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Rinne no Lagrange 2nd season 15 (3): Tus zonas erógenas

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Rinne no Lagrange es quizá la serie de acción más sobresaliente de 2012. El secreto del éxito reside en proponer un modelo de espectáculo total, un cajón de sastre donde se entremezclan las historias de robots de combate con fórmulas de comedia juvenil, apelación al ridículo y enfoque paródico que, pese a configurar una atmósfera de humor, no diluye ni oculta el drama, la intriga, los misterios oscuros, los enigmas, las conspiraciones, la posibilidad latente de desencadenar una tragedia. Entre reírse, temblar de miedo y palpitar la guerra, existen apenas segundos de distancia: esa transición se realiza con naturalidad, sin fisuras, porque alegría, temor y dolor son sentimientos coherentes, compaginados en un marco de flexibilidad. Los protagonistas son héroes épicos con momentos solemnes y gloriosos, pero también son individuos ridículos, capaces de equivocarse o incurrir en torpezas, manías, compulsiones, ataques de vergüenza o arrebatos de estupidez. Las muchachas que salvaron a Kamogawa de convertirse en escenario de conflagraciones galácticas son chiquillas valientes, audaces, llenas de coraje, pero -como cualquier virginal adolescente- son atolondradas, torpes, pudorosas y, en especial, inexpertas en ciertos temas que comienzan a rondar con insistencia sus pensamientos e inquietar su organismo. Conocíamos el lado grandioso, dramático y cómico de nuestras heroínas tricolor: ahora, se revela su faceta más pervertida. Mientras tanto, planetas enteros corren el peligro de destruirse.

No debería sorprendernos que Madoka, una joven mujer de diecisiete años, en edad fértil, saludable y plagada de energía, albergue una enorme cantidad de deseos eróticos insatisfechos o haya postergado un gigantesco flujo de ímpetu sexual, pues, durante la adolescencia, las expectativas de vivir un romance y experimentar placer corporal son intensas: esos anhelos concentran un cúmulo de fuerzas, de impulsos que pugnan por aflorar y ponerse en ejercicio. Solo existen tres maneras de aplacar esas urgencias: el coito, la masturbación o reprimir el instinto y posponer su realización; sin embargo, esta última alternativa genera desencanto y frustración, no siempre conscientes, pero impregnadas en el cuerpo. Es inútil imaginar las causas que motivaron a Madoka a “restringir” su sexualidad. Según confiesa, sus primeros y únicos besos los entregó jugando a Muginami y Laffinty. Además, sus reacciones ante el tema de encontrar pareja revelan un enfado latente: esta desazón podría atribuirse a la mala suerte, la ausencia de pretendientes o escaso contacto con hombres en situaciones de cortejo (estudia en un colegio all-girls). No obstante, más importante que definir las causas es evaluar las consecuencias. Los héroes son sujetos imperfectos: la preeminencia del heroísmo femenino en anime durante los últimos años ha ayudado a socavar el aura de solemnidad y grandeza que rodeaba al paladín justiciero o piloto de mechas, casi siempre varón, de décadas pasadas. Este cambio no implica abrir espacio al humor, la ternura, la belleza, sino también ampliar los ámbitos de humanización hacia las actividades hogareñas, lo lúdico, el romance y, obviamente, el sexo. Raras veces accedemos al espacio íntimo del protagonista en semejante grado de profundidad. Me refiero a aspectos nunca antes mencionados o explorados que conforman ese mundo interior más secreto e inviolable, el terreno del deseo, donde se almacenan los pensamientos más vergonzosos, las ansias de transgresión, los instintos reproductivos, los fetiches, las debilidades. Los personajes de anime no necesitan exhibir esa dimensión de su personalidad, porque sería inverosímil: nadie (salvo un maniático degenerado) andaría contando en público, a diario, sus arrebatos de lujuria más escabrosos. Lo habitual es mantenerlo bajo reserva, en silencio, esconderlo, arrinconarlo al fondo de nuestra mente. Sin embargo, a veces, tanto ocultamiento nos induce a pensar equivocadamente que tales fantasías, ilusiones, ansias o apetitos impúdicos no existen, asumimos incluso que otras personas (amigos, vecinos, colegas) carecen de ideas obscenas. Cuando se trata de personajes de ficción, como espectadores, no solemos prever esta posibilidad, salvo en series ecchi, pero, por costumbre, desestimamos la sexualidad como parte de la imagen heroica. Además, el caso de Madoka es significativo, pues añade un hecho poco manifiesto: la insatisfacción sexual femenina ante su legítima aspiración al goce. En años recientes, este tema calenturiento ha aflorado con mayor soltura en series de humor absurdo y fanservicero como B Gata H Kei, aunque las heroínas de acción se preservaban al margen, inmaculadas aun. No obstante, también las jóvenes guerreras tienen apetencias eróticas, ardores, ensueños, ganas de portarse sucio. El recato reprime esa energía: el experimento de Asteria utiliza su potencial para generar el orgasmo psicológico más arriesgado del Universo.

Ignoramos qué clase de guarradas, marranadas y procacidades habrá susurrado Asteria para disparar los estímulos concupiscentes de Madoka. Si provocó mareos de confusión y éxtasis en Laffinty mientras Muginami escondía el rostro, incapaz de aguantar el bombardeo incesante de contenido explícito con insinuaciones metafóricas sobre cangrejos apareándose o abejas polinizando flores, entonces la pequeña rubia ha propasado las expectativas de cualquier puella senex, pues sus conocimientos en asuntos escabrosos supera la sabiduría perversa de una vieja alcahueta. Semejante caudal de información, sumado a su astucia política, su agudeza para jugar bromas humillantes (o mortificar a Tadokoro), su sutileza para afrontar operaciones diplomáticas y su lucidez para liderar una organización supranacional nos permiten sospechar que, bajo esa apariencia de lolita gótica bañada en platino, habita una anciana venerable de trescientos, cuatrocientos o quizá miles de años: es mera especulación, pues continuar valiéndose del arquetipo de niña-vieja resulta coherente con la tonalidad del relato, que combina la épica de ciencia-ficción con rasgos de humor incongruente y carnavalesco; sin embargo, pese al tono festivo y dicharachero, la serie nos instiga, con terquedad, a desconfiar, a levantar sospechas, a recoger pistas, a plantear hipótesis y tratar inútilmente de adelantarnos al curso de los acontecimientos. En apariencia (o, mejor dicho, sobre la superficie), los hechos transcurren con cierta lentitud o suavidad, si consideramos el peligro latente de guerra entre DeMetrio y LeGarite. Incluso, desde la tradición solemne y magnificente del relato de robots o mobile suits, el ritmo narrativo de Rinne no Lagrange luce demasiado pasivo: predominan los tiempos de tregua sobre los auténticos combates, un jugueteo de besos yuri resuelve las graves tensiones entre Laffinty y Muginami, las amenazas de aniquilación o destrucción no duran mucho, se impone el espíritu práctico, inocente, benévolo de Madoka gracias al discurso de la “amistad entre chicas”, el vínculo de “camaradas” del Jersey Club, y porque la protagonista, de carácter emprendedor y sencillo, poco adepta a mezclarse en cuestiones complejas, contagia su informalidad a cuantos entornos transita. Incluso los antiguos antagonistas (los pilotos Izo, Kirius y Array) se transforman gradualmente en figuras cómicas, caricaturas, adaptadas a la vida común, al anonimato, convertidos en mozos o “mucamos” o fracasando en su primer intento de negocio playero porque los atléticos encantos de Madoka les roban la clientela. Mientras las chicas se divierten trabajando en Be with Hiroshi versión veraniega, creando una utopía de convivencia entre tres planetas en conflicto, la política, los adultos, los grandes hombres (insisto en la oposición de géneros como clave de lectura) como Dizelmine o Giuvigiuvio tejen los hilos malévolos del odio, la perfidia, el resentimiento, la venganza. O sujetos oscuros como Moid complican esa madeja agregando una pizca de maquiavelismo sin escrúpulos. Se respira una tensa paz, sostenida con esfuerzo y esmero por intermediación de Madoka que congrega en hermandad a las “hermanas menores” más influyentes del espacio exterior. Resalto el concepto de influencia porque el trío protagónico, el humilde Club del Jersey, las juguetonas meseras de vestidos extravagantes, las chiquillas atolondradas que arreglan sus diferencias y rivalidades con pactos de labios, detentan un gigantesco poder político: los memoria, el nexo de exclusividad, de compenetración entre pilotos y unidades Vox. Mientras los “onii-chan” controlaban la voluntad afectiva de las “imouto”, incorporándolas como peones en sus ejércitos y adhiriéndolas a sus bandos, la posibilidad de utilizar ese armamento con fines nefastos se incrementaba (Dizelmine no dudaba en someter a Laffinty a atroces torturas buscando reproducir los efectos del fenómeno rinne). La reconciliación entre amigas también tiene una lectura en términos políticos desde la mirada de gente como Asteria o Moid: esa amistad a prueba de discordias familiares pervive por gestión de Madoka, que oxigena su relación con mensajes conciliadores e inspiradores, y brindando esperanzas. La chica de verde funciona como eje o punto de equilibrio: su presencia anula o atenúa la preponderancia de los “hermanos mayores” sustituyéndola por otro vínculo familiar, otra hermandad (compartir desnudas un baño marino). El pedido de asilo le otorga a Novomundus, representante del planeta Tierra, un tremendo poder de negociación: en teoría, el Pharos, mejor dicho, Kamogawa, custodia la reserva armamentística más letal del cosmos.

Dispuestas las fichas del ajedrez galáctico, el triunfo dependerá de las habilidades estratégicas, el mañas, el pulseo, el dominio escénico de cada líder. Por ejemplo, la petición simultánea de LeGarite y DeMetrio para aterrizar en Pharos demuestra su intención perniciosa de utilizar los mecanismos diplomáticos, supuestamente pacíficos, para prolongar sus disputas por preponderancias irrelevantes, pero significativas si consideramos el contexto de extrema tensión donde el mínimo detalle causa suspicacias y resentimientos. Ambos reyes juegan a poner contra las cuerdas a Novomundus, tratando de intimidar a Asteria con exhibiciones de poder y tretas manipuladoras. Sin embargo, la rubia posee las virtudes adecuadas para emprender una exitosa negociación, bajo sus términos: es indómita, segura, decidida, no admite ningún intento de subyugarla y sabe leer entrelíneas los auténticos propósitos de sus oblicuos interlocutores. Además, es paciente, no pierde la calma en momentos de conmoción, aun cuando las emergencias ocurran de golpe, de improviso, tomándola por sorpresa. Esa prudencia es crucial si comparamos su temperamento con el talante colérico y burlón de Viuviguvio, propenso a tomar decisiones crueles disfrazando su rabia de humor, o el perfil melancólico e impenetrable de Dizelmine, capaz de afrontar con amargura la necesidad de actuar con maldad. Todos parecen proteger su conciencia contra la obligación inminente de cometer pecados, de ensuciarse de sangre las manos: se asume esa responsabilidad como inevitable mientras el dolor se neutraliza con sarcasmo o se esconde reprimiendo las emociones. Aunque Rinne no Lagrange favorece al protagonismo femenino, los hombres ocupan un papel trascendental tanto en asuntos bélicos y políticos, como en cuestiones sentimentales: pese al gesto de ruptura ideológica que implica el pedido de asilo (y reiniciar su amistad), Muginami y Laffinty siguen amarradas, en sentido emocional, al veredicto de sus caprichosos hermanos, y buscan complacerlos para alcanzar su aprobación. Ambas parecen haberse criado en un ambiente rígido dirigido por figuras masculinas bastante autoritarias, donde se ahondaron sus complejos de inferioridad. Ese contexto de sociedades patriarcales duras agudiza las rivalidades masculinas: la enemistad entre reyes es cuestión de honor, ganar es humillar al otro más allá de orgullos patrióticos, derrotarlo como varón, disminuirlo y degradarlo. La presencia de Yurikano, la hermana perdida de Villagiulio, junto al inescrupuloso Dizelmine complica el escenario porque, de nuevo, guerra y afectos se entremezclan hasta confundirse en límites intolerables, que podrían considerarse una vileza, una deshonra. Los desenlaces con giros argumental es espectaculares o revelaciones que generan conmoción son parte del sello particular de Rinne no Lagrange, motivado por esa atmósfera de misterio, de fenómenos indescifrables, de heroínas que luchan por proteger un presente sin comprender el pasado, de explicaciones enigmáticas en forma de leyendas o advertencias incompletas. Yurikano es la anti-Madoka: se asemejan, pero pertenecen a lados opuestos del mismo espejo. La escena de ahorcamiento es simbólica porque traduce esa oposición en hechos concretos. Su ingreso al teatro de operaciones, no como recuerdo ni “espectro”, sino como elemento activo y desestabilizador, una contrincante en cuerpo de mujer, cuya sola existencia entraña una incógnita. Preparen su Kamogawa energy, se avecina harto maru!

Una respuesta

  1. davidvfx

    Talk Off:
    Serius…. No se si ves sengoku collection actualmente, o ya la dejastes de seguir… Por el ep 18 hizo me hiso lo impensable me hizo soltar lágrimas de tristesa y depresión….. Espero tu análisis de este episodio… Si la abandonastes pues date un tiempo para ver solo este ep que fue una sorpresa inesperads y algo totalmente diferente de esta serie.

    3 agosto 2012 en 15:29

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