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Nazo no Kanojo X 3: Discurso del método

En comedia romántica, con frecuencia, opera una segunda pareja de enamorados, conformada por personajes secundarios. La fórmula clásica consiste en reunir al compinche del lead masculino y la mejor amiga de la heroína, cerrando un circuito comunicativo. Cumplen la función de comparsa, acompañando en paralelo las circunstancias de los protagonistas, quienes suelen compararse con ellos, usándolos como criterio para evaluar el avance de su relación, pues esta pareja beta suele evolucionar con mayor fluidez y sinceridad en asuntos amorosos. En Nazo no Kanojo X, esa labor recae sobre Ueno y Oka: ellos representan el núcleo cotidiano donde se mide y contrasta el romance sui generis de Tsubaki y Urabe. Anticipando el desarrollo posterior de la serie sobre la base del manga original, puede deducirse que muchas tramas episódicas se originan por comentarios o chismes entre amigos (as) que terminan trasladándose, por curiosidad, envidia, capricho o inquietud, al campo del noviazgo. Ueno funge del típico compañero, algo torpe y pervertido, mientras Oka, aunque parezca una mansa meganekko con actitud intelectual y perfil equilibrado, revelará, en próximos capítulos, sus tonalidades más pícaras, atrevidas y perspicaces (en especial, para abordar temas candentes). La notoria diferencia en estatura resalta la unión de polos opuestos, la atracción de elementos contrarios que, gracias a sus disparidades y desemejanzas, son complementarios. Juntos, forman una unidad, una armonía (aunque sea paródica, porque Ueno es alto y tonto donde Oka es pequeña y sagaz). Ocurre también al interior del dueto protagónico. Las fórmulas binarias son una característica estructural de Nazo no Kanojo X. Las relaciones son especulares (en forma de espejo): novio y novia encarnan posiciones distintas. ¿Cómo se soluciona esta antítesis? Este capítulo no tematiza la diferencia entre parejas, pero emplea el caso del beso furtivo como excusa para activar el diálogo entre novios. Partamos de esa situación de tensión: Tsubaki insinúa su deseo de llegar a segunda base, pero Mikoto tiene sus objeciones. Según la serie, el amor implica una negociación, una mutua interferencia, un contagio, aprender a entenderse, a asimilarse, a pensar en consonancia. El vínculo relativiza los extremos y destruye los absolutos: descubrimos el lado estrafalario del everyman “común y corriente”, mientras la chica rara se muestra bastante tierna y cotidiana. Mediante los sentimientos, es posible alcanzar un acuerdo, ponernos en el lugar del otro. Otras parejas necesitan de extensas conversaciones bajo el riesgo de derivar en malinterpretaciones y disputas. Por suerte, Urabe y Tsubaki comparten un dispositivo orgánico que ahorra esos disgustos.

Este episodio adapta dos capítulos del manga, cuya extensión permite resolver la trama en diez o quince minutos. El primer lanzamiento de Nazo no Kanojo X se realizó en 2004, bajo el formato one shot. Ese relato largo se convirtió, después, en fundamento para la serialización a partir de 2006. En relación a otros manga o light novels, su traslado al anime podría considerarse tardío: una dificultad para afrontar esta adaptación sería el predominio de capítulos cortos y episódicos (autoconclusivos). Solo cuando aparece una rival romántica (como Aika Hayakawa, Momoka Imai o, ahora, Ryouko Suwano) la estructura adquiere forma de arco con suspenso. El desafío para los guionistas del anime consistía en soldar dos capítulos del manga y conferirles unidad temática aprovechando la idea troncal del aprendizaje en pareja. Esta ocasión, las historias combinadas tienen dos rasgos en común: la comparación y los experimentos. El desarrollo concatenado de ambas tramas confluye, siguiendo la costumbre, confirmando la validez y exclusividad del vínculo salival, aunque, de acuerdo al modelo de relato de crecimiento, cada obstáculo resuelto equivale a un escalón ascendido. Por lo tanto, se establece una secuencia de eventos que conducen al fortalecimiento simbólico de la relación. En principio, el anhelo de Tsubaki provoca que Urabe le transmita sus sensaciones y pensamientos, una estrategia magistral para evitar discusiones y concederle al muchacho un instante de placer. Aunque lo soñara, en Nazo no Kanojo X, las experiencias “invocadas” por influencia de la baba poseen un carácter “casi” real y podrían considerarse “vivencias”. La artimaña de Mikoto es eficiente porque induce a Tsubaki, a través del shock placentero, a recapacitar y cuestionar sus opiniones. Sin mediar argumentos ni refutaciones, el novio logra comprender los motivos de Urabe, aprende a pensar “como ella” y renuncia a apresurar el salto de etapas. Este primer éxito desemboca en nuevos objetivos: “Entender los sentimientos del otro”. Aquí se introduce la escena de transición que conecta los segmentos narrativos usando como puente el concepto de “comprensión”. La secuencia es graciosa e ilustra el lento proceso de maduración que atraviesan adolescentes y jóvenes cuando el enamoramiento les exige refinar y profundizar sus razonamientos. Tsubaki se esfuerza por interpretar, por llenar de significado las palabras de Mikoto. Sus recursos mentales son todavía escasos o incipientes, aunque su deducción, algo primitiva, no resulta totalmente incorrecta: imitar las conductas extravagantes de Urabe no implica “descifrar” su personalidad ni garantiza la “compenetración”; sin embargo, cuando emulamos a alguien, buscamos identificarnos, asemejarnos, ponernos en su piel. Por desgracia, después de tropezarse y convertirse en hazmerreír honorario del salón, Tsubaki olvida sus empeños imitativos (pues pretender remedar las habilidades psicomotrices de Mikoto rebasaba la osadía), no obstante, su voluntad de conocer mejor los pensamientos de Urabe demuestra cierto progreso. A determinada edad, los varones suelen afrontar sus relaciones juveniles con ímpetu egoísta o egocéntrico, sin comprometerse ni complicarse, sino concentrados únicamente en satisfacer sus impulsos hormonales, una actitud natural en una época de transición entre niñez y adultez. Tsubaki, sin proponérselo, ha avanzado un gran trecho, aunque el arduo camino recién comienza. Trazando una analogía con los estudios (otra actividad inherente al adolescente), el aprendizaje sentimental requiere refrendarse mediante la superación de pruebas que corroboren la evolución de la pareja. Aunque suene cliché, son exámenes sorpresa, cuya gravedad e implicancia desconocemos, pero, tras aprobarlos, adquirimos una certeza vital, la constancia de haber crecido.

Incluso los fanáticos más acérrimos al manga original encuentran complicado justificar o calificar la decisión de Urabe e incluso algunos lectores la censurarían como abuso o desconsideración. La mayoría del público objetivo de Nazo no Kanojo X es masculino y reacciona según su percepción de género. Además, aunque se discute bastante acerca de la supuesta debilidad del hombre japonés y suele ponerse de ejemplo la popularidad entre los otaku de féminas con personalidades ariscas e indómitas, en realidad, el discurso fundamental continúa siendo sexista: las tsundere son autoritarias, pero acaban por ablandarse y subordinarse. Con Mikoto, estas categorías naufragan, su patrón no concuerda con esquemas tsunderescos: su faceta “áspera” tiene un cariz huraño, no agresivo. Además, no sirve de máscara para ocultar sus fragilidades ni protegerse del sentimentalismo. Tampoco considera el amor una flaqueza. Su ternura brota con naturalidad, se manifiesta en gestos conmovedores y cautivadores, como sonrojarse al sonreír con entusiasmo o asombrarse ante la romántica hemorragia nasal de su novio. Urabe no es tsuntsun, sino una chica moderna e independiente: quizá este aspecto desconcierte o incomode al espectador más recalcitrante, pero engrandece al personaje, otorgándole un matiz auténtico, transgresor, como pocas protagonistas de ficción popular japonesa hasta Hitagi Senjougahara. Sin embargo, cabría alegar que semejante declaración de autonomía contradice la premisa de “crecimiento en pareja” que defiende la serie, pues excluye a Tsubaki del veredicto final, aislándolo de emitir su opinión o intervenir como corresponde en una situación urgente que compromete su relación. La objeción es válida porque Mikoto tampoco es perfecta: está sometida a dudas, temores y vacilaciones. Ueshiba jamás pretende erigirla como novia ideal, aunque sus múltiples destrezas (deportes, lucha, canto, baile, creatividad) induzcan a confundirnos y creerla infalible. Urabe es ingeniosa para hallar soluciones espectaculares o resolver los problemas circunstanciales con estilo magistral: esa grandiosidad, sumada a su exótica belleza, consigue embelesarnos y enceguecernos, al punto de olvidar que Mikoto es misteriosa, pero humana (como confirman diversos capítulos del manga, donde la vemos cometiendo errores, incluso usando las tijeras). El conflicto de Urabe, antes que sentimental o pasional, es discursivo: ella quiere ratificar mediante pruebas fácticas la veracidad del vínculo salival. Para comprenderlo, permítanme un breve excurso de carácter epistemológico. Una verdad científica no puede determinarse si contamos con datos provenientes de una sola manifestación del fenómeno: necesitamos que se repita para confirmar que nuestra hipótesis es cierta. Si confiáramos únicamente en el primer caso, corremos el riesgo de equivocarnos pues podríamos asumir como ley científica un hecho excepcional. Hablo de ciencias y métodos porque, en Nazo no Kanojo X, la espiritualidad está integrada a procesos orgánicos. Mikoto propuso, elaboró y enunció la teoría de la saliva durante los primeros episodios, revalidando su utilidad. Un investigador hubiera contrastado sus hallazgos, pero siendo un asunto íntimo, emocional, subjetivo, Urabe no necesitaba más “evidencias”. La declaración de Ogata perturba el panorama, no porque le mueva el piso o ponga en entredicho su amor por Tsubaki. A diferencia del resto de chicas, la popularidad del futbolista no genera interés ni curiosidad ni atracción en Urabe (su cortesía es respondida con indiferencia). En suma, la proposición del chico lindo no causa temblores emocionales en Mikoto, pero cuestiona su discurso acerca del vínculo. La mera posibilidad de error la obligaría a replantearlo. Negándose a secas habría cumplido como novia, según los “estándares” habituales, pero jamás habría constatado su verdad. No podemos proclamar una ley científica sin revalidarla, sin certificar su funcionamiento mediante experimentos. El amor, según Urabe, no reside en cimientos metafísicos, sino en circunstancias biológicas, cuyo conocimiento no puede fundamentarse en intuiciones: necesita, en cambio, refrendarse con demostraciones. Aunque se arriesga y sufre el disgusto de pelear contra el viento, sale victoriosa incluso en términos morales porque ahora su vínculo adquiere título de Verdad con mayúsculas.

No será el último reto para Mikoto, aunque este desafío sí le competía de manera personal e incluso afectaba su orgullo. El dilema nunca consistió en decidirse entre Tsubaki y Ogata, sino en disputar un duelo individual contra sus propias inseguridades. Como ordenan las fases del método científico, Urabe había procedido a observar el fenómeno, realizar una inducción y esbozar una hipótesis acorde con la Realidad: el primer episodio del anime cubre estos pasos. El segundo reafirma las reglas que estructuran y embellecen su romance con Tsubaki, esa interpretación poética, materialista y trascendente del mundo que torna maravillosa y excepcional su relación. Pero faltaba acreditar un detalle de su minuciosa teoría: la exclusividad. Cuando Mikoto se dispone a “inyectarle” su saliva a Ogata, llega concentrada con una hipótesis en mente, que desea comprobar y posee nombre propio: Akira Tsubaki. Además, su mirada no denota incertidumbre, sino seriedad y coraje. Luego, efectúa un breve interrogatorio para recolectar datos, proveerse de información. Al notar la ausencia de reacción, se retira sonriente y aliviada. Esa alegría indica el auténtico propósito de sus investigaciones: confirmar que ningún muchacho, excepto su novio, responde al sabor empático de su saliva. Más adelante, declara que defendía, de antemano, esa certeza. Analizando los sucesos con frialdad e imparcialidad, podría acusarse a Urabe de utilizar a Ogata como conejillo de Indias o espécimen de laboratorio. Sin embargo, la activación del vínculo supone una predisposición corporal, por parte del enamorado, a disfrutar la sustancia ingerida al punto de convertirse en adicto. La insensibilidad somática del futbolista insinúa que, pese al deseo consciente, no existía compatibilidad orgánica, en consecuencia, sus sentimientos eran falsos o estaba desorientado. La escena del desenlace, aunque resulte pintoresca y roce con osadía los terrenos del ecchi, consigue crear una atmósfera de ternura, bastante extraña, incómoda o quizá ridícula (nuestros criterios varían según juzguemos el nopan), pero conmovedora y emocionante, pese a (¿gracias a?) la descarada entrega del calzón. Para tranquilidad del público más sexista, Tsubaki es reivindicado y recibe, en homenaje, una declaración de fidelidad de su novia en plan comando, además de llevarse su lencería como trofeo. Urabe le presenta la prueba tangible que recalque sus palabras: la simple enunciación es insuficiente, necesita materializar el discurso, aportar un objeto que funcione como argumento contundente. La conducta es estrafalaria, el razonamiento es acertado, el golpe de efecto es genial: Mikoto es capaz de sacrificarse, pasar por situaciones vergonzosas, resistir el embate lujurioso de las fuerzas naturales y transformar esos inconvenientes en una vivencia placentera, gozosa, aplicando una dosis de impudicia que, mediante los malabarismos retóricos, se convierte en gesto romántico. Pocas series se animan a ejecutar una transmutación semejante: prefieren mantener separados lo amoroso (puro, inocente, platónico) y lo sexual (la picaresca, el exhibicionismo, el disfrute corporal, la celebración del cuerpo). Incluso las love comedy más insolentes y desnudistas mantienen esta distinción. Nazo no Kanojo X reconoce ese dualismo, pero no fraccionado, sino coordinado, donde ambos ingredientes se entremezclan, forman una unidad.

4 comentarios

  1. rolo2k

    Excelente reseña y excelente episodio, esta serie ya pinta para estar entre las mejores del año… ¡ojo en el saimoe!
    La escena del beso crepuscular parece ser muy habitual en el anime romántico, me recuerda la escena inicial de Sasameki Koto… solo que en este caso es en plan hetero.
    No se si me equivoco, pero en mi caso quizá no el tener el precedente previo del manga hace que pueda ver la serie sin las consabidas comparaciones; si como dices en este episodio se han unidos dos capítulos del manga realmente hay que felicitar al estudio de animación ya que la historia fluye de manera muy natural.
    Es de admirar la intrepidez de Mikoto Urabe al someterse a una prueba, o mejor dicho a un ensayo científico tan comprometedor, del que sin embargo como señalas salió airosa y satisfecha; también es de notar como poco a poco van cimentándose los sentimientos de Tsubaki, ya que ante la posibilidad de un rival amoroso, no puede evitar perturbarse.
    El romance de nuestros protagonistas ha sorteado su primer obstáculo (gracias a Mikoto), habrá que ver lo que viene más adelante… en especial con el arribo de la nueva pareja.
    Ahora voy por tu reseña del cuarto episodio

    20 mayo 2012 en 09:20

  2. el mas grande

    sin duda es una serie muy rara de ver la comparo con ranma 1/2 romance pervertida pero hace ver que lindo es el noviazgo a un que sea raro uno u otro se aceptan en la serie se puede ver lo que uno ciente del otro por eso digo que es una serie muy buena es pero que sea larga

    6 junio 2012 en 12:26

  3. andres

    en que capitulo urabe y tsubaki se besan

    15 septiembre 2012 en 14:55

  4. Gracias por la reseña!! Este manga/anime merece halagos y tus interpretaciones me encantan! Yo lei primero el manga y me fascino. Vi un capitulo del anime y no me atrajo mucho que digamos. Este es un manga que no tiene una historia definida y creo que es parte de su encanto. Uno nunca sabe con que va a salir Urabe, que, frente a esa fachada de chica fria es realmente muuuuy coqueta y jocosa. Me parece fascinante leer una serie en donde todo sea tan sensual sin llegar realmente a algo sexual. Como todos, esperaba al menos un beso. Pero, a la larga, eso es demasiado trillado. Mantener esa tensión sexual por tanto tiempo sin que pase nada me parece una propuesta encantadora y el dibujo es de los mas lindo que visto en mangas. Especialmente en la sensación de movimiento de cada una de las viñetas. Es un manga memorable y unico en su especie!

    1 diciembre 2014 en 13:55

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