Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Ebiten. Kouritsu Ebisugawa Koukou Tenmonbu 1: Caballeras del Zodiaco

El cosmos te guiará

La temática del club escolar sirve de fermento narrativo a incontables relatos de índole cómica o melodramática: las actividades extracurriculares son excusa o punto de partida para propiciar la interacción de figuras con personalidades arquetípicas tan coloridas como dispares. Los integrantes del club son sujetos extravagantes, bichos raros, gente estrafalaria, con talentos, virtudes o rasgos insólitos, y derrochan una dosis espeluznante de locura. Sin embargo, las atropelladas integrantes del Club Astronómico del Colegio Ebisugawa sobrepasan las expectativas más frenéticas, al extremo de convertir en odisea mitológica la prueba de ingreso para cierta inocente “alumna de primer grado”. Al mando de su caprichosa e impredecible presidenta, la genial Kyouko Todayama, las rapaces fujoshi que componen el Tenmonbu (天悶部, el kanji sí importa) someten a la cándida “niña” a ridículos exámenes dignos del festival de otakus enfermizos más insalvables, y acabarán inmiscuyéndola en una aparatosa conflagración cósmica que ruborizaría al fanático más acérrimo de Saint Seiya. Al final, entre Meteoros de Pegaso con telescopios de fabricación casera, moeficación del malvado Patriarca, una súbita flecha aparecida de vaya usted a saber dónde que penetra el pecho de la escotada vicepresidenta, ostentosos planetarios proyectados para presentar reproducciones de los Doce Templos del Zodiaco, y una profesora supervisora que delega sus responsabilidades en un gato trollero, se satisfacen los límites tolerables de diversión, estupidez, parodia, bullying, hostigamiento, acoso sexual, humillación pública, tortura sistemática, desprecio absoluto al fetiche ajeno y demás prácticas respetuosas que avalan una sana convivencia. Porque, ironías aparte, según la lógica del anime, participar en un club significa ganar nuevos amigos: las asociaciones estudiantiles son, antes que espacios de productividad, lugares de esparcimiento, de encuentro, de socialización con personas que comparten gustos similares. La “pequeña kouhai” logra su cometido, ignorando que acaba de internarse en un temible nido de arpías: una guarida de empedernidas amantes del anime, las light novels, el yaoi, el erotismo, el sadomasoquismo y otras perversiones usuales entre las jovencitas de quince o dieciséis, aunque, en ocasiones, sazonan esos pasatiempos con observaciones del cosmos (me refiero al firmamento, nada de séptimo sentido ni Exclamación de Athena). En realidad, no quedan claros los propósitos que justifican la existencia del Tenmonbu: según se indica en varias fuentes en inglés, una leve variante de kanji los diferenciaría del 天文部 o Club de Astronomía. El cambio es significativo, gracias a, digamos, sutilezas gramaticales: un adjetivo cumple funciones distintas a un sustantivo, pues permite jugar con cierto margen de ambigüedad. “Astronómico” puede aplicarse al estudio de cuerpos celestes, pero también para calificar con exageración algo magnífico e impresionante, en especial, al referirse a enormes cantidades: esa grandiosidad agigantada coincide con el carácter escandaloso de las fujoshi. Un club “astronómico” tiene permiso explícito para ser desmesurado, caótico, sin reglas fijas ni obligaciones, un signo de interrogación abierto a cualquier definición, según las ocurrencias y antojos de sus ingeniosas creadoras. Desde la perspectiva del sentido común, “poder serlo todo” equivale a “virtualmente ser nada”; sin embargo, olvidamos la regla fundamental del club escolar: entretener. Sin importar su verdadero cometido, mientras proporcione unas horas de esparcimiento y permita liberar esas ganas desquiciadas de armar jaleo, la excusa más insulsa se vuelve válida. Los clubes de manga están obligados a producir doujin, los clubes de arte deben organizar exposiciones, los clubes de apreciación de anime deben brindar espacios de tertulia para otakus recalcitrantes, los clubes de mahjong deben promover el lesbianismo… Todos tienen limitaciones, pero el título de “Astronómico” le concede al Tenmonbu la habilidad camaleónica de utilizarse para jugar mientras las constelaciones sean propicias al Pegasus Fantasy.

Es difícil conseguir en internet episodios subtitulados (en inglés o español) de Ebiten, pues los capítulos se transmiten cada sábado por niconico en formato SD: es probable que muchos grupos de fansub se nieguen a publicar traducciones hasta contar con RAWs de calidad superior, es decir, cuando la serie se difunda por cable o aparezcan los primeros BD/DVD. La animación corre a cargo de AIC (división Classic), un estudio con pergaminos para la comedia estudiantil, el fanservice indiscriminado, las delicias del zettai ryouiki, variables en openings o endings y parodias descaradas. La serie adapta el manga original de SCA-ji, encargado además de adaptar los guiones al anime, y Kira Inugami, ilustradora de Seitokai no Ichizon, la saga de novelas metaficcionales de Aoi Sekina. Este último dato es harto relevante, fuera de la evidente similitud del diseño de personajes (muchos espectadores habrán apreciado el detalle): si debiéramos emparentar o buscar un precedente de Ebiten en argumento, propuesta narrativa, estética, estilo de humor y alusión a referentes otaku, la respuesta inmediata sería remontarnos hasta Kei Sugisaki y su fallido harén. De nuevo, el núcleo del relato plantea una estricta rutina de espacio cerrado: los hechos fundamentales ocurrirían entre cuatro paredes, dentro del salón del Club, aunque con menos restricciones. El submundo del 2D, Akihabara, los message boards, los videojuegos, incluidas sus perversiones adjuntas, sirven de base al humor paródico, alimentando al diálogo con conceptos o imágenes tan populares o reconocibles por cualquier aficionado al anime que explicarlas sería una pérdida de tiempo. Queda abierto al debate si Kanamori realizó un cosplay de Shaina o Marin, pero los combates no duraron doce angustiosas horas. La legión de fans ortodoxos de Saint Seiya estarán revolcándose de indignación, aunque una dosis de moe burlesco es capaz de embellecer mientras ridiculiza y mucho del parloteo otaku es cháchara sin trascendencia, una conversación insustancial: una comedia con tema (mejor dicho, con tópico), pero carente de propósito ni desarrollo. Sin embargo, la mayor semejanza con Seitokai no Ichizon radica en la estructura de personajes, que parece replicar o llevar al extremo las características del Consejo Estudiantil de Hekiyou. Todayama luce idéntica a Minatsu e incluso comparte algunos de sus rasgos psicológicos, aunque totalmente descarriados debido a la ausencia absoluta de cordura: en efecto, es agresiva, ruda, una buscapleitos, chica terremoto, dispuesta a tomar la iniciativa y ejercer el mando para perpetrar diabluras por mero afán de diversión. Su inteligencia alcanza niveles tan descabellados que roza el engreimiento y abunda en estupidez, pero muestra ciertos indicios de refinamiento como leer libros inmensos en clase, comer konpeitou o encender incienso. Incluso comienza el episodio reflexionando sobre su generación. Debido a su vehemente liderazgo, logra contagiar al resto con sus antojadizas y dictatoriales decisiones, aunque la paciencia del grupo tiene un tope. Dejando aparte sus abusos y arbitrariedades, sus pensamientos iniciales parecen revelar un perfil haruhiesco: una chica linda, talentosa, superdotada, casi perfecta, pero inconforme con el presente y deseosa de imponer su voluntad para satisfacer su desmesurado hambre de aventuras o mantener vigente su egoísmo infantil aprovechándose de sus amigas con total desparpajo. Por suerte, recibe un castigo por idiota, salvándose de convertirse en una bitch queen.

Kanamori cumple el papel de Mafuyu, la aficionada frenética del boys-love, connaisseur del mundillo pervertido del Otome Road, el hentai de temática homosexual y demás higiénicos pasatiempos que amenizan a las saludables adolescentes japonesas: en suma, una “mujer podrida” sin redención. Sin embargo, aunque comparte la candidez, torpeza y tendencia al dramatismo, su condición de víctima predilecta del asalto sexual de Todayama la alejan de Mafuyu como imagen de ternura e inocencia (pese a sus ardientes fantasías): Hakata manifiesta una mayor propensión al escándalo, bajo la coartada de actuar con aparatosa timidez (intenta esconder sus manga yaoi, pero termina delatándose por gritar con sonidos eróticos). Además, mientras la rubia del Seitokai exhibía su identidad fujoshi sin asomo de vergüenza, sino con orgullo a prueba de indecencias, Kanamori es objeto de ultrajantes sesiones de vejación dirigidas por Kyouko, quien, además de desnudarla frente a desconocidas y amarrarla con sogas tipo bondage, requisa su mochila, invade su intimidad, muestra al mundo sus edificantes doujin (recién comprados) y luego de criticar su calidad, los destruye sin misericordia. Antes que soñar despierta con historias BL, la pelirrosada parece abochornarse cuando se saca al descubierto el lado más truculento de su personalidad. Hasumi Ooba, en cambio, sería una versión más edulcorada y menos temible de Chizuru, pero, siguiendo la analogía, le toca jugar el rol de muchacha madura, de aspecto sereno y supuesta actitud ponderada, pues no renuncia a participar de las travesuras. Hiromatsu escapa al esquema: su arquetipo quiebra el patrón básico de jovencitas alocadas y empachadas de adrenalina compitiendo por batir los récords olímpicos de despilfarro de hormonas. Su carácter deadpan, la típica estoica al margen del chiste, permite atemperar el ambiente caldeado de esquizofrenia juvenil con alguna pizca de indiferencia. Según mi hipótesis, faltaría una Kurimu que complete el cuarteto: podemos rastrear la herencia si recordamos que Yuka Iseda, la lolitesca Presidenta del Consejo que amenaza con cerrar el Tenmonbu por incumplir la cuota obligatoria de miembros, fue fundadora del Club Astronómico, pero renunció por misteriosos motivos, convirtiéndose en su “enemiga” acérrima, buscando excusas insulsas para exponerles su despecho y tras fingir rudeza, le apenan los remordimientos, como buena tsundere. Su escena debut sugiere que Hasumi sería depositaria de su belicoso cariño, en conflictivo romance yuri alimentado de negativas y ultimátums. Para redondear el florido paquete de transgresiones sensuales, lamento desilusionar al público masculino entusiasmado por la frágil ingenuidad que derrocha la “chiquilla de primero”: cayeron en la trampa, pues Itsuki Noya es realmente un muchacho en crossdressing, en palabras simples, un travesti tan femenino que consigue embaucar la mirada más heterosexual. Este trap completaría, en sentido estructural, la fórmula del harem, del varón rodeado por chicas hermosas, aunque la idea básica sea subvertida porque el protagonista masculino parecería renunciar a su condición varonil. Los nostálgicos de Seitokai no Ichizon recordarán a Nakameguro-san, el enfermizo personaje que poblaba la febril imaginación de Mafuyu, como pareja pasiva de Sugisaki, y resulta una persona real. Itsuki sería su proyección o extensión. Para finalizar, valdría la pena ponerle atención a los escasos capítulos de Ebiten que logremos descargar, pues AIC también producirá la segunda temporada del Seitokai: quizá el Tenmonbu sirva como experimento o prueba de laboratorio para juzgar si podrán igualar el aceptable trabajo de Studio DEEN.

Una respuesta

  1. majo34

    Ebiten empezó bien, en relación a los grupos escolares, los cuales han surcados bastantes anime; esa parodia/homenaje a los caballeros, en momentos fue divertido y veo que el humor sera lo que lo me enganchara para seguir, su fanservice no me atrae, ademas tengo bastante con asa made jugyou chu, muy buen análisis sacando bastante cosas y enriquecernos con semejante trabajo que te mandaste.

    PD: Me tomo el atrevimiento de preguntarte si ya viste “jinrui wa suitai shimashita” (humanity has declined), hace una critica a la sociedad con un humor muy bueno.

    9 agosto 2012 en 20:45

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