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-Saki- Achiga-hen episode of side-A (manga) 13: Flechados por Yuu-neechan

Congeladas de calor

Gracias al valiente y doloroso gesto de Kuro, se detuvo la tortura del desangramiento de puntos, una sádica racha de triunfos propiciada por el tornado narcisista de Teru Miyanaga; sin embargo, la vapuleada Dragon Lord ignoraba, sumida en su desesperación, los esfuerzos de Kirame (¡maravilloso!) y Toki para aplacar la furia del huracán: su debilidad emocional bloqueó su percepción de la realidad, encapsuló sus pensamientos. Sus interpretaciones eran erradas, ilusorias, unos espejismos. Al conocer los hechos verídicos, Kuro “despierta”, se libera del engaño. En efecto, cuando ingresan al salón de competencias, las jugadoras apenas contemplan una fracción del mundo y deben cubrir los vacíos con hipótesis y sospechas, mientras el resto de personas contempla la totalidad mediante las cámaras. Pero “abrir los ojos” implica además, para Achiga, enfrentar la cruda verdad (están terceras, han perdido muchos puntos y Shiraitodai tiene casi comprado un puesto de finalista); sincerar sus errores y debilidades, y asumir su responsabilidad como equipo. Por suerte, la desgracia terminó y sobrevivieron para contarlo: es momento del optimismo, de reencontrarse con Nodoka y proponerle una atolondrada promesa con sabor a desafío; es hora de concederle a onee-chan su instante propicio de gloria.

Este episodio implica un quiebre respecto del ritmo narrativo preponderante en las anteriores entregas. En principio, Achiga recupera el protagonismo arrebatado por Senriyama en términos de cualidades competitivas y carisma. Toki le ganó a Kuro el duelo de lindura con aroma melodramático, el reto de generar mayor mezcla de enternecimiento y compasión. Ambos dramas eran intensos, pero la desproporción comparativa era notoria, pues la vanguardia de Senriyama atraviesa un calvario lento y tortuoso, debatiéndose entre arriesgar su salud y desmayarse o claudicar y desmerecer el esfuerzo y generosidad de sus amigas. No niego trascendencia al dilema de mantenerse fiel al recuerdo de mamá o soltar el dora para ganar, pero ante el peligro de acabar tumbada en el hospital, la historia de Kuro quedaba eclipsada o perdía impacto. Al iniciar otra partida y comenzar una nueva etapa del relato, el recambio de jugadoras invierte las posiciones. La actuación de Izumi Nijou es decepcionante: literalmente, cumple el papel de observadora, pues sus adversarias tomaron la delantera con movimientos sorpresivos mientras la novata dedicaba sus pensamientos a criticar el idealismo de sus senpai y plantear un juego pragmático y amarrete. La realidad desmiente sus falsas suposiciones y castiga su soberbia con crudeza, pero la muchacha insiste en alucinarse mejor que Nodoka Haramura, por ende, la MVP de primer grado de todo Japón, si acaso el Norte de Osaka le resultaba insuficiente. A estas alturas, según el manga, Saki Miyanaga ya había salido del cascarón mediático luego de domar a Eisui y Himematsu con sucesivos rinshan kaihou. Para jactarse de revisar estadísticas e informarse sobre sus contrincantes, Izumi peca de ceguera o demasiada petulancia. Se encoleriza, pierde la cabeza, se desconcentra. En cambio, Yuu-neechan demuestra mayor autocontrol y serenidad, factores clave para eludir los ataques de Sumire y capitalizarlos en oportunidades de triunfo. Fuera del tablero, la dulce y bondadosa hermana mayor causa diversas reacciones, pero no infunde respeto ni temor, en cambio, su imagen provoca muecas de extrañeza por andar envuelta en guantes, bufandas y largas faldas en pleno verano, o genera una mezcla de compasión y ternura por su aparente fragilidad, su temor al frío, su devoción casi orgásmica por buscar la calidez, esa salud endeble descrita con cómicas exageraciones que rondan la hipocondriasis: todas imágenes de debilidad o suavidad. Es torpe, nerviosa y tímida: su pasatiempo de verano es esconderse debajo de un kotatsu. Sin embargo, cuando entra en competencia, Matsumi onee-chan se transforma: asume su responsabilidad como miembro del equipo y exhibe niveles de concentración que desesperan y sorprenden al rival. Sumire no logra asestarle ninguna “flecha”: la chica de abrigos exorbitantes se anticipa al ataque observando con serenidad cada detalle, sin temblar de miedo como Kuro, sino tranquila, midiendo al milímetro los movimientos de sus contrincantes, manteniendo una tierna calma que sirve de escude y permite ganar la batalla psicológica. El mahjong, según -Saki-, abarca también las circunstancias anímicas, lo irracional, la psiquis. Triunfar implica mantenerse cool. Cuando una jugadora naufraga ante sus temores, ha firmado su carta de rendición: Yuu-neechan convierte su naturaleza lerda y delicada en sinónimo de calma, de pausa, aunque esa impresión es superficial. En realidad, esa quietud mórbida le permite registrar los signos inconscientes que emiten sus rivales antes de aplicar sus ataques. Quien logra apoderarse del control psicológico del encuentro, ha ganado el 50%: no implica únicamente desesperar al oponente, sino sacar ventaja de su incomodidad.

Yuu-neechan logra infundir en Sumire la duda, una sensación que desestabiliza a las jugadoras acostumbradas a triunfar de manera arrolladora e irrebatible. Una circunstancia inesperada altera sus hábitos de competencia, su rutina de ganar, gustar y aplastar. Un evento imprevisto contradice sus expectativas: Achiga era presa fácil, el blanco perfecto para practicar arquería. Las hermanas Matsumi utilizaban métodos de ataque fáciles de detectar y planteaban su juego con exasperante inocencia. Se suponía que Yuu-neechan, la cándida del grupo, debería caer víctima del flechazo. Además, si comparamos el perfil gráfico de ambas jugadoras, el típico corte de cabello estilo hime delataría ciertos detalles de la personalidad arquetípica de Sumire, aunque el episodio revele escasos aspectos de su mundo interior (un defecto frecuente del spin-off). Podemos interpretar estos rasgos del diseño con determinada tipología: una muchacha elegante, madura, quizá proveniente de familia acomodada o clase media alta, formada en valores tradicionales de estilo aristocrático, bastante seria y estricta, renuente a sonreír y celosa defensora de su orgullo. Esta clase de personajes proyectan en público una imagen monolítica de rigidez y magnificencia porque los hechos precedentes (sus victorias sucesivas) avalan esa conducta soberbia. Su complejo de superioridad las autoriza a infligir dolor sin remordimientos, aunque esta violencia se ejerza de forma metafórica a través de “flechas” simbólicas. Cuando un elemento se niega a participar del juego sádico y logra rebelarse con éxito, las frágiles certezas de Sumire se quiebran: sus verdades absolutas se desmoronan, se encuentra al borde del abismo de la incertidumbre. Se salva porque renuncia a continuar disparando, mejor dicho, a seguir preguntándose porque solo ahondaría la duda. Pensemos en cada flechazo como preguntas acerca de la realidad (en lógica, verdadero o falso). El segundo disparo sirve para descartar la supuesta verdad anteriormente hallada. Sin embargo, cada ronda ganada por Yuu-neechan a costa del fracaso de Sumire antes que proporcionarle información certera sobre su rival, debilitaba su confianza en sus métodos de ofensiva. La sargento de Shiraitodai no sucumbe al descontrol, pues decide moderarse a tiempo, antes de perder más puntos. El cambio de estrategia de Yoshiko Yasukouchi, la meganekko de Shindouji, ayuda a cundir la inquietud: sus exiguas ganancias provocan molestia y curiosidad. Quizá su propósito sea entorpecer o acelerar el desarrollo del juego, pero causa extrañeza que elija ese estilo. Pese al esfuerzo de Kirame, ocupan el último puesto. Contentarse con migajas no soluciona su problema. No obstante, su deliberada modestia exacerbó la frustración de Izumi y colaboró en crear el escenario del florecimiento majestuoso de Yuu-neechan. Mucho se criticó la orfandad de planteamientos estratégicos en Achiga, comparada con otras escuelas humildes y carentes de pergaminos como Kiyosumi o Tsuruga, que aparte de confiar en habilidades innatas, proceden según un planteamiento táctico elaborado con anticipación por capitanas estudiosas y sagaces. Se reprochaba a Harue Akado su mediocridad como entrenadora, su falta de variantes y escasa intervención en aspectos técnicos del juego. Durante los episodios previos, su presencia se limitó a mencionar la dificultad de los próximos rivales o amonestar a sus pupilas por celebrar una angustiosa y humillante clasificación. No parecía una manager de equipo, sino una simple chaperona, una hermana mayor o tía joven enviada como guardiana, a disfrutar unos plácidos días en Tokyo. Esta ocasión, la maestra honra su título y enaltece sus galones. La vemos tomar la iniciativa con ideas originales y oportunas, e incluso “sensatas” dentro del marco semi-fantástico que maneja -Saki-, como someter a Kuro a intensos entrenamientos para “revivir al dora“. Durante el proceso de preparación al Torneo Nacional, consultó los registros fílmicos de Shiraitodai, analizándolos con perspicacia y sutileza para contrarrestar sus técnicas golpeando sus puntos débiles. Ni siquiera se trata de movimientos de mahjong, sino del arte de detectar e interpretar las señales del lenguaje corporal. El entrenamiento rinde sus frutos, al extremo que Yuu-neechan no necesita sus gafas para descubrir los señuelos y anticiparse al tiroteo. Aunque estas aclaraciones vía flashback y pertinentes gestos de profesionalismo sean síntomas de progreso que enriquecen y benefician al personaje, la autora deberá afanarse por borrar esa sombra de desconfianza que pende sobre Harue tras doce capítulos de total ineficiencia.

2 comentarios

  1. danyami

    Oh wow, bacan el post, espero que comentes el sigt. cap de Saki Achiga que ya salió, a proposito que ahí aparece Ako y q tambien está en el Saimoe.
    No me gusto q no comentaras nada sobre las arrimadas de Teru y Awai.
    Saludos

    18 septiembre 2012 en 21:20

    • En efecto, parte del cambio respecto de capítulos anteriores recae también en Shiraitodai y la imagen de Teru Miyanaga. Vemos una figura más humana, menos robótica o hipócrita, una chica simple que compra pasteles (le gustan los dulces!), que luego de contestar entrevistas tiene tiempo para darse un gustito y que puede ser receptiva con el cariño de sus compañeras de equipo menores (Awai recién cursa el primer año, como Saki). En resumen, una imagen menos disciplinada y acartonada de Shiraitodai. Atrás quedaron las hileras de alumnas formadas cual ejército de doncellas. Me alegro porque al colegio más poderoso le faltaba esa cuota de calor.

      18 septiembre 2012 en 21:30

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