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YuruYuri ♪♪ 4: Maid OF THE DEAD

Se alimentan de pudín

Sucesos turbios ocurren en la Secundaria Nanamori. Las alumnas sufren una horrenda metamorfosis: primero, sienten un deseo irrefrenable por disfrazarse de sirvientas y, segundos después, se transforman en dulces y haraganes zombis, que amenazan con vaciar las dulceras, alacenas, refrigeradoras, bodegas y otros depósitos donde sacien su hambre de pudín. Se inicia una fiera lucha de supervivencia: prolifera la epidemia del estornudo, causada por súbitos brotes de alergia veraniega. Nuestras heroínas del Consejo Estudiantil enfrentan al ejército de voraces mucamas vivientes con mortíferos sprays de detergente para vidrio. La crisis se agrava cuando un experimento de Nishigaki sale de control y libera centenares de robots clones que usurpan la identidad de cándidas colegialas con sus poderes de invisibilidad que, advertimos al lector, son horrendos. La vicepresidenta intenta defenderse usando una máscara antigás, pero sus ansias de poder la convierten en Darth Tsundere. La inestable República espera un categórico discurso de su Presidenta Rise Matsumoto, pero ante la proximidad de la hecatombe, se manifiestan los signos del Apocalipsis Maya: los relojes vuelan, los perros dicen la hora. ¿Quién podrá salvarnos si cunde la confusión y bellas muchachas son atacadas por feroces booby monsters? Las chicas del Club del Entretenimiento parten al rescate con ingentes cantidades de kleenex y románticos paraguas. Solo piden como recompensa cuarenta litros de helado de rum raisin.

Yuri is in the air, además del polvo, polen, humedad, smog, moho y demás factores alérgenos. Por desgracia, los desbalances histamínicos suelen causar inconvenientes más vergonzosos que sufrir las contrariedades del amor adolescente, en especial, cuando la alumna intachable del salón padece de repente un derrame masivo de mocos líquidos que cuelgan como estalactitas de sus impecables fosas nasales y para colmo, no-no-Norway!, se acabaron los tissues. ¿Cómo solucionarlo sin cometer una chanchada? ¿Arrancar una hoja del cuaderno? ¿”Reciclar” (waaag) los pañuelos de papel usados? ¿Aspirar discretamente las mucosidades bajo riesgo de producir asquerosos sonidos? ¿Sorberlos y comértelos mientras nadie te observa? ¿Pasarte la mano y limpiártela debajo del asiento con disimulo? La escrupulosa chica de cabello morado se debate entre la obligación del aseo, la higiene, los buenos modales, y la irresistible tentación de hacer cochinadas. Aunque series como High School Girls o secuencias como High School Girls are Funky derrumbaron sin piedad los mitos sobre la delicadeza y pulcritud femeninas, muchas chicas de secundaria todavía mantienen su “pureza” en sentido higiénico y peor aún, en colegios all girls, donde el prestigio social de la estudiante ejemplar depende de sus inmaculados hábitos de limpieza. Sin embargo, los mucosos apuros de Ayano nos causan gracia no porque nos burlemos de ella (aunque termine usando una “linda” máscara y comunicándose con “adorables” exhalaciones), sino como catarsis colectiva, pues el episodio del moco resbaloso es un drama universal: casi todos los mortales hemos experimentado una situación similar. La magia del slice-of-life consiste en embellecer con sonrisas (y carcajadas) los eventos más sencillos y cotidianos, esos hechos simples que iluminan nuestra vida diaria. Aunque muchos hombres en Latinoamérica estudiamos en colegios masculinos, donde eructar, pedorrearse, hurgarse las narices o rascarse la ingle era costumbre corriente e incluso festejada, ser descubierto disfrutando de la inmundicia era motivo de burla y humillación. Las estaciones juegan pésimas bromas al sistema respiratorio, pero los japoneses son campeones en resolver sus miedos contra los virus protegiéndose del cambio de clima con dramáticas mascarillas de hospital y arrumándose de abrigos: ponerse equipación de seguridad industrial no suena tan descabellado y menos si visitas un foco infeccioso como el temible baño de damas. Al final, la vicepresidenta se salva del escarnio con ayuda de Kyouko, que aprovecha la colaboración para mofarse, generando en Ayano la sensación paradójica de odiarla, derretirse de amor o admirar su extraña gentileza. Más adelante, cuando Chitose la fuerce a entregar su preciado pudding (para salvarlo de la voraz imbelicidad de Sakurako) presenciaremos la única escena de tsunderismo sincero de la historia del anime, pero también volveremos a constatar la nobleza de Kyouko al corresponder el intercambio sacrificando su preciado helado de pasas con ron. Ayano dice la verdad: no compró el pastel pensando en su adorada rival y llora lágrimas de rabia por desprenderse de su dulce favorito; sin embargo, la escena no carece del romanticismo ligero típico del yuri light, orientado al humor. Además, pese a perder su postre preferido, ganó una oportunidad única: un ademán “caballeroso” de TOSHINO KYOOOOOUKO, un regalo inesperado, un motivo para ilusionarse, ensimismarse mirando el freezer y hacer el ridículo frente a sus kouhai. Un trueque tan intenso, generoso y apasionado de implementos de aseo personal y alimentos de primerísima necesidad beneficia también a Chitose, que obtiene inspiración auténtica para elaborar sus sabrosas fantasías y medir la resistencia de sus vasos sanguíneos. La chica de lentes posee un ingenio pícaro nada malévolo, sino expresado bajo un tono de candidez y amabilidad que provoca un magnífico efecto contradictorio. No podemos evitar enternecernos, aunque sepamos cuán picantes y explosivos son esos delirios que ocasionan orgasmos de hemorragia.

 

Otra costumbre de cambio de temporada es organizar una limpieza general, pues el hábito se olvida durante los días de trabajo, el desorden se acumula sin percatarnos y cerramos el ciclo bajo un montículo de cachivaches, con rumas de papeles inservibles y ventanas infestadas de polvo. En verdad, como comentan Ayano y Chitose, asear las estancias al acabar una etapa nos renueva el ánimo, las esperanzas y permite contemplar las cosas en orden y perspectiva. Estos útiles consejos no persuaden a Sakurako, que alardea de floja sin modestia y proclama con descaro su fobia al trabajo buscando sucesivos métodos para evadirse de las labores domésticas, pero su grado agudo de idiotez le incita a tomar las decisiones más inadecuadas y contradictorias, porque su impulso lúdico, sus ganas de jugar y jaranearse la dominan. Un cosplay de sirvienta es contraproducente si intentas escaparte de la molestosa obligación de barrer y trapear. La ocasión se prestaba para subrayar los contrastes entre Oomuro-chan y Himawari, la malvada sirvienta que esclavizaba a la moderna Cenicienta, aunque, después de holgazanear, rezongar, ensuciar la mesa con pedazos de papas fritas y pretender apropiarse del sacrosanto pudín ajeno, la batalla decisiva por conquistar el puesto de próxima vicepresidenta del Consejo parece resuelta. Sakurako actúa por instinto, no medita, es fácil de engañar y distraer, su satisfacción inmediata guía sus acciones. Su escala de valores posee únicamente dos polos: aburrido/negativo y divertido/positivo. Sin embargo, su candidatura continúa vigente porque, pese al lamentable espectáculo de ociosidad y dejadez, sus defectos, en determinadas circunstancias, se considerarían virtudes. Cuando una víbora se coló al salón del Consejo, la insensatez de Sakurako se convirtió en intrepidez, su espíritu infantil fue ventajoso mientras las chicas maduras temblaban de miedo sobre los muebles. Ser “algo estúpido” a veces significa tener la capacidad de asumir actitudes osadas y arriesgadas, una cualidad del líder innato que otras personas, de temperamento más racional, no cultivan porque prefieren “asegurarse”, no “tomar riesgos” ni “experimentar” con cosas raras y estrafalarias como relojes voladores o mascotas electrónicas con bombas de tiempo incorporadas. Sin embargo, cazar escurridizas serpientes no califica como función presidencial, e incluso si consideramos este hecho aislado como referente de valentía, continúan predominando los típicos errores de Sakurako: ser arrebatada, no medir las consecuencias. Ignoro el estilo de gobierno que privilegian las alumnas del colegio Nanamori si generaciones anteriores delegaron el poder ejecutivo en Matsumoto, cuyas habilidades comunicativas son nulas y jamás aparece desempeñando sus quehaceres de mandataria. Estamos equivocados si evaluamos a Rise bajo preceptos convencionales, porque la moecracia funciona de manera distinta: el poder se profesa mediante la ternura y mientras más dulzura logres suministrar, mantendrás la correcta articulación del sistema. Nadie, ni siquiera Ayano, critica nunca a Matsumoto-kaicho, porque su aura política, digo, su capacidad de enternecimiento es deslumbrante. Para finalizar, el episodio nos reserva otra eventualidad del transcurso de las estaciones: soportar la temporada de lluvias. Quizá le reservo pocas líneas porque soy limeño. Mis conciudadanos comprenderán que “refugiarse bajo techo” para cuidarse del chubasco nos suena gracioso y hasta exótico. Aprendí a usar un paraguas en Europa y recién entonces intuí la importancia romántica que atribuyen las muchachas japonesas a guarecerse juntas de la tormenta. Pero YuruYuri necesita siempre socavar ese idealismo fino y estilizado del yuri tradicional, parodiándolo, ridiculizándolo y frustrándolo: Chinatsu le dispensa tanto cariño a Yui-senpai que comienza a estrujarla y ahogarla, un automóvil revienta un charco y moja a todas menos a Akkarin~ (y empaparse bajo paraguas es signo de pésima suerte), cuyas destrezas sobrehumanas para “pasar desapercibida” empiezan a causar asombro y espanto. Para el siguiente capítulo, se anuncia un plot

NOOOOOOOOOOOOOOOOO.

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