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Uchuu Kyoudai 2-3: Orgullo, Pasión y Gloria – Dos capítulos en la prefectura de Ibaraki

"Mama they try and break me"

Pese a la inicial emoción que Mutta sintió por la oportunidad de unirse a la JAXA, la realidad se encarga de devolverle los pies a la Tierra. Gracias a la ayuda de su querida “tía” Sharon, el crespo logra recobrar el optimismo de forma casi milagrosa, enfrentando con nerviosismo sus primeras pruebas antes de llegar al espacio. Haciendo un buen amigo, atravesando humillantes exámenes e ilusionándose por una bella joven con su misma aspiración, Mutta empieza a recorrer el largo camino que le llevará junto a Hibito cumpliendo su sueño de volar por el espacio sideral. Ya está: hacer un resumen de estos dos episodios no demora más de 3 minutos. Básicamente, la narración ocurre de forma fluida y natural, permitiendo el disfrute de la serie sin mucha dificultad. Sin embargo, detrás del efecto cómico de ver a un treintañero bajo presión actuar inmaduramente, se revelan facetas del comportamiento humano que son dignas de explayarnos de forma literaria. Mutta sigue sin ser el clásico héroe o protagonista bishounen, avasallador y galante; ni siquiera el consabido everyman suertudo y libidinoso; pero tiene características que lo hacen superior a cualquiera de estos clichés. 

Es sencillo entender cómo es que Mutta pierde rápidamente su felicidad viendo las circunstancias en las que vive. De trabajar en una gran empresa diseñando automóviles de prestigio, pasa a trabajar en un taller mecánico común y corriente, teniendo que tragarse su orgullo propio y midiendo sus cortos pasos para alcanzar y sobrepasar a su hermano. El golpe emocional de haber sido despedido en realidad ha sido traumatizante en su caso, tanto que se le hace complicado ver la luz al final del camino. Mutta no es como las genki girls que lo ven todo color de rosa y saben sonreír estando a punto de morir sin saber de depresiones ni lágrimas; es un ser humano humillado y derrotado, tanto emocional como moralmente. De tener la capacidad para salir adelante, la tiene; todos la tenemos. Pero, en ese estado, no es fácil salir del hoyo a solas. Ese estado de negativismo, de terco ensimismamiento se ve aliviado por la simple conversación metafórica que sostiene con Sharon Tamura, envejecida astrónoma que, con la sabiduría que le brindan los años y la confianza que posee, sabe tratar a Nanba conociendo su potencial y su forma de pensar, animándolo y fortaleciendo su autoestima con pequeños recuerdos de la niñez.

Uchuu Kyoudai está llena de metáforas verbales y visuales, detalles tan breves que pueden pasar desapercibidos para el espectador promedio, pero no para un lector de Serious Moe Business. El simbolismo de los pequeños cubitos de azúcar que se quedan en la cuchara hace fácil la comprensión de cómo el pensar de Mutta no es exagerado o irrazonable. El tratamiento que Sharon-obaachan le da al malestar de Mutta no es tierno ni compasivo, sino franco y empático, con una comprensión plena de los sentimientos del hombre. No se trataba de un niño caprichoso que arrogantemente declaraba querer tocar todos los instrumentos musicales que tenía a su alcance; se trataba de un adulto agobiado por la derrota creyéndose incapaz de llevar una vida exitosa, cualquiera sea el concepto que se tenga de ella. Tamura sabe guiar a Mutta hacia un razonamiento correcto apelando a aquellas cualidades que en otro ámbito se considerarían inadecuadas: la ambición y la presunción. Estas dos características de Nanba -su orgullo propio que lo lleva a retarse con lo más difícil y perseguir todo aquello que brilla y que llame su atención-, encauzadas de la forma correcta, llevan a Mutta a revivir ese aguerrido espíritu que lo guió de niño, y que sin duda todo ser humano posee. No está mal ser un poco negativo, o llamémoslo ser realista, reconociendo con modestia nuestras limitaciones; pero tampoco es correcto dejarse dominar por esa tendencia, cerrando los ojos a la capacidad que tenemos de llegar lejos, de crear nuestro propio camino y alcanzar nuestros sueños. El quid del asunto es saber conjugar o equilibrar ambos conceptos con seriedad y objetividad. Y recordar que “hay que hacer ruido antes de tocar música”

Mutta es una persona llena de poesía. Con todo y su torpeza, su abigarrado look y falta de atractivo, siempre está apuntando alto, ambicionando cosas grandes (nótese también esto en su atracción hacia Serika Itou). Sobre todo, esa conexión que tiene con lo que lo rodea, hallando mudas analogías personales en aviones de vapor que vuelan alto, como señalando su meta personal; reparando en cosas que damos por sentadas o que simplemente ignoramos de tan cotidianas que son. El momento sublime de la inspiración en el que, teniendo la capacidad (o quizás sin tenerla), logra sacarle una bella melodía a la trompeta de pura emoción, expresa la maravillosa capacidad que posee de lograr lo que desee sin importar la dificultad o los impedimentos. Sus propias palabras expresan, más que una determinación, un modo de vivir, una forma de hacer las cosas: “toco una canción sin melodía y recorro caminos que no existen”. Como un abrecaminos, un trailblazer que conduce para él sólo por senderos que nadie transita, o que otros transitan sin rumbo, Mutta logra lo imposible sin ayudas artificiales más que las fuerzas internas de creer, ya sea en sí mismo o en alguien más.

Ser un hombre de poesía no lo convierte en una especie de varón ideal o de claro ejemplo a seguir, ya que detalles como esos pasan desapercibidos para todo el mundo. De hecho, se puede malinterpretar de primera instancia a Mutta como cobarde y miedoso, si no fuera porque el anime nos permite ver tras bambalinas la verdadera apreciación de cada persona. Un detalle que parecía ser evidencia de los nervios revela más de la personalidad del chico del peinado afro. La fijación que tuvo con el perno suelto en la entrevista personal evidencia que los nervios no se pueden ocultar; y la mano jugando con la perilla de la silla y la posición del cuerpo son delatores ante cualquier persona. Pero la revelación final de que esto fue una trampa ideada por el mismísimo Mohri-san y usada nuevamente como un “juego” o más que eso, revela más sobre los tres candidatos al puesto de astronauta a los que se introduce en esta ocasión. Kenji, el nuevo amigo de Nanba, se percató del asunto pero no le dio importancia; la dama Serika Itou se limitó a ver lo pintoresco del asunto; pero Mutta no cejó en su empeño por resolver el error. Cosa curiosa, puedo profetizar que a todos nos engañó el juego como prueba de la incapacidad de Mutta, pero luego sin mucha explicación nos da la idea de que este tipo posee algo que los demás no: determinación.

Mantener la valía personal desconociendo de los ardides propuestos en su camino es complicado. Los exámenes son extenuantes física y mentalmente (deberíamos incluir moralmente) y no es para menos: es para un oficio de alto vuelo. Y sí, es una verdadera humillación someterse a ellos. Estando en uno de los lugares más limpios y exigentes, Mutta se mantiene primitivo hasta por demás, con la natural capacidad de desconcentrarse con facilidad. Encima, este tipo no sabe de engaños. Se mantiene esa extraña mezcla de comedia y drama en la serie marcando distancia de las series para adolescentes. No sabría cómo calificarlo exactamente: si como melodrama o tragicomedia… u otra cosa. Junto a ello, el aporte de la música es trascendental pues le añade la atmósfera justa, juntando las bromas y payasadas de Mutta con sus patéticas y decepcionadas reflexiones. Resulta novedoso mezclar los momentos más graciosos de Nanba con piezas musicales tristes comandadas por el piano, evocando al concepto beautiful but too sad con el que se calificó a Us and Them de Pink Floyd. Mutta se sabe idiota, y sus reacciones en consecuencia son inmaduras, sin mucho pensar, como si no tratara de ocultarlo, tan primitivo que al ser observado reacciona intentando aparentar aplomo mientras muere de vergüenza por dentro. Es increíble que un solo personaje dé tanto pan para rebanar.

Centrar la historia en Serika por un momento se nota premonitorio, pero de buen gusto, como insinuando que tendrá un papel relevante en el desarrollo de la historia. Serika también tiene interés por lo espacial desde niña, estableciendo una primera conexión con Nanba en cuanto a sueños. Al momento de conocerse visualmente, Mutta no causa ninguna reacción importante en ella por motivos obvios, cosa que sí ocurre a la inversa. Con todo, Itou se comporta como toda una dama, sin precipitarse ni incomodarse por la compañía varonil y manteniendo sus límites decentemente. No se sabe su edad aún, pero ya se nota que ha pasado la adolescencia, saliendo del grupo predominante de protagonistas femeninas del anime, lo que promete una actuación distinta a la que estamos acostumbrados, sin tsunderes o ahoges. Cambiar esa actitud formal al impresionarse por el comportamiento infantil de Mutta, al grado de dedicarle una última mirada de despedida como insinuando una identificación con sus raras acciones, prueban algo que los varones pocas veces llegamos a entender a cabalidad: a las mujeres no les impresiona el físico más que lo emocional. Cierto que el recuerdo de Serika está relacionado a su padre, lo que sugeriría un aprecio paternal de ella hacia Nanba; pero calificar su experiencia como “lo mejor del día” insinúa algo más, logrando identificarse con Mutta de forma que, sin palabras, empiezan a tener algo en común.

Otro punto para pensar es que ambos son adultos (aunque Serika es un poco más joven), pero actúan de forma juvenil, sin reprimirse por la edad o los prejuicios que indican cómo debe comportarse una persona crecida. Itou escribe en su diario de forma lúdica las cosas que hizo y hasta cuánta comida se sirvió. Entendió que el comportamiento de Mutta era raro e infantil, pero lo imitó sin más. Esta transgresión de los moldes creados por la sociedad, acerca mundos que hoy en día se ven separados. Esas absurdas reglas de comportamiento que encasillan a la gente de acuerdo a su edad y que discriminan a quien actúa de un modo no “acorde a su edad” son en realidad represivas, más que cualquier dictadura o tiranía. Pese a que hoy se fomente la dizque “anarquía” o “libertad de expresión”, todavía se sigue marginando a quien manifieste un comportamiento distinto al de la mayoría. En todo caso, más que tomar a estos adultos como “extraños”, se les podría catalogar como soñadores, o si cabe la denominación, de “ilusos”, por vivir con una ilusión y mantenerla desde la niñez hasta la madurez sin perder la pasión por alcanzarla. Cualquiera sea la meta, si se vive y se trabaja con ilusión, con pasión, no habrá obstáculos que impidan que consigamos esos objetivos, así se trate de llegar al espacio.

2 comentarios

  1. Uchuu Kyoudai es muy bueno. El hecho de usar los sueños de los protagonistas como un modo efectivo para canalizar sus aspiraciones infantiles, le da un toque bastante atractivo. Mutta, el adulto que no ha podido crecer, mantiene la inmadurez propia de alguien que no ha sido capaz de conseguir cumplir su sueño, por lo que siente que no ha realizado verdaderamente su transito a la madurez, eso no pasa con ninguno de los otros, porque actuar maduros es una forma de encubrir sus dudas, cosa que Mutta no logra, pero su determinación es mayor que la de los demás…

    26 abril 2012 en 06:44

    • No lo había visto así, pero tienes razón. Es como que Mutta no hubiera crecido o madurado, al grado de estar satisfecho con la vida que lleva, sea cual sea el rumbo que ésta tome. Relacionarlo con su sueño de ir al espacio, aunque ya casi había renunciado a él, reaviva esa llama de energía necesaria para disfrutar de su vida. Me hace recordar en algo al planteamiento de Denpa Onna, de un chico como cualquiera pero sin emociones en su vida, sin una razón para seguir adelante, sin aspiraciones. Creo estarme confundiendo, pero así tomé la perspectiva de Makoto en su vivir diario negándose a creer en lo sobrenatural (y viéndose forzado a hacerlo al final). Lo sobrenatural no está necesariamente en cosas mágicas o extraordinarias; sino en vivir intensamente, disfrutar cada instante como lo irrepetible que es, hallar la magia en cosas simples como perseguir los sueños. Mutta recobra la luz al tener nuevamente una razón para vivir, y esa determinación es lo que le impulsa.

      27 abril 2012 en 12:05

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