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YuruYuri ♪♪ 1: El mundo de Akkari~n

Salieron del clóset

La heterodoxa sacerdotisa del yuri retorna de su largo exilio de invisibilidad para oficiar, ante sus feligreses, una ceremonia lésbica jocosa y disparatada. Ataviada de ropajes electrónicos, Akari emerge entre resplandores vitoreada por multitudes de idólatras que corean su funesto apodo, reclamando a gritos que reconquiste el protagonismo usurpado por colegialas menos dulces e imperceptibles. Gracias al encanto innato que poseen las chicas tontas de clase media, Akarin se convierte en objeto del anhelo romántico (y quizá lujurioso) de bulliciosas muchachas tan tiernas como desquiciadas. Nuestra heroína de peinado volador capturará sus corazones utilizando enrevesadas mnemotecnias científicas o desafiando a su tracto digestivo a superar retos repugnantes. La cándida pelirroja disfruta al máximo su descomunal popularidad asesinando de pasión con sus ingenuos guiños o transformando su dulce estupidez en filosofía de vida. La Tierra dejó de rotar sobre su propio eje, porque ahora el Universo gira alrededor de Akarin, la chica más notable, sobresaliente, descollante, cuya belleza discreta nadie se atrevería a ignorar… Por desgracia, cuando los agasajos y confesiones amorosas amenazaban con desembocar en una orgía angelical de vibraciones tumultuosas, nos descubrimos envueltos en un experimento freudiano que revelaba las oscuras (y reprimidas) fantasías homoeróticas y ansias de dominación sexual que esconde la mente de cualquier chiquilla de catorce años con ambiciones de convertirse en hembra alfa.

Aunque YuruYuri únicamente pretende entretener al espectador ofreciendo una eficaz combinación de comedia estudiantil, humor cotidiano, convivencia de personalidades disímiles y lesbianismo precoz, en perspectiva, merecería observarse con atención su lugar (e importancia) dentro del desarrollo histórico del yuri como género, pues esta serie tan simple y graciosa constituye el exponente más rotundo y representativo del nuevo yuri, como denominé al esquema compositivo surgido durante la década pasada, que abandonaba los rasgos típicos del modelo tradicional (perfil melodramático, romántico, platonismo, ideal de pureza, moral aristocrática, diseño shoujo) para asumir otros atributos, algunos diametralmente opuestos: tendencia cómica, parodia, celebración del cuerpo, discusión abierta de temas sexuales, sociedad de consumo posmoderna y arquetipos moe. Un observador malicioso sospecharía que quizá, a veces, YuruYuri intenta burlarse de Marimite ejecutando una especie de matricidio simbólico. El Club del Entretenimiento sería la caricatura del Yamayurikai o cualquier agrupación estudiantil que busca construir su utopía de delicadeza reuniéndose entre cuatro paredes (el espacio cerrado). Además, la reiterada insignificancia de Akari implica el fracaso del mito frecuente en muchos relatos dramáticos ambientados en colegios femeninos: la insulsa muchacha común y corriente evoluciona y madura hasta transformarse en una mujer admirable. La ilusión del ascenso espiritual se borró, el amor es asunto de broma porque, si antes se identificaba con sentimientos sublimes que provocaban conflictos existenciales y hondos pesares, ahora se equipara con gozo, travesura y ridiculez. Las utopías trascendentes del discurso de novela de Clase S desaparecieron o, mejor dicho, son suplantadas por otra escala de valores, donde prima la diversión. La sexualidad participa del juego: las chicas se enamoran sin sufrir angustias ni crisis de identidad. Su única preocupación respecto del romance es llamar la atención de la persona amada. Otro aspecto divergente sería la ruptura o desacralización de ciertos estereotipos acerca de lo femenino, inspirados en fórmulas de comportamiento refinado que solía enseñarse y glorificarse en las escuelas religiosas. Conceptos como fineza, discreción, cortesía, pulcritud, mesura, incluso virginidad. El mundo contemporáneo destruyó ese prototipo: es inválido, irreal, pocas o casi ninguna muchacha de secundaria se comporta obedeciendo esos patrones. En YuruYuri, este quiebre se exacerba, se lleva al extremo para provocar el humor. Las chicas son malcriadas, engreídas, gritonas, golosas, vagas. En especial, perezosas, porque se aburren con facilidad. La premisa de fundar un Club de Entretenimiento responde a esta nueva mentalidad. Las “mujercitas” de antaño se volvieron rudas y belicosas como Sakurako y Himawari, o abrigan pensamientos maléficos y obscenos como Chinatsu. Si hablamos de atrevimientos sin límites, el caso de Chitose es emblemático. La serie se cuida de abordar los temas eróticos con gracia y cero vulgaridad. No existe ecchi, sino burla del romanticismo. Sin embargo, bajo esa superficie de inocencia, se deslizan ciertas sugestiones atrevidas. Pocos slice-of-life osarían introducir referencias veladas a -digamos- la masturbación o -siendo menos bruscos- la autosatisfacción. Las ensoñaciones de Chitose le procuran un placer corporal tan intenso que provoca reacciones adversas contra su organismo. No encuentro definición gráfica más contundente para el término “adicción”.

La primera parte del episodio sirve, de forma curiosa, como recapitulación: un guiño cómplice al espectador de la primera temporada que conoce los rasgos específicos de cada personaje. El sílice-of-life se sostiene, como estructura narrativa, no sobre el argumento o la intriga, sino teniendo como apoyo principal un abanico de caracteres psicológicos o atributos de personalidad no demasiado complejos, pero tampoco muy simples. El público aprende a reconocer esos caracteres y predecir sus reacciones en diversos escenarios. La dinámica del género consiste en trasladar esa interacción a diferentes situaciones y observar cómo actúan las chicas ante cada circunstancia o cuáles serían sus opiniones u ocurrencias acerca de determinado tema de conversación. El sueño de Akarin nos roba varias sonrisas porque aprovecha nuestras ideas preconcebidas acerca del elenco para conjugarlas de manera más ridícula y descabellada que lo habitual. Las muchachas continúan comportándose empleando el mismo chip de siempre. Chinatsu sigue siendo adulona, hipócrita y maliciosa. Kyouko no pierde su fanatismo otaku. Ayano juega su eterno papel de tsundere amargada y avergonzada. Chitose se vale de encurtidos para entablar amistades. Himawari aplica su busto como arma letal. Una gran diferencia altera (o transgrede) la “normalidad” de este universo extravagante: la chica más ignorada, humillada y despreciada del anime se vuelve deseada y codiciada. El mundo al revés es un tópico frecuente del relato carnavalesco, que consiste en trastornar el orden cotidiano generando un caos de inversiones o contradicciones. El sueño permite efectuar esa perturbación, aunque sea temporal, pues tarde o temprano despertamos y descubrimos la triste realidad. El inconsciente de Akari suplanta su gris y frustrante vida cotidiana donde cumple el penoso papel de quinta rueda del coche (¡en un cuarteto!), sustituye esa desilusiones creando, mientras duerme, una fantasía, una ficción que alivie su desencanto. Ninguna chica en YuruYuri tiene motivos tan categóricos para padecer de disconformidad; sin embargo, la tierna pelirroja jamás se subleva con rabia o auténtica cólera contra su condición de “muchacha despreciable”. En cambio, se esmera por portarse como “niña buena”, algo pánfila y tontorrona, pero amable y bien intencionada. Gracias al sueño revelado, nos enteramos de varios aspectos inéditos -aunque previsibles- de la psicología de Akari. En principio, que reprime sus deseos. Por ello, recurre a espejismos oníricos para hallar consuelo. Sus ansias de protagonismo son enormes y alimentan una suerte de obsesión. Al cohibirse, ese impulso busca liberarse y descargarse a través del sueño. Allí, la chiquilla del odango-style puede “ser otra”, mejor dicho, logra vivir la imagen oculta de sus deseos, adquirir una segunda identidad que considera imposible de materializar en el mundo real por muchas razones (pudor, falta de habilidades, timidez): esa personalidad alterna es descrita como “una chica indecente”, “una niña mala”, coqueta, seductora, arrasadora, dueña del escenario, calmada, poderosa, la señora del harén. Las ambiciones de Akari son desmesuradas, incluso desde la perspectiva del yuri, pues no desea solamente ser “notada”, ser famosa, ser popular, sino ser amada, apetecida, pretendida en términos eróticos. Además, asume una posición jerárquica: antes que objeto de conquista, es venerada y divinizada: ella controla la manada, domina sus vidas, concentra sus pensamientos, las domestica, las apacigua. Confianza y aplomo, una versión light y traviesa de promiscuidad, y dominio absoluto del grupo: ningún pervertido imaginaría un paraíso de poligamia tan primoroso. Para colmo, esa concupiscencia latente, ese escondido fuego de ninfómana en pubertad, tiene como víctimas potenciales a sus propias amigas. Bajo su aspecto de nena cándida y boba, Akari encubre su faceta de lesbiana rampante, insaciable, devoradora, con delirios de grandeza y ganas de acapararlas, enamorarlas y subyugarlas a todas. Cuídate de las aguas mansas, dice el refrán: bastante codiciosas resultan las supuestas mosquitas muertas.

Dejando de lado (un poco) el tono exagerado e irónico (aunque no encuentro receta más adecuada para hablar de una serie tan jaranera), me encantó este reencuentro con TOSHINO KYOOOOOUKO y compañía. Se extrañaban las encantadoras estupideces que prodigaba la rubia; sin dudas, la genki girl más incontrolable y dispersa que inundara nuestras pantallas. Los episodios de onsen (aguas termales) son eventos típicos del fanservice, aunque -como suele ocurrir con narrativas basadas en repeticiones de esquemas formulaicos- la gracia reside en las variantes: si existe un Club del Entretenimiento, su propósito final es idear múltiples métodos para combatir el tedio, el aburrimiento, la apatía, aunque sus integrantes se dediquen, por defecto, a holgazanear, perder el tiempo, enredarse en discusiones bizantinas, actividades improductivas e insustanciales, en suma, a llevar la procrastinación a niveles inauditos de perfeccionamiento. Cuando una muchacha hiperactiva, curiosa y fácil de distraer como Kyouko funge de motor de la historia, azuzando, hostigando, apresurando a sus compañeras, cualquier alboroto es posible. La escena del ping-pong nos devuelve al mejor YuruYuri. La inofensiva idiotez de Kyouko desafiando a Yui con doble raqueta, los saques asesinos de Chinatsu, sus coletas que comen pelotas de plástico cual plantas carnívoras: al final, ni siquiera logran terminar una partida, pero cada intento es igual de caricaturesco. Las senpai forman un dueto perfecto de boketsukkomi, su complementación implica cumplir esas funciones dentro de una dinámica de comedia, porque cada situación cotidiana se convierte en excusa para montar una actuación. La vida se torna equivalente a cualquier sketch de humor. Porque, si líneas arriba discutíamos acerca del contenido homoerótico de YuruYuri, cometeríamos una injusticia si restringiéramos sus recursos de comedia al mero devaneo entre jovencitas. Parodiar el yuri es apenas la receta más peculiar dentro de un amplio repertorio que incluye el ridículo, los juegos de palabra, los malos chistes, el slapstick, la apelación al absurdo, la exageración, la payasada. Las muecas y aspavientos de Chinatsu cuando advierte, de casualidad, una chance de declarar su amor a Yui-senpai, las poses altisonantes de Kyouko antes de realizar una jugada mediocre, la decepción de Akari porque la máquina dispensadora le arrojó una sopa de frejoles rojos, son excelentes ejemplos de cómo elaborar viñetas cómicas partiendo de experiencias comunes a cualquier espectador o basándose en diálogos sobre temas usuales en reuniones de amigos, historias que sufrimos, presenciamos o escuchamos de otros. Ese núcleo de conocimientos sobre “la vida” es embellecido y celebrado -aunque suene paradójico- mediante las distorsiones, desproporciones y desmesuras que fomenta lo carnavalesco. Porque, antes que conversaciones frívolas que dimanan en comentarios inusitados o pálpitos de romanticismo lésbico fallido, YuruYuri festeja la amistad, la complicidad, los afectos sinceros, el pasar momentos inolvidables en pandilla… aunque ese cariño se exprese a golpes, blandiendo el Martillo de Mirakurun.

2 comentarios

  1. majo34

    Muy buen analisis el tuyo, exprimiste demasiado bien este primer capitulo😄.
    Me asomobro la forma de los cambios que le asigno tanto a la primera como segunda temporada, la primer me gusto por que me parecia que se iba a tomar un slice of life con gags + yuris; pero aca se ve la culminacion de la burlesca comedia carnal desopilante.
    Lo que me parece que si le va a restar puntos es si lo poco de trama que no va a vanzar en relacion a las parejas;
    esta temporada arranco estableciendo mas el lado homosexual de chinatsu y empiezo a dudar de la heterosexualidad de akari, con toshino el ser bisexual no me da nigun hype pero de por si el personaje se lleva todas las risas, con yui a la cual considero que se la tiene que explotar mas, dado que ella no tiene una relacion directa con las chicas del consejo en la que se pueda ampliar mas para profundizar y definir su perfil, ya que con kyoko los remates de ella no me parecen muy buenos, solo con ayano encuentro un minimo nivel en sus risas(por ej Bakin Buckingham) , pero al final depende de kyoko, akarin y chinatsu las veo mas versatiles, dejando a yui como un stopped que es mal usado, su postura determinada hace que no se le pueda ampliar , y sus actos propios son en si predecibles.

    13 julio 2012 en 14:02

  2. Toshino Kuouko is back !!!

    No hay análisis alguno dentro de este blog que pueda considerar siquiera ligeramente pobre, todos ellos en su complejidad explotan ideas y temáticas muy bien observadas y desglosadas en palabras, muchas veces quizá demasiado técnicas, pero que a fin de cuentas, demuestran el tremendo nivel de trabajo que hay detrás de cada publicación.

    Sencillamente me encanta leer este blog… no solo para “encontrarle la quinta para al gato”, como decimos acá en Chile, sino también para enriquecer un poco el vocabulario , haciendo uso del (para mí) inusitado buen lenguaje que se aplica en esta web, en torno a temas que normalmente (para mi realidad cotidiana) jamás se explayan de esta manera.

    13 julio 2012 en 17:35

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