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Upotte!! 8: Cuando tus alumnas te sacan de quicio

Disciplina de clase

La labor docente es sacrificada, en especial, cuando debe enfrentarse a un salón repleto de inquietas adolescentes, atolondradas y animosas. Un maestro está obligado a comportarse como psicólogo, padre postizo, consejero y formador de un grupo diverso de muchachas que atraviesan la etapa más complicada y bulliciosa, una época de inquietudes y calenturas, donde coinciden las emociones más conmovedoras, pero también el desinterés por estudiar o la facilidad suprema para distraerse, jugar bromas, flojear o experimentar el doloroso primer amor. Las chicas de secundaria rebosan de curiosidad y pasión, pero esa desbordante alegría fluye con impetuosidad, excediendo los límites y desafiando con su frescura la paciencia del mundo adulto que intenta imponerle sus normas, su disciplina, su orden. El docente tiene la misión de encauzar esa energía para favorecer su sano crecimiento, pero deberá superar el reto de mostrarse comprensivo sin sacrificar su imagen de autoridad ante unas estudiantes propensas a rebelarse o aprovechar el mínimo espacio para eludir las formalidades u olvidarse del respeto a sus mayores. Las alumnas experimentan, como jugando, su despertar sexual y aprenden a manipular su coquetería dificultándole el trabajo a un profesor varón. Sin embargo, cuando esas incontrolables e irrespetuosas estudiantes son realmente rifles de asalto que asumen forma humana para aprender a convertirse en “grandes armas”, la labor de docencia se transforma en un verdadero campo minado.

Aunque la premisa básica de Upotte!! es anómala y descabellada (una escuela cuyas estudiantes son armas antropomorfizadas provenientes de diversos países del mundo, que conviven y estudian como chiquillas comunes y corrientes), es oportuno reconocerle algunos méritos como producto de entretenimiento. El único escollo para disfrutar del relato sería la aceptación del absurdo. Apenas el espectador se sumerge en su extraña lógica (admitiendo la equivalencia entre mujeres y armamento), los chistes brotan con fluidez incluso para el público menos especializado en tecnicismos bélicos y poco adepto a especificaciones armamentísticas. Obviando su dimensión fantasiosa, la mayoría de capítulos adoptan un ritmo de slice-of-life colegial que describe las vicisitudes de cuatro muchachas entusiastas, traviesas y sentimentales que asisten a clase, sufren por sus pésimas calificaciones, hacen diabluras, se enamoran y refuerzan su amistad, mientras aprenden a desenvolverse como personas normales. Los aspectos tecnológicos sirven solamente para conferirle un matiz especial a esa cotidianeidad juvenil. Las analogías entre “cosas de chicas” y pormenores de artillería engendra situaciones de humor que aciertan en el blanco gracias al carismático elenco de protagonistas y personajes secundarios capaces de conmovernos con sus muecas y ocurrencias, y porque los mecanismos de moeficación funcionan de maravilla, pues la ternura y lindura que despliegan estas fulminantes chiquillas provoca que olvidemos su naturaleza original, su condición de máquinas creadas para matar. En efecto, siempre nos recuerdan su faceta como armas, pero con ligereza y candidez. Por ejemplo, un severo atascamiento o desprendimiento de partes es tratado como indigestión. También aprendemos que FNC (Funko-chan) tiene culata tipo esqueleto porque viste una tanga y M16A4 (Ichiroku) es admirada por las submachines (alumnas de primaria) porque su utilización durante la guerra de Vietnam la elevó al status de idol. El proceso de moeficación (cuyo funcionamiento explicáramos en otros artículos) consiste en seleccionar un conjunto de información o estereotipos asociados a determinado objeto, animal, país, persona o producto y traducirlos al código estético del moe mediante la aplicación de arquetipos y tópicos. En Upotte!!, las impetuosas estudiantes encarnan, aparte de rifles, los clichés asociados a sus respectivos países de procedencia. Sin dudas, mi preferida del arsenal es SG 550 (Sig), la eficiente suiza que concentra los valores más selectos del espíritu helvético: típica alumna modelo, obtiene las mejores notas, toma sus apuntes en alemán, cocina fondue, es gentil, ordenada, inteligente, resistente al frío, el cerebro del equipo. Esta ocasión, los reflectores se posan sobre la bulliciosa Ichiroku que, acorde al american way of life, es suelta de lengua, extrovertida, pícara y algo prepotente. Su impulsividad y exceso de dinamismo casi arruinan los preparativos para el festival cultural, donde las chicas, siguiendo la tónica de militarizar lo cotidiano, habían propuesto montar un maid café con temática de guerra. Por suerte, surge en su rescate el héroe anónimo de la jornada: su torpe, simple, colérico y aburrido Profesor de Literatura.

Este sujeto merece un reconocimiento por aguantar semejantes pruebas sin sucumbir a la demencia ni abandonar su vocación. Su nuevo empleo lo obliga a frecuentar a seres inverosímiles y extravagantes, cuya mera existencia cuestiona sus nociones de realidad; pero, aunque está rodeado de “rarezas”, no pierde la cordura y acepta con resignación la extrañeza e incluso intenta “normalizarla” tratando a sus alumnas y colegas como auténticos seres humanos, olvidándose de la parafernalia militar, regañándoles y castigándoles cuando requieren disciplina, pero también inspirándolas y guiándolas si necesitan apoyo. Para aumentar las paradojas, la “extrañeza” se invierte, pues, dentro del universo cerrado y coherente de la Academia Seishou, el único “anómalo” y disparejo es el denodado Profesor de Literatura: nació de carne y hueso, todos ignoran su nombre y, para colmo, su curso es ajeno al curriculum militar. Antes que acostumbrarse o dejarse llevar por tamaña vorágine de armamentismo, prefiere enfrentar esa circunstancia delirante usando sus recursos de docente. En principio, debe combatir la tentación de hallarse al mando de jovencitas hermosas, inexpertas, llenas de vigor, porque las probabilidades de contagiarse la perversión son altas o, peor aun, las chances de ganarse una injusta mala fama. Aunque sus fantasías mezclan cierta inclinación morbosa con anhelos de maestro (sus estudiantes vestidas de mucamas prometiéndole que cumplirán sus tareas), el Profesor logra mantenerse a salvo porque las muchachas, en especial Ichiroku, parecen tan empeñadas en hartarle la paciencia que anulan todo afán excitatorio. Durante la adolescencia, las chicas recién descubren los alcances de su potencial sexual y aprenden, de forma atolondrada, a manipular su sensualidad. Surgen, en simultáneo, coquetería y vergüenza, una intrepidez por exhibirse y muchas inseguridades. Es contradictorio, pero ambas reacciones responden al mismo origen: la curiosidad que despierta la conciencia del deseo. La ebullición hormonal coincide con una etapa de rebeldía, caracterizado por la propensión a cometer travesuras, incomodar, desconocer las jerarquías, evadir las responsabilidades o desconocer las reglas. Las quinceañeras -lo conozco por experiencia directa- suelen mostrarle menos reverencia a los profesores jóvenes y debutantes, o tienden a desafiarlos para averiguar cuánto resiste su tolerancia o cómo naufraga en exasperación. Quizá porque no perciben una imagen paternal, sienten más confianza para entablar la comunicación, pero, como recién aprende a medir los linderos de su libertad, pueden creerse autorizadas a jugarle tretas, avergonzar o irritar al sensei, y aprovechan su picardía a flor de piel para atarantarlo o perturbarlo. El objetivo de propiciar esa provocación es burlarse, divertirse, sabiendo que jamás su Profesor les seguiría la corriente porque implicaría tratarlas como mujeres adultas. Aunque los alborotos son colectivos, en toda clase existe una chinchosa, una palomilla, una líder nata que azuza al descontrol e incita al maestro a asestarle un merecido cocacho o jalón de patillas para darle su tatequieto. Las hermanas Ichiyon e Ichiroku serían las típicas revoltosas expertas en armar jaleo sin importarles los perjuicios, las idiotas que actúan “por ráfagas” sin prever las consecuencias de, por ejemplo, gastarse el presupuesto del salón en “accesorios” (que equivaldría a derrocharlo en alguna boutique) o iniciar una batalla campal en plena aula. Para incrementar el rango destructivo, tenemos a la alumna hiperactiva, incapaz de mantenerse tranquila, no porque sea maliciosa, sino por exceso de ímpetus y continuar viviendo su segunda infancia. Por suerte, Galil-chan está matriculada en otra sección, pero el Profesor de Literatura tiene en lista de tutoría a locas con doble personalidad como AUGA1. Si controlar la disciplina en grupos de chicas lisas, indóciles y astutas vuelve neurótico al menos resistente, trabajar se torna peligroso y explosivo si cualquier arranque emocional adquiere forma de balacera.

Parte importante de la enseñanza moderna consiste en incentivar el aprendizaje activo. El profesor delega en los alumnos tareas u objetivos que deberán concretar mediante trabajo participativo, mientras el docente cumple la función de facilitador o guía, acompañando y dirigiendo el proceso con consejos, observaciones o preguntas que motiven el afán de conocimiento. Cuando se labora en grupo, debe procurarse coordinar las habilidades y talentos de cada integrante para alcanzar la meta del curso. Al final, los estudiantes deben presentar un producto, fruto de su colaboración. Sin embargo, al permitirle actuar al adolescente con mayor amplitud, el maestro tendrá que prevenir sus probables tropiezos, fracasos o distracciones. Cuando ocurren estos inconvenientes, reprochar los errores es inútil, porque tampoco es correcto mostrar al docente como depositario absoluto de la verdad. Un buen profesor aprovecha esa circunstancia de desliz para inspirar al estudiante a plantearse retos más complicados y demostrarles su capacidad para superarlos. No basta con invocarlos a cooperar y esforzarse al máximo: se requiere una actitud de liderazgo para asignarle a cada individuo un papel y gestar un ambiente de compromiso. Aunque Upotte! es una serie frívola y probablemente la moraleja del episodio sea superficial, la escena del Profesor de Literatura uniendo los empeños del salón 2-A, animando al alumnado a resucitar su proyecto entre los escombros, me originó una andanada de recuerdos y reflexiones sobre mis vivencias como docente. Algunos profesores prefieren limitar su trabajo al sencillo mecanismo de acudir al aula, dictar la lección y poner calificaciones. Poco se preocupan por escuchar al alumno, atender sus inquietudes, prestar oído a sus opiniones, ofrecerles unos segundos para conversar. Otros maestros, en cambio, tienden a involucrarse con emotividad en el crecimiento académico del grupo: buscan identificarse con el alumno, potenciar sus fortalezas y socorrer sus debilidades. Fuera de metodologías o técnicas, es cuestión de actitud: si vemos al alumno como cifras anotadas en una plantilla de notas o como personas con sentimientos, carencias, pasiones, expectativas. La juventud tiende por naturaleza hacia la desobediencia, pero está colmada de creatividad y efusividad: el conflicto frente al profesor es inevitable, pero, pese al enojo, las cóleras, las amonestaciones, el rutinario llamado al silencio, las increpaciones pidiéndoles que dejen de entretenerse y comiencen a trabajar, el auténtico maestro de corazón logra aislar lo circunstancial, lo ocasional, diferenciándolo del propósito fundamental de toda asignatura: cultivar aptitudes.

8 comentarios

  1. danyami

    Yo no veo esta serie por una simple razon: Xebec.
    Lo unico q he visto son algunos cortos en youtube.

    21 junio 2012 en 23:51

    • Yo también tenía el mismo prejuicio (además, el diseño estilo Ladies vs Butlers tampoco me daba buena espina), pero me atrajo el factor moeficación y, desde el primer episodio, el desconcertante argumento atrapó mi interés. Además, las chicas son adorables y cuesta poco encariñarse, aunque sean rifles.

      23 junio 2012 en 15:20

  2. Luis

    creeme deverias darle un vistazo, es muy entretenida, y personalmente me gusta mucho el diseño de personajes, y la tematica que manejan al principio un poco confusa, pero se logra entender despues, pero repito, denle un vistaso, se los recomiendo.

    saludos.

    23 junio 2012 en 12:25

  3. ele-ene-ene

    “Además, las chicas son adorables y cuesta poco encariñarse, aunque sean rifles.”
    Creo que han explotado muy eficientemente el fetiche que mucha gente tiene con las armas, la combinación armas-chicas resultó una jugada muy astuta. Mi preferida es AUG y su transformación pelo corto-pelo largo.

    Qué agradable sorpresa leer una reseña de esta serie. Muchas gracias:

    23 junio 2012 en 23:56

  4. Upotte me sorprendió de grata manera, cuando la empecé a ver, pensé que seria una perdida de tiempo, pero no fue así, tengo una afición por las armas, es interesante su evolución en el recorrido en la historia, como también su impacto en este, por eso la relación que hacen entre la personalidad, la apariencia y la propia historia de las armas me encanto, aunque el arco de las ak quedo inconcluso (siendo mi arma favorita), Upotte es un buen anime para entretenerse un rato, con bastante comedia, moe y muchas balas.

    24 junio 2012 en 00:55

    • ele-ene-ene

      Ya que te gusta esta serie y tu arma favorita son las AK ¿el hecho que les hayan dado aspecto de perro a Galil y las otras AK (con excepción de la extraña Sako) tendrá que ver con algún parecido fonético entre “AK” y “akita”, la raza de perros japonesa? Perdón por la rara consulta, pero en cuestión de cultura japonesa siempre estoy a oscuras.

      24 junio 2012 en 10:30

  5. YuriCrap

    Confieso que el moe y el lolicon son dos debilidades que no he podido superar -pese a las diversas torturas físicas y mentales a las que me he sometido- así que intenté ver este anime hace un par de días, puse mis expectativas al mínimo y aún así la serie se las ingenió para decepcionarme.

    Para empezar, el público objetivo de éste anime son los otakus militares; y con esto no quiero dar a entender que sea un punto malo del todo, yo nunca he sido fanático de las armas ni mucho menos del humor absurdo, pero traté de manejar el concepto de manera frívola, sin sentarme a analizar la serie demasiado, sólo dejándome llevar por el humor y el fanservice que se pudiera presentar; lo diré claramente: odio el ecchi, me parece un recurso vacío, innecesario, y completamente aborrecible, de hecho yo lo considero el verdadero “cáncer del anime” … Pero al mismo tiempo sé que forma una parte inamovible de este mundillo y como tal, trato de soportarlo en la medida de lo posible.

    Dejando eso claro, resumiré mi opinión de la serie: Un bodrio total.

    Por tres simples razones:

    1.- Humor simplón, que en ningún momento me robó una carcajada, vamos, ni siquiera una sonrisa.

    2.- Sí, el ecchi es hueco, sinsentido y de bostezo… Lo mismo de siempre.

    3.- La “trama” no es del todo mala, pero ni los personajes, ni las situaciones, ni mucho menos el humor citado anteriormente supieron cautivar mi atención, al final del episodio tres, me pregunté a mi mismo: ¿Por qué carajos estoy viendo ésto? y la respuesta fue: DROP.

    24 junio 2012 en 19:52

    • Woodie

      ¿Echhi? Si la serie tiene un mínimo de echhi, solo se ve 1 braga en todo el show.

      Eres un pusilánime que no hizo el servicio militar.

      28 julio 2012 en 14:08

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