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Sankarea 1-2: La novia cadáver

Las muertas vivientes pueden ser adorables

Para una persona promedio, el deseo de encontrarse con zombis respondería al anhelo por satisfacer sus fantasías heroicas y saciar su sed de violencia, pues al verse perdida su identidad como humanos, los muertos vivientes se convierten en criaturas peligrosas, con las cuales dialogar es imposible. Son monstruos cuya existencia tiene como única finalidad la aniquilación, sin piedad, de los vivos, aniquilándolos de forma violenta y atroz. Hallar un resquicio de humanidad en ellos sería casi imposible si pensamos en el clásico modelo de zombi, esas criaturas lúgubres pero frenéticas, más aterradoras mientras más veloces eran: la posibilidad de escapar a su acoso era prácticamente nula. Sin embargo, en varias ocasiones, la ficción, se daría el trabajo de concederles cierta cuota de humanidad, presentándolos como seres atormentados por su condición, quienes, pese a sus deplorables condiciones físicas, no perdieron su sensibilidad. La segunda apuesta de Studio DEEN por los zombis esta temporada consiste en aplicar un proceso de moeficación a estas criaturas, convirtiéndolas, además, en héroes dramáticos, generando un intenso efecto necrófilo, extraño fetiche encarnado por un protagonista que no esconde sus inusuales preferencias.

DEEN adopto un aspecto visual inspirado en SHAFT, desde las paletas de colores, los ángulos de encuadre, el manejo de luz e incluso en la forma narrativa. El protagonista, Chihiro Furuya, nos cuenta desde cero acerca de su trayectoria como aficionado a los zombis. No como cualquier adepto a esta temática, cuya fascinación estaría en la violencia y la supervivencia del héroe de acción en condiciones post-apocalípticas, sino manifestando un amor honesto por estas criaturas, quizá por verlas como prisioneras de su condición, seres que desean seguir viviendo pese a expresarlo de forma bestial, conflictos existentes en otras criaturas ficticias como los vampiros, los hombres lobos, los fantasmas, etcétera, casos donde la humanidad entra en fricción con sus impulsos salvajes, derivando en resultados impredecibles. Su afecto se extiende a lo romántico, razón para considerar sus sentimientos como necrófilos, pero no en el terreno erótico, sino en el terreno artístico, donde incluso abundan los poemas que celebran la belleza que transmiten los cadáveres. Al no tener una respuesta precisa de sus preferencias, acepta lo incomprensibles que resultan pero, sin considerarse inferior o aislarse del mundo, tiene amigos y una feliz relación familiar, que abarca también al excéntrico gato Babu, que ladra en vez de hacer maullidos. La ausencia de su madre no le causa conflictos, pero el fallecimiento del gato sería la primera muerte que experimenta, ya que el deceso de su madre ocurrió a una edad temprana, cuando el niño no podía ser consciente del impacto. Perder a su mascota le provoca una serie de preguntas, en especial, por qué morimos. Una respuesta objetiva sería para cumplir el ciclo natural de restauración. No es una respuesta acogedora, porque ignora el valor intrínseco de nuestras vidas, experiencias y relaciones. Las explicaciones espirituales, consecuentes a vivir en un templo, tampoco lo consuelan, porque sus beneficios no pueden ser experimentados de una forma objetiva. Su rechazo a aceptar esa realidad lo lleva a jugar a ser un dios, no teniendo nada que perder y sí mucho que ganar. Las razones que explican que su familia poseyese tal libro es un dato a considerar posteriormente: por ahora, no parece algo anormal.

Su encuentro con la segunda protagonista, Sanka Rea, se produce por ser una ojou-sama con el hábito de gritar sus penas en un agujero, un lugar supuestamente seguro, donde sus sentimientos pueden fluir sin ninguna represalia. El interés inicial de Furuya era trabajar en la resurrección de Babu, pero esas operaciones nocturnas terminan procurándole un espectáculo inusual. No interviene ni se altera hasta que escucha una mórbida revelación que los llevará a conocerse formalmente. Rea se muestra como una chica muy inocente y frágil, fácil de bromear e impresionar. Acepta ser cómplice de los experimentos de Furuya como penitencia para esconder sus secretos. Furuya resulta comprensivo, concluyendo que son válidas las razones por las cuales una chica escogería esa forma de desahogarse (Felli Loss también tiene ese hábito, contrastando mucho con su fríapersonalidad). De inmediato, Rea y Furuya se hacen compañeros, comprometiéndose a vencer la muerte de Babu. Que una chica acepte tal responsabilidad con un chico que apenas conoce puede deberse al deseo de cumplir un anhelo de libertad, de relacionarse con alguien sin restricciones, de mantener un secreto mutuo por libre elección y, finalmente, porque le proporciona un rayo de esperanza, una escapatoria al lado oscuro de su vida, la parte más íntima y aquella que más infelicidad le ha traído. La muerte es considerada una liberación cuando se juzga la vida una prisión de dolor, sufrimiento y desesperación; sin embargo, cuando se agrega la posibilidad de resurrección, se vuelve una escapatoria, una salida atractiva. Resucitar puede considerarse como una especie de segundo nacimiento, la oportunidad de iniciar una nueva vida en circunstancias más auspiciosas. Adentrarse al mundo de Furuya lleva a Rea a descubrir esas nuevas posibilidades, aceptándolas como las más ventajosas que dispone, pese a su condición acomodada frente a una sociedad que ignora las razones de su tristeza. Furuya es uno de los pocos que las conoce, pero no trata a Rea como una heroína trágica, sino que trata de divertirse con la inocencia dela ojou-sama, incluso en los asuntos más intrascendentes.

En el primer episodio, predominó la narración desde el punto de vista de Furuya, mientras en el segundo se enfoca desde la perspectiva de Rea: transitamos de sentimientos necrófilos a incestuosos. El padre de Rea mantenía una relación posesiva sobre su hija transformándola prácticamente en una esposa ilegitima, considerando sus lazos sanguíneos como una muestra de unión más intensa que sus lazos matrimoniales oficiales. Esta posesión se manifestaba en sobreprotección: cualquiera que amenazara o fallara en el cumplimiento de mantener a salvo a su hija, debía desaparecer, para evitar a toda costa que Rea tendiera relaciones con otras personas. Aunque nunca haya abusado de ella sexualmente, erotizaba su relación cuando fotografiaba a la muchacha desnuda. Más adelante, cualquier tipo de contacto físico, como una caricia, sería sexualizado, causándole a Rea repugnancia y miedo. No dudaba de la autenticidad de ese amor; sin embargo, era un amor dañino que no aportaba ninguna felicidad a su hija, alejándola incluso de su madre, quien se convierte en una extraña, que mantiene una actitud permisiva ante ese tratamiento. Nos preguntamos por qué esta mujer no protege a Rea: tal vez carezca de instinto maternal, porque sus pocas apariciones revelan unos ademanes despectivos. En el colegio, Rea divulgaba una imagen sonriente como método de protección. Contar sus secretos abiertamente causaría un alboroto restringiendo su escasa libertad. Su padre impone una presencia imposible de vencer para una chica dependiente como ella. No cree en los argumentos de su padre, pero tampoco los replica: apenas se arma de valor para cuestionarlo cuando su única amiga le increpa sobre la anormalidad de su relación, pero no logra hacerlo retroceder y, por el contrario, Rea termina cediendo a su chantaje emocional. Cuando conoce a Furuya, la chica halla un respiro de independencia, una relación de confianza, un muchacho que le permite participar en su aventura, compartiendo sus conocimientos y proveyéndola de buenas experiencias juntos. Su crecimiento sentimental de forma natural se manifiesta en actos heroicos como salvarla de caer de un barranco, pero también con gestos sutiles, como cuando se tocan las manos sosteniendo la caja. Finalmente el gesto más adorable sería que Furuya la cargara como princesa llevándola en bicicleta a su casa: su mejor acto de caballerosidad.

 

De forma más light, se introduce otro deseo tabú: el interés de Ranko por su primo Furuya. Es una chica diametralmente opuesta a Rea. Mientras Sanka tiene el estilo de las dark tall and bishoujo rodeado de un aire frágil, como una muñeca, Ranko es una rubia explosiva, que sostiene un contacto físico con Furuya de forma más juguetona, aunque no resulte muy grato para su primo, pues su coqueteo es intenso. Podemos concluir que pedir prestado sus DVDs sea una forma de acercarse al muchacho e iniciar conversaciones cuando, de costumbre, Furuya es indiferente a sus acercamientos, pese a su atractivo. Como convivieron juntos, es probable que nuestro protagonista haya desarrollado cierta inmunidad hacia sus encantos, además, las chicas vivas no le interesan. Mediante su intervención, se completa el clásico love triangle juvenil que enfrenta a una conocida contra una forastera; sin embargo, no sería el único, pues el padre de Sanka Rea encabezaría un segundo triángulo en un contexto mucho más trágico.  La resurrección inesperada de Babu asegura una salvación para Rea, que ingiere una poción creyendo que es un veneno, con la intención de consumar un suicidio al estilo griego. Su casa termina por convertirse en una prisión, un calabozo. Su padre la retiene como un tesoro, pero no tuvo ningún reparo en abofetearla, porque impone su voluntad narcisista ante todo. Ante ese futuro desesperante, Rea toma la decisión de cortar su vida. En adelante, la serie deberá transformar esa tragedia en un maravilloso milagro.

Una respuesta

  1. Para conocimiento futuro, no es la madre de Rea, es su madrastra, pero hasta ahí lo dejo.

    Solo espero que no censuren las escenas fuertes del manga… de ser así será de los mejores animes de la temporada.

    21 abril 2012 en 20:54

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