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Fate/Zero II 12: Historia del mundo y salvación (Segunda Parte) (FINAL)

La muerte de los héroes…

“[Estos son] los recuerdos de un chico que se erigió como héroe… Una tierra desolada fue todo lo que obtuvo por continuar peleando por la gente…”

Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Unlimeted Blade Works, día catorce, Interludio- La princesa capturada

La tragedia es lo irreparable. El personaje trágico es destruido por fuerzas que no pueden ser entendidas ni derrotadas por la prudencia racional. Mejores estrategias y mayor preparación no hubieran sanado el corazón celoso de Kariya, ni la psiquiatría moderna es la respuesta para un loco como Gilles de Rais. Peor aún: en vez de modificar o disminuir esa condición trágica, el aumento de poder los hace incluso más vulnerables. En la medida en que los magos y los héroes se apoderan de mayores porciones de la realidad a través de su poder, desencadenan incluso mayores catástrofes. Su control sobre el mundo material es fantástico, pero sus logros parecen volverse contra ellos, haciendo más azarosas sus vidas y más feroces sus guerras. La ironía se ahonda: a pesar de ser más o menos conscientes de su destino, los héroes de Fate/Zero hacen frente a peligros imposibles que les costarán la vida. Los protagonistas siempre partirán hacia la guerra sin importar lo que hagan y realizarán una y otra vez las mismas acciones. Esperamos en vano que se den cuenta de sus fallas: en algún momento creemos que Tokiomi descubrirá la traición de Kirei y que no le dará la espalda. Oscuras fatalidades y sombríos errores de juicio los hacen sucumbir. Iskander sabe que morirá ante la Puerta de Babilonia (porque él ya ha muerto una vez allí). Con todo, sigue adelante: “Si puede superar esto, lo que hay más allá es sin duda el fin del mundo. El sueño lejano que siempre había estado viendo, estaba esperando ser cumplido en este momento ante sus ojos” (Fate/Zero, Vol. IV, Acto XVI, Cuarta parte). Pero se apresuran hacia tenebrosos desastres atenazados por verdades más intensas que el conocimiento…

Historia de la historia

“El cielo al atardecer era del color de la sangre. La tierra ante sus ojos, era también del color de la sangre. Los cadáveres desplomados en la tierra eran de la gente que una vez habían creído en ella y la apoyaron como Rey, ofreciéndole los cantos de la victoria… Despertando de un sueño… de rodillas, con desaliento, una vez más en la cima de la colina manchada de sangre… Con el fin de cambiar este final, ella le había confiado su alma después de la muerte al “Mundo”; y comenzó un viaje en busca de un milagro. Había decidido no regresar a aquí; había creído que nunca volvería a ver esta escena de nuevo. Pero en este momento, la joven aún se arrodillaba en este pedazo de tierra”

Fate/Zero, Vol. IV, Acto XVI, Novena parte

“Todos estaban muertos… Yo caminaba solo. Buscaba ayuda y quería que alguien me salvara… Ignorando las voces que gemían por el dolor, ignorando las voces que me volvían loco, intenté escapar… Continúe caminando, anhelando que me ayudaran… Si había personas que murieron sin poder hacer nada, si yo podía hacer algo, entonces viviría… Fue difícil vivir mientras ignoraba las plegarias por ayuda… Sería fácil si me disculpaba. Entonces, no me disculpé… Por los que no pude salvar y por lo que no pude hacer. Admiré a un superhéroe que pudiera salvarlos a todos… Hubo personas que murieron con mucho dolor. Hubo personas que arriesgaron su vida para salvar a otras. Hubo personas que lamentaron su muerte”

 Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, día quince, escenario Fate, El sótano de la iglesia

Ya lo hemos dicho antes, el mundo moderno no conoce la tragedia. Nosotros no somos trágicos, somos dramáticos y es por el dramatismo como debemos entendernos. Quizá por eso las emociones de la mayor parte de los protagonistas modernos no conmueven, no son completas, sino más bien postizas, o mejor aún, se produce una simplificación de las emociones humanas que raya la caricaturización. Ante el espectáculo del mal en el mundo, la humanidad ya no llora (Kiritsugu, el trágico), ni tampoco ríe (Kirei, el cómico), sino que dejará de lado sus emociones para sonreír y estar tranquila, es decir, llegar a ser, en pocas palabras, volverse dramática. Kyon (Suzumiya Haruhi) es el epitome del dramatismo. En cierta forma, Kyon no es mejor y no es peor que ninguno de nosotros, es dramático, sus sentimientos aparecen reprimidos e incluso cuando son obvios, se empeña en negarlos como si se trataran de moscas molestas que revolotean a su alrededor. Los personajes dramáticos niegan lo que sienten. Toda la love comedy está construida sobre la base de que el protagonista descubra sus verdaderos sentimientos y, en esa luz arrojada sobre el mundo, supere sus falencias. Tanto es así que, incluso cuando a Kyon se le ofrece la oportunidad de cambiar su situación de modo drástico y definitivo, se echa para atrás, como si intentara retroceder en el tiempo y re-encauzar sus esfuerzos (esto es lo que sucede en la película de la Desaparición). Es inútil pedirles un salto cualitativo, no poseen una obsesión por el abismo. Es un mundo tranquilo y relajado, distendido. Allí los protagonistas no sufren ante el mal y sus lágrimas no están marcadas por el dolor. Muy al contrario sucede en el Nasuverso. Allí el amor es igual al odio, un éxtasis de la entrega. Tanto el odio como el amor son sentimientos fuertes, y los sentimientos fuertes y sobrecogedores son destructivos, pero también pueden serlo los tranquilos, soñadores y dulces. El Nasuverso está lleno de esta clase de sentimientos extremos, llenos de entusiasmo y entrega total a una causa, a una misión, a una «razón». Pero no nos debemos preguntar por tal «razón» o tal objetivo, se trata solamente de intensidad, que es tanto mayor cuanto menor es la razón. Si algo está fundado, lleva dentro de sí una referencia racional explicativa que no puede sino funcionar como elemento moderador. Sin embargo, en el Nasuverso, tal moderación es considerada una traición: ninguno de los personajes actúa de un modo equilibrado, ni en Tsukihime, ni en Fate/Stay Night o Kara no Kyoukai. Se busca llevar los sentimientos hasta el punto de ebullición, hasta la absoluta distención de las fuerzas de conservación que acaban por agotarse y perecer. Hay una constante intensificación de las energías vitales que se lanzan a la completa aniquilación bajo un subsuelo de lava movediza. No se busca que los deseos se hagan realidad, se intenta vivir los deseos hechos realidad. Se quiere que el aquí se transforme, que el ahora se haga otra cosa. Si no fuera así, entonces ¿por qué seguir peleando? El deseo tiene que ser verdadero incluso antes de hacerse verdadero. Por eso, muchos no encuentran su deseo cumplido al alzarse con el Santo Grial en la victoria, sino en el proceso mismo de la guerra: ser un héroe, ser leal o encontrar el océano del fin del mundo es lo mismo que participar. En el mundo de Type Moon, no funcionan los superhéroes tradicionales que pueblan hasta el hartazgo otros universos de ficción. De hecho, el personaje más clásico en el sentido estricto del término, Matou Kariya, parece sacado de un manga shonen de pelea. Increíblemente, es el único entre todos los Masters que tiene por ideal el “salvar a la chica”, a Sakura, y se comporta constantemente como si fuera un héroe que trae el castigo y la justicia a los malos: contra Souken, contra Tokiomi, contra los magos. Escupiendo gusanos y fatigado por el cansancio, dista mucho de los valientes protagonistas clásicos de las historias más idealistas y suaves, uniéndose a esa clase de personajes inmaduros con complejo de mártir mucho más famosos tales como Ikari Shinji. Él es un chunibyo: alguien con un punto de vista infantil que cree saber como funciona el mundo. De un modo inmaduro, hace un pacto con el diablo sin medir las consecuencias y considera que es capaz de superar incluso la adversidad, que al final le darán la recompensa deseada por sus sacrificios. Absorto en un sueño tranquilizador, su vida termina completamente inmóvil y sin energía, precipitándose a un nido de insectos que lo devoran sin piedad…

Una vieja historia hace del fundador de la civilización un asesino. La figura de Caín acecha la historia de la violencia humana. Caín, que en su arrebato de ira termina matando a su hermano – todos los seres humanos somos hermanos según la leyenda –, es la piedra que pondrá bajo sus pies la condición de posibilidad de la guerra. Expulsado por Dios y condenado a vagar por el mundo, crea la primera ciudad de la historia, y en ese gesto de construcción citadina, se convierte en el verdadero creador de la cultura. El agrícola Caín es el sedentario que establece límites y prohibiciones y a él mismo le han sido impuestas bajo una marca imborrable. El signo de Caín es también el signo bajo el cual se cifra una maldición, un pecado, una corrupción. Desde su crimen ancestral, la humanidad no ha cesado de traicionar sus propios ideales, así como sus ideales no han cesado de traicionar a la humanidad. Cada nueva matanza trae consigo aparejada el crimen de eliminar a un semejante. La humanidad, que se devana los sesos en sus interminables contiendas, tiene como punto de partida un crimen más grande que la expulsión del paraíso. En esta última, simplemente se hace referencia a la caída en lo mundano, mientras que, en la segunda, la muerte del hermano amado/odiado se abre una grieta infranqueable. Amparados bajo las figuras de la húbris y némesis, del orgullo y el castigo, de pecado y de juicio, caminan por doquier los héroes y los mitos. Es la enigmática presencia de lo misterioso que señala un camino desconocido. Mientras que el misterio sea insondable, nuestros intentos de pedirle cuentas reverberan en la penumbra. Así, cuando le pedimos explicación al mundo sobre el desastre, éste permanece callado. En algún momento Saber maldice la inmisericordia del destino, mientras le pide que rinda cuentas de tales angustias: “[ser] capaz de discutir con el Cielo sobre la injusticia del destino. Si uno había llevado a cabo todos los sacrificios necesarios para esforzarse por algo, pero no pudo obtener lo que buscaba, entonces era definitivamente el Cielo quien tenía la culpa” (Fate/Zero, Vol. IV, Acto XVI, Séptima parte). Angra Mainyu, la mala conciencia de la humanidad, es el crimen que todos cometen por ver sus sueños hechos realidad, se trata de un mito, de un santo cuyo nombre se ha perdido en el río del olvido. La maldad que todos llevamos dentro y que desgaja el alma al impulsarla hacia su caída estrepitosa, parece ser la única lección que se extrae de esta larga marcha. Hay una insoportable «levedad del ser» que nos invade constantemente; por supuesto, nadie busca la realidad allí donde parece más clara y transparente. La pureza de los santos bendecidos, que son tanto una aspiración como un ideal, se nos antojan distantes a nuestra naturaleza; por el contrario, encontramos fascinación en el mal. Los anti-héroes, chivos expiatorios de nuestras claudicaciones y temores, son corderos del sacrificio de nuestra perversión, se mantienen vivos en nuestra imaginación, para que se sigan ocupando del trabajo sucio que nuestras mentes se empeñan en urdir. Un ser sin doblez, carece de profundidad y misterio; no esconde nada. Solo la impureza es signo de realidad. Igual que el dios Jano romano, sus rostros miran en direcciones opuestas. Jano, dios bifronte, observa el punto de partida y llegada al mismo tiempo. Siempre de perfil, mira por igual los comienzos y finales, el pasado y el futuro, señalando un doble camino que reúne en su interior ambas formas del mundo. En esas dos direcciones somos testigos de la unión entre ambos destinos, como si el bien y el mal quedaran borrados en la convergencia de ambos caminos. Una visión de maldad sin nombre, extraída de las profundidades del pasado de la humanidad, una violencia primitiva que vuelve para asolar la tierra una vez más, se levanta de lo profundo de la psique de la humanidad: es lo que más deseábamos: la purificación del mal. Un manto oscuro indetenible, un fango mortal que derrite todo a su paso, una «legión infernal» que carga cada pecado, los diez mil demonios de la profecía regresan al presente y la visión del futuro de un mundo mejor se traslapa con el pasado. En una especie de inversión de la realidad, ambos tiempos intercambian lugares: el pasado se vuelve futuro y el futuro se vuelve pasado. Ambos parecen enlazarse en el momento oportuno, hasta el punto de que convergen en un espacio sagrado, donde, en una visión monstruosa, el futuro es igual al pasado y el pasado es llevado a su máxima expresión en el futuro. Los sueños de paz y armonía, de repente, se ahogan en sangre, poniéndole termino a la guerra y a los deseos. El milagro resulta una extrapolación del pasado, una repetición más de lo que ha sucedido: la historia de muertes que se pretende cambiar. Enredados bajo falsos presupuestos, los héroes y magos se entregan a un impulso que no pueden explicar a conciencia, mientras salen a destruirse entre sí motivados por una furia sin odio. Esta historia, en donde los personajes defienden una ilusión con la que se jactan de superar la maldad y el sufrimiento, desemboca en un terrible advenimiento, una orgía de aniquilación que arrasa la ciudad llena de culpables. Claro, se pretende que ésta sea una tragedia que le pondrá fin a todas las tragedias. El surgimiento de la existencia histórica de la humanidad está marcado por la sangre derramada en holocausto a un dios en el cielo. Venganza eterna de los muertos que reclaman más sangre. La cultura y la civilización descansan su cabeza sobre un crimen indecible que provoca la entrada en el tiempo histórico. La muerte de Abel es el comienzo de ese desastre llamado Historia… El tiempo no es algo que es innato, sino algo en lo que uno cae: no hay Historia en el paraíso, el tiempo solamente surge a raíz del pecado y la expulsión. Esta condición alienante del tiempo funciona como una condición de historicidad que sumerge a la existencia en la angustia, el pecado, el dolor. Y como lo hemos planteado más arriba, el punto de partida y el punto de llegada son en realidad el mismo. No hemos avanzado nada, porque ya estamos en la meta. El camino final estaría marcada por la llegada tanto negativa o positiva del Juicio Final sobre la cabeza de los justos y los pecadores, quemados por ese fuego ardiente de las llamas del infierno: Shirou es purificado por esa rueda de fuego que cubre la tierra, mientras que Kiritsugu pierde cualquier sueño y Kirei ríe sin detenerse del desastre. En Fate/Zero, este desarrollo es señalado por la cuenta del reloj que retrocede de modo escatológico hacia un final abrumador: cada minuto que pasa señala la muerte de alguien: de un héroe, de un mago, de un desventurado. Construida como una cadena que se aproxima a un final insensible, es la salvación de una víctima, la única que se salva de esta guerra, la que marca un nuevo comienzo y un nuevo desenlace, igual al de su padre…

Hay algo en Fate/Zero que siempre intriga. Hay un desenvolvimiento de dos formas de temporalidad que corren paralelas. La historia racionalizada, teleológica, que conduce a un fin, a un objetivo apocalíptico –divino y humano al mismo tiempo – que avanza de modo lineal hacia su meta, y de la que se espera la gran revolución que por fin cambie el curso de la historia.  Ahí es donde Kiritsugu se convierte en un revolucionario a través de una negación total del pasado y una destrucción completa de los elementos perjudiciales  de ese pasado malogrado (su odio a la adoración de los espíritus heroicos es resultado de ese sueño revolucionario, pues le reclama a esos espíritus que las generaciones de los muertos pesan más que las de los vivos). Pareciera que por fin la historia viniera a hacer justicia, y volviera a contarse para reconciliarse consigo misma al poner en el horizonte del futuro inmediato un hacedero para los deseos y anhelos de un mundo mejor, del mejor de los mundos posibles soñados hasta ahora. Sería un ajuste de cuentas con la vida, el establecimiento de la justicia. La utopía, de repente, se hace tangible. Como horizonte de posibilidad, es igual correr hacia el ocaso en donde se para una figura extraña, que, cuando la tenemos de frente, al igual que un espejismo, se desvanece y reaparece en un lugar mucho más lejano, hacia el que seguimos corriendo desenfrenadamente para que una vez más se oculte a lo lejos. La justa visión del futuro, que hace saltar el continuum de esa repetición sin sentido, del círculo vicioso de las muertes y masacres, acabaría con todo ese ciclo mientras el tiempo se adelanta hacia un futuro brillante que por fin se hace realidad. Incluso, si la utopía como tal no existe en ninguna parte, ¡qué importa, nosotros haremos realidad esa utopía a cualquier precio! Como un astro emergente, su fuerza atractiva nos alcanza. Debemos hacer todo en torno a nuestras posibilidades para cumplir esa meta que nos da la cara desde lejos. Pero mientras la flecha que apunta hacia esta meta de paz y armonía señala una dirección determinada, la acción que persigue tal meta apunta en dirección contraria. Por lo que el cruce y el sentido de ambas pueden diferir profundamente, y sin embargo, marcar un mismo rumbo. De ahí que, entre la acción y el deseo, haya un abismo. Más aún, mientras que el individuo puede proponerse fines e intentar cumplirlos gracias a sus escorzos perspectivistas, el todo ya se encuentra en el fin del camino, porque este ya es el todo, el comienzo y el fin al mismo tiempo. Y, con ello, cae por los suelos el consuelo y el soporte que una fe en el progreso pudiera aportarnos. El otro fenómeno propio de Fate/Zero es la circularidad de la acción. En la representación teatral se dice que el actor pierde su individualidad. A través de un juego de máscaras, se convierte en alguien más: ya no es él mismo, sino que encarna al héroe del guión que representa. Debido al fenómeno místico de la mímesis (imitación), el universo se ve de repente transmutado, se altera el tiempo y el espacio y, frente a nosotros, empiezan a desfilar los héroes, reyes, soldados de muchas épocas, regiones y condiciones. Las vidas de los héroes, a los que se les rinde culto, son una vez más representadas para acabar con los mismos resultados que obtuvieron en vida. Como se trata de un culto a los muertos, no podría ser de otro modo. Los muertos vuelven a caminar a la manera de zombis que regresan del más allá. Una especie de espacialización del tiempo tiene lugar, comienza a inmovilizarse la máquina histórica y empieza a repetir lo que antes acontecía. De hecho, todos los eventos importantes, que marcaran el rumbo de los respectivos protagonistas ya han sucedido mucho antes de que la Guerra empiece. Las victorias y derrotas de los espíritus heroicos, las razones por las que los masters se matan entre ellos, ya están dadas de antemano, como un texto que se vuelve a actuar una y otra vez. Ya han sucedido las muertes importantes en la vida de Kiritsugu, ya está claro el camino de Kirei, ya se ha casado el amor de Kariya (Aoi) con su rival, ya se han perdido las vidas de los caballeros del rey Arturo, ya se ha robado el amor de la esposa de un líder y se ha pagado con la vida tal osadía (Lancer), ya se ha perdido la oportunidad de conseguir la inmortalidad, y más delante de capturar la belleza (Gilgamesh), etc…, por lo que, en realidad, no hay «acción» en el sentido estricto del término, porque la acción supone acontecimientos modificadores a fondo, lo cual nunca se produce en Fate/Zero. Lo que hay es una repetición de los mismos acontecimientos, que pre-existen en el silencio y en la inaptitud para la interpretación. Tanto es así que las primeras líneas de la novela ya nos cuentan toda la historia, que es reconstruida de acuerdo a este epigrama: “Permítenos contarte la historia de un cierto hombre. La historia de un hombre que, más que nadie en el mundo, creía de verdad en sus ideales, y por ellos fue arrastrado a la desesperación” (Fate/Zero, Vol. I, Prólogo, Ocho años atrás). Esta fue la historia de un chico que se repitió dos veces su vida, primero como padre y luego como hijo: recordemos que mucho de lo sucedido en Fate/Zero es extraído de las rutas alternativas de Fate/Stay Night, y la vida de Shirou, al convertirse en Archer, es más o menos la misma que la de Kiritsugu. Lo mismo sucede con el entramado importante, pues la ruta de Heaven’s Feel ya contiene mucho de lo que sucede en todo Fate/Zero. Podemos incluso llegar más lejos: empapándonos del ambiente místico y mágico de la serie, hay momentos donde la epopeya de la vida de los héroes es predicha como si se tratara de una épica clásica. En la confrontación con las Moiras, las adivinas, el destino es revelado por la boca femenina. Antes que Kiritsugu haga volar por los aires a Natalia, el succubus le da a elegir entre una vida para salvar a las personas al convertirse en una máquina o volverse su madre y estar juntos como familia. Kiritsugu acepta cargar con la culpa de matar a sus seres queridos y las gaviotas le profetizan su interminable dolor (lo mismo le sucede a Shirou, pero por medio de la boca de Rin).

Lo cual nos lleva a un tercer problema. Kiritsugu esta obsesionado con una razón instrumental que solamente piensa en la eficacia de los medios, con independencia de los fines. “Toda vida es igual, así que elegir el camino que llevara a los menos sacrificios estaba bien” (Fate/Zero, Vol. II, Acto V, Segunda parte). El fin es salvar a la humanidad, el medio son las acciones utilizadas para alcanzar tal fin (el cómo se logra la salvación), caracterizadas, en este caso, por la despiadada cantidad de muertos que deja su cruzada sanguinaria. En un cierto momento, el fin parece ser engullido por los medios y solamente importa la eficacia de la acción: es la paradoja de los barcos y los pasajeros a bordo que el Grial inventa para Kiritsugu, pero era algo a lo cual ya se había visto sometido mucho antes de conocer el Grial, cuando se veía atascado en su guerra personal por instaurar una utopía que nunca podría ser cumplida y que lo llevaría al mismo resultado a la larga. La razón instrumental se hace calculadora y nivela, de un modo matemático, realidades completamente heterogéneas. Esta razón, preocupada principalmente por la técnica, extrae su fuerza de la lógica y el control: utiliza armas de destrucción masiva, prepara explosivos, realiza matanzas pensando en la eficacia sustraída a un fin dudoso e imposible. Mientras que los fines resultan distantes y nebulosos, la eficacia de la acción y el control garantizado por esta es real y tangible: se hace carne putrefacta en las pilas de cadáveres que sustentan la carrera del Magus Killer. De esta eficacia de la acción se desprende lo siguiente: Kiritsugu confía más en las máquinas (él mismo es una máquina) que en la magia, o en la magia convertida en técnica. Para él, todo es una herramienta que adquiere una función en un todo: la gente y los objetos son tuercas y tornillos que se ajustan a determinados procesos de producción y, como toda máquina, no se asemeja a lo que produce: muerte y devastación con el fin de obtener la salvación. Lo mismo sucede con la gente a su alrededor: desde los espíritus heroicos hasta las personas que ama son vaciadas de cualquier sentimiento y aprecio, y son convertidas en herramientas que adquieren valor, o lo pierden, si cumplen su finalidad, o se estropean. De este problema se deriva otro: la razón instrumental de Kiritsugu, atascada en la eficacia, comienza un proceso de desmitologización radical. Los héroes, los dioses, la magia, el amor, la amistad, la vida, pierden su encanto y son incluidas en una tabla de costos y beneficios descarnada, lanzando esos elementos productores de sentido a la nada. En su forma más extrema desencadena un profundo nihilismo, pues los valores pierden su peso y son destruidos uno por uno. Arrojados a la tierra quemada, esos valores se apagan y resultan inútiles en el nuevo mundo que se pretende fundar, completamente secularizada, la razón instrumental se hace secular, haciendo del universo un lugar frío, disociándose del sentido, es decir, de los valores y los deseos que pasan a ser secundarios. Kiritsugu no es una excepción en el mundo moderno. Encarna el modo de pensar de los grandes carniceros del siglo XX, quienes abrían gulags y construían fabricas para crear un mundo mejor. Totalmente ascética, esta razón instrumental persigue un fin lejano de modo incontrovertido. El problema se agrava: para hombres con un agudo sentido de justicia, tales como Kiritsugu y Shirou, el mundo resulta ser monstruoso, intuitivamente recorren las largas series causales (interminables) que producen el sufrimiento entre las personas. Cuando las series causales entre acción aquí y su efecto allá son cortas, hablamos de culpa en un delito, pero cuando son más largas hablamos de tragedia; la culpa y la tragedia en series más largas todavía, se diluyen en la desazón. Hombres con estos sentimientos descubren en esta desazón difusa el escándalo implicado en ser sobrevivientes, viven de los otros que padecen necesidades y mueren. Aquí se revela el nihilismo propio de las historia de Nasu y Gen. El bien puede triunfar, sí, en el ámbito personal, incluso en determinado marco de una ciudad o de un momento (lo que sucede en Fate/Stay Night), pero cuanto más se abre la referencia a la marcha general de la sociedad, más negra se hace la visión del Nasuverso. No se cuenta con un principio de unidad básico del universo, sino que se ve que el mundo está «fuera de quicio»; se ve que los humanos son seres de poco fiar, y peor cuando se los ubica en la perspectiva a gran escala de toda la sociedad. Por ello, se abre una herida conformada como nexo universal de culpa en toda vida humana. Aquí es donde se nota la mayor diferencia entre los sistemas éticos de Kiritsugu y Shirou, la cual podemos  reducir a una sola palabra: la compasión. Ambos son unidimensionales: han sacrificado todo lo que tienen con el fin único de convertirse en superhéroes, pero hay una distancia enorme entre sus modos de ver el mundo. Es bien conocida la diferencia que media entre las grandes teorías que aspiran a una mejora universal y los actos puntuales de compasión. Estos actos compasivos son denunciados como mero sentimentalismo e incluso estupidez por la mayoría de la gente (quién no se burla de Shirou o Archer); claro, en ellos se ha borrado la individualidad y se produce una identificación con el dolor ajeno –Shirou actúa de este modo, siempre lanzándose al rescate bajo el riesgo de morir cruelmente –. En este momento mágico, se ha llegado a una pacificación del mundo. Ya no blanden ideales o teorías, el espíritu se eleva sobre sí mismo para sanar el dolor, renunciando de modo consciente a la individualidad y los egoísmos personales. Kiritsugu sólo demuestra ser compasivo en un único momento en toda la serie: cuando sostiene la mano de Shirou y le pide que permanezca a su lado, ha dejado de lado sus propios sentimientos de culpa y salvación. La compasión es algo que se tiene o no se tiene, e igualmente es algo de momento. Siempre se ha acusado a la compasión de ser débil e innecesaria, intentando apagar el incendio general del mundo con una jeringa. La razón instrumental superestratégica de Kiritsugu, por el contrario, se concentra en  eliminar el «mal principal» que aqueja a todos mediante una acción definitiva. En la «masa confusa del corazón» compasivo se gastan las energías que serían mejor utilizadas en el trabajo de remover las raíces. ¡Pero yo les digo que desconfíen de todos aquellos que digan que se debe cambiar la totalidad, no hacen sino racionalizar la inhumanidad! Shirou, por el contrario, es un santo, incluso después de su muerte termina entregando su alma y su cuerpo por el bien de los demás. Él siente piedad, algo que los demás no pueden alcanzar a experimentar. Su piedad nace de la imposibilidad de las personas de tener algo a qué aferrarse, de no tener un ideal.  Por eso, en contra de la mayoría de las interpretaciones, Shirou no es idealista, pues su idealismo es de dientes para afuera, él mismo se define como un falso héroe, e intenta mantener en alto en lo que cree, pero en lo que cree es en nada, pues no es su verdadero yo. Cuando Kirei le ofrece cambiar el incendio de hace diez años de Fuyuki usando el Grial, con lágrimas en los ojos, él lo rechaza. “Los muertos no vuelven a la vida. Lo que se ha hecho no puede ser deshecho… Incluso si yo pudiera retroceder en el tiempo, no debo cambiar lo que ya ocurrió. Porque, si lo hago, todo será una mentira” (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, día quince, escenario Fate, El sótano de la iglesia). Y continúa su marcha, aún a sabiendas de lo que el destino le depara…

Colofón

“El chico había realmente heredado el sueño de su tonto padre. Probablemente, empezaría un interminable lamento y experimentaría una desesperación sin fondo. Pero definitivamente sería capaz de recordar el yo que existió en este momento, siempre y cuando recuerde esta noche. Recordaría este corazón que su joven yo tenía; este corazón el cual era intrépido, desconocido del dolor y lleno de aspiraciones.”

Urobuchi Gen, Fate/Zero, Vol. IV, Epílogo: cinco años después.

Los fanáticos de Type Moon estarán de acuerdo conmigo cuando digo que Fate/Zero es la precuela del escenario Heaven’s Feel de Fate/Stay Night, el cual aún no ha sido llevado a la pantalla. Debo admitir que personalmente me encantan las obras de Type Moon, llenas de personajes interesantes, historias complejas y bien estructuradas. Espero que Fate/Zero haya cumplido las expectativas de muchos de quienes siguieron la historia independientemente de si conocían las novelas y los antecedentes de los personajes que participaban en ellas. Principalmente, pienso que, en series como Fate/Zero, priman los caracteres, es decir la acción y la situación, sobre la personalidad o la psicología de los personajes, lo que las acerca mucho más a las tragedias de la antigüedad, especialmente en las formas en que asumen su propia vida. Fate es después de todo el destino, de donde la serie extrae su nombre, y este actúa de un modo ciego e inmisericorde. La derrota o la victoria son definitivas y los héroes implicados en ella no recuperan lo perdido jamás. Nadie le devuelve a Kiritsugu su familia. Al final, él mismo deja de pelear. Tampoco hay tal cosa como la justicia: mientras el buen Rider es asesinado, el vil Kirei regresa a casa como si nada. Y es por eso que, bajo otros ropajes, vuelve a nacer un género, el trágico, de nuevo, de la mano de Urobuchi y Kinoko. Con el fin de Fate/Zero únicamente puedo esperar que algunas series con mayor relevancia de Type Moon vean la luz. Con todo, considero que es una de las mejores series de cuantas haya en el anime, pues desde su nacimiento ya es todo un clásico…

16 comentarios

  1. Angel

    Estaba esperando con muchas ganas tu artículo y como siempre me ha gustado mucho leerlo. Te doy las gracias por ser tan imparcial en tus comentarios y mas por considerar a Shirou un personaje valorable (En varios foros como blogs siempre hacen mella de el, se burlan, son sarcásticos y pisotean su imagen). Pero para mi es como un rayo de luz en el camino.
    Espero que estés muy bien y estoy a la espera de nuevas publicaciones de tu parte.

    Saludos Angel.

    12 julio 2012 en 18:55

    • Hola Angel, gracias por tu comentario, pero debo decirte que esta temporada no planeo reseñar ninguna serie. Sin embargo adelantaré algunos proyectos que tengo en la cabeza sobre series que ya salieron. Entonces no voy a realizar publicaciones periódicas sino esporádicas. Todo eso debido a que tengo que concentrarme en muchas otras cosas…

      17 julio 2012 en 07:57

  2. Que raro, yo tenía entendido que Fate Zero serían 2 temporadas de 13 episodios.

    Ahora, aunque me encanto el anime de Tsukihime y el trasfondo psicologico de Stay Night, en especial de Shirou, es interesante, es Zero la que ha llenado todas mis espectativas (excepto quizás en el lado infantil que quiere peleas a lo Dragon Ball). Aún me faltan un par de capis para terminarla, así que cuando lo haga volveré a comentar.

    Todo esto dicho, debo agregar que entre las novelas visuales pasadas al anime, prefiero las de Key: Clannad, Affter Story y Kannon son preciosidades.

    Por cierto, ¿Qué opina, exelente redactor, del proximo anime spin-off protagonisado por la Mahou Shoujo Illya?

    16 julio 2012 en 18:45

    • La verdad estoy de acuerdo contigo con respecto a que las novelas visuales de de Key son de las mejores adaptadas al anime. Aún así prefiero las de Type Moon, tal vez sea por mis propios gustos, que involucran mucho más historias tétricas y fantásticas, aunque las de Kinoko Nasu no son particularmente aterradoras, pero sí mucho más filosóficas. Quizá sea por el formato que él eligió para crear sus trabajos que resulta tan difícil ajustarlos al modelo del anime, pues las novelas de Nasu no son lineales en su narración, por lo que al adaptarlas a un modelo más clásico (que tiene principio, nudo, desenlace y final) pierden la mayor parte de su atractivo. Nunca son bien adaptadas (a excepción de Kara no Kyoukai, y en esta ocasión Fate/Zero, de la mano de Urobuchi).

      Con respecto a Fate/Kaleid Liner Prisma Illya no soy muy entusiasta, he leído el manga, las dos temporadas que hay, y no obstante no ha podido gustarme (y todavía lo leo). Los personajes son completamente diferentes a sus versiones de Fate/Stay Night. Illya pasa de ser una yandere a ser una tsundera para empezar. Mientras que podría decirse que los magos de Type Moon están a las antípodas de las mahou shoujo, debido a todas las implicaciones que eso significa en el nasuverso, Kaleid Liner Prisma es más una versión cercana a las historias de mahou shoujo tradicionales (con su respectiva carga lesbica, moral, familiar, etc..), aún cuando tiene momentos escabrosos. Otro problema que le encuentro es con respecto a los personajes: en Fate/Stay Night la mayor parte del elenco esta compuesta de niños huérfanos debido a los efectos devastadores que tiene una guerra sobre la población, muchos de ellos cargan con los pecados de sus padres y la mayor parte del tiempo se encuentran hondamente marcados por eso, esto me gustaba mucho de Fate/Stay Night. En este spin-off no hay nada (los padres de Illya están vivos). Todo eso se pierde, a favor de una historia más suave. Como el nasuverso no es para nada coherente, puede darle cabida a casi cualquier cosa, es parecido a lo que sucede con los universos de Marvel y DC, donde existen muchas versiones de los mismos superhéroes. Después de todo Type Moon se caracteriza porque apoya a muchos creadores secundarios y es lugar de muchos doujins. Esta no es una historia de Nasu (su creador es Hiroyama Hiroshi), sino que esta basado en una parodia que él mismo hizo de su trabajo en Fate/Hollow Ataraxia, cuando en una de sus lineas temporales se pregunta que pasaría si Rin fuera una chica mágica. Por mi parte no la espero con ansias, prefiero la adaptación de Kara no Kyoukai: Mirai Fukuin…

      17 julio 2012 en 08:34

      • Bueno, solo toca esperar para ver. Tal vez le den el mismo toque siniestro que ha Madoka. Por mi parte quiero verlo porque, mi lado senitmentaloide, quiere ver una historia donde Illya no es victima de las monstruocidad de los viejos tontos y arrogantes de Fate (ella y Sakura la pasaron mal) y además, su traje, si mal no me equivoco, me mueve la nostalgia con su parecido al de Sakura Card Captor.

        Quién sabe, pero lo que si tengo fijo a disfrutar es Little Buttlers de key y, si son ciertos los rumores, la tercera temporada de darker THAN Black… Esta en veremos el remake de Hayate no Gotoku!

        17 julio 2012 en 17:06

        • No era para desanimarte. Si quieres la puedes ver, es solamente que para mi no cuaja en el Nasuverso. Es decir, yo también tengo un lado sentimental (aún lloro al ver Clannad), pero me rijo por el parámetro de lo que me conmueve, y hasta el momento Kaleid no me ha conmovido mucho, aunque si me ha hecho reír. Para mi es una parodia, nada más, es entretenida, pero no es de lo mejor de Type Moon en mi opinión. Y también me llamo la atención que se parecía a Sakura Card Captor, la serie (tradicional) de mahou shoujo que más me gusto. Si se rigen por el manga, pues realmente no sucederá nada como en Madoka. Matou Sakura, en esta serie, no destaca mucho, solamente hace una aparición en la segunda temporada. La ruta de Sakura de Heaven’s Feel es el lugar donde se saldan las cuentas con este personaje, con la historia más oscura de todas.

          Pdt: Por cierto, yo también espero la tercera temporada de Darker Than Black, quiero ver que les paso a Yin y a Hei…

          17 julio 2012 en 21:47

        • Pues habra que esperar, po que segun tengo entendido la tercera temporada se trata de la guerra de contratistas en Brasil y de dónde vienen las puertas del infierno.

          Sería bueno que fuera así aunque una continuación directa sería mejor.

          18 julio 2012 en 17:28

        • Disculpa por molestar con esto, pero por alguna razón no puedo comentar al entrar en la pagina. Solo puedo con los comentarios previos.

          Esto esta raro, y ahora que empieza el Serious Moe no podré vitorear a Rea antes de que sea injustamente fulminada por alguna de Saki.

          7 agosto 2012 en 17:52

        • Hola Merry,

          Me parece extraño que esté sucediendo este problema contigo. No hay ninguna filtración activa en el blog ni requisitos (como tener un comentario aprobado con anticipación) para poder comentar. Es probable que sea un desajuste temporal en WordPress. Si sigue presentándose el mismo problema, te recomendaría que me enviases un correo personal a seriousmoeblog@gmail.com indicándome exactamente en qué post intentaste colocar un comentario, a qué hora y si la página de WordPress se negó a admitir tu comment con algún mensaje en particular, para comentárselo al equipo de soporte de WordPress y buscar una solución.

          Sobre Saimoe, no pensaba realizar un seguimiento pormenorizado del torneo en el blog, sino a través de facebook (por una reorientación de la página). Sin embargo, otros lectores me han hecho partícipes su interés de seguir el torneo en Serious Moe Business, de modo que meditaré mi decisión en los próximos días. Disculpa las molestias y gracias por tu preocupación.

          7 agosto 2012 en 22:12

  3. Kei

    Sin mucho que agregar es un gusto leer tus artículos ya hasta me pasare a ver si tienes de algún otro anime que haya visto, fate/zero es de los mejores animes que vi el año pasado lo tuvo de todo y Ufotable hizo una adaptación casi perfecta de la novela, espero que al final se haga un anime para HF siempre fue mi ruta favorita de la novela visual y tienen mucho momentos épicos y emotivos pero espero que Deen ahora haga una correcta adaptación porque el anime y la peli no quedaron del todo bien.

    saludos

    16 febrero 2013 en 00:42

  4. Kiritsugu

    Genio,muchas gracias,sinceramente no lograba entender lo que Zero me estaba tratando de decir terminaba de verlo pero no podía interpretarlo¿Habla de héroes?¿del mal?¿del bien?¿que mierda me queres decir? xDD
    Voy a terminar de leer los otros después ya que justo termine de verlo
    Hey me decis algun lugar donde puede descargar la novela completa y no por capitulos??

    24 febrero 2014 en 22:13

    • Gracias por el comentario, y puedes descargar los cuatro tomos completos de la novela en la siguiente dirección: http://blooduchiha.net/group/fate-zero/forum/topics/fate-zero-novela-ligera-descargar

      3 marzo 2014 en 20:18

      • Kiritsugu

        Por cierto que piensas de la segunda temporada? muchos dicen que personajes como Kariya y Tokiomi tuvieron muy poco tiempo y no fueron aprovechados correctamente

        16 marzo 2014 en 14:50

        • El problema con toda adaptación animada de una novela es el cambio de formatos. Mientras que una novela puede explorar libremente los pensamientos y sentimientos de un protagonista al nivel de su propia psicología a través de un diálogo interno, el cual queda consignado en un monologo textual o en una conversación pasajera, el medio audiovisual no se puede dar el lujo de extender la sucesión rápida de imágenes por medio de una infinita cadena de palabras. Por eso encontraras más comprensibles muchas de las actitudes de Kariya o Tokiomi en la novela propiamente dicha que en lo que sucede en esta serie. Ahora bien, siempre he considerado que Urobuchi no sabe aprovechar ciertos personajes que tienen potencial, como por ejemplo Tokiomi, que pudo perfilarse como mente maestra a pesar de su inconmensurable ego, o kariya, quién se vio superado por la fuerza de los acontecimientos y completamente ennegrecido por el odio. Son flaquezas que un autor tiene y a veces no es capaz de superar…

          22 marzo 2014 en 21:33

  5. cometa

    Sin dudas de las mejores reseñas que he visto nunca, bravo Fortuna, tus palabras son impresionantes.

    9 febrero 2015 en 17:44

    • Muchas gracias por tus palabras. Un saludo😄.

      11 febrero 2015 en 10:25

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