Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Girls und Panzer 5: Sehr Gut!

¿Chicas guapas de preparatoria conduciendo tanques clásicos de la Segunda Guerra Mundial? ¿Ciudades académicas fundadas sobre las cubiertas de portaaviones? ¿Fuentes de soda temáticas con dulces en forma de panzers? ¿Clases gratuitas de alemán? ¿Vehículos acorazados con lindos camuflajes de color rosado? ¿Cabinas de combate decoradas con esponjosos cojines, peluches, espejos y demás accesorios de coquetería juvenil? Los primeros cinco episodios de Girls und Panzer han cumplido con creces su objetivo (e incluso superado las expectativas) de brindar una mezcla de comedia risueña, jugueteos militares y divertidas escenas de acción. Además, la serie propone un universo narrativo autónomo, con rasgos bastante originales y, aunque al principio sus reglas nos resulten estrafalarias o descabelladas, son desarrolladas con total coherencia. Las chicas del colegio Oorai viven en un mundo similar al nuestro, salvo ciertos aspectos: el Panzerfahren (el arte de manejar tanques o Sensha-dou) es una disciplina tradicional que forja el espíritu femenino; los torneos escolares son negocio serio (las finales se transmiten por televisión a nivel nacional, las familias arriesgan su prestigio, existen tiendas y restaurantes “especializados”); pueblos enteros surcan el océano, construidos sobre barcos, para reencontrarse en gigantescos embarcaderos; los adultos permiten que adorables e inocentes quinceañeras manipulen maquinaria de guerra con finalidades deportivas e inclusive las incentivan y alientan (ningún vecino se molesta porque una descarga de tanque interrumpa su desayuno). Las chicas adaptan la parafernalia bélica aplicándole traviesos guiños de encanto femenino: las chicas de Santa Gloriana toman té mientras disparan con elegancia contra sus primorosas contrincantes, Saori siente una emoción placentera cuando escucha el estallido del cañón, los Dragon Wagon son “kawaii” y, después de una derrota ajustada, la humillación máxima es bailar la Danza del Pez Anzuelo. El brusco ejercicio de operar un voluminoso carro de combate está vinculado al corajudo espíritu masculino, a rudos y heroicos soldados, pero las muchachas le aplican su toque de finura y frivolidad convirtiendo las batallas en “lindos” y amenos eventos deportivos. Este último término es fundamental, pues revela el marco referencial adecuado para plantear el análisis. El Sensha-dou es pacífico, se practica en épocas de armonía y prosperidad: se descarta la guerra como contexto, los tanques se reservan para funciones recreativas, su empleo es inofensivo, las naciones se respetan y mantienen vínculos de amistad, no existe amenaza de muerte, solo rivales tramposas. A diferencia de Upotte! o Strike Witches -otras experiencias de simbiosis entre estética moe y temática militar-, Girls und Panzer no intenta mezclar las estructuras narrativas del slice-of-life y del relato épico. En cambio, la serie adopta las pautas compositivas típicas del anime de deportes: aunque muchos fanáticos del mahjong se escandalicen y desmayen como la madre de Hana al escuchar mi hipótesis, estamos ante la versión bélica de -Saki-, con tanques y cañonazos en lugar de fichas y riichi. Las coincidencias avalan este paralelo: en ambas historias, una competencia inusual alcanza el status de asunto de interés público; Saki Miyanaga y Miho Nishizumi intentan alejarse de sus respectivos talentos por motivos familiares (sus famosas hermanas mayores); el elenco de bishoujo es numeroso y cada personaje tiene una identidad visual delineada, una personalidad distinguible y quizás un background enternecedor. Sin embargo, el gran cambio que conllevó la interacción entre moe y relato deportivo fue desplazar la atención del heroísmo individual al proceso colectivo: la experiencia de armar un equipo.

Las chicas con cualidades excepcionales continúan detentando el protagonismo. Miho Nishizumi es una comandante innata pese a mostrar en público un perfil más introvertido y sosegado: valora el sacrificio de sus compañeras, conoce su oficio, realiza sagaces observaciones en plena lucha, sabe correr riesgos y toma decisiones estratégicas ingeniosas. Cuando lidera su escuadrón, la muchacha tímida, dulce, bondadosa, que diseña sus planes maestros en un cuaderno escolar, cambia de switch, se torna seria, asume el mando. Pero sus habilidades de liderazgo no bastan para lograr el triunfo. Miho actúa como cerebro, la directora de orquesta, que compagina las aptitudes particulares de cada integrante del grupo asignándole las tareas convenientes. Ella sola no conseguiría siquiera poner en movimiento un tanque (se declara pésima conductora). La serie privilegia el trabajo coordinado: aunque la genialidad individual es determinante, también es insuficiente. Miho siempre necesitará de sus compañeras, el esfuerzo se realiza en equipo. Aunque Saori y Hana decidieron sacrificar su reputación y compartir la vergüenza de bailar esa indecorosa danza, reaccionaron solidarizándose como amigas, no porque aceptaran esa responsabilidad en nombre de una identidad grupal. Los insultos y gestos desdeñosos de las alumnas del colegio Kuromorimine (Maho y su grosera lugarteniente) provocan un cambio de actitud: las subcampeonas del torneo anterior las abordan con petulancia, las ofenden con acusaciones injuriosas (ensuciar el Panzerfahren con tácticas indecentes) y terminan por encender el fuego de la provocación tildándolas con desprecio de “escuela sin nombre”. La deshonra no amilana al equipo: las chicas tienen ahora una archirival declarada, un motivo para callar bocas, un orgullo que reivindicar, un respeto que conquistar frente al resto de encopetados colegios que menosprecian a Oorai por falta de supuesto “prestigio”. Necesitan pulir sus técnicas y dominar las maniobras: ponerse al nivel óptimo, no desentonar con Miho, estar listas a cumplir con eficacia sus órdenes. Las chicas se quedan después de clases en secreto a continuar entrenando porque los agravios de Kuromorimine tocaron su fibra más competitiva, pero la escena resulta conmovedora porque, además del cariño entre amigas (prepararle un regalo sorpresa), demuestra que Miho ha logrado congregarlas e inspirarlas. Todas están comprometidas para alcanzar una meta común. Sin embargo, desde antes, Yukari había manifestado con fervor inusual su predisposición a colaborar. Gracias a su registro fílmico, conocimos los entretelones de la accidentada operación de espionaje de la sargento Oddball en territorio yanqui. Después de Wikileaks, infiltrarse y arrebatarle información confidencial a Estados Unidos parece tarea de niñas y cualquier colegiala disfrazada de empleada de supermercado burla los inexistentes sistemas de seguridad (porque en América, la gente es amistosa y despreocupada), realiza filmaciones clandestinas, se escabulle en reuniones secretas y, con engaños, averigua las estrategias, nada sofisticadas, del batallón gringo. La artimaña de Yukari suena ridícula, en especial si consideramos que invirtió las horas del viaje de regreso en editar el video y darle un asombroso toque cinematográfico, con títulos, captions, música y créditos de cierre, pero su osadía descabellada reforzó los vínculos de amistad del equipo: alguien estaba dispuesta a arriesgar el pellejo inmiscuyéndose en las entrañas del demonio norteamericano, mejor dicho, alguien se ofreció voluntariamente a pasar el ridículo de verse descubierta en plena “operación de inteligencia” y salir corriendo perseguida por alumnas de un colegio rival. Yukari es entusiasta, no teme emprender una aventura, sueña con vivir su gran escena de acción heroica hollywoodense. La serie no permite desconfiar de sus motivaciones: este acto de valentía de Oddball, tan intrépido y cómico, tuvo estímulos sentimentales, la enorme generosidad y abnegación que una chica que jamás tuvo amigas es capaz de ofrendar por sus primeras camaradas. Yukari adora los tanques: su obsesión bélica (o quizá su antiguo peinado) le impidió congeniar con otras adolescentes y, aunque compensó esa soledad entregándose con pasión a su hobby, una afición se disfruta mejor cuando se comparte. Girls und Panzer no acentúa demasiado el aspecto dramático del melodrama y prefiere reforzar la faceta melódica, es decir, la dulzura, lo enternecedor. Yukari no atraviesa una situación dramática. Suena paradójico e injusto que una muchacha de corazón noble fuese marginada por dedicarse con vehemencia a cierto pasatiempo. Su recámara está decorada con municiones, un aparato de radio, afiches de guerra, reproducciones a escala, pero entre el arsenal de artillería pesada destaca una foto con papá y mamá. Yukari recuerda con tristeza sus épocas de soledad, pero tampoco se lamenta de manera trágica: vive en un apacible entorno familiar, el típico hogar de la clase trabajadora, de ingresos medios, ni pobres ni ricos, dependientes de un pequeño negocio de peluquería: sus padres son afectuosos y comprensivos, no falta cariño ni alegría en casa. Contrástese con los casos de Hana y Miho, provenientes de familias más prestigiosas, pero rígidas y jerárquicas.

Como apuntábamos con anterioridad, Girls und Panzer reproduce las estructuras y tópicos del relato deportivo bajo la estética moe. En series como Bamboo Blade o -Saki-, se generan entornos de sensibilidad y solidaridad femenina, que permiten incrementar la intensidad del flujo de emociones, propiciando una interacción más íntima y vibrante (cuando los equipos están formados por varones, se resaltan otra clase de valores colectivos): las historias sobre chicas deportistas giran alrededor del concepto de sisterhood, del sentimiento de hermandad entre mujeres, expresado con mayor franqueza y apasionamiento. Esta vertiente melodramática exige dotar a cada contrincante con singulares rasgos distintivos de personalidad. Las rivales también deben granjearse la simpatía del espectador, pues luego del enfrentamiento o, mejor dicho, a consecuencia del combate, las contendoras iniciarán una relación de amistad. Las chicas de Santa Gloriana parodian los estereotipos de la idiosincrasia nacional de Inglaterra, donde, según los japoneses, prima el conservadurismo, una visión tradicionalista, decimonónica y victoriana de la vida, las muchachas son pulcras, garbosas y refinadas como muñecas de porcelana, y nadie se atrevería a olvidarse del tea-time. Esta ocasión, conocemos a Kay, la Touka Ryuumonbuchi versión militar, aunque del prototipo oujo-sama pasamos al modelo de rubia californiana, jovial, descuidada, informal, ruidosa. Notamos su frescura desde su vestuario (la chaqueta con mangas remangadas) hasta la gestualidad, que adorna cuando suelta, como chispazos, algunas palabras caprichosas en inglés (Nothing!). Le importa un bledo que Yukari las espiara: le causa gracia e incluso se acerca a la temerosa sargento Oddball para invitarla a regresar a Saunders cuando le antoje, se despide con un guiño juguetón y recuerda que su escuela, como el espíritu libre de América, “siempre está abierta”. Esos ánimos festivos se confirman cuando observamos el festival de derroche que despliegan: porristas, caminones de primeros auxilios, baños termales, peluquería, heladería y los infaltables delicatessen de la gastronomía norteamericana K(FC?) y WcDonald’s. Por desgracia, la simpática Kay está rodeada por arpías, sus odiosas lugartenientes Naomi y Alisa, que aprovechan la ausencia de su capitana para buscar pendencia llamando ingenuas y novatas a las alumnas de Oorai. Durante la batalla, Miho descubre que Saunders está utilizando un globo para interceptar sus señales de radio y anticiparse a sus movimientos. Aunque las reglas no prohiben recurrir a esta clase de estratagemas, el vacío legal no impide considerarlo una falta de deportividad. Kay, demasiado cándida y bonachona para desconfiar de la “intuición femenina” de Alisa, ignora qué clase de tretas retorcidas emplea su compañera. Ocasión ideal para exhibir las cualidades de Miho como comandante: denunciar la triquiñuela ante los árbitros era riesgoso, pues ningún artículo del reglamento ampararía su reclamo. La líder del Panzer IV decide contrarrestar las trampas con engaños, apropiándose de las argucias ajenas: las comunicaciones reales se transmitirían por celular mientras, por radio, se inducía al error del rival. En apariencia, el duelo de tanques se resolvería a cañonazos, pero la espectacularidad la brindan estos geniales golpes de inteligencia.

4 comentarios

  1. precisamente por eso me gusto esta serie, porque le vi un parecido con saki y buena reseña

    12 noviembre 2012 en 18:07

  2. Leo

    Tenia la esperanza q después del Saimoe reseñaras esta serie (y también Chuunibyou Demo Koi ga Shitai), antes de su estreno se decía q seria como Strike Witchs y eso me animo a verla ahora no me arrepiento para nada de averla elegido, tiene una narrativa muy dinámica haciendo creer q el episodio dura mas de 20 minutos por todos los hechos q pasan, los q vimos Saki encontramos su similitud muy rápido solo falta un poquito de yuri para sazonarla mejor ya de por si ami gusto es la sorpresa de la temporada así como lo fue Saki o Yuru Yuri en su tiempo.

    Buena reseña y espero que tu tiempo te permita reseñarla mas seguido, siempre es un gusto leerte.

    12 noviembre 2012 en 23:49

    • Ojalá tenga tiempo para Chuunibyou porque me parece exquisita, pero sí espero cubrir todo lo que queda de Girls und Panzer: me parece una grata sorpresa. Nadie esperaba que resultase tan entretenida y, contra la sospecha general (alimentada por el título), en cinco episodios ha habido mucho panzer y cero (absolutamente cero) pantsu. Los directores han decidido limitar la cantidad de ecchi y concentrarse en otra clase de atractivos como las batallas de tanques o las relaciones entre personajes. Ojalá siga en este rumbo porque apunta a convertirse en la -Saki- versión militar.

      12 noviembre 2012 en 23:59

  3. hace mucho que no paso por aca😄 que buena reseña, y eso que van 5 cap, esta serie promete mucho, desde el primer combate hasta la operacion de espionaje.

    13 noviembre 2012 en 02:03

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s