el alegre coro de “Shiozake no Harmony”, los coqueteos de jpop noventero de “Houkago no Yakusoku” por Ayako Yoshitani, hasta la interesante conjunción de talentos de rock indie y moe-pop de Supercell y ClariS para “Naisho no Hanashi”. Lamento no incluir entre los nominados el tema de cierre de Shin Sekai Yori, “Wareta Ringo” por Ringo Taneda, pero la versión completa recién se lanzará en enero. -Saki- Achiga-hen heredó de la rama original su habilidad para enhebrar las circunstancias del mahjong con eventos melodramáticos en una fabulosa espiral de tensiones: “Futuristic Player” transforma esa avalancha de angustias y anhelos en estrofas. Los fanáticos del sakiverso asocian esta canción con Toki Onjouji, la virtual protagonista del spin-off, al menos durante sus primeros doce episodios (que podrían titularse “La saga de Senriyama”). Incluso la forma de cantar de Hashimoto posee, por momentos, un vigor guerrero, competitivo, típico del anime deportivo, sin importar las resonancias románticas de la canción. Esfuerzo, sufrimiento, sueños, ambiciones: la materia emocional del deporte se confunde y entrelaza en una partitura que combina notas tristes y esperanzadoras. “Koi no Wana” es una vibrante balada rock que trasmite, mediante una interpretación enérgica, una sensación de oscuridad, de entrampamiento, de ahogo sentimental. La tercera temporada de Hayate no Gotoku pasará al olvido sin pena ni gloria, pero el personaje más beneficiado después del desastroso saldo final es Ruka Suirenji, cuyo perfil misterioso, solemne y poético de narradora la mantuvo en una dimensión metafórica: ese efecto de extrañamiento lírico se transmite por destellos durante la canción. El lenguaje es enigmático, pero pasional: se habla de pecados, pureza, indiferencia, sufrimiento; sin embargo, existe una posibilidad de liberarse o revertir esa trampa mediante el amor. El erotismo se concibe mediante alusiones religiosas (el alma, lo sagrado, lo angelical) recuperando una suerte de mística. “INSIDE IDENTITY” reproduce la fórmula ganadora de los endings de K-ON! interpretados por Youko Hikasa (pop-rock con voces adorables y temáticas maduras) e incluso podría considerarse a Black Raison d’être un epígono de Houkago Teatime. La estructura retoma elementos de “Don’t say lazy” y posee la agilidad vertiginosa de “No, thank you!”, pero desenterrar las herencias o influencias no permite consignar los méritos de la canción, pues su principal virtud reside en trascender las circunstancias asociadas a la composición. La letra insiste en cuestionar al auditorio, relativizando sus criterios de “normalidad”. La pregunta sobre la identidad es retórica: la canción asume la defensa de una actitud rebelde contra la incomprensión social. Puede interpretarse como reflejo de chuunibyou, una especie de character song masivo, pero sus clamores de libertad y honestidad logran conmocionarnos porque remiten a dilemas básicos de cualquier adolescente.

Mejor video de ending

Ganador: Hyouka (ED2). “Kimi no Matsuwaru Mystery”. Dirigido por Yatsuhiro Takemoto y Futoshi Nishiya.
2do lugar: Chuunibyou demo Koi ga Shitai! “INSIDE IDENTITY”. Dirigido por Naoko Yamada y Kazumi Ikeda.
3er puesto: Papa no Iukoto o Kikinasai. “Coloring”. Dirigido por Itsuro Kawasaki.

KYOANI STRIKES BACK. Antaño, la mayoría de videos de endings consistía en secuencias de imágenes estáticas, ilustraciones artísticas o murales en collage. También se empleaban los rollos, en vertical u horizontal: secuencias de figuras decorativas que suben o bajan o pasan la pantalla a ritmo regular. Otros utilizaban la técnica del “Credits Running Sequence” que consistía en animar al personaje corriendo o caminando sobre un punto fijo del encuadre mientras, al fondo, la escenografía cambiaba. Este estilo continuó utilizándose en series recientes, aunque con variantes creativas, como las versiones de KyoAni para AIR y Kanon. Como mencionábamos líneas arriba, el lanzamiento del clip de “Hare hare yukai” en 2006 promovió el interés por desarrollar las posibilidades fílmicas del, hasta entonces, aburrido y menospreciado ending, integrando ese minuto y medio al espectáculo global, convertirlo en elemento funcional del show. Por convención, los endings no requieren cumplir tantos requisitos comunicativos como un opening; en consecuencia, tienen mayor libertad creativa para añadir elementos artísticos, proponer experimentos de vanguardia o plantear alguna situación humorística, con coreografías o sketches. Los mejores ejemplos “modernos” adoptan la técnica del videoclip: basarse en un concepto y desarrollar un simulacro de narrativa mediante la yuxtaposición de secuencias sin seguir un hilo necesariamente lógico. Papa Kiki recurre al color como fundamento para ofrecer una travesía onírica en compañía de las hermanas Takanashi. El atractivo del clip reside en jugar, en divertirse aplicando matices y recurriendo a efectos visuales con sutileza y sencillez (burbujas, destellos, chispas): es notable el detalle de usar los ojos como ventanas de transición a otros escenarios otorgándole a cada escenario una tonalidad específica (azules, naranjas, morados, verdes). La canción se llama “Coloring”: el video ejecuta ese acto de coloreado siguiendo el ritmo de Yui Horie, acelerando o enterneciéndose según avanza la música. Los últimos segundos cierran el plano alrededor de Hina, el personaje más dulce del elenco, que abre los ojos hacia el público mientras brota un marco de flores en cian, amarillo y magenta. Como indicábamos con anterioridad, KyoAni ha perfeccionado la elaboración de endings hasta niveles magistrales. Naoko Yamada, la directora de K-ON!, tomó las riendas de “INSIDE IDENTITY” y recicló los ingredientes del estilo HTT, adaptando la estética rebelde y urbana de “No, thank you” al embrollo existencial del chuunibyou. Algunas fórmulas estructurales se mantienen: el gesto de Nibutani recuerda uno similar de Mio Akiyama, el baile de Rikka parece prestado de Yui-senpai, las cuatro manzanas del final recuerdan las cuatro luces del video de “Don’t say lazy”. Sin embargo, la ejecución es perfecta, irreprochable y Kumin puede seguir interrumpiendo con miradas furtivas ese enloquecido vaivén del viento que agita el vestido loligothic de la protagonista. Yamada es capaz de añadirle a cualquier grupo de moe-rock una imagen más atrevida y madura sin quitarle su trasfondo juvenil y frívolo: comer la manzana de la discordia o reventarla de un disparo, usted elige. El segundo ending de Hyouka comprueba el crecimiento del estudio en lenguaje visual: el fondo amarillo es osado, alegre, capta la atención de inmediato. También la decoración con palabras en inglés que remiten a una mitología literaria utilizada como parodia o metáfora del trasfondo romántico de la serie. Chitanda y Mayaka son detectives del siglo XIX que persiguen a ladrones galantes, pícaros y difíciles de atrapar, que aprovechan su candidez para continuar escapando: el amor es misterioso y engendra una constante persecución. La narrativa incompleta del videoclip asume la forma del sketch cómico: las chicas comunican su sorpresa al espectador y prosiguen la investigación aunque no parezcan hallar rastros. Bajo una superficie divertida y tonta, se extiende una metáfora con varias proyecciones: amar es investigar y capturar, ¿pero también enviar a prisión?

2 comentarios

  1. rolo2k

    Tengoque admitir que el 2012 quedé en deuda con muchas series que espero poco a poco ir conociendo (Girl und Panzer apenas comienzo a verla);por cierto muy bueno el repertorio que escogiste. Dentro de mis gustos particulares puedo mencionar el OST completo de Nazo No Kanojo X (incluyendo el opening y el ending y especialmente el ya característico “dream theme”), así como los ending de Another y Sankarea, ambos interpertados por la dulce voz de Annabel, muy agradables.

    5 enero 2013 en 22:17

  2. A me abochorna decir que no he visto la mayoría de las series galardonadas, pero lo remediare en las semanas subsiguiente.
    Entre los opening que me gustaron tendría que colocar el de Sankarea y los endings de Accel World, en especial el 2.

    6 enero 2013 en 14:55

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