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Girls und Panzer 6: Make Sensha-dou, not War!

La lenguaraz y neurótica Alyssa se robó el show a punta de berriches megalomaníacos. Su desborde demencial de muecas, insultos y griteríos petulantes forman un jocoso crescendo que añade un contrapunto de psicótica ridiculez al magistral concierto sinfónico de tanques. Típica villana de comedia con perfil humorístico, Alyssa es engreída, una muchacha malcriada que juega sucio y magnifica al máximo sus delirios de grandeza. Su antipatía es proporcional al grado de estupidez que alcanzan sus gestos de soberbia, como asomarse afuera del tanque a maldecir a sus rivales o recordar entre pataletas cuán fácil de conducir es su maravilloso Sherman. Esta clase de locas prepotentes tienden a transformarse en bufones cuando su egocentrismo degenera en un hilarante mamarracho de crisis bipolar pasando de estados de extrema excitación autoritaria a arranques de depresiva estupidez, lamentando en público sus fracasos amorosos. El personaje calzaba perfecto para mantener a flote la moribunda carrera de Aya Hirano, pues -vale la pena apuntarlo- su espléndida interpretación dotó a Alyssa de retorcidos matices cómicos: sus reacciones se convirtieron en espectáculo aparte, una atracción paralela al combate. Esa faceta caricaturesca sirve de contrapeso al tono dramático del combate. Las chicas de Ooarai expresaban con alegría su entusiasmo mientras iban ganándole el duelo a Saunders y correteaban a su tanque bandera, y cuando perdieron su ventaja y terminaron acorraladas bajo el fuego del Firefly, sus muestras de tristeza eran moderadas (¿componer un haiku de muerte?) o menos tremebundas. En cambio, las emociones de Alyssa siempre son borderline, al límite del abismo entre una lunática obsesionada con ganar y una chiquilla pedante montada en pánico. Sus alaridos de urgencia son frenéticos y caóticos. Sus aullidos de temor tienen ese tono patético de mala perdedora incapaz de asimilar su pésima suerte. Pero incluso cuando se siente victoriosa, sigue comportándose como un payaso. Sus bramidos de victoria son truculentos, son orgasmos de malevolencia. Todos sus requiebros y morisquetas son aparatosos, en especial, ese close-up de desesperación concentrado sobre sus ojos temblorosos. Alyssa es grandilocuente porque sus exabruptos teatrales deben provocarnos, antes que aborrecimiento, una especie de vergüenza ajena. Saunders es un colegio millonario, de élite: me imagino que Alyssa-chan es, siguiendo el paralelo con Estados Unidos, la mean girl, la f*cking bitch del equipo de Panzerfahren, pues se arroga la derecho de patear y mangonear a sus compañeras de escuadrón sin sentir el mínimo remordimiento. Entre los estereotipos estadounidenses, la informalidad tiene también un lado negativo: una cultura sin apego a las reglas y escaso respeto por las formalidades es víctima de su adoración al éxito, su conciencia de potencia mundial, la famosa doctrina del “destino manifiesto” que muchos latinoamericanos identifican con la arrogancia yanqui: despreciar al rival, considerarlo inferior, aplastarlo sin compasión y ganarle con trampa. Sin embargo, existe otra visión menos monstruosa del Gigante del Norte, una imagen más idealista construida también por visiones utópicas: el gringo amistoso, suelto de huesos, desprejuiciado, dispuesto a armar la fiesta o tomarse la vida a broma porque en América, life is beautiful, se respira libertad y espíritu deportivo. Kay, la comandante de Saunders, representa ese arquetipo: la rubia nada tonta, pero cándida y bien intencionada que distingue entre deporte y guerra, que exige “fair play” y felicita con efusividad al contrincante. Kay también es espectacular, una heroína de Hollywood, la chica buena del teen movie, Kirsten Dunst en Bring it on. Sus excentricidades y locuras son siempre joviales y amistosas. Elige lo correcto no porque la guíe un ideal de caballerosidad (como las “británicas” de St. Gloriana), sino porque divertirse implica respetar al contendor. Happy ending, todos amigos, American way of life.

Kay demuestra que existen diversas perspectivas y enfoques acerca del Panzerfahren. Comencemos por lo básico. Según el viejo adagio del olimpismo, “No importa ganar sino participar”, pero el deseo de triunfar incentiva el esfuerzo. En consecuencia, la práctica de cualquier deporte implica enfrentar esta dicotomía moral y cualquier escuela o estilo enfrenta siempre la pregunta ética acerca de cómo concebir su disciplina: como una batalla sin cuartel, como una filosofía de vida, como un arte. Los nombres de las artes marciales modernas japonesas suelen terminar en la partícula -dō, que significa “camino de” (judo, aikido, karatedo, kendo) e implica un tránsito de superación personal a nivel físico y espiritual. Esta variedad de vías o rutas hacia el perfeccionamiento pueden recorrerse de diversas maneras, siguiendo una escuela (ryu), un conjunto de técnicas de lucha y enseñanzas éticas, transmitidas de maestro a discípulo y heredadas de padres a hijos. En Occidente, los “estilos” de juego del deporte profesional se originan desde las canteras o academias infantiles, donde se inculcan valores asociados a ciertos clubes o colectividades. Las chicas de Saunders y Santa Gloriana interpretan el Panzerfahren según el concepto occidental de competencia deportiva, mientras la familia Nishizumi se adhiere al concepto japonés de budou (“método marcial”). Para Darjeeling, las batallas de tanques son eventos caballerescos. Tiene una concepción medieval del juego: un duelo de damas dignas y honradas, que ensalzan su honor en combate y manifiestan su respeto peleando con elegancia, pundonor y pulcritud. Aunque nos suene cursi, la mayoría de deportes contemporáneos que surgieron en Inglaterra, incluido el fútbol, defendían en sus inicios este discurso de élite. Darjeeling representa el estereotipo inglés de competencia “con modales”, cual atildados aristócratas del siglo XIX, sin incurrir en excesos, justificándose con gentileza si acaso, como doncella, decide perder la cordura “en la guerra o el amor”. Me encanta su faceta de comentarista, en especial, cuando confunde a la dulce Orange Pekoe contándole fábulas tan refinadas como incomprensibles. Los pepinos adentro del sandwich saben mejor porque los trozos de pan apretándolos incrementan su sabor: lenguaje poético típico de una oujo-san británica instruyendo a su pequeña rosa en bouton. En cambio, Kay desacraliza el deporte: antes que “serious business” es “funny thing”, cuya finalidad es fomentar la fraternidad, la amistad, la buena onda entre participantes. El Sensha-dou es entretenimiento, una forma divertida de aprender y desarrollarse como persona. El crecimiento del individuo es consecuencia de recrearse, de jugar, de colaborar en equipo y mejorar sus habilidades, pero el placer de ganar no admite trampas. Tampoco complace derrotar a rivales con handicaps o aprovechando ventajas indebidas, porque la victoria es un asunto de conciencia personal: contentarse con “triunfos” ilegítimos o dudosos es engañarse, satisfacerse con migajas, mirar lo superficial. La moral estadounidense reboza sentimentalismo: sus nociones de amor, bondad y justicia parecen inspirarse en películas de Walt Disney. Kay representa ese idealismo infantil (“Tu tanque llorará si no eres buena persona”): es cándida, confía en sus subordinadas, pero su sentido del humor, su franqueza, su pureza de corazón no suenan a moralina, sino cool. Las capitanas de Saunders y Santa Gloriana engrosan ahora la creciente lista de fangirls de Miho y simpatizantes de Ooarai. La blondie celebra su derrota exclamando “Exciting!” y provocando la única escena sospechosa de tonalidades yuri cuando abraza con calurosidad a Nishizumi (Saori casi se transforma en Mugi, le faltaban los goggles). Orange Pekoe suspira conmovida por esa vibrante escena de camaradería (insisto: Saimoe 2013 será un fiasco si faltara un mínimo de quince candidatas que engrosen la facción Garupan. Prepárate, -Saki-). Prevalece una atmósfera de concordia y esperanza: incluso Alyssa merece el perdón luego de sufrir la penitencia del debriefing. La lugarteniente de Maho rompe esa burbuja espetando un comentario desdeñoso y lleno de desencanto: en Kuromorimine, el prestigio se mide según la dimensión del éxito, el guerrero es orgulloso y arrogante, persigue el triunfo por encima de ideales gaseosos, como la compasión. El Sensha-dou no tolera cuentos de hadas: es pragmatismo, sangre fría, eficiencia y constante ambición.

Todos los colegios arriba mencionados son instituciones de élite, probablemente escuelas privadas con presupuestos millonarios y costosas pensiones. Sus alumnas provienen de familias acomodadas, de oligarquías tradicionalistas con mentalidad japonesa (Kuromorimine), otro sector más occidentalizado pero también conservador de la aristocracia (Santa Gloriana) y una élite moderna (Saunders). Suele catalogarse a “los ricos” como si formaran un bloque monolítico; sin embargo, existen diferencias ideológicas entre los terratenientes y la burguesía industrial o comercial. Probablemente las chicas de Saunders no compartan el ideal de yamato nadeshiko ni tampoco se adhieran al concepto de honor y cumplimiento del deber al estilo oriental como parecen pretender las alumnas de Kuromorimine. Kay no busca la perfección, sino la felicidad: esa diferencia marca una distinción de principios éticos. No obstante, los cuatro grandes colegios, incluyendo a Pravda (la encarnación moe de Rusia soviética), tienen en común el poderío económico, las grandes cifras, los lujos, las facilidades, la maquinaria. Pueden alardear o lucir su abundancia dándose el lujo de cometer excentricidades: teatime dentro del tanque, un depósito repleto de Shermans, campamentos del equipo con WcDonalds y peluquería, land rovers rosados, helicópteros para transporte privado, globos de espionaje. Esta dimensión social es otro rasgo frecuente del relato deportivo en anime, aunque su tratamiento se ciñe al tono del melodrama, no tiene profundidad sociológica. De todas formas, se traza una épica de clases sociales o niveles socioeconómicos, una gesta del pueblo llano que, superando las adversidades, carencias y desventajas, derrota a los poderosos. Para ponerlo en términos más simples: la hazaña del equipo chico, el underdog, la sorpresa del campeonato, pero superpuesta a cierto contexto social, pues además de faltarle tradición, también son “pobres”. Coloco este adjetivo entre comillas porque Ooarai no pertenece al espectro social menos favorecido, no hablamos de arrabales, villas miseria o viejos callejones destartalados. En realidad, la mayoría de chicas del colegio protagónico provienen de la clase media, la pequeña burguesía o un sector acomodado del proletariado. Las únicas excepciones son -vaya coincidencia- Hana y Miho, pero ambas casi podrían considerarse “descastadas”, es decir, expulsadas o voluntariamente excluidas de su círculo social original. A diferencia del resto de escuelas, Ooarai carece de fama y lujosos antecedentes en la práctica del Panzerfahren, sus tanques son viejos, fueron recuperados del olvido y tampoco forman un conjunto compacto, sino un collage, un potpurrí de distintos modelos y tamaños. La marca registrada de Saunders es su numeroso escuadrón de Shermans. Los vehículos de fabricación británica le otorgan a Santa Gloriana una seña unitaria de identidad: imitar al glorioso Imperio del Commonwealth. Ooarai formó su equipo apelando a distintos remiendos: una renegada ex-alumna de Kuromorimine, carrocería destartalada, un grupo heterogéneo de reclutas convencidas de manejar un tanque con pintorescas ofertas. Son principiantes y, salvo Yukari, Miho y alguna de las history nerds, sus conocimientos técnicos en materia bélica son exiguos: esa disparidad se compensa con entusiasmo y compromiso. Las chicas de primer grado, del equipo conejo, dispuestas a enmendar su grave error del pasado, se alientan para defender al tanque insignia. Todas las integrantes del equipo son conscientes de sus debilidades, pero aprovechan sus talentos para colaborar. Saori utiliza su habilidad teenager para escribir sms a velocidades kilométricas. La capitana del club de volleyball ensaya sus mates con bombas de humo durante una persecución. Hana no sacó su puntería del sombrero: el arte del arreglo floral exige precisión y, antes de disparar, la gunner del Panzer IV vuelve a trazar un paralelo entre ikebana y Sensha-dou. El heroísmo humilde es otro punto de contacto con -Saki-, además de la vasta tradición del género de historias de deporte (la rivalidad socioeconómica es una temática que puede rastrearse desde Supercampeones). También en la serie de mahjong sobrenatural, dos colegios “menores”, provincianos, rurales (si consideramos el caso de Achiga), sin reputación, desafían las expectativas, escriben su propia leyenda, desbancando a otros institutos más renombrados y económicamente más solventes. Tanto en -Saki- como Girls und Panzers, una jugadora de talento descollante encabeza la consecución del hito histórico. Sin embargo, aunque Miho Nishizumi es modesta y retraída (pese a su evidente agudeza estratégica), nos equivocaríamos al equipararla con Saki Miyanaga: ambas son monstruos, pero la Comandante del Pez Anzuelo no rehúye jamás a sus responsabilidades de liderazgo. Ooarai continúa luchando hasta el último cañonazo gracias al mandato de Miporin: rendirse en la dificultad es perder por adelantado. Ocurre igual con el amor (Saori dixit).

P.D. Alyssa se equivocó y pagó… pero el tanque no se mancha.

4 comentarios

  1. Leo

    a medida q van pasando los episodios Saori se volvio mi personaje favorito, porque se preocupa por todas ademas de ser la alegria del grupo.
    el talento de Miporin esta acorde con su apellido, al parecer era la segunda al mando en su antigua escuela y concuerdo contigo sobre la poka experiencia de las otras chicas, espero q alguien se destaque y sea apoyo de Miho en lo que estrategia se refiere.
    por otra parte su hermana al parecer es simplemente fria de emociones y no guarda ningun rencor contra su hermana como al parecer si es el caso de Teru q niega tener mas familia q su madre.

    12 diciembre 2012 en 00:06

    • davidvfx

      es mi personaje preferido Mako Reizei ya que a pesar de ser la mas timida es la de espiritu mas avanzador y de pensamientos mas sinceros al hablar con total franquesa, como cuando defendio a Miporin de los comentarios de la antigua colega, o cuando le dio su opinion sobre cuando salvo a los del tanque que se hundia… me gusta verla en el manga donde ella es la protagonista.

      14 diciembre 2012 en 03:23

      • davidvfx

        me aquivoque de nomre hablaba de Yukari Akiyama no de mako (aun que debo deir que es la mas bonita)

        14 diciembre 2012 en 03:30

  2. lnn

    Interesante el planteo de destacar la diversidad de equipo y tripulaciones de Oorai, y su aparente falta de tradición, en contraste con el paradigma dominante encarnado en las formaciones homogéneas y estructuradas de sus rivales. Equipo y tripulaciones heterogéneos permiten estrategias flexibles que se adaptan a situaciones cambiantes mejor que los “dinosaurios” fuertemente estructurados. Ya se sabe que los nuevos paradigmas son impuestos por los foráneos (y los “descastados”, como dice la reseña).

    Si le hacemos caso a Kasparov y aceptamos que el objetivo del ajedrez (y lo podemos hacer extensivo a cualquier otra disciplina, incluído el panzerfahren) es minar psicológicamente al oponente para después acabarlo en el tablero, se entiende que el resultado final es irrelevante (o una impostura, diría Kipling), si en la victoria o en la derrota el héroe se mantiene psicológicamente ergido, o, más espectacularmente, si recupera su estabilidad psicológica después de haberla perdido. Miho parece consiente de esto, su segunda etapa en el panzerfahren le permite a ella reafirmar su estabilidad pisicológica en la torreta de un tanque al mismo tiempo que inculca a su grupo y al panzerfahren en general que ganar no es todo, o mejor dicho que sólo el ganar no es suficiente. Como se destaca en la reseña esto es posible por la extracción social de las participantes y su entorno. Aunque con matices claramente diferenciados, todas son aristocráticas “amateurs” del panzerfahren, no son profesionales rentadas ni viven de los premios. Esto les permite el lujo de darle un sentido heroico a su disciplina que las predispone a admirar y aceptar con “nobleza” los actos heroicos.

    Seroius, realmente no entiendo tu admiración por las chicas de Santa Gloriana. Son un montón de clones de Mami Tomoe, sólo les falta Kyuubey. Aunque sean legión en el próximo Saimoe, de entre las posibles participantes de esta temporada prefiero a Shinka Nibutani y sus múltiples personalidades.

    14 diciembre 2012 en 11:17

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