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Haiyore! Nyaruko-san 1: Cómo sobrevivir a nuestra locura

Ser deseado, coqueteado, seducido o acosado por chicas hermosas representa el sueño dorado del típico quinceañero saludable, que hierve en hormonas y fantasías desmesuradas. Sin embargo, ese idilio de promiscuidad y lujuria corre el riesgo de convertirse en su peor pesadilla cuando la heroína del cuento es una alienígena desquiciada y enamoradiza que proviene del estremecedor universo de horror cósmico, monstruos tentaculares, aberraciones gelatinosas y lúgubre neblinas fosforescentes que inspiró los mitos de Cthulhu. Aunque la preciosa Nyarlathotep haga sobrados méritos por conquistar el anodino corazón de Mahiro, y pese a salvarle el pellejo de convertirse en esclavo interplanetario, invadir su escuela, preparar su almuerzo con nutritiva carne de bestias míticas o pretender desvirgarlo en la tina, hambrienta de pasión, el muchacho prefiere conservar su cordura, su salud mental, sus sanity points, que, contra su voluntad, irán disminuyendo al revelársele con violencia lo desconocido, alcanzando extremos inconcebibles y angustiosos de ridículo y estupidez. Porque, como buen lector de Lovecraft, Mahiro es consciente de las artimañas fraudulentas que utiliza el malicioso dios Nyarlathotep, célebre por ejercer la crueldad asumiendo formas humanas. Este carácter engañoso lo distingue del resto de dioses abstractos que conforman el abominable panteón de Cthulhu. Sus credenciales no inspiran confianza, son dudosas: es polimórfico, es proteico, no podemos definir su esencia porque cambia de identidad según le antoje. Aunque adopta una apariencia cautivadora, esa jovencita impúdica y despreocupada que combate como paranoica, continúa concitando en Mahiro un miedo legítimo, pues esa criatura atractiva y estrafalaria, bien podría amarlo o comérselo, conducirlo al orgasmo o hundirlo en la esquizofrenia, volverse la waifu perfecta o descuartizarlo con cariño. Sin embargo, según el álgebra romántica del anime, esa rara mezcla de temor, asco, incertidumbre y molestia, sería simplemente manifestación del tsunderismo masculino. Mientras más acrobacias absurdas realice Nyaruko, más temprano caeremos todos rendidos ante su exuberante idiotez. Eldritch abomination moe-ness.

Ni siquiera los fanáticos más acérrimos del terror anómalo hubieran imaginado que, gracias al exitoso debut de Haiyore! Nyaruko-san, los libros de H.P. Lovecraft saborearían un repentino boom de ventas por internet en Japón. Pero Nyarlathotep, el Caos que Repta, sufrió la moeficación más alocada de primavera, amenazando con secarnos las neuronas, dejándonos sin pizca de sensatez. Porque la serie pretende, mediante la comedia del absurdo, llegar al paroxismo de alcanzar el mismo objetivo que persiguen los cuentos de horror lovecraftianos: condenar al desdichado protagonista al abismo insondable de la demencia. Los personajes del autor norteamericano se encuentran atrapados a merced de fuerzas malignas incomprensibles y descabelladas. Se siente impotente, indefenso, sin esperanzas y, finalmente, sucumbe a la locura ante la incapacidad de comprender esa “verdad” horrenda y amorfa que atestigua. Un peligro análogo se cierne sobre Mahiro, aunque la monstruosidad se presenta con rostro seductor. Los disparates de Nyaruko son invitaciones expresas a perder el juicio y suspender la racionalidad, a gozar y reírnos mientras el mundo es invadido por demonios oscuros que reciben sádicos castigos y mueren explotando de gore. Porque Nyaruko es capaz de embellecer con sensualidad y sospechosa dulzura sus acciones más feroces y sangrientas. El principio argumental se asemeja a To LoVEru: un muchacho ordinario se hallará involucrado, de sorpresa, en extravagantes conjuras galácticas por culpa (gracias a) una hermosa, habilidosa, pero descuidada muchacha extraterrestre que, además de enamorarse del chiquillo por razones antojadizas (y reclamarlo como esposo), lo entromete en abundantes penurias, lo hace pasar vergüenzas, destruye su reputación y trastoca su vida para siempre. El modelo original se remonta al clásico ochentero Urusei Yatsura!, que también codificaba un conjunto de referentes mitológicos del acervo japonés. Sin embargo, las light-novel (ahora, el anime) de Nyaruko-san plantean una relación intertextual distinta. Los relatos de Lovecraft fueron publicados en revistas baratas de consumo masivo denominadas pulp magazines, cuya difusión y mercadotecnia recuerda al sistema vigente para serialización de manga o novelas ligeras: ambos textos se dirigen a públicos nicho, más cercanos al kitsch, al low-brow, es decir, apartados del ámbito de la alta cultura. Nyaruko-san reformula, mediante la parodia, un estilo de literatura de terror caracterizado por su tétrica seriedad y exacerbación psicológica, aunque no se limita a ridiculizarlo o dulcificarlo. En realidad, mantiene el concepto de enajenamiento, de enloquecimiento, incluso de aberración y bestialidad, pero juega apelando a otros significados más cómicos. Las peleas de Nyaruko son épicas y ridículas: sus movimientos son sensacionales, excitantes, pero antes que admiración, generan carcajadas.

Otro entorno textual parodiado es el ambiente cultural otaku, la venta intensiva y abigarrada de visual novels, doujinshi, ediciones BD de lujo, series sentai, intrincados juegos de cartas, tan heterogéneos como trillados, un huracán de imágenes tan vertiginoso que cualquier neófito se sentiría mareado. La premisa de Haiyore! Nyaruko-san es igual de desopilante: según la Organización de Defensa Planetaria, la industria del entretenimiento terrestre es demasiado entretenida, tan divertida que debe controlarse su importación a otras galaxias. Las organizaciones criminales alienígenas no están interesadas en vampirizarnos, extirparnos los órganos o arrebatarnos nuestros recursos naturales, sino traficar videojuegos y manga. Aunque suena inverosímil, vista en perspectiva, la prohibición es lógica: si todos los aliens en años-luz de distancia vinieran al planeta a comprar hentai y colecciones de nendroids, para cubrir esa enorme demanda de mercancía de placer, la Tierra debería redefinir su estructura económica y dedicar todas sus fuerzas productivas a crear historietas y dibujos animados; en consecuencia, al transformarnos en una fábrica de ficciones, se descuidarían otras actividades fundamentales, como la agricultura. La situación empeoraría si considerásemos otra situación hipotética donde la Tierra fuese incapaz de satisfacer una demanda de libros o DVDs tan desmesurada: al escasear los bienes, su precio se elevaría, encendiendo la chispa de conflictos entre civilizaciones tecnológicamente más adelantadas. La inocente población terrícola quedaría atrapada entre dos fuegos. Mahiro expresa esa sensación de ahogamiento cuando se confiesa incapaz de determinar si Nyaruko es justiciera o villana, que significa también declararse imposibilitado para definir si esa muchacha idiota es buena o mala porque, entonces, tendría que admitir su convivencia (y probable cópula) con un demonio. La torpeza sonora de Nyaruko nos permite perdonarle incluso sus arranques de maldad diabólica, porque la chica del ahoge gigantesco, además de entusiasmarse como una auténtica fanática del anime y disponerse a gastar una fortuna en nutrir su adicción, tiene la mala costumbre de incumplir su deber o subordinarlo a sus caprichos, aprovechando sus obligaciones o misiones como excusa para satisfacer sus instintos reproductivos, entiéndase, para flirtear y coquetear con Mahiro porque, según sus investigaciones, el perfil del incauto coincide con “su tipo”. Dispuesta a mezclar negocios y placer porque entreverar trabajo y diversión parece su lema favorito, Nyaruko decide expandir su exploración por los tópicos estereotípicos del romanticismo más trillado introduciéndose como alumna de intercambio al colegio de Mahiro. Una constante de Haiyore! Nyaruko-san es su plasticidad genérica, su facilidad para fluctuar entre géneros, pastiches o parodias de diversas naturalezas. Se inicia pervirtiendo la suntuosidad macabra de Cthulhu, luego tenemos un homenaje al otakuísmo más voraz y tras una inusual declaración de amor, de golpe (literalmente) la atmósfera se trastoca y regresamos al aura nebulosa del cuento de horror con escenas de acción, un combate humorístico contra monstruos. Después del eyecatch, cambiamos de switch a love comedy en ambiente estudiantil con las clásicas escenas o recursos de la chismosa periodista, el bento misterioso y quedarse dormido en clase antes de parodiar a Pokémon y cerrar la jornada con húmedo ecchi. Estos giros intempestivos se suceden con rapidez, al extremo que sorprende la cantidad y variedad de gags que incluyeron en menos de treinta minutos, manteniendo la regularidad (porque podía cambiarse de referentes, pero se preservaba el registro) y enlazando cada segmento con naturalidad. Por ejemplo, para salir del aula y luchar contra un nightgaunt, Nyaruko inventa que necesita ir a enfermería porque “sufre de un monto anormal y blasfemo de dolor ominosamente caótico”.

La principal ¿razón? para seguir esta serie, a costa de acabar pudriéndonos en el manicomio, es Nyaruko, quien, paradójicamente, será culpable de reforzar nuestra tolerancia a la inverosimilitud, porque entre chillidos hiperactivos, patadas voladoras y almuerzos infernales que ojalá no causen intoxicación, lo descabellado se torna certero y aceptable. Es carismática porque es imperfecta: como muchos héroes de comedia, maximiza sus defectos hasta límites desaforados, desafiando la permisividad de la lógica, destruyendo las leyes físicas (¿esa pokébola cabía dentro del sostén?) o poniendo en duda cualquier precepto moral. El desafortunado (o suertudo) Mahiro deberá vivir en constante estado de inseguridad, defendiéndose con un oportuno tenedor, tapándose ojos y oídos para negarse a contemplar la Realidad porque teme salir traumatizado, y preguntándose a diario si hizo lo correcto brindándole su hospitalidad a una extraterrestre chinchosa e inquieta que actúa sin consultar ni importarle su opinión. No podemos distinguir entre amor y capricho, entre sinceridad y cachondeo: siguiendo el ejemplo de sus predecesoras, Lum Invader y Lala Satalin Deviluke, Nyarlathotep-chan proclama sus sentimientos de manera abierta y enfática, festejando con grandes exclamaciones, ademanes exagerados y gritos descomunales. Tratándose de un personaje que jamás deja de comunicarse (ni siquiera cuando duerme se queda callada), la gestualidad juega un papel fabuloso en su expresividad: sus muecas son formidables, su repertorio de caras es desbordante y cuando su rostro inunda la pantalla, nunca falta esa sensación de fogosidad e impetuosidad. Pareciera que el encuadre fuese insuficiente para semejante efusión. Cuando declara su enamoramiento, como otras novias mágicas disfuncionales, a Nyaruko le vale un pepino las reticencias del muchacho: ella sigue de frente, obedeciendo únicamente al designio de sus deseos y liberando su inmoderada imaginación (alucina, por ejemplo, que saldrá embarazada si la avergüenzan mucho). Su capacidad ilimitada para imponer su voluntad sin sentir remordimientos y tomarse al chiste las situaciones más peligrosas es parte del encanto bizarro de Haiyore! Nyaruko-san: sabe que Shanta-kun, su capsule monster, perderá contra el nightgaunt, considerando sus desastrosas estadísticas como combatiente, pero insiste en lanzarlo a batallar para LOLearse un rato y porque la parafernalia pokemonesca es espectacular. La presentación es magnífica, el porte de la bestia alada es imponente y el clima tenebroso con nubes teñidas de púrpura pronosticaba una lucha a muerte, intensa y atroz, digna de cualquier serie de aventuras, de calabozos y dragones. La especialidad de Haiyore! Nyaruko-san es utilizar la decepción como forma de humor: anticiparnos una situación magnífica, monumental, la pelea de monstruos más dramática y heroica, para, segundos después, desinflar esas expectativas con un súbito tiro de gracia. Sin embargo, también se observa el movimiento inverso, mejor dicho, una oscilación entre ambas tendencias: entre elevar nuestro espíritu y burlarse del espectador. Una escena pícara de asedio romántico se transforma en turno para lucir las artes marciales alienígenas más primitivas y barbáricas, además de desalentar a cualquier varón a meterse con una chica capaz de aplicar tamañas torturas en ciertas partes del cuerpo. Aunque Nyaruko demuestre un grado traumático de eficiencia para asesinar monstruos, sigue siendo torpe y cándida, fácil de domar a cocachos y calmar aventándole un libro cuando empieza a excederse en sus pomposos saltos. Pero tonta y bruta, la queremos, porque, como ella explica: “Mientras peores sean, más bonitos”.

3 comentarios

  1. Está serie es un verdadero caldo de cultivo de locura y enfermedad, tal como las novelas de Lovecraft. Decías que nos conducirán a la demencia, pues creo que lo están logrando, no imaginé que realizarían un ataque en tantos frentes para ser la primera vez que sale en escena: la variación de géneros me pareció espectacular y el hecho de convertir a la tierra en una especie de proveedora de servicios para el resto del universo también. Como si la forma avanzada del capitalismo terrestre (dedicada a la producción de sentido), invadiera el universo por una fuerza irresistible, de verdad que la voy a seguir viendo…

    21 abril 2012 en 18:22

  2. davidvfx

    aahhh esta serie estan loca que no puedo mas que sentarme y desconectar mi cerebro, parodia muchas cosas sin parar… creía que seria algo mas seria a su primera encarnación: las dos temporadas de capítulos en formato de 5 minutos y flash… pero no esta igual de locura solo que ahora les dan mas tiempo y mas locuras … jajaj

    22 abril 2012 en 14:18

  3. Antonio

    Ominosa y muy hilarante, combinaciones por demás raras. El punto máximo de comedia que llegué a encontrar (como buen seguidor de series yuri) fue la parodia de Cthugha sobre el inicio de muchos animes yuri.

    4 mayo 2013 en 20:01

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