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Fate/Zero II 4: Entre los justos y los pecadores: un sacerdote (Kotomine Kirei)

“Soy un hombre vacío”
Urobuchi Gen, Fate Zero, Vol. IV, Acto XV, Tercera parte

Una vez existió un hombre maldito que nació en un mundo extraño e inhóspito. Bendecido por su padre con un nombre hermoso: un juego de palabras entre kirei (綺礼, algo suave y grato) y kirei (綺麗, algo suave y hermoso). “El nombre de Kirei es dado a alguien que es devoto. Su padre le dio ese nombre porque esperaba que él fuera puro y hermoso. El chico creció de acuerdo a las expectativas de su padre… tenía principios y un buen juicio…” (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día diez, Sacrilegío). El padre se sentía contento por tener tan buen hijo. “Mi hijo entraría al fuego si esa fuera la voluntad de la Iglesia. Así de lejos llegaría por su fe.” (Fate/Zero, Vol. I, Prólogo, tres años atrás). Pero una mañana, Kirei, el bendecido, despertó de su sueño, “las cosas que su padre consideraba hermosas, él jamás podría llamarlas hermosas. El consideraba a las polillas más bellas que las mariposas. Las plantas venenosas eran más bellas que las rosas. Consideraba que lo malo era más hermoso que lo bueno.” ¿Por qué existía tal contradicción? Nunca pudo responderlo. “Reconocía que lo bueno era lo correcto. Pero la naturaleza de este chico estaba interesada en lo opuesto.” (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día diez, Sacrilegío). Él, quién era un pecador, se convirtió en un peregrino, un hombre que buscaba la salvación.

Historia de un santo

“El corazón de este hombre está completamente vació. No tiene nada que pueda ser llamado un deseo… Su vida entera fue construida en la desesperación.”
Urobuchi Gen, Fate/Zero, Vol. I, Acto I, Segunda parte

“Lo que las personas llaman ‘felicidad’ no me produce ninguna alegría”.
Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día cuatro, El comienzo de la Guerra del Santo Grial

Sucedió tres años antes de que la guerra comenzará. Un poco antes de que su destino cambiara y se encaminara a una guerra sin sentido. Kotomine Kirei, un hombre sin propósito, pasó su vida buscando algo que le faltaba.

Nadie podía entender su agonía. Ni siquiera Kotomine mismo estaba seguro de si era agonía o no… Intentó ser puro y hermoso y buscó ese algo que le faltaba desde el principio. Se arrancó la piel, desgarró su carne y dislocó sus huesos. Buscó dentro de su cuerpo lo que no encontraba en su espíritu… Incapaz de encontrar la epifanía que estaba anhelando, llegó a una conclusión… no le era posible desear una felicidad normal…. (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día diez, Sacrilegío).

El bien, la filantropía, la bondad, el honor, la alegría eran cosas lejanas para ese hombre maldito. Incluso aunque admiraran su temple y consideraran su fuerza algo excepcional, estaban equivocados desde un principio: la autoflagelación fue su modo de expiar sus culpas, y aliviar la nada que había en su interior.

Todos llamaban a eso ‘gloria’. El autocontrol y devoción de Kotomine Kirei eran alabados como un modelo para un clérigo. Su padre Risei no era la excepción. Kirei entendió muy bien el por qué Kotomine Risei tenía tanta fe y admiración por su hijo, pero todo eso era un malentendido demasiado alejado de los hechos, dado que en realidad su corazón era el de un pecador. El valor de una vida entera probablemente no sería suficiente para arreglar ese malentendido. (Fate/Zero, Vol. I, Prólogo, tres años atrás).

Entrenó más duro que nadie, hizo más cosas que nadie, paso por muchos puestos, muchas carreras, se graduó de universidades y dominó muchas clases de técnicas, hasta llegó aprender magia: irónicamente, la magia que podía dominar era aquella que sanaba a los demás (curación). Con el tiempo, Kirei consiguió acceder a la élite de la Iglesia, se convirtió en un “ejecutor” y en un miembro del Octavo Sacramento, un cazador de herejes (magos) y un recolector de reliquias perdidas. Sus puños se hicieron de acero y sus piernas de hierro, partía árboles usando sus manos con las enseñanzas del arte chino del Ba Ji Quan. Usando un chaleco de keblar resistente contra balas y protegido con encantos desafió a muchos magos, trajo la justicia de Dios al reino de los mortales. Y, sin embargo, no fue lo que esperaba. Sí, así es. Kirei estaba cansado de seguir ese camino. “Si no puedo obtener nada, entonces ¿por qué nací?” (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día catorce, El secreto del Santo Grial). Se volvió aficionado al vino, cada nuevo vino en el mercado era adquirido rápidamente y sin demora. “El estudio del vino es en realidad un gran mundo sin bordes si uno desea seguirlo. El vino puede llenar el vacío de un corazón a través de su sabor. Cuando te sientes vacío por dentro, emborracharse con alcohol no es tampoco una mala idea.” (Fate/Zero, Vol. II, Acto V, Tercera parte). Aún así no fue suficiente. Permanecía calmado e ignorando las tentaciones que le eran plantadas a cada paso que daba. Una serpiente se le apareció un día y empezó a discurrir sobre el placer y la satisfacción, sobre la forma del alma que llevaba en su interior. Le propuso el camino del autodescubrimiento, de la introspección que tanto quería pasar por alto. “¿Quieres que yo, un discípulo de Dios, busque placeres?… ¿Cómo puedo cometer un acto tan pecaminoso que solo me condenaría?”(Fate/Zero, Vol. II, Acto V, Tercera parte). Esa fue su respuesta, pero…

Aun cree que existe un Dios. Que existe una existencia suprema, aunque no tiene la madurez para percibirla. Cree que un día, la más sagrada palabra de Dios lo guiara a la verdad suprema y a la salvación. Apostando a esa esperanza, aferrándose a ella. Pero en lo profundo de su corazón, él ya lo sabía. Que la salvación para un hombre como él ya no vendría del amor de Dios (Fate/Zero, Vol. I, Prólogo, tres años atrás).

Kirei participó en la guerra del Santo Grial como le habían ordenado, mientras estos pensamientos asaltaban constantemente su espíritu. Se sentía abrumado por la intensidad de las preguntas y por lo endebles de las respuestas. Siguió al pie de la letra las órdenes de su maestro, y aún así lo desobedecía. En ese camino un déspota lo visitó. Le alentaba a escribir libretos, a observar el dolor de los demás. Poco a poco fue entendiendo su significado, su deseo. Lo ganó con el tiempo. Lo sabía al ver muerta a su esposa, lo reencontró al ver muerto a su padre.

Él no puede volver atrás… Las lágrimas derramadas aquel día, los sentimientos de aquella vez, debían ser arrojadas al abismo del olvido… había permanecido esquivo para mantener su condición… La familiar oración que debía recitar cada día se disparó instantáneamente de su boca; esto debía suceder por su instinto de auto-conservación. De esta manera, había vuelto a su rol como clérigo, amarrando firmemente un alma que estaba punto de caerse a pedazos (Fate/Zero, Vol. III, Acto XI, Segunda parte).

Él sentía placer por el sufrimiento de los otros… Tales pensamientos eran los únicos que lo hacían feliz. Su desgracia era tener un sentido de moralidad cuando tenía tales cosas en mente… Trato de salvarse a sí mismo, él, quién no podía tener una felicidad normal, al convertirse en una persona normal. Y su camino fue su credo: volverse sacerdote y orar como su padre… Se dice que Dios perdona todo. Así que Dios lo perdonaría a él “quién nació sin ese algo”. El resultado fue trágico: siguió las leyes de Dios… pero no pude encontrar mayor placer que el dolor de los demás (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día diez, Sacrilegío).

–Un defecto de nacimiento–. El hombre hizo todo lo que pudo para aceptar ese hecho. No podía entender la moral ni el sentido común. Sus años de adolescente los pasó intentando superar ese defecto. Pero nunca lo logró… en su último intento buscó una mujer… Incluso si uno detesta la paz, puede soñar con ella. Este hombre no era la excepción… Intentó conseguir una felicidad ordinaria. El hombre escogió a una mujer sin futuro. Ella tenía una enfermedad terminal… Su vida juntos duró dos años. El hombre intentó amar a la mujer. La mujer intento amar al hombre, y lo amó, y le dio una hija. Pero el resultado no cambió. Se debía a que este hombre obtenía su felicidad del sufrimiento de la mujer y de la desesperación de su hija. Mientras más intentaba amarlas, más lo redimía el sufrimiento de ambas. Esta contradicción no hizo a este hombre sufrir, él ni siquiera sabía si realmente sufría. No obstante, mientras más la mujer intentaba curarlo, más deseaba verla llorar. La mujer era una santa, estaba enferme pero aún así era una santa. No necesita decirse lo fiel que ella era o como era capaz de entender su ira. Por eso, se sentía tan desesperado: nadie más lo entendería o intentaría salvarlo de ese modo. Y aún así esta mujer no pudo llenar el hueco en su corazón… Concluyó que su existencia era un error y sería mejor desaparecer. Fue a decirle adiós a esa mujer antes de morir…. La mujer amaba Kotomine. Kotomine intentó amarla… ‘Yo no puedo amarte’. Eso es todo lo que le dijo… La mujer moribunda sonrió. Fue incapaz de pararse, porque su cuerpo estaba compuesto de piel y huesos. “No, yo te amo”. Con una sonrisa ella se quitó la vida [con una daga]. No había razón para detenerla… La mujer moriría en cualquier momento, tenía una enfermedad fatal… cubierta de sangre lo miró y sonrió. “¿Ves? Estás llorando”. Él no estaba llorando por supuesto. Ella simplemente creyó eso. Usó su muerte para probarle que podía amar y que él merecía vivir. El hombre dejó la habitación en silencio… Se sentía triste… ‘Qué terrible. Si iba morir, hubiera preferido matarla yo mismo’, lamentó haberse perdido de la oportunidad de disfrutar su muerte… Sucedió hace mucho tiempo. Ya no puede recordar su rostro o su voz. Pero algunas veces piensa: ‘yo quería matarla’ ¿Acaso era por placer, o se trataba de la profunda pena que sientes por querer matar a la persona que más amas con tus propias manos? No quería saber la respuesta. Era algo que debía permanecer oculto por siempre. La muerte de la mujer fue insignificante, su muerte no pudo cambiarlo. Sin embargo él no quería creer que su muerte había sido insignificante… Entonces dejó de buscar una respuesta… Ese es el recuerdo de ese hombre quién alimenta las desgracias de los otros (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heavens Feel, día quince, Muerte de una santa).

Enterró a su esposa y entregó a su hija a los padres de Hortensia. Su camino lo guió de vuelta a su padre, que lo miró con tristeza. Le presento al hijo de un viejo amigo, ambos empezaron a hablar acerca de grandes acontecimientos futuros y le explicaron que las marcas en su mano, que habían aparecido poco después de la muerte de su esposa, eran líneas sagradas creadas por una magia muy poderosa. Allí conoció a Tokiomi, un mago arrogante que deseaba completar el sueño de su familia. Kirei conocía a ese tipo de personas, su padre era uno de ellos: alguien que posee un objetivo, ya fuera una convicción en el caso de Tokiomi, o una fe piadosa en el caso de su padre.

Hombres que han definido el significado detrás de su nacimiento… y que han seguido ese significado sin dudar… Aquellos que solo ven sus ideales nunca podrán entender el dolor de aquellos incapaces de tener uno… Ni una vez, en más de 20 años [Kirei] había tenido ese sentimiento. Al ser juzgado de esa manera, él no podría considerar la más noble idea, sentir comodidad en alguna búsqueda o encontrar descanso en algún placer. Tal hombre no podía tener tal cosa como un propósito en primer lugar. Él ni siquiera podía entender qué tan alejado estaba de los valores ordinarios que mantenía el mundo. (Fate/Zero, Vol. I, Prólogo, tres años atrás).

A pesar de conocer la verdad de su interior, deseaba evadir esa respuesta. Antes de que la guerra comenzara, Kotomine conoció a un hombre por los reportes de Tokiomi. Se trataba de un asesino despiadado que no vacilaba ante nada y al cual nadie comprendía. Se preguntó:

¿Qué es lo que buscaba? Este hombre, Emiya Kiritsugu, tenía una vida turbulenta inconcebible por otros, pero Kirei no la veía sin relación a sí mismo. Un mago sin honor, un hombre que perdió sus creencias… [Era] como si buscara la destrucción… la cortina de las continuas batallas de Kiritsugu finalmente cayó hace nueve años. Eso es porque, a través de su búsqueda continua, él se encontró con los magos Einzbern… Fue en ese momento en que obtuvo su ‘respuesta’… Finalmente, encontró significado en su participación en la batalla de Fuyuki. Incluso ahora, él no tenía interés en el Grial. Pero, si Kiritsugu rompió nueve años de silencio por él, Kirei había ganado un significado para venir hasta aquí y participar en esta pelea… Debe de preguntarle a este hombre. ¿Qué es lo que estas buscando para participar en esta batalla? ¿Qué es lo que obtendrás de ella al final? Kotomine Kirei confrontaría a Emiya Kiritsugu sin importar nada. Aun si es en el campo de batalla donde ambos apuestan la vida y la muerte (Fate/Zero, Vol. I, Acto I, Tercera parte).

Kotomine descubriría qué impulsaba a este Magus Killer. En su respuesta, estaba la razón de su propia existencia: y si para eso debía sacarle los intestinos, entonces así sería…

Mucho tiempo después, este hombre volvió de nuevo a la Iglesia en que se perpetraron tantos crímenes. Una noche llegó su aprendiz arrastrando detrás de sí a un muchacho parecido a él: otro hombre vacío que lo perdió todo por el deseo de Kirei diez años atrás. Eran iguales, lo sentía en su corazón: Emiya Shirou. Kirei era el reflejo oscuro de los defectos de este joven:

Así como tú sientes alegría por la felicidad de otros, yo siento alegría por su infelicidad (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día diesies, Todo el mal en el mundo).

Todos piensan que el mal no debe existir… y si no debe existir, entonces ¿por qué existe?… Si algo es deficiente, no debería haber nacido. El mundo odia al mal y lo destruye. Aunque algo que nunca debió haber existido le fue otorgada la vida. Hay seres que solo existen para ser odiados y morir… Su recompensa por los años de angustia y devoción ciega no fue la salvación. Únicamente un ¿por qué…? (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día diez, Sacrilegío).

Este hombre pasó su tiempo buscando una respuesta que lo evadía siempre, una respuesta para su existencia, una razón, un propósito, y nunca fue capaz de encontrarlo por más que lo buscara. Al final, se rindió y decidió esperar. Kirei no era un villano, alguien con objetivos que busca cumplir para alcanzar algún beneficio. Simplemente era alguien malvado, un sádico que se reprochaba su propia maldad y, al mismo tiempo, se cuestionaba la maldad del mundo. No es que estuviera loco, simplemente no estaba cuerdo. No es que fuera inhumano, simplemente era perverso.

¿Qué es el bien y qué es el mal? ¿Acaso el asesinato es el mayor de los males? No hay respuesta desde el comienzo. Así es como son los humanos. No hay respuesta clara y aceptamos una verdad cambiante. No hay verdad absoluta desde el principio. Los humanos pueden elegir entre el bien o el mal, cada uno establece qué es qué… En las Escrituras se dice que los humanos son superiores a los ángeles. ¿Sabes por qué? Porque aún cuando conocen el mal, no son necesariamente malvados. Es diferente para los ángeles que son buenos desde su nacimiento… La contradicción. La coexistencia del bien y el mal es el Santo Grial que hace a las personas humanas. La vida es un crimen en sí mismo, y habrá castigos porque uno esta vivo. El bien existe con la vida, y el mal existe con la vida… Lo que anhelo, pero no puedo obtener. Lo que obtuve, pero no pude mantener. Muchas cosas se han deslizado entre mis dedos, sin importar qué intentará hacer (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día dieciséis, Todo el mal en el mundo).

Para Kirei no había otra pregunta, no había otra obsesión, “buscaba la verdad detrás de las repeticiones sin sentido” (Fate/Zero, Vol. IV, Acto XV, Tercera parte). ¿Cómo se le llama a eso que su alma tanto disfruta? Entretenimiento:

El entretenimiento existe para complacer a las personas. Es asombroso porque fue hecho por los humanos. Toda creación proviene del interior de la personas. En pocas palabras, la cosa más entretenida del mundo son las personas mismas… Tal vez suene distorsionado, pero no hay nadie que ame más a las personas que yo (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, día quince, escenario Fate, Final: Fate/Stay Night).

Desde entonces, el vino le sabía exquisito, la vida siguió siendo amarga. Sin embargo, adquiere otros olores. Todavía experimenta con júbilo el hermoso paisaje que contempla el día en que el Grial cayó del cielo y la tierra fue cubierta por las llamas del purgatorio.

Un infierno carmesí. Los torturados gritos que el viento llevó a sus oídos. Lenguas de fuego bailando. Kirei miraba vacíamente esta escena. ‘¿Este es… mi deseo?’. Exactamente. Si esta cosa que estaba llenando el vacío en su corazón en este momento pudiera ser llamado ‘satisfacción’… Si la emoción que enturbiaba dentro de su corazón en este momento pudiera ser llamada ‘alegría’… Finalmente entendió la verdadera forma de su propia alma. El colapso de todo, era tan hermoso. Las personas que eran atormentadas eran tan adorables. Los torturados gritos al lado de sus oídos eran tan satisfactorios. Los cadáveres quemados eran tan risibles… Incapaz de controlar la emoción que había alcanzado el punto de ebullición, Kirei se rió sin remedio. ¿Qué clase de pecado es esto? ¿Qué cruel demonio era él? ¿Un mundo como este, hecho a un lado por Dios, podía en realidad estar lleno de alegría vivida? (Fate Zero, Vol. IV, Acto XVI, Onceava parte).

El santo grial no puede dar respuestas. La máquina que cumple deseos solamente hace realidad los deseos de su dueño. Así que era imposible obtener una revelación para alguien que no poseía un deseo. No obstante, ¿qué hay si en lugar de una respuesta, creo algo que puede darme esa respuesta?… Con toda mi voluntad, deberé desafiar al Señor hasta la muerte (Kinoko Nasu, Fate/Stay Night, Heaven’s Feel, día diez, Sacrilegío).

La cantidad de lodo negro que había causado que todo el bloque arda en llamas, no debería ser nada en comparación con la cantidad que permaneció en el Gran Grial. Cuando todo ese lodo sea liberado, ¿qué tipo de imagen infernal, se desplegará ante sus ojos? Sí, su existencia era como la propia de Kirei; ambos eran cosas que corrían contrario a la ética. Ahora que Kirei piensa en ello, ya había anticipación en su corazón desde el momento en que había visto ese mundo de sueños. Si ese tipo de ‘cosa’ realmente nace y comprueba su existencia, entonces quizás podría incluso derivar alguna otra explicación que no tenga relación con la moral y la ética. (Fate Zero, Vol. IV, Acto XVI, Onceava parte).

Angra Manyu (“todo el mal en el mundo”): él liberaría a esa existencia y perdonaría su nacimiento, le daría la bienvenida y por fin hallaría su respuesta…

Excurso. Historia de una máquina (Hisau Maiya)

No puedo recordar nada acerca de mi familia o mi nombre… Lo único que recuerdo es que vivía en un país muy pobre. No había esperanza, no había futuro… La guerra nunca terminaría… Como ser humano, mi corazón ya ha muerto. Solo mi cuerpo sigue funcionando, manteniendo mi comportamiento humano. La persona que me recogió y salvó mi “vida” fue Kiritsugu; por lo tanto, él puede usar mi vida en cualquier forma que desee… (Urobuchi Gen, Fate/Zero, Vol. IV, Acto XIII, Cuarta parte)

 “¿Por qué… luchas por Kiritsugu?” Una voz dulce y débil alzó su llanto en busca de una respuesta que no podía encontrar. “Porque no tengo nada más”, respondió otra voz que estaba a su lado. “No había más fondos para mantener a los ejércitos, pero la masacre mutua continuó sin un momento de pausa… Nadie se acordaba de quién fue la idea, pero en aquel tiempo alguien decidió que era más rápido que los niños vayan a la primera línea con armas de fuego que contratar soldados y entrenarlos.” Este fue el comienzo de una lucha sin cuartel. En un país cualquiera, en un lugar cualquiera, una chica narraba los eventos trágicos de una vida desolada por la violencia sin sentido.

No recuerdo nada antes de tener una pistola en mi mano. Sólo podía seguir matando a otros para prolongar mi vida. Apuntar escondida de mi enemigo, halar el gatillo, esa fue la única función que le quedó a mí ser. Todo lo demás fue descartado… los niños que no podían hacer eso, fueron asesinados por los niños que sí podían. Yo vivía sin rumbo, hasta que conocí a Kiritsugu… Esa es la razón por la cual yo me quedo aquí…Si tal mundo puede realmente cambiarse… entonces no importa cómo Kiritsugu escoja usar mi vida para ese fin, no voy a pronunciar una sola palabra de rechazo (Fate/Zero, Vol. IV, Acto XIII, Cuarta parte).

Había sido violada repetidas veces en los campamentos de guerra dispuestos para el descanso de los soldados, quedó embarazada y dio a luz. Su hijo le fue arrebatado por sus superiores, entregado a gente que no conocía. No puede saber ni quién es, ni cuál es su nombre, ni tampoco sabe dónde ésta el niño. Era un recordatorio de este mundo cruel, de lo cruel que era la vida para muchos. El hombre que la salvó lo veía así: ella es la prueba del mundo que quiere salvar, ella es la máquina que quiere detener. Si puede ponerle fin a eso, entonces con gusto aceptaría todo el mal en el mundo. Si Kiritsugu hubiera necesitado confiarle la seguridad de su espalda a alguien, esa, sin duda, sería la mujer de cabello negro que lo acompañó durante años.

En el mundo de los magos, su relación con Hisau Maiya sería la de un pupilo y maestro. Pero para Kiritsugu, quien veía a la hechicería como una mera herramienta sobre la cual había adquirido algo de conocimiento, y no como el objeto de su búsqueda, no había nada más ajeno que tal sentimiento… Lo que él le había enseñado a Maiya era solamente una ‘manera de pelear’. Esto también era solo con el propósito de contar con ella como una ‘herramienta’. Provenía del momento en el que él atravesó incontables batallas desesperadas por una utopía que nunca podría ser lograda, cuando él no conocía la existencia del Grial. Por lo tanto su conexión con Maiya era más antigua que la que tenía con Irisviel. Habiendo peleado a su lado, Maiya sabía del lado manchado de sangre de Kiritsugu, aquel que su esposa jamás vería… Una máquina de apoyo cuyas acciones son incluso más similares a una máquina que las de la máquina llamada Emiya Kiritsugu. Esta era Hisau Maiya. Un arma final indispensable para que Kiritsugu pudiera ganar esta batalla… Esa es nada más y nada menos que esta mujer. (Fate/Zero, Vol. I, Acto III, Primera parte).

Atractiva, con una piel hermosa, era una belleza que no usaba ni delineador de ojos ni lápiz labial. Sus grandes ojos y su mirada parecían siempre estar analizando con sospecha, pero ella dejaba deliberadamente una impresión de indiferencia. Su lacio cabello negro parecido a la seda atrapaba la mirada de muchos hombres, pero su fría y aguda apariencia definitivamente hacia que cualquiera renunciara a aproximarse. De cualquier forma, ellos ya llevaban conociéndose por más de 10 años. Aún era una jovencita cuando se conocieron, pero dado que ya no es una niña, ha agudizado su sagacidad como su característica principal… una mujer que constantemente veía la realidad, y algunas veces podía dar un juicio aun más inclemente que el de Kiritsugu. Con ella, Kiritsugu no tenía que sentirse avergonzado de sus jugadas sucias o detestar su propia crueldad. Esto de cierta forma le permitía descansar de cierta manera (Fate/Zero, Vol. I, Acto III, Primera parte).

Cuando Irisviel se reunió con Emiya por primera vez después de que llegaron a la ciudad de Fuyuki, quedó sorprendida por la transformación que había experimentado su esposo al llegar al campo de batalla. Sabía que él tenía una doble personalidad: el amado esposo que era amable con ella y con su hija, y el terrible e incontrolable artefacto que cumplía sus objetivos sin piedad.

Este hombre no era el esposo que ella conocía… Ahora el aroma del tabaco emanaba de nuevo de Kiritsugu. Quizás es el olor de la pólvora del campo de batalla… Justo ahora, la persona más cercana a ese hombre, Emiya Kiritsugu, no era ella, su esposa, sino Hisau Maiya (Fate/Zero, Vol. II, Acto VI, Primera parte).

Cuán celosa y prevenida se encontraba Irisviel frente a esta mujer al verla trabajar con Kiritsugu: sentía un gran dolor que la hacía vacilar. Pero el homúnculo de los Einzbern no la odiaba. Para la esposa del Magus Killer, la herramienta portátil y de carne era algo así como el complemento indispensable. Esa mujer lo guiaba por el camino correcto, aún cuando él estuviera perdido: únicamente era necesario que pusiera sus labios en los suyos y le susurrara unas cuantas palabras para, una vez más, reencontrar el camino y reemprender su lucha. “Por favor solo enfócate en lo que es necesario por ahora. No pienses en aquello que no necesitas” (Fate/Zero, Vol. I, Acto III, Primera parte). Su esposo iba a traicionar su amor para poder cumplir su sueño, iba a matarla para conseguir su objetivo, y yacer con Maiya en su lecho era el ritual de inicio antes de llevar a cabo tan horrendo sacrificio. El preludio antes de que se completara la ceremonia del “chivo expiatorio”, una excusa para tener una aventura, aún cuando la mujer que yacía a su lado atesoraba cada segundo que pasaba junto a él. Preguntarle a Maiya si amaba a Kiritsugu era algo sin sentido: compartían una relación sexual sin ninguna clase de emoción. Para la esposa y para la herramienta, era fácil comprenderse la una a la otra, porque recorrieron mismo camino en sentido invertido.

Era precisamente porque era una mujer que nació como humano (Maiya), pero que vivió como máquina, que es capaz de “entender” a otra mujer quien fue hecha como máquina, pero enfrentaba su final como ser humano (Irisviel) (Fate/Zero, Vol. III, Acto XII, Tercera parte).

En un suelo frío y de cemento, yacía boca arriba el Santo Grial: al menos su cuerpo, protegido por un arma hasta el día del juicio final…

Una respuesta

  1. Kirei estaba roto desde el principio, sin poder encontrar su propia felicidad, de la misma forma en la que Shirou no puede hacer lo mismo por la culpa que siente despues del incendio.
    A diferencia de Kiritsugu, que es simplemente un hombre que debido a los eventos que vivio deja sus emociones a un lado por su propia idea de la justicia, Kirei y Shirou son bastante similares, los dos son personas vacias sin concepto propio de “persona”
    Por eso es que Shirou es el unico que entiende a Kirei, justo como Kirei es el unico que entiende a Shirou, siendo un Superheroe y un Supervillano nacidos naturalmente, ninguna persona normal podria entender sus formas de pensar.
    Es solo que parece loco y lleno de contradicciones.

    22 febrero 2013 en 21:30

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