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To LOVEru Darkness 6: Genderbending, genderswapping & gendersplitting

¡ADVERTENCIA!: ARTÍCULO NSFW

La imaginación fetichista carece de límites, en consecuencia, el harén puede expandirse en proporciones trigonométricas mientras se inventen nuevas maneras de encauzar el deseo, formas estrafalarias y coloridas de imaginar o procurar el placer. El erotismo suele asociarse con un festejo franco y desvergonzado del cuerpo, una celebración del impulso carnal, del instinto de goce más primigenio, pero envuelto en excesos, una estética de la abundancia, sumada al deleite culposo de violar las reglas. El relato erótico es carnavalesco: se suspenden las reglas que reprimen los apetitos más irracionales del sujeto, predomina lo lúdico, el sexo como juego, la travesura libidinosa, la creatividad impúdica, las fantasías desbocadas. Abunda la comedia, el género más adecuado para contar esos enredos pícaros o situaciones absurdas provocadas, a veces, por sabrosos malentendidos. To LOVEru es un pequeño clásico del ecchi. Pocos ilustradores como Kentaro Yabuki son capaces de crear un elenco femenino tan sensual y carismático, dotar sus figuras de una exquisita plasticidad erótica y jugar al equilibrismo en la delgada cuerda floja que separa la insinuación del hentai. Mientras algunas imágenes del manga rondan la vulgaridad, otras son sinceramente hermosas. Esta tercera adaptación al anime en formato televisivo mantiene el tono picante y la cuota de humor libertino que caracterizaba a las anteriores temporadas, pero se distancia del “antiguo” To LOVEru en varios aspectos, desde el planteamiento argumental hasta la atmósfera del relato. El opening sirve como indicador. “Rakuen PROJECT” le imprime un ritmo y un aura más dramática y cercana al anime de acción, que parecería calcado de la franquicia Toaru. Nunca creí que, pronunciada por una cantante japonesa, la palabra “paradise” tendría un halo tan sexy. La letra de la canción refleja otro cambio de paradigma, pues asume el punto de vista de Momo Belia Deviluke, que desplaza del protagonismo a su hermana mayor Lala e impone su toque personal, más malicioso y maduro, abriendo camino a escenas de combate menos cómicas, más angustiosas, bajo un objetivo nada inocente. El To LOVEru de “antaño” era honestamente frívolo, un festival de situaciones ridículas, porque su heroína principal era linda, distraída y despreocupada, una troublemaker, una experta en líos con demasiada inteligencia pero escaso sentido común: la visión del erotismo era tonta y ligera, una cuestión de “ocurrencias”. En Darkness, en cambio, Momo le pide a Rito confianza para guiarlo al “jardín del amor” y poner el práctica ese “gran proyecto”. Luego, viene una declaración de poligamia que promete convertirse en “el mayor escándalo de la galaxia”. La solución que propone Momo implica una ruptura incluso con el modelo de comedia romántica tradicional del anime, sostenida sobre la indecisión perpetua del héroe frente al triángulo amoroso. Cuando el muchacho se decide, se acaba la historia. Sin embargo, la pequeña princesa de Deviluke plantea utilizar las reglas de su planeta, donde se permite el múltiple concubinato, creando un harén cósmico que incluya a todas las chicas enamoradas de Rito. Para lograrlo, Momo deberá transformar al caballeroso y poco agresivo Yuuki-kun en un galán “carnívoro” y hambriento. El perfil embustero y sigiloso del personaje transforma la manera de enfocar el erotismo: en Darkness, junto al chiste, conviven también las triquiñuelas, la malicia, la perversión. La trama se torna más oscura cuando ingresa en escena Mea Kurosaki, un arma asesina como Konjiki no Yami, dispuesta a confrontar a su “onee-chan” y resucitar su faceta más tenebrosa. Tener dos caras, un lado siniestro, una dimensión salvaje, son ideas recurrentes: Momo esconde ante sus compañeros de clase su rostro más indecente y calculador, los villanos intentan forzar a Yami a retomar sus actividades homicidas, Mea es capaz de mostrarse tierna pero también malévola. Las menores del grupo ocupan los roles más importantes, mientras sus predecesoras (Lala, Haruna, Kotegawa) se resignan a papeles marginales: este recambio generacional acarrea otro tipo de heroínas, con habilidades de combate, más agresivas e intrépidas frente al sexo, más astutas, nada ingenuas sino francamente belicosas.

Otro punto de divergencia frente al “antiguo” To LOVEru consiste en la estructura narrativa. Quienes hayan leído el primer manga, sabrán que Yabuki y Hasemi preferían un patrón episódico, es decir, una historia corta cerrada en cada entrega sin continuidad en los siguientes capítulos. Algunas se extendían por tres o cuatro episodios, pero no constituían un arco porque sus hechos tenían poca relevancia al iniciar la siguiente historia. No existían objetivos ni tensiones ni misterios. En Darkness, al ingresar la maldad como factor, el relato maneja una secuencia más progresiva, los hechos están conectados, los acontecimientos tienen repercusiones a futuro, algunos personajes se manifiestan cierto grado de desconfianza, y cobra sentido reflexionar sobre los traumas del pasado o valorar el presente. Sin embargo, la serie ha ganado un nombre y quizá una (mala) reputación gracias al ecchi, por tanto, debe responder también a las exigencias del público ávido de fanservice. El objetivo de formar un harén se presta a situaciones inevitables de impudicia: toqueteos, manoseos, exhibicionismo. Sin embargo, Darkness incursiona en territorios más candentes con alusiones a maniobras sexuales más atrevidas: aunque ocurren “fuera de cámara”, su realización es implícita. Se roza la barrera del softcore. Durante su húmedo encuentro en la tina, Momo agasaja a Rito practicándole una fellatio. Este capítulo, aprovecha la transformación del muchacho en Riko Yuusaki para adistrarl@ en la estimulación manual del clítoris e introducirl@ en las delicias del fingering lésbico. Para firmar su tregua con Mea, la princesa la ayuda a lamer los senos de Rito, convertid@ en víctima complaciente de sus inquietudes eróticas. Además, la serie explora (y explota) otras formas de fetiche de naturaleza fantástica que ponen en entredicho las categorías que configuran nuestros conceptos habituales de sexualidad. Aparte de su naturaleza fantasiosa, estas situaciones de “cambio de sexo” tienen en común otra característica: transgredir la uniformidad del deseo. Riko Yuusaki y Run/Ren son personajes ambivalentes, cuya condición de género pende de un enorme signo de interrogación. Su finalidad es provocar una experiencia de disfrute algo conflictiva. Intentemos explicarla desde la perspectiva de un espectador masculino heterosexual (el público evidentemente mayoritario de To LOVEru): ¿por qué resultan apetecibles estas figuras ambiguas? Riko puede parecernos una chica linda. Incluso una sesión de masajes resbalosos con Momo se muestra excitante. Sin embargo, la circunstancia es perturbadora: Rito continúa siendo un hombre (en mente y espíritu) pese a tener una despampanante silueta de medidas perfectas. Aunque su clasificación es ambigua (¿mujer?, ¿varón?), nos atrae porque se encuentra al límite entre el terreno “seguro” (safe) y lo “dudoso”. Utilizaremos el término genderbending para referirnos a ciertos acontecimientos ficticios (propiciados por poderes mágicos o instrumentos científicos) que derivan en alteraciones corporales y tienen como resultado el cambio de sexo del personaje, pese a mantener intacta su conciencia y razonamiento. El individuo continúa siendo el mismo, pero su cuerpo ha adquirido los rasgos distintivos del otro género. No migra a otro organismo ni ocupa la anatomía de otra persona: en realidad, su propio cuerpo es escenario de transformaciones: Riko es una versión feminizada de Rito. Esta metamorfosis permite jugar de distintas formas con los roles de género: el hombre deja de ejercer roles activos y sufre la desgracia de convertirse en víctima pasiva de la agresividad sexual de otros. Aunque los protagonistas de harem no destacan por su liderazgo, si Yuuki-kun era inofensivo como hombre, al adquirir un cuerpo femenino se torna más indefens@ que toda la colección de gatitos tiernos que circula por internet. El término plaything se inventó para él/ella. Por desgracia, esa incapacidad para sacarse de encima a Mea y Momo mientras las chiquillas la utilizan impunemente para adiestrar sus lenguas es reflejo de su indecisión, su debilidad, su torpeza como varón, pero elevado al cubo porque sus chillidos lastimeros de quinceañera al borde del éxtasis solo empeora su imagen de incompetencia. El genderbending provoca confusión en el personaje que sufre ese trance, entre sus amigos y allegados, pero también ante la mirada del público: es perfecto para iniciar una cadena de eventos jocosos que ridiculizan al hombre mientras idealizan su forma femenina.

No obstante, Rito merece poseer un harén tan exuberante, porque compensa su estupidez con harta caballerosidad: el muchacho, valgan verdades, sabe tratar con ternura y amabilidad al espécimen más chúcaro de la fauna femenina. Sus actos pervertidos son producto de felices accidentes. Esa simpleza de corazón le ayudó a asimilar la convivencia con chicas extraterrestres tan revoltosas. Rito dirige su harén empleando, sin proponérselo con malicia, unas envidiables habilidades diplomáticas: aconseja, apoya, levanta la moral, pronuncia siempre la palabra precisa, en algún discurso cursi, para asegurarse el cariño y lealtad de varias mujeres. El caso de Run/Ren es significativo. Aunque el término genderswap suela usarse como sinónimo de genderbend, me tomaré la libertad de mencionarlo, en este artículo, para aludir a otro fenómeno: la coexistencia, dentro de un mismo organismo, de dos sujetos con cuerpos, personalidades y mentes separadas, que pueden alternarse en aparecer según se aplique un tipo de “switch“. Run y Ren son personas diferentes. De repente, durante una cita, mientras contempla el ocaso, la alegre chica de cabello verde podría estornudar y desaparecer, suplantada por un tosco muchacho. Ante esos gajes de la vida alienígena, Rito se muestra comprensivo e incluso la suficiente galantería para no descartar ni despreciar a Run como mujer pese al “impedimento técnico” que padecen los habitantes de Memorze. Cuando la idol hablaba de obstáculos para alcanzar el amor, no lamentaba tanto los inconvenientes del éxito como cantante (las prohibiciones de su manager), sino las dificultades de competir con Lala o Haruna temiendo que su condición orgánico espante o cause desagrado en Rito. La gentileza no basta para aplacar esa insatisfacción, ese agujero en su autoestima. Aunque su “problema” de géneros se utilizaba como motivo de burla o causa de malentendidos eróticos, olvidábamos que, detrás de las carcajadas, se ocultaba el sufrimiento, la dificultad de adaptarse, las contrariedades de vivir “a medias”. Run quiebra en lágrimas porque no soporta la impotencia. Estos brotes de dramatismo diferencian a Darkness del anterior To LOVEru: los personajes adquieren conciencia de sus desgracias, sus carencias, sus remordimientos, sus espacios de “oscuridad”. El tono de comedia ligera se interrumpe para exponer una faceta más dolorosa o sentimental. El amor servía de excusa para propiciar travesuras de corte picante: ahora, es motivo de desconsuelo o incertidumbre. Sin embargo, la pena del melodrama se mitiga con un final feliz. Los gemelos de Memorze se separan (¿cómo lo denominaríamos?, ¿gendersplitting?) porque alcanzaron -científicamente hablando- la “madurez sexual”. El cuerpo se había convertido en una prisión que impedía desarrollarse a plenitud: ahora, pueden gozar su individualidad, pero también disfrutar, sin miedos, de una corporalidad autónoma, dejando de lado las angustias y aprensiones. Volvemos al ritmo de comedia cándida y boba: los hermanos celebran su liberación con confusos y ridículos festejos. Luego de Lala, Run parecía la chica menos reflexiva del elenco debido a su temperamento aniñado y atolondrado, pero durante su cita con Rito, en especial cuando conversan en el puente, se revela otra cara más serena y melancólica del personaje. La mayoría de integrantes del harén están transitando por esta ruta: dejar fluir sus afectos, atreverse a mostrar ese rostro oculto bajo la penumbra.

2 comentarios

  1. Detesto To Love Ru desde siempre, pero no puedo hacer de oidos sordos ante la presencia de la reencarnación de Eve, Yami, y la nueva soberana de colita sensible Momo.

    Ojala se dejen de tanto fanservicentrismo y caiga en una historia medianamente seria.

    Por más que tuerzan el fin del haren tradicional (elegir una pareja) a este haren galatico, creó que con el tiempo Rito se decantara por Momo en una relación monogama (no si antes ella caer en los tipicos celos mal disimulados).

    Quizas le de una oportunidad al anime, aunque dudo que pueda verlo acompañado…😄

    17 noviembre 2012 en 13:15

  2. rolo2k

    Buena reseña, espero pronto poder comentar con más profundidad esta serie ya que por el momento aún estoy “actualizándome” con las temporadas y ovas anteriores.
    Me llama mucho la atención tus concepciones sobre el “genderbender”, “genderswap” y “genderswitch”, algunos de los cuales ya había leído un poco en tu reseña sobre Kämpfer (una serie muy similar, en especial en lo referente al fanservice). Debo decir que en el tema del genderbender ya ha sido tratado con anterioridad en animes como Cinderella boy ó Ranma ½ , aunque de una manera más “light”.
    También opino que el fanservice utilizado es excesivo y en muchos casos rozando casi lo pornográfico (de allí quizá la mala fama de la que hablas), pero es predecible en toda serie de tipo harem.
    Finalmente solo debo decir que en mi opinión personal lamento que se haya relegado a Haruna Sarenji a un papel poco menos que secundario, siendo quizá mi personaje favorito, al menos hasta el momento.

    23 noviembre 2012 en 13:14

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