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Medaka Box Abnormal 4: Movimientos fríamente calculados

Esta segunda temporada, más orientada a explorar las fórmulas del shounen de peleas, abre otra caja de Pandora, llena de retos irresistibles para Medaka Kurokami, la polivalente y casi divina Presidenta del Consejo Estudiantil empeñada en satisfacer las peticiones del alumnado y convertir su extravagante escuela en un utópico jardín de flores. En teoría, el argumento es simple: una heroína adolescente que roza la perfección física y académica resuelve con solvencia y elegancia los conflictos estudiantiles empleando sus alucinantes habilidades. Es idealista, popular, inteligente, sexy, una ganadora nata. Nunca se equivoca o, mejor dicho, siendo una genio, “sus errores son portales del descubrimiento”. Sus continuos éxitos generan admiración, pero también repulsa: los animales la rechazan, Hansode la odia, los anormales no dudan en llamarla “monstruo”. En diversos foros y blogs, suele calificarse a Medaka de “Mary Sue”. Vale la pena aclarar el significado de este término proveniente de la jerga del fanfiction, pues aplicarlo con ligereza resulta inapropiado. En principio, este tópico hace referencia a personajes femeninos juveniles altamente idealizados, poseedoras de una belleza refinada y exuberante, dueñas de talentos prodigiosos, nobles y valerosas, pese a su tierna edad. En cambio, en Medaka Box, el grado de idealización es ambiguo, a propósito: la protagonista “parece” perfecta, pero al instante nos percatamos de cuán cuestionable es la “perfección”. Takachiho la describiría como “monstruosidad” y, aunque la valoración implícita de esa palabra varíe según el contexto, su sentido continúa siendo perturbador. Además, muchas de las supuestas virtudes de Medaka son percibidas también como defectos: terquedad, impulsividad, temeridad, despotismo. El personaje luce “perfecto”, sin embargo, el discurso no insiste en congraciarse con esa “genialidad”, sino en criticarla o matizarla. A veces, incluso, poniéndola en ridículo. Las Mary Sues carecen de fisuras, pero también de conflictos internos y desarrollo. Medaka está sometida a circunstancias que la obligan a dudar y reformular sus nociones. El microcosmos de la Escuela Hakoniwa es moralmente sinuoso, demasiado complejo para enmarcarse en simples dicotomías de héroes versus villanos, de buenos contra malos. La atmósfera es violenta, defender el bien exige utilizar los puños, causar destrucción, someter al prójimo: por desgracia, pelear implica deshumanizarse, sumergirse en la oscuridad. Aunque los guerreros afirmen que buscan divertirse desafiando o enfrentando a rivales poderosos, ese placer del combate mortal está teñido de sadismo o masoquismo. La sexualidad surge en forma de perversión u obsesión. Aunque se profundiza poco el tema, dejándolo a nivel de anécdota cómica, los contrincantes de Medaka suelen exhibir rasgos de agresividad sexual. El egocéntrico megalomaníaco de Miyanokojou desea derrotarla y perpetuar simbólicamente su humillación convirtiéndola en su esposa. Takachiho de 3ero amenaza con desnudarla, pero luego declara su preferencia casi delictiva por los pechos planos. Sin embargo, la chica bakemono responde al reto sin intimidarse ni avergonzarse ni escandalizarse. La violencia se ejerce mediante este juego de alardes y petulancia que incluye los ataques impúdicos, además de insultos y bravatas. Medaka no reacciona con asco, sino con ánimos de confrontación, siempre buscando conservar su espíritu “deportivo”, sonriendo cuando la situación se muestra adversa, recordando que, pese a utilizar una técnica letal, sigue siendo “una persona normal”. La ofensa erótica manifiesta la voluntad de cosificar al otro, de instrumentalizar al ser humano, de usarlo como herramienta: Miyanokoujou quiere una reina fabulosa acorde con sus anhelos imperiales, Takachiho invita a Medaka a participar cual conejillo de Indias en un experimento para luego pretender disecarla y continuar empleándola como objeto de estudio.


La polémica alrededor de las Mary Sues surge en un contexto de producción y consumo diametralmente distinto al proceso del anime en cuanto a roles de género. En Occidente y buena parte de la vieja tradición del shounen, el heroísmo se identifica con el ideal épico de conducta masculina: el héroe es varón, un ejemplo de virilidad, de hombría, sea un macho o un caballero. La presencia de mujeres se considera(ba) una intrusión: esta tendencia ha frustrado la creación de personajes femeninos competentes y admirables. En Japón, ocurre lo contrario. El protagonismo femenino tiene larga data y, durante los últimos años, esta predisposición se intensificó: prácticamente no existen terrenos narrativos donde las chicas no incursionen cumpliendo papeles trascendentales y convirtiéndose en los nuevos íconos del heroísmo. En anime, high school girl es sinónimo de personaje principal: ellas resuelven los misterios, salvan al mundo, conducen los mechas, manejan los tanques, usan la magia, capitanean barcos pirata, presiden sus escuelas, son monstruos del mahjong, desafían a la sociedad, componen música… y únicamente he tratado de resumir las últimas tres temporadas. Que Medaka, una sensual y saludable quinceañera, logre knockear a un senpai más alto, más corpulento, más musculoso y más ágil no contradice los parámetros usuales del shounen; sin embargo, su liderazgo sí entraña una ruptura. Una característica habitual del género de peleas consiste en los diálogos de combate. Los personajes se enfrascan en conversaciones y polémicas acerca de sus motivaciones, sus ideales, sus técnicas, sus habilidades. El guerrero disfruta presentándose y jactándose de sus talento. Takachiho de 3ero no pierde la oportunidad de vanagloriarse y exhibir su extraña cualidad, los reflejos automáticos. Los golpes del peleador siempre van acompañados de un correlato verbal, de palabras presuntuosas que remarquen su gran poder. Medaka es capaz de utilizar ese lenguaje de raigambre masculina sin sacrificar su identidad femenina e incluso añadiéndole un toque de elegancia y sensualidad (el detalle del abanico, guardarse la data entre los senos o quitarse los calcetines). Su destreza retórica nos recuerda que NisiOisin es también padre de otras mujeres de labia terrible como Hitagi Senjougahara. Medaka Box es el manga con mayor densidad literaria publicado por Weekly Shounen Jump (promedio de palabras por página). Esta proximidad al formato light novel se manifiesta en otra característica que entronca con un tópico recurrente en la ficción popular japonesa de los últimos años: el kyonismo. El mundo interior de Medaka Kurokami nos resulta inaccesible e impenetrable: nunca escuchamos sus pensamientos, su voz interior, sus recuerdos, su conciencia, pero logramos ingresar en su subjetividad gracias a un observador privilegiado que, además de contemplarla y desearla, también la critica y desmitifica. Zenkichi, su fiel escudero, su mejor amigo, es también el encargado de humanizarla, de bajarle el tono, de destruir el mito. Parafraseando el refrán, detrás de toda Haruhi, existe un gran Kyon, y ningún personaje se acerca tanto al modelo clásico del haruhiismo como Medaka. Pareciera que NisiOisin intenta perpetrar un doble acto de parodia mezclando la dinámica del shounen con los contradictorios avatares de la comedia romántica adolescente. Zenkichi pertenece a la nueva estirpe de figuras masculinas de perfil irónico y escéptico que esconde o trata de reprimir sus impulsos heroicos bajo la máscara del hombre ordinario, aunque su entorno lo empuje a abandonar sus deseos de vida sosegada. En otros artículos, he denominado a este tipo de personaje el “no héroe” para diferenciarlo del héroe clásico y del anti-héroe, pues presentan actitudes y discursos distintos. Su rasgo más característico es la falsa renuencia: suelen mostrarse desganados, incluso molestos por participar en hechos extraordinarios. Para colmo, son depositarios de poderes o capacidades que contradicen al sistema. Zenkichi es Normal, pero logra derrotar a Especiales y oponer resistencia a Anormales. Comparte con Medaka una mutua relación de influencia. Su obstinación por defenderla lo obliga a superar sus límites y rebasar su condición natural. Al nivel del relato, sin asumir por completo las funciones de narrador, aporta un punto de focalización, una perspectiva, mediante sus opiniones y cuestionamientos, desde una óptica más pesimista o terrenal. Zenkichi descubre, de inmediato, porque conoce al detalle la personalidad de Medaka, el propósito oscuro del Flask Plan, ese proyecto retorcido cuya finalidad es crear al humano perfecto: reunir a individuos excepcionales para llevar a cabo un experimento de grandes dimensiones donde todos, como sparrings, servirán para testear al sujeto de prueba principal. Los alumnos del salón Trece, en especial, su élite del Front Six, parecen versiones en negativo de las diferentes dimensiones de Medaka-chan. Son ególatras, instintivos, jerárquicos, desprecian a la especie humana.

Takachiho de 3ero recibe un justo castigo; sin embargo, su culpabilidad moral es atenuada por la secuencia en flashback que rastrea su historia y explica sus traumas. Existe una culpa individual, pues el sujeto es libre de adoptar, frente a la adversidad, caminos tan diversos como la resignación o el delito. Pero el drama del muchacho moreno que eludía pelotas para divertir y maravillar a los chiquillos del colegio, no consiste en la muerte trágica de su familia tras un accidente automovilístico, sino en cargar el peso oneroso de saberse el único sobreviviente gracias a aquella habilidad que, salvándole la vida, le impuso la peor condena: ser consciente de su naturaleza extraordinaria; descubrir, de golpe, su condición de bicho raro, incomprendido, solitario, aislado de esa mediocre sociedad humana formada por “personas normales”. La anormalidad le otorga grandes poderes, pero lo sume en remordimientos. Aunque la festeja, Takachiho la vive como penitencia: cuando Medaka rehúsa continuar peleando porque carece de sentido después de destrozar el drive de información, el senpai insiste en “comunicarse” usando los puños, porque esa lucha representa una búsqueda, la oportunidad de hallar una verdad, no necesariamente científica. Disfruta cada golpe porque encuentra una rival capaz de dañarlo, de vulnerarlo, de propinarle una derrota. Conviven dos interpretaciones posibles a este masoquismo tan entusiasta. Primero, una emoción épica, usual en los guerreros, por desafiar a gente más poderosa, pues ganarles incrementa la propia autoestima. El Anormal, a diferencia del deportista, no puede satisfacer esa necesidad con campeonatos, porque su urgencia es vital. Su soledad significa no conocer a nadie capaz de estamparle un puñetazo, por ello, la violencia se convierte en lenguaje. En segundo lugar, enfrentarse a Medaka sería el último escalón de un largo camino de expiación: ser vapuleado implica restituir su humanidad, liberarse del estigma de la monstruosidad. La diosa negra asumirá esa carga dolorosa, porque ha decidido transformar en amigos a sus peores enemigos: es parte del compromiso de servir a otros. Para lograr la redención, Takachiho de 3ero deberá enfrentar sus debilidades, confrontar su inferioridad. En cambio, en términos menos espirituales, su caída es producto del mayor error estratégico que cometen los antagonistas del shounen: considerar los estilos, técnicas, habilidades innatas, etcétera como factor determinante para definir una batalla. La fuerza bruta aporta el elemento espectacular y quizá, en despliegue de poder destructivo, Medaka, la War Goddess, resulte cien veces más imponente; pero su mejor arma, su recurso más preciado, es la astucia, la agudeza. La victoria de Kurokami estaba sentenciada cuando Takachiho fanfarronea sobre su multitud de reflejos como un atributo superior al control absoluto, basándose en un argumento tan endeble como afirmar que siempre es preferible el exceso que la carencia. La lucha nunca se planteó como un duelo cuantitativo, de “mucho” contra “cero”, sino cualitativo, entre instinto (los reflejos) e inteligencia (el control total). La ventaja de Medaka era previsible si consideramos que, bajo el imperio de la racionalidad, las funciones instintivas son apenas una herramienta disponible, que puede suspenderse o volverse a activar según nuestras necesidades. Por tanto, la supuesta cualidad de Takachiho, en manos de la Presidenta, es apenas un recurso extra. Cuando empieza a saltar descalza, no pretende tomar impulso, sino generar un estado anómalo de perceptibilidad que cause confusión sensorial entre el oído y la vista del contricante. Antes, había preferido robarle al senpai la información que medir sus fuerzas, engañándolo con supuestas embestidas no dirigidas a golpearlo, sino a arrebatarle el collar. No sorprende que Medaka-chan ganara, pues siempre estuvo un paso (o varios kilómetros) por delante: los movimientos de verdad fríamente calculados, el ideal inalcanzable del racionalismo.

3 comentarios

  1. Rodnap

    Me dejo intrigado, voy a revisar los otros artículos de Medaka a ver si me convenzo de mirarla. Buen Trabajo

    9 noviembre 2012 en 22:59

  2. rolo2k

    Estoy de acuerdo, la epica del episodio resulta deslumbrante y no deja de picar mi curiosidad; a pesar de desconocer esta serie me tomaré el tiempo para buscarla y verla más detenidamente. Muy buen comentario y análisis. Saludos

    10 noviembre 2012 en 21:07

  3. Gato loco

    LA FRASE DEL CHAPULIN COLORADO JAJAJJAJAJAJAJAJJUASJUAS

    25 noviembre 2012 en 20:56

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