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Nazo no Kanojo X 6: Lágrimas y sonrisas

Nostalgia del nuevo siglo

La posmodernidad es paródica; dinamita los discursos empleando el ridículo, la ironía, los absurdos. Sin embargo, y aunque suene paradójico o contradictorio, un componente nostálgico constituye el núcleo conceptual de la cultura posmoderna. Moda retro, vintage, antologías, rankings del recuerdo. Los estilos clásicos, el aura de antigüedad, el pasado pintoresco y vistoso concita nuestra fascinación. Desde el inicio de temporada, circularon diversos comentarios acerca del diseño y concepción visual de Nazo no Kanojo X, vinculándolo con rasgos estéticos del anime en boga durante la décadas del ochenta y noventa. Veinte años bastan para generar un ciclo nostálgico, revalorizar el pasado y usarlo como criterio para evaluar el presente. Retornando al origen, copiando sus formas, se pretende resolver la perpetua búsqueda de identidad ante una saturación o agotamiento del código. Esa recolección de referentes artísticos también manifiesta una urgencia por copar un vacío permanente de valores estéticos, recurriendo al revival, la “edad de la inocencia”, la magia del objeto anacrónico, las cámaras Polaroid, las faldas largas, una atmósfera extraña pero familiar, desprovista de celulares, redes sociales o dispositivos digitales. Un mundo sencillo donde los tímidos adolescentes románticos abrigan la utopía del primer nombre. Un lugar perdido del tiempo donde los chiquillos todavía manejan bicicletas, practican manualidades, cargan fotografías en sus billeteras o ríen, lloran, babean de amor… Cosas de noventeros.

Si recordamos el esquema rectangular de parejas, habremos notado la ausencia de diagonales. Esta clase de rectas describen un tipo de relación poco frecuente en love comedy, pues el guión procura dividir con precisión los atributos discursivos del espacio masculino y femenino. Tras varios años de lectura del manga original de Nazo no Kanojo X, no registro ningún diálogo entre Ueno y Urabe. El compinche del novio no suele entablar conversaciones extensas con la novia alfa. Sin embargo, resultan menos infrecuentes las pláticas entre la chica beta (en plan de confidente) y el muchacho protagonista. En principio, por motivos culturales. Según el entendimiento popular (que fija los estereotipos básicos), las mujeres son propensas a chismear y entrometerse en líos románticos, actuando de consejeras, alcahuetas o instigadoras, una flexibilidad que permite ampliar su marco de intervención comunicativa. Además, el everyman sin experiencia ni conocimientos previos sobre la sinuosa naturaleza femenina, necesita acceder a opiniones provenientes del otro sexo acerca del amor, las relaciones, los hábitos entre parejas. El encuentro casual (no predestinado) con Oka-san resulta instructivo e inspirador para Tsubaki, pues la interacción en diagonal le ofrece una perspectiva diferente acerca de Ueno, a quien conoce desde la cercana pero distante posición del amigo varón. El muchacho descubre que existe una multiplicidad de formas de experimentar los noviazgos, que personas cercanas (como sus compañeros de clase más comunes y corrientes) disfrutan una vida íntima activa, con códigos privados y tratamientos de cariño. El arrobamiento de Tsubaki al enterarse que Ueno y Oka han superado la barrera del apellido para utilizar sus nombres de pila nos introduce al tema, frecuente en comedia romántica de anime, de la nomenclatura amorosa. Para efectos de love comedy en Japón, la frase shakespeareana de Julieta (“What’s in a name?”) carece de carga paradójica. En varios sentidos, incluso ideogramático, el nombre posee un valor rotundo, una significación, concentra un conjunto de connotaciones y funciones. Para Tsubaki, no existen Kouhei y Ayuko, sino dos apellidos, porque el sistema burocrático escolar favorece la imposición de fórmulas protocolarias que invaden los ámbitos más informales. En algunos países de Latinoamérica, también es usual el trato por apellidos entre amigos íntimos cuyos primeros contactos se realizaron en medios que instituyen métodos de distanciamiento (colegios, oficinas, cuarteles). Sin embargo, la cultura nipona añade un rasgo adicional: los límites de confianza. Tener el derecho a pronunciar el nombre no incluye solamente la potestad de dirigirse a una persona con menos “legalismo”, sino poseer la esencia del sujeto. Quienes hayan visto Bakemonogatari comprenderán mejor esta singularidad: el sujeto está condicionado de antemano por circunstancias semánticas asociadas al nombre, su escritura, su etimología, que determinan el carácter del individuo. En resumen, somos porque nos llamamos. La personalidad está encapsulada y predefinida en aquella palabra (que, según nos enseñan falsamente en primaria, “está desprovista de significado”); en consecuencia, concederle el poder a otro para manipularla, implica otorgarle permiso sobre la identidad, el ser, nuestro espacio invulnerable. La distancia onomástica entre Tsubaki y Urabe resulta coherente con las infranqueables reticencias de Mikoto al contacto físico. Mencionar su nombre equivaldría, en atrevimiento, a abrazarla, aunque la osadía se recubra de connotaciones eróticas o deslumbramientos románticos. Sin embargo, lo misterioso, por definición, es contradictorio: pese a prohibirle los acercamientos, la indescifrable novia propicia intercambios somáticos más radicales y audaces, compartiendo porciones de su subjetividad, sus sentimientos, sus pulsiones, hasta límites inconcebibles para muchachas del montón. Quizá Tsubaki no requiera con urgencia liberar su relación de trabas lingüísticas porque Mikoto le proporciona canales comunicativos más saludables y estimulantes.

Aunque Mikoto mantiene su encanto enigmático, a medida que avanza el relato, Ueshiba procura introducirse, por cucharadas, pero picando hondo, dentro de la insondable intimidad que esconde el rostro arisco de Urabe. Como muchas “verdades” instituidas durante los primeros episodios, la supuesta aura de frialdad, sequedad o apatía que transmite la heroína es aparente o relativa. Su actitud hosca, su franqueza para negarse a participar del rebaño o contagiarse con falso entusiasmo de innecesarios ánimos juveniles no implica carencia de sensaciones, pues los mínimos gestos de frustración, pena, desolación, placidez o alegría que alumbran su semblante abren una ventana hacia un universo sentimental más poderoso, variado y enternecedor que muchas reinas de la expresividad exagerada. En realidad, Urabe economiza la manifestación de un cúmulo abundante de sensaciones que -mientras van descubriéndose para fascinación del espectador- configuran un mapa emocional bastante complejo. No obstante, siendo Tsubaki el encargado de orientar el relato y prestarnos su perspectiva , la mayoría de eventos son juzgados y asimilados a través del tamiz perceptivo, del punto de vista del muchacho inocente y voluntarioso que aprende a “asombrarse” en situaciones cotidianas como “espiar” el sueño de Mikoto. Pero salvo breves segundos, no alcanzamos a intuir, aislada, la conciencia de Urabe: no percibimos el mundo mediante sus ojos. Sus instantes de máxima apertura emocional, cuando se muestra vulnerable, celosa u ofuscada hasta alterar su “perfección”, coincide con determinado patrón narrativo: la introducción de rivales. Parece complicado concebir alguna adolescente de anime capaz de rivalizar con Mikoto en magnificencia y creatividad para hallar salidas inventivas que transformen los asuntos más triviales o “asquerosos” en maravillas. Sin embargo, su talante severo, su desinterés por “derrochar” cariño o malgastar sonrisas puede causar frustración en Tsubaki, en especial, cuando la adolescencia consiste en perseguir ilusiones o forjarse castillos sobre nubes. Los anhelos del jovenzuelo brotan de sueños alucinantes que sacan a flote sus deseos de posesión. Por ejemplo, obtener la imagen perfecta de Urabe responde al anhelo de inmortalizar un instante tan espléndido como fugaz. Mikoto se rehúsa a encuadrarse en categorías predefinidas, no admite poses ni gestos fingidos, aunque esa impostura satisfaga las ansias de Akira: las ansias no concretadas generan una sensación de inconformidad que, dependiendo del grado de madurez del novio, podrían provocar una crisis emocional, terreno propicio para “invasiones enemigas”. Sin temor a spoilers, Aika Hayakawa, la antigua compañera de secundaria que agitaba las pubescentes hormonas de Tsubaki, es medianamente inofensiva, porque, pese al hábito frecuente de menospreciar al elemento masculino (debido a estereotipos o porque destacan con perfiles más modestos), un mérito innegable del protagonista de Nazo no Kanojo X, que ningún crítico escatimaría, es su oportuna prudencia en asuntos sentimentales: aunque le falta conocer mejor los recónditos y esotéricos pensamientos del género femenino, sabe comportarse como todo un caballero cuando la ocasión lo amerita, brindar la respuesta precisa para acertarle al corazón de Mikoto, preferir un trato sincero antes que enredarse en desencuentros, y negarse con convencimiento ante las tentaciones. La ruptura simbólica de la fotografía de Hayakawa es replicada dos veces. Primero, trasladándola a la realidad cuando Tsubaki rechaza con elegancia su invitación a tomar un café. Luego, reemplazando el objeto destrozado por otro, rito que actualiza la sustitución de Aika (pasado) por Urabe (presente) dentro del imaginario romántico del muchacho, que quiebra el nexo nostálgico para abrazar la vocación a futuro.

Por ello, el discurso sobre la nostalgia reparadora que trasunta Nazo no Kanojo X tiene un límite respecto del planteamiento narrativo. Entre las intenciones expresas de Ueshiba, se encuentra relatar una historia de amor sobre adolescentes de diecisiete años, esa edad liminar, ad portas de ingresar a la adultez teórica, pero su malabarismo ideológico más osado consiste en establecer cierto marco de represión al erotismo: los personajes experimentan las vivencias sensuales más intensas y anómalas sin necesidad de besarse o perder la virginidad. Sin embargo, ese cinturón de castidad ficcional no impide el  descubrimiento y ejercicio celebratorio del sexo como feliz encuentro entre enamorados; simplemente lo libera de tópicos trillados, de desgastados recursos de perversión, apelando al fetiche extraño como vertiente alternativa. Por tanto, la visión conservadora es parcial, como también es inexacta el reproche desmesurado contra los aspectos “sucios”. En efecto, nuestros jóvenes protagonistas viven una sexualidad menos violenta y mecanizada, opuesta al ecchi manoseado y vendido como mercancía en innumerables series (entretenidas, pero repetitivas), pero no refrenan sus impulsos reproductivos bajo premisas de pureza o decoro, sino porque hallaron medios de expresión más cautivadores, que permiten, además de satisfacer ese núcleo instintivo de deseos primordiales, otorga una instancia de comunicación eficiente y divertida. Sin duda, sería obtuso ocultar la presencia de fanservice cuando una característica inconfundible de Mikoto son sus letales panty scissors, pero incluso su famosa técnica de tijeras es destacada como habilidad pintoresca antes que seña morbosa. Ueshiba no renuncia al eros, aunque lo enrarece y subordina al desarrollo psicológico de la pareja que aprende a superar diversas etapas hacia el fortalecimiento del vínculo. Ante este escenario, sirve de mucho el retorno a estéticas de antaño porque recuerdan décadas nada lejanas, asociadas a la memoria cándida de cierto sector del público que creció, se enamoró o conoció los placeres y desventuras del amor durante los noventa. Aunque debemos suponer que Nazo no Kanojo X transcurre durante este siglo, salvo los arcos recientes, también el manga original (de donde provienen estos episodios del anime en sobresaliente combinación ejecutada por Deko Akao) se esfuerza por “desactualizar” el contexto, por crear una atmósfera de “anacronía”: poca presencia de internet, los chicos no hablan de facebook ni emplean dispositivos electrónicos como tablets o smartphones. Tampoco se manifiesta ese espíritu desganado, descentrado, meramente sicalíptico que arrastra a cierto segmento de la juventud actual, sino una mirada más traviesa y esperanzada, típica del fin de siglo, cuando recién se descubría esa sensación de “habitar el futuro”. El gesto más adorable y conmovedor del episodio está envejeciendo. A muchos jóvenes, la idea de cargar fotos en físico dentro de sus billeteras deberá sonarles arcaico y primitivo. Incluso el valor de poseer una fotografía como registro parece haberse perdido, ante la posibilidad de registrar incontables copias sucesivas al interior de una espaciosa y delgada memory card. Sin embargo, la serie renuncia al fácil ademán de mirar atrás y deleitarse en la nostalgia: invita a superar el pasado, a vencerlo, a reírnos del presente y sacarle la lengua al futuro porque asume nuestra disposición a gozarlo.

6 comentarios

  1. Soy_el_que_soy

    Oye genial, descripción.. totalmente de acuerdo pero yo no podría describirlo así. jejeje.

    Una petición, podrías decirme que piensas de la muñeca que tiene Urabe en la cabeza cuando Tsubaki sueña con ella, porque estoy seguro que tiene algún significado oculto pero no lo puedo descifrar… de hecho leí tu anterior reseña sobre ese capitulo y comentaste que después lo analizarías y estoy esperando..jeje sin presionarte claro.

    Y una pregunta y espero que me contestes jeje.. ¿Crees que todo sea un sueño de Tsubaki? , ¿Que Urabe es un robot o un alíen? o ¿Que los padres de Urabe estén separados, por eso la depre.. que presenta y su afán de no equivocarse con su pareja? , porque muchos y yo también estoy pensando en que tal vez sea un sueño de Tsubaki, de aquella fiebre que tubo en los primeros capítulos, ¿Que piensas?.

    Espero contestes, solo para saber tu opinión, ya que me impresionan mucho tus análisis y creo que serias el que diera la respuesta mas acertada.

    Bueno te dejo.. colega.

    7 junio 2012 en 22:21

    • Hola, gracias por tus palabras.
      Para comenzar, después de haber leído entero el manga y tratando de evitar spoilers, resulta evidente que los sucesos de la serie no forman parte de un sueño, porque entonces sería uno demasiado largo y detallado. Además, la perspectiva de Tsubaki es preferencia, pero no será exclusiva. Durante un arco de la serie, la responsabilidad del relato se centrará en Mikoto, mientras que el muchacho jugará apenas un rol secundario.
      Tampoco creo que Urabe sea un robot. En realidad, es apenas una chica con habilidades superiores, como muchas otras en la historia del anime. Ella misma desmintió que su saliva tuviera algo especial en el primer episodio. No tengo motivos precisos para desmontar la teoría “alien”, pero el interés de Mikoto por los objetos misteriosos es un juego constante de simbologías dispersas a lo largo del manga y que guardarían mayor relación con las debilidades estéticas del autor.
      No estoy seguro si Mikoto padece depresión, pero sí que estuvo afectada por la separación de sus padres. Es casi un hecho. Referirse a la “casa de mi padre” como una casa distinta a la suya solo puede indicar que 1. es hija de madre soltera (desde el inicio) o 2. sus padres se divorciaron. En ambos casos, es probable que los niños se vean influenciados emocionalmente por esos sucesos. Eso no significa que sufran por siempre, pero que el trauma de infancia sí podría dejar algunas huellas en su sensibilidad.

      8 junio 2012 en 15:52

      • Soy_el_que_soy

        Muchas gracias por tu respuesta.

        Valla otra vez, y ya lo esperaba, tus observaciones me parecen coherentes con lo que a pasado en la historia, realmente eres un genial analizador y bastante observador, igualmente pensé sobre el divorcio por esa razón, sobre la posibilidad de una madre soltera, no tanto ya que a mencionado a sus “padres”, pero no queda muy claro, y con eso de que ni una sola foto de ellos a aparecido, pues queda una incógnita muy grande. Espero que Ueshiba nos los muestre antes de que termine la historia, y claro porque esa extravagante forma de ver al mundo de parte de Urabe. Porque eso de que ella es así, no complace creo que a nadie, aunque sigue siendo genial ese misterioso pasado, que crea esa burbuja de magia..

        Bueno amigo, esperare con ansias tu siguiente análisis del episodio 7 nos vemos.

        9 junio 2012 en 02:24

  2. Asagami

    Yo creo que a pesar de que la serie invita a una época pasada, los personajes principales son quienes presentan tienen más predisposición a vivir como tal, tanto en acciones como en valores. Además, estoy pensando que a Ueshiba le gusta jugar mucho con la ambientación de sus obras, ya que en Discommunication, que comenzó a publicarse en 1992, el protagonista tiene una computadora y escribe programas, pero dudo que en ese año las computadoras hayan sido accesibles para todas las personas, y menos para un joven que vive que solo…

    De este episodio me gustó mucho el final, porque fue un gran acierto que Tsubaki llegara apreciar la foto por su cuenta y no porque Urabe destrozó un anuncio con sus tijeras. Es un cambio tonto, lo sé, pero demuestra que Tsubaki tiene más empatía por su novia en la adaptación que en el manga.

    Por cierto, lo que comentas de las fotos es muy cierto. Mi papá es fotógrafo desde hace más de 20 años y él sigue vendiendo fotos como siempre, pero porque sólo trabaja con familias ricas y a esas personas, quizás por los conservadoras que son, les gustan mucho tener sus recuerdos en fotos impresas, En cambio, tengo un conocido que también es fotógrafo, pero sus clientes son jóvenes, además de que se promociona mucho en Facebook. Ambos tienen la misma profesión, pero su perspectivas son distintas y no trabajan igual.

    8 junio 2012 en 12:04

  3. Mr. M

    Desmitificar al personaje de Urabe y mostrar su vulnerabilidad podría ser otra lectura del capítulo. Ueshiba la lleno de tantos talentos que nos olvidamos que responde con su carne y sus huesos a sentimientos muy complejos. Da igual si es venusiana o terrícola; lo importante son sus sentimientos y actos.

    Quien se encarga de comenzar titánica tarea no es otra, ¡cómo no!, que la fantástica Oka-san. Oka reclama sin pelos en la lengua, con vehemencia: “Entonces, ¿por qué me sonrojo, eeehhhh?”, que en buen cristiano quiere decir: “¡Mientes!” Sabiéndose pillada, Urabe responde con la típica chiquillada de huída hacia… ¿delante?, con sonrojada y no tan “cool” declaración: “no es tu asunto”. ¡Qué moscardón más maravilloso es esta Oka!

    El reproche sin anestesia a Tsubaki por su fortuito encuentro con un ex-sueño no logrado, es… ¿inesperado? Hmmm… Confesar, vía babas, que su tristeza se hubiera traducido en torrente lacrimal si el amado hubiese preferido a la rival potencial no tiene antecedente dentro de los capítulos emitidos hasta hoy, pero creo que su persona se muestra desarmada para enfrentar un problema real que se da con frecuencia entre parejas. Su racionalidad podrá servirle para experimentar el “discurso del método” de manera segura pero no para soportar ni analizar el porqué ha sido relegada por otra.

    Tsubaki sigue dando respuestas muy intuitivas y muy buenas. Alcanzar a su bella durmiente en su subconsciente susurrándole su nombre, penetrando con su voz titubeante por uno de los agujeros que captura el sonido de la realidad es una metáfora fantástica.

    Congelar la eternidad de un instante no es nuevo: nuestros abuelos prehistóricos lo intentaron en sus cuevas con estilizadas figuras o voluptuosas esculturas. En nuestros días, nuestros más humildes smartphones intentan capturar la vanidad de este mundo (Eclesiastés dixit).
    De la fotografía de Tsubaki, en todo caso, lo valioso es la lectura que él hace: atesorar esa cara única, aunque cómica, que pertenece a ese ser misterioso que ocupa un lugar especial en su mente y corazón. La cara de su Novia Misteriosa.

    8 junio 2012 en 12:22

  4. rolo2k

    A mi también me gusta la ambientación retro y el aire nostálgico de la serie, que hace a los protagonistas divagar por sendas más sencillas y libres de la sobrecarga tecnológica muy común en nuestros días, sin caer en extremos de melancolía; un trato muy similar al que se le dio a la serie “Ano Natsu de Matteru”, en el que se jugó con cierta ambigüedad temporal.

    Una de las cosas que siempre me ha causado curiosidad de la cultura japonesa es la amplia gama de honoríficos ó títulos creados para categorizar a las personas en el ámbito social (aunque esto pueda sonar a veces un tanto discriminatorio ó burocrático según tus palabras). En cierta forma comprendo las inquietudes de Tsubaki respecto a cruzar la “barrera” de los apellidos con Urabe y alcanzar el trato mutuo con sus nombres de pila, como signo simbóico de acercamiento o intimidad sentimental, según como se entienda, tal como lo insinúa pícaramente Oka; me parece curioso porque en mi vida estudiantil no fue sino hasta mis días de bachillerato cuando comence a ser identificado por mi nombre y no por mi apellido. El detalle que menciona Mr. M del gesto de Tsubaki al despertar a Urabe de su sueño al pronunciar su nombre es indicativo, basta con observar la tierna reacción de Urabe al despertar, de lo mejor del episodio.

    Coincido también que es la primera vez en lo que va de la serie que vemos el lado vulnerable de Urabe ante el posible adevenimiento de una rival romántica, ya que como se ha mencionado, a pesar de personalidad, su actitud áspera, su carácter intuitivo y sorprendentes habilidades, Urabe sigue siendo una adolescente común que también es sensible al temor, la angustia o la tristeza. Muy acertado el gesto de Tsubaki, quien luego de comprender los sentimientos de Urabe (gracias en parte a si vínculo salival), le ofrece una declaración de fidelidad que nuevamente le arranca una sonrisa.

    Finalmente, con relación a la fotografía soñada, es de destacar como la típica reticencia de Urabe a no adoptar poses ó actitudes estereotipadas (no fingir una sonrisa) es franqueda nuevamente por Tsubaki al aceptar lo que venga de ella sin importar si es una mueca o una sonrisa, con tal de atesorar aquel instante.

    9 junio 2012 en 06:55

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